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lunes, 11 de septiembre de 2017

1967: Marina y Bardina brillan con "Lucecita"

La leyenda rosa encarnada por la pareja Marina Baura - Jose Bardina
tuvo su punto máximo en Lucecita.
En 1967 los medios de comunicación social venezolanos anunciaban el estreno de Lucecita en el canal 4. Este melodrama había sido de las primeras radionovelas escritas por Delia Fiallo, quien había logrado con ella gran receptividad en la radio cubana. Cuando tocó el turno de llevar adaptaciones de estas producciones radiales para la televisión de ese país caribeño, Delia no dudó en seleccionarla por su probado éxito.

Al profundizarse las medidas implementadas por el gobierno de Fidel Castro en la isla, la autora cubana salió al exilio en 1966 y estableció su residencia en Miami, Estados Unidos. Al año siguiente se presentó la oportunidad de iniciar una relación profesional con los Cisneros a través de su canal Venevisión. ¿Cuál de sus guiones propuso llevar a la pantalla? Por supuesto, Lucecita, en una adaptación a cargo de la escritora venezolana Ligia Lezama, quien regresaba a la TV después de un receso. Ella se encargaría de aumentar algunas escenas y ajustar el libreto a la audiencia criolla.

Eva Moreno
Ese año, la televisión nacional exhibió producciones dramáticas de gran impacto. Durante el mes de julio, el canal de la competencia —Radio Caracas Televisión, RCTV— había comenzado a grabar en videotape los primeros capítulos de La Tirana, la obra de Manuel Muñoz Rico que marcó el retorno de Eva Moreno al medio televisivo, con el galán Edmundo Arias. Entre el reparto se encontraban Amalia Pérez Díaz, José Jordá y Rafael Cabrera. Reaparecía Eduardo Serrano, para la época un joven actor prometedor, mientras que Bárbara Teyde hacía su primera actuación en el staff de Bárcenas. La Tirana se estrenó a partir del mes de agosto, meses después de Lucecita, en horario de 9:00 de la noche.

Sin tener rival en su horario de 6:00 pm, Lucecita fue transmitida de lunes a viernes para reforzar el bloque vespertino de dramáticos; antecedía a La pasión de los débiles primero y, al terminar esta, a La otra. Inserta dentro de la tradición romántica del melodrama rosa —muchacha inocente del campo viaja a la ciudad y trabaja como sirvienta en casa del joven rico; allí es víctima de la(s) maldad(es) de la(s) villana(s) y luego de muchas vicisitudes, descubre que ella también es rica y alcanza el amor—, significó una gran oportunidad para muchos de los que intervinieron en su realización. De hecho, se convirtió en el lanzamiento de una nueva pareja protagónica para el canal: Marina Baura y José Bardina, quienes a partir de entonces lograron una posición estelar.

El elenco reunía a destacadas figuras de la actuación, entre las cuales se encontraban Carmen Antillano, como la abuela aristócrata; María Luisa Rico como la altiva Graciela; Leonardo Oliva, como el amargado y sufrido Álvaro; José Oliva como Miguel, el hombre apegado a los convencionalismos sociales; Esperanza Magaz como la humanitaria Modesta; María Isabel Alba como la graciosa Fefa; y la reaparición de Néstor Zavarce como actor. La dirección estuvo a cargo de Tito Borbollo y Juan Lamata, un director que estuvo al lado de la Baura en varias de sus telenovelas más conocidas y a quien ella profesó un afecto especial.

En ese momento, Marina era considerada como “una actriz que se destacaba notablemente y una de las más talentosas del medio”. Su verdadero nombre era Julia Pérez y había nacido el 1º de noviembre de 1941 en Santa María Madre, un pueblo de Galicia, España. Al poco tiempo su familia se mudó a Celanova, donde transcurriría su infancia y adolescencia. A los 14 años de edad debieron emigrar a Latinoamérica; fue así como se radicó junto a sus padres y su hermano Jesús en Venezuela.

Marina Baura: Color de Oro.
A pesar de su timidez, decidió ingresar al medio artístico a principios de los años 60, primero como modelo. En esa faceta destacaría en varios comerciales, especialmente en una publicidad de la Cerveza Caracas, en la que se le calificaba como “Color de Oro”, asociando su rubia cabellera a uno de los atributos de esta bebida.

En esa etapa, la inexperta Julia exhibía tanto sus atractivas cualidades físicas como un talento aún sin pulir para la interpretación. Consciente de la necesidad de desarrollar sus habilidades histriónicas, estudió arte dramático con el reconocido actor y director Paul Antillano en la academia Carmen Antillano. «Realmente lo que me gustaba era la actuación. Como modelo yo era muy mala», señaló en una ocasión.

Fuente: diario Panorama.
Estaba decidida a lograr destacar en el medio artístico venezolano y, por ello, no perdió oportunidad para entrenarse y mostrar su talento ante el público, aunque significara pequeñas apariciones. Así, logró hacer de extra en El Casino de la Alegría, bailó durante un mes en El Show de Renny y logró su primer trabajo como actriz en la serie Casos y cosas de casa, con América Alonso y Jorge Félix, donde  interpretó a una mucama que le provocaba celos a la Alonso. «Tenía que decir 'Sí, señor', 'No, señora' y me temblaba todo», comentó la actriz en una entrevista para la revista Todo en Domingo. También haría un pequeño personaje llamado Karuka en El Escuadrón Tacamajaca, un programa en vivo con Chuchín Marcano; e intervendría en La Quinta de Simón, junto a Simón Díaz.

Ya había incursionado en el cine, donde hasta 1967 había participado en cuatro películas. En 1962 intervino como extra en una breve escena junto a Ada Riera en la película Acosada, protagonizada por Libertad Leblanc y Néstor Zavarce. La primera en la que tuvo un rol de mayor importancia fue en Cuentos para mayores (1962), específicamente en el capítulo denominado La falsa oficina del supernumerario, junto a Rafael Briceño. Esta aparición representó su debut de la mano de Román Chalbaud, quien le sugirió cambiar su nombre real —el cual consideraba anodino— por el de Marina Baura. A esa le siguió una pequeña aparición en El raspado o Aventuras de un sinvergüenza (1964), dirigida por René Cardona Jr.; y luego un rol secundario en Yo, el Gobernador (Cardona Jr., 1965), junto a Joselo y José Jordá.

Marina Baura, de 19 años; y Ada Riera, de 14 años: dos extras de lujo en el film Acosada (1962).
Fuente: canal YouTube de Paúl Salazar Rivas.

En esta entrevista para la serie Archivo de la Palabra, de la Biblioteca Nacional, Marina cuenta cómo nace su nombre artístico:


Escena de la tercera historia de Cuentos para mayores: La falsa oficina del supernumerario, con Simón Díaz,
Rafael Briceño y Marina Baura. Fuente: canal YouTube de  Héctor Acosta Rojas

Amelia Román y Marina Baura en Madres
Solteras
(1966). Fuente: Getty Images.
Fotografía: Joseph Fabry
Sin embargo, su mayor logro se produjo al ser seleccionada como Yolanda, la hermana de la protagonista, en Madres solteras, con Amelia Román y Jorge Félix. A su juicio, «este trabajo me emocionó mucho porque era la primera vez que me daban un papel importante. Después de eso vino Lucecita…».

La actriz recordó en una entrevista que cuando le propusieron hacer la prueba para estelarizar Lucecita, no pensó lograrlo. A pesar de ello, accedió a cortarse el cabello, teñírselo de color oscuro y probar suerte. En ese momento, Marina se acababa de casar con el periodista Felo Jiménez y pensaba retirarse, «pero me ofrecieron ese papel y lo acepté. Por lo general, el público que ve telenovelas es sencillo, busca un mensaje bonito de amor o de mentiras y engaños, pero no algo complicado porque la idea no es complicar la vida del ama de casa», agregó.

José Bardina, todo un galán.
Para José Bardina, Madres solteras igualmente había sido un paso importante en su carrera. Como Marina, él también era de origen español, nacido el 27 de marzo de 1939 en Barcelona. Había estudiado hasta el tercer curso de bachillerato y también algo de contabilidad, pero en 1958 lo abandonó todo para concentrarse en su formación como actor en la Escuela Juana Sujo, en Caracas.

El escenario teatral se convirtió en el lugar de sus inicios como intérprete y en 1961 dio el salto a la televisión al ser contratado por  RCTV. Luego de varios roles menores, en 1965 encarnó a un célebre personaje de ficción conocido como El Halcón, que le granjeó las simpatías del público. Su transición hacia las telenovelas a través de Madres solteras fue fundamental para su proyección como galán y el logro de la estabilidad en su profesión. Lucecita fue el segundo escalón de lo que a futuro se convertiría en una fructífera carrera.

Ivonne Attas personificando a Angelina.
Fuente: diario Panorama, 1967.
En este teledrama destacaba además Ivonne Attas como la mala de la historia. En el diario Panorama (1967) se alababa la labor desplegada por ella y se la describía como una actriz que “siempre cumplió en los trabajos que a lo largo de su carrera le fueron encomendados”. De igual manera, destacaban su participación en Madres solteras, donde desempeñó un papel noble y humano que le valió el reconocimiento general del público, pero a juicio del periódico, ella estaba a la espera de su gran oportunidad de brillar y esta llegó en el rol de villana en Lucecita.

Su personaje de Angelina era “...de extraordinaria fuerza, de diversas transiciones, muy temperamental, lleno de amargura y frustraciones, inclinado al egoísmo y a la farsa“. Según el redactor de la nota periodística, ella lograba un insuperable trabajo artístico, pues el personaje fue aceptado y estudiado por Ivonne, “quien juega con él, lo conduce con propiedad y conocimiento…En un diálogo o un monólogo la vemos pasar de un estado apático a uno eufórico, de una bondad extrema a una inusitada violencia y para hacer esto frente a una cámara de TV, se necesita ser primero actriz y después también actriz”.

Ivonne Attas, un ángel perverso.
Lo que más cautivaba de esta interpretación era la diferencia entre el rol que le había tocado asumir en la ficción y su comportamiento en la vida real, pues Ivonne era considerada una dama de modales finos, de distinguida prestancia y de una bien acusada personalidad. En 2012, la actriz de origen sirio —nació en Damasco el 2 de agosto de 1943—recordaba los inicios de su relación profesional con la Baura:

«Mi relación con Marina empieza hace muchos años en un canal de televisión, con una telenovela que se hizo famosa en el mundo entero, porque ha sido grabada con diferentes títulos en otros países. Se trata de Lucecita, de la extraordinaria escritora de telenovelas, Delia Fiallo. Al éxito de esta novela siguieron otras de la misma autora, donde tuvimos el agrado de trabajar juntas, como lo fue La Señorita Elena. Por supuesto, allí también nos peleábamos ambas por el galán de moda de esa época, José Bardina. Cada una en su rol, ella de buena y sufrida, y yo de villana, donde estuve encasillada durante muchos años gracias a que Delia siempre escribió para mí estos personajes que me hicieron famosa …». (La TV en el banquillo, 26 de marzo de 2012)

José Oliva. Fuente: Panorama, 1967.
José Oliva, calificado por los medios como un actor recio, de gran personalidad y magnífica dicción, obtenía en esta novela una vitrina para exhibir sus cualidades histriónicas. En la columna “Tips”, de Ebert J. Lira (Panorama, 1967), se indicaba que Oliva se había retirado de la televisión donde años atrás “brindara tan buenos trabajos de actor en 'Domingos a las nueve' por el canal 2. Venevisión pensó en él para un personaje central en Lucecita y los días han demostrado su calidad interpretativa, su seguridad escénica que le permite bordar un papel bastante difícil y que requiere un gran trabajo encarnando a Miguel, personaje que le ha puesto de nuevo en primer plano de popularidad”.

La pareja de Marina y Bardina alcanzaría con esta producción un éxito sin precedentes. De hecho, Lucecita fue calificada por el diario Panorama (columna De aquí y de allá, Ebert J. Lira, 1967) como la “telenovela de mayor éxito en los últimos tiempos”.

En un giro curioso donde la realidad se fundía con la ficción, Marina quedó embarazada, al igual que su personaje en la trama: «Di a luz durante las grabaciones y, de hecho, mi hija salió en la novela. El embarazo se me notaba poco, era mi primer bebé, así que pudimos disimularlo. Hacíamos tomas cortas para que no me cansara, usaba vestidos anchos para que no se viera y cuando llegó la hora del parto se adelantaron algunos capítulos, pero apenas di a luz debí empezar de nuevo».

Marina en el camino a la fama. Fuente:
grupo Facebook Caracas en Retrospectiva
Para la actriz, el impacto de la protagonización le dejó gratos recuerdos, pero visto en retrospectiva ¿qué significó realmente para Marina su ascenso en el plano laboral? Ella lo resumió de manera muy sencilla: «Si los directores ven que tú rindes y que cumples con ciertas condiciones, te dan un papelito más grande y punto…Significó trabajo, hacerme una plataforma económica, hacer amigos que estuvieron en mi vida y que aún están. Mis hijas vieron la luz en la televisión: Marifé nació por Radio Caracas, Lolymar por Venevisión y Mónica es la única que nació fuera, pero prácticamente dentro».

- Cuando hice Lucecita, como cuando se hacen las cosas por primera vez, sentí que todo era bello. Todos éramos excelentes compañeros. Nada me molestaba, la pasé maravillosamente. Cuando di a luz, me llegaron ramos de flores de gente que ni conocía. Se cree que cuando tienes éxito con una novela llegas al estrellato y no es verdad. Corrimos con la suerte de que la novela gustó mucho y eso aumentó nuestra popularidad. Creo que en la mitad del camino se le agregaron capítulos y personajes a la trama, para poder alargarla. Por eso duró como dos años.

Paralelamente, la fama de Bardina fue muy comentada en ese momento: “El nuevo galán del canal 4 tuvo ocasión de saborear su popularidad en el reciente viaje que efectuara con otros artistas de Venevisión a la hermosa isla de Margarita. Las pavitas lo asediaron por todas partes y fue la primera figura más aplaudida de la delegación” (Panorama, julio de 1967).

Una pareja que hizo historia. Fuente:
grupo Facebook Caracas en Retrospectiva
La dupla Baura-Bardina daría aún más que hablar. A este hit seguirían La Señorita Elena (1968), Rosario (1969) y Lisa, mi amor (1970). Es precisamente al comenzar la década del 70 cuando Marina recibe una tentadora oferta de RCTV. Se muda de canal para interpretar junto a Oscar Martínez La virgen ciega (1970 y, luego, Cristina (1970), junto a Raúl Amundaray, pero ambas no contaron con el favor del público. Hubo que esperar hasta La Usurpadora (1971), cuando su doble papel de Alicia Estévez/Rosalba Bracho consolidaría el binomio Baura-Amundaray. Este rol la haría merecedora del reconocimiento de la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York (ACE) como mejor actriz y la llevó a cantar en escenarios extranjeros, algo en lo cual ya había incursionado en 1969, cuando grabó un disco de canciones de Navidad que presentó en De Fiesta con Venevisión.

Aunque el próximo vehículo dramático de Marina junto a Elio Rubens —La Indomable (1972)— tuvo muy buenos niveles de audiencia, Raúl y ella se reunirían otra vez en nuevas producciones: La Italianita (1973), Valentina (1975), Resurrección (1977), TV Confidencial (1978) y Mabel Valdez (1979), pero ninguna tan exitosa como La Usurpadora.

A estas alturas, es necesario precisar que Marina estaba evolucionando en lo profesional, alejándose paulatinamente del personaje de damita joven en novelas rosa. En 1974 se incorporaría a la llamada telenovela cultural liderada por RCTV con la versión de Doña Bárbara, protagonizada con Elio Rubens; también encabezaría el elenco de Canaima y La balandra Isabel llegó esta tarde (1976), junto a Miguelángel Landa, así como Sobre la misma tierra (1976). Natalia de 8 a 9 (1980), de la mano de José Ignacio Cabrujas, marcó su madurez en la actuación, acompañada por otro actor de grandes dimensiones, Gustavo Rodríguez, con quien se le emparejaría nuevamente en Gómez II (1981) y Chao, Cristina (1983).

Entrada de la telenovela Natalia de 8 a 9. Fuente: canal YouTube de Venenovelas.

Su vida personal siempre estuvo expuesta al público, pero su discreción y hermetismo logró mantenerla alejada de murmuraciones y escándalos dentro de los predios faranduleros, incluso cuando se divorció de Felo Giménez y años después se casó con Hernán Pérez Belisario.

Al preguntársele qué hacía la diferencia entre encarnar un rol creado por Cabrujas y otro por Delia Fiallo, Marina respondió:

- Para mí los dos han sido muy importantes, cada uno en su estilo. Delia Fiallo significó mi comienzo como actriz aquí en Venezuela, haciéndome protagonista por primera vez; y José Ignacio me cambió de “damita” a primera actriz con Doña Bárbara.
Bardina y Lupita pronto conformaron
una nueva pareja ideal. Fuente: Tele-Guía. 
Por su parte, José Bardina también tuvo una transición vacilante hacia nuevas parejas protagónicas, pero con Esmeralda (1971), junto a Lupita Ferrer, encontró a la que sería su nueva compañera ideal. Con ella compartiría éxitos tales como Me llamo Julián, te quiero (1972); María Teresa (1972), Mi hermana gemela (1975), Mariana de la noche (1975), La Zulianita (1977) y Ligia Sandoval (1981). Además, formaría pareja con Rebeca González en dos clásicos del género en los 70: Peregrina (1973) y Una muchacha llamada Milagros (1974). Todas estas historias fueron escritas por Delia Fiallo. En su vida personal, se caracterizó por estar alejado de escándalos y líos de faldas. Se casó con la también actriz Amelia Román y con ella procreó su único hijo, José Alberto.

Bardina y Marina no se volvieron a reunir profesionalmente hasta Silvia Rivas, divorciada (1977), de Cabrujas, que marcó el regreso a RCTV del apreciado actor. Los bajos niveles de audiencia de esta producción serían recompensados ante el impacto que representó La Fiera (1978), con Doris Wells y Carlos Márquez.

El reencuentro entre Marina Baura y José Bardina al final
no resultó tan exitoso como en sus inicios.
Lucecita, por sí misma, también tuvo su propio recorrido triunfal: en 1968 la TV Argentina produjo una versión llamada Estrellita: Esa Pobre Campesina. En 1973 Venevision volvió a grabarla para poder exportarla, ya que la producción de 1967 no estaba apta técnicamente para salir al exterior. Esta fue protagonizada con éxito por Ada Riera y Humberto García, quienes tal como ocurrió con Marina y Bardina, conformaron una nueva pareja romántica y más adelante interpretaron La mujer Prohibida. A Ada le tocó revivir otro éxito de esa pareja, como lo fue La Señorita Elena, acompañada por José Luis Rodríguez.

En los setentas se hizo una radionovela en España, una versión en fotonovela y más adelante Lucecita también fue llevada al cine. En 1983 Venevisión produjo una versión bajo el titulo de Virginia, la cual no tenía el consentimiento de la autora y por la que demandó a la empresa. En 1987 fue llevada a la televisión argentina y se convirtió en otro éxito. De esta manera, Estrellita Mía tuvo a Andrea del Boca y a Ricardo Darín en los roles principales. Esta versión fue premiada en Miami y la adaptación la hizo la propia Delia Fiallo.

A principio de los noventas se produjo un nuevo remake en Colombia bajo el título de Lucerito y en 1998 se hizo la más reciente versión, esta vez en Perú, titulada Luz María, con Angie Cepeda, Christian Meier, Mariela Alcalá y Rosalinda Serfatty. Esta ha sido considerada de las más exitosas de este argumento.

José Bardina y Amelia Román, una pareja
ejemplar. Fuente: Las telenovelas d
José Bardina se retiró a finales de los 80 de las telenovelas, para dedicarse a sus negocios y atender la deteriorada salud de su esposa, Amelia Román. Al fallecer ella, regresó a la televisión en papeles de carácter, en telenovelas como Lejana como el viento (2002), Amor descarado (2003), Inocente de ti (2004), La Ley del Silencio (2005) y su último papel en Amor comprado (2007), la mayoría de ellas grabadas para Telemundo. Sus problemas de salud le obligaron a retirarse definitivamente de las cámaras y falleció el 18 de diciembre de 2009, rodeado del cariño de sus familiares y amigos más cercanos.

Marina renunció a RCTV en 1983. Su último trabajo en esa planta fue el de La hora menguada, dentro del ciclo dedicado a Rómulo Gallegos, en el cual compartía créditos protagónicos con su “rival” profesional, Doris Wells. Se adentraba en los cuarenta, edad crítica para una actriz de su jerarquía, cuyo reinado venía siendo amenazado por ascendentes estrellitas provenientes —la mayoría de ellas— de los concursos de belleza. Doris se había retirado y poco después falleció a muy temprana edad; Mayra Alejandra y Pierina España, las otras diosas del canal, aparecían cada vez menos en las pantallas. Nuevos tiempos se acercaban a la televisión venezolana.

Casada en segundas nupcias con Hernán Pérez Belisario, la actriz tuvo su tercera hija Mónica; participó en varios proyectos de la televisora independiente fundada por su marido, Marte TV, entre ellos la exitosa Emperatriz (1990), que la emparejó con su galán de otrora, Raúl Amundaray. Se divorció y se alejó nuevamente de la pantalla chica.


Escena de Emperatriz. Fuente: canal YouTube de Dimitrije Lukic

Eventualmente realizó radioteatros, hasta que en 2003 hizo el papel de Tentación Luján en Cosita  Rica (Venevisión). En 2006 participó en el unitario Soltera y sin compromiso (RCTV) y en 2008 volvió a las tablas para interpretar el monólogo de Gabriel García Márquez Diatriba de amor contra un hombre sentado, dirigida por Carlos Omobono.
Desde entonces se habló de una vuelta a los escenarios, de una posible representación teatral junto a Pierina España, de una obra producida por Nohely Arteaga, pero nada de eso se concretó.

En el siguiente resumen de la entrevista realizada por Leonardo Padrón para su serie Los Imposibles, Marina cuenta algunos aspectos de interés sobre su vida personal y artística:

Fuente: canal YouTube de Onda La Superestación.

Actualmente vive en su residencia en Caracas, llamada no casualmente Lucecita, rodeada de un bello jardín y de recuerdos familiares. Evita dar declaraciones a la prensa —«Ya no trabajo en la televisión, no tengo nada que decir», afirmó—y, eso sí, regularmente viaja a Estados Unidos de Norteamérica a visitar a su hija y a sus nietos. Es una vida apacible, totalmente alejada de las cámaras de TV, donde hace 50 años debutara como una “Lucecita".

lunes, 25 de julio de 2016

Retrochismes…o dime qué fue lo que dijiste

Lupita Ferrer, Primera Dama

Lupita, de muy buen ver, pero algo miope.
Fuente: Grupo de Facebook Televisión
y Cine en Retrospectiva.
En 1967, José Martín comentaba en su columna Telechismes (Diario Panorama) acerca de la entrega de El Mara de Oro en Caracas. Destacaba la presencia de la actriz Peggy Walker, quien anunciaba su retiro momentáneo de la TV; así como de los animadores Franklin Vallenilla, acompañado por Gilberto Correa.

Muy emocionado, Martín señalaba: “Inmediatamente (y lo mejor) la encantadora y siempre bella Lupita Ferrer. La maracucha llegó acompañada por su señora madre, que también nos resultó encantadora. No sabemos la causa porqué ciertos periodistas la han tomado contra esta señora y su bella hija. Su adorable hija… ¡Qué bella es Lupita! Aunque un poco miope. Pero de todas formas ahora sí es verdad que pueden considerarnos sus verdaderos amigos…¡y quién no…! Y saben una cosa: esta muchacha puede resultarnos la primera dama de la República, si las elecciones primarias o secundarias no dicen otra cosa. Y no nos pidan explicaciones, pues nosotros no nos metemos en política”.

¿Qué, Lupita Primera Dama? ¿Con quién andaba de novia la actriz en esa época para que el columnista pudiera hacer esta afirmación? Una incógnita pendiente por develar.

Los humos subidos de Mirla

Nuevamente, en la columna Telechismes, de José Martín (Diario Panorama, 1967) se aseguraba que la vocalista Mirla Castellanos “tiene que bajarse de la nube en que está subida: la pava está de una pedantería que asombra, sin acordarse para nada que si bien es cierto que ella está en primer plano, no es menos cierto que hay en el patio otras tan buenas  que en nada desmeritan. No perder de vista a la bella Mirtha, que está cantando como los ángeles y por si fuera poco muestra su encantadora simpatía, mientras Rosa Virginia Chacín exhibe su distinción y elegancia, aunada a una preciosa voz y depurado estilo. Así que no se justifica que Mirla ande con la nariz para arriba y menosprecie la calidad de sus compañeros, tanto actores como cantantes”.

En esa década, ya había grabado seis discos: Cante con Mirla (1961), Así es Mirla (1962), Mirla solamente Mirla (1963), Dominique (1964), Mirla Castellanos (1964) y Y volvamos al amor (1965). En 1967 lanzaría dos larga duración con su sello Velvet: La nueva Mirla e Imprévu (Cantando llega el amor), el cual hacía alusión a un perfume femenino de moda en esa época, mientras que el subtítulo se refería a la serie televisiva en la que participaba junto a Mirta Pérez y José Luis Rodríguez.

Sin embargo, aún sus mayores éxitos estaban por venir,: su participación en los festivales de San Remo (1968) y Benidorm (1969), donde triunfó con "Ese día llegará", de Manuel Alejandro, Luego vendrían otros festivales en el ámbito local e internacional, en los que siempre destacó. Las décadas de los 70 y los 80 serían su consagración definitiva como La Primerísima de Venezuela, un apelativo que le endilgó Ricardo Tirado y que popularizó el gran Renny Ottolina.

No sabemos si los supuestos "humos" que manifestaba la intérprete eran ciertos. Lo que sí es verdad es que aún hoy día, a Mirla Castellanos se le recuerda como una de las mejores cantantes de nuestro país. Y a Mirta y Rosa Virginia Chacín, también. Por cierto, Mirta y Mirla han compartido escenario más de una vez, en su espectáculo "Véanlas antes que se mueran". Todavía no hablan de retiro de los escenarios.

Prácticas de rating

De izquierda a derecha: Guillermito González, Rafael
Briceño, Agustina Martín, Zulma Saady, Raúl
Amundaray, Manuel Poblete, Amalia Pérez Díaz y
Dante Carle, parte del elenco de El Derecho de Nacer.
En marzo de 1967, comentaba Reyna en el diario Panorama (columna Los artistas y yo): “Radio Caracas Televisión no halla cómo quitarle sintonía a CVTV. Lo último que han hecho es cambiar el horario del “Derecho de Nacer” coincidiendo con el de “La Gata”. Dicha planta televisora como que no se ha dado cuenta que ya “El Derecho de Nacer” ha perdido toda la sintonía que tenía cuando comenzó”.

La afirmación de la columnista no dejaba de ser temeraria y falsa. Si bien La Gata, con Peggy Walker y Manolo Coego, rendía excelentes números de audiencia a la Corporación Venezolana de Televisión (CVTV, hoy VTV), El Derecho de Nacer es una de las producciones dramáticas más largas y con mayor éxito producidas en nuestro país, tanto por los numeritos de rating como por el impacto en el público. De hecho, fue la primera en transmitirse en capítulos de una hora de duración y se ganó a pulso el récord de la telenovela más larga en nuestra pequeña pantalla: dos años, dos meses, ocho días y dos horas, hasta que Por estas Calles en 1992 le quitó el título por escasos 19 días.

Raúl Amundaray se convirtió en una estrella gracias al personaje de Albertico Limonta y la aparición de Zulma Sady (Mamá Dolores en la trama) junto a su "hijo" generaba oleadas de emoción. Conchita Obach era la pareja de Amundaray y la frase "¿Ya Don Rafael habló?" se popularizó entre los venezolanos de la época.

A principios del presente siglo, Raúl recordaba esos momentos para el diario Tal Cual (11/06/2001): "Mi personaje era de locura.Yo tenía 24 años y era el Servando y Florentino de ese entonces. Las reacciones en la calle, en los recitales, donde varios personajes del elenco y yo participábamos, y en las giras eran impresionantes. Guardo grandes recuerdos, sobre todo la vanidad pasajera y la idolatría". Como vemos, Reyna erró totalmente en sus vaticinios.

Todas contra Marina


Marina Baura: algo más que Julia Pérez.
Fuente: Grupo de Facebook Televisión
y Cine en Retrospectiva.
En 1970, Panorama anunciaba el inminente estreno de La Virgen Ciega con estas palabras: “Parece que la tormenta pasó ya por Radio Caracas Televisión con motivo de la entrada al canal de la primerísima estrella Marina Baura y que todo ha vuelto a la normalidad. Al menos ya está escogido el elenco de La Virgen Ciega y todas aquellas que se las echaban de grandes figuras, que gritaban no poder ser jamás segunda de Marina Baura, quedáronse mirando para “San Felipe” por cuanto el elenco es de primera categoría, cónsono con su prestigio artístico.”

El o la comentarista precisaba: “Ahora que todo ha pasado nos preguntamos: ¿acaso ellas―a excepción de Doña Eva Moreno que es toda una señora actriz― no han sido siempre unas segundas de Marina Baura? Segundas, por cuanto ella por el survey ha sido la primera. Segundas, por cuanto en ningún momento han logrado protagonizar ―y si alguna lo hiciera, fue sin ningún éxito― una novela de nuestra televisión. ¡Lo mismo hicieron con Lupita Ferrer! Y dónde está ahora Lupita. Muy por encima de todas ellas. Entonces, ¿por qué tanta pretensión?”.

Oscar Martínez: un señor actor.
La nota continuaba contando que Marina Baura, al finalizar “Lisa…mi amor” estaría en los estudios del canal 2 y “junto a ella un grupo de estrellas de valor: Hilda Vera, siempre y en todo momento una gran actriz; María Teresa Acosta, una característica incomparable; José Jordá, buen actor de carácter; Rafael Briceño, de gran éxito antes y ahora no solo en la TV sino en el teatro y la radio; Arturo Calderón y como es de conocimiento público, haciéndole pareja a la extraordinaria Marina el popular actor venezolano Oscar Martínez, quien tendrá una buena oportunidad para destacar con innegables méritos”.

El autor de la nota auguraba un nuevo éxito para Marina Baura “porque sabrá lucirse como sólo ella sabe hacerlo y porque sus compañeros harán que en todo momento se sienta bien respaldada. En el arte, máximo cuando se trata del prestigio de quien ha sido orgullo patrio, no deben existir fronteras de odio. Y el ejemplo que acompañará a Marina Baura estará por encima de todo eso, porque repetimos: no son figuras improvisadas. Son unos auténticos profesionales”.

La última frase resultó una verdad como un templo. Hoy en día Marina es recordada como la gran señora de la televisión venezolana.

Bardina… ¿pasado de moda?

De haber leído los comentarios de Panorama, no
hubiese sido de extrañar que Bardina se dedicara
a la bebida. Fotograma de La Zulianita (1977)
En 1973, Orlando Bohórquez comentaba en su columna “De aquí, de allá, de todas partes” (Diario Panorama, 30/09/1973): “Parece ser que José Bardina, quien estaba siendo considerado el primer galán de la televisión venezolana, pasará a formar filas en los del montón; día a día pierde popularidad. Otras dos o tres novelas  más y estará terminado todo para él”. La comentarista Reyna coincidía con esta apreciación.  El mismo día, en el mismo diario, señalaba: “José Bardina está pasando ya de moda. Siempre lo mismo. Siempre lo mismo. No mejora nada. Y hay muchos “galancitos” que están dando la hora. Además, el público pide renovación. Caras nuevas”.

José Bardina y Marina Baura: una Lucecita
en Venevisión.
José Bardina se había ganado la simpatía popular con el personaje de la serie de aventuras El Halcón (1965) y había participado en la telenovela Madres solteras (1965), protagonizada por Jorge Félix y Amelia Román, en la que estrenaba como pareja a Marina Baura. En 1967 protagonizó uno de los grandes éxitos dramáticos de ese año: Lucecita, de nuevo junto a Marina, con quien haría la primera versión de La señorita Elena (1968), luego Rosario (1969) y Lisa, mi amor (1970), todas triunfos para Venevisión. Pero su mayor momento de gloria lo alcanzaría en 1971 con Esmeralda, donde haría una de las parejas más exitosas junto a Lupita Ferrer. Ella sería su coprotagonista en Me llamo Julián, te quiero (1972) y María Teresa (1972).

Lupita y Bardina: una pareja memorable. Fuente:
Foro Recordar es Vivir. Las Telenovelas del Ayer.
El éxito de Bardina se demostraría que no estaba en su contraparte femenina: en 1973 interpretaría a los gemelos Rolando y Juan en la exitosa novela de Delia Fiallo Peregrina, junto a Rebeca González. Con ella haría mancuerna de nuevo en La Otra (1973), con Claudia Islas como villana; y en Una muchacha llamada Milagros (1973).

Los vaticinios demostraron estar errados. Por ello, un año más tarde, Gui-san-ger (Diario Panorama, 27/10/1974) pedía que Lupita Ferrer regresara a trabajar con José Bardina: “Es la pareja ideal y la que está vendiéndole a Venevisión todas sus telenovelas en el extranjero. Es la pareja más premiada de toda América Latina y en Chile, Argentina, Panamá, México, Estados Unidos, está ocupando los primeros lugares de sintonía”.

Boves, nada constructivo

Gustavo Rodríguez: un Boves muy
convincente. Fuente: Archivo RCTV.
La columnista Rosalinda (Mensaje a Radio Caracas Televisión, Panorama, 27/10/1974), ante el anuncio del rodaje de Boves, el Urogallo, comentaba: “…si como el libro está bien en su hora y tiempo, no nos parece lo más indicado para la televisión: primero porque es muy difícil adaptar y como es historia no es nada constructivo ni edificante lo que allí acontece; al contrario, nos muestra todo lo abyecto que puede ser un hombre cuando se le da alas dentro de sí sus instintos primarios. Es innegable que todo ello forma parte de nuestra peripecia histórica y que conocer la misma es cultura, pero repetimos, nos parece bien para la lectura, no para revivir en la televisión tantas y tantas tropelías”.

Recomendaba Rosalinda ofrecer “algo menos amargo” con su dosis de frivolidad, por ejemplo, Ifigenia, de Teresa de la Parra.

Los temores de la columnista demostraron ser infundados. No solo Boves, el Urogallo se convirtió en una excelente producción dramática y en un triunfo para RCTV y Gustavo Rodríguez, sino que además tuvo el respaldo de crítica y público. Ifigenia también se produciría cinco años después, en una telenovela corta de muy buena factura, donde se lució Amanda Gutiérrez en uno de sus mejores papeles en VTV. Cuando hay calidad, siempre se ha dicho, vale la pena tomar riesgos.

Roban a La Chica del Tiempo

El 11 de febrero de 1976, el diario Panorama (p.27) informaba que Inés Sancho Fernández  “La Chica del Tiempo” había recibido la visita de los delincuentes: en horas de la madrugada, los hampones se habían introducido en el establecimiento comercial Parador Eléctrico, propiedad de Sancho, el cual se encontraba situado en el Pasaje Zingg, en Caracas. Tras forzar la puerta de entrada del negocio, los malvivientes procedieron a llevarse numerosos objetos valorados en miles de bolívares, toda una fortuna para esa época.

Inés Sancho, acompañada por el equipo de El
Observador (1975): Guillermo Vílchez, Eladio
Lárez y Antonio José Marcano. Fuente: Libro
"25 años de RCTV".
Para el público actual, el nombre de Inés Sancho es desconocido. Sin embargo, para mí era una espectacular rubia de hermosos ojos verdes que anunciaba el Orange Crush en una publicidad de principios de los años 70. Ella me recibía diariamente cada vez que iba a comprar barajitas en el abasto El Águila, ubicado en el barrio Las Cabillas (Cabimas, Zulia), donde residía a los siete años.

Pero seamos justos: Inés Sancho tuvo una respetable trayectoria en los medios televisivo y radial venezolanos desde finales de los 60 hasta casi terminar los 70, cuando se retiró. La historia es muy sencilla: Ella fue la primera Chica del Tiempo que conocimos por estos lares.

Según Andrés Feo Antoni (1), a fines de la década de los 60, "RCTV pasaba por serios problemas económicos dado el éxito obtenido por Venevisión con la producción de programas a muy bajo costo pero que lograban alta sintonía, especialmente en los sectores populares".  En esa época la Creole Petroleum Corporation emitía El Observador Creole, el cual era patrocinado y producido por esta transnacional petrolera. La situación económica producto de la competencia hizo que el canal eliminara la venta de este tipo de espacios y produjera con medios propios su noticiero. Feo señala que "en consecuencia, el Observador Creole pasó a llamarse El Observador Venezolano [...]; con esta nueva imagen [...] fue conducido en sus inicios por Eladio Lárez, a quien acompañó Antonio José Marcano y 'La Chica del Tiempo', Inés Sancho".

En 2007 Helena Poleo, la hija de Inés con el periodista Rafael Poleo, recordaba cómo ingresó su madre a la televisión venezolana en el artículo "Una historia personal entrelazada a la de RCTV", publicada en El Nuevo Herald:

"El año era 1969 y mi papá, Rafael Poleo, era jefe de prensa del canal. Mi mamá, Inés Sancho, fue a parar frente a las cámaras de RCTV prácticamente por casualidad. Ella acompañaba a una amiga a una entrevista de trabajo en el canal, cuando la descubrió Renny Ottolina, el legendario locutor y productor de la emisora. Ottolina la convenció a hacer las pruebas para el noticiero de RCTV, El Observador. Para su sorpresa, mi mamá fue contratada como la primera locutora del canal, y se convirtió en la primera mujer en dar el estado del tiempo. De ahí en adelante, fue conocida como la Chica del Tiempo."

Aunque Inés no continuó la carrera de periodismo, le confesaría a Helena desde España, donde reside actualmente, que su etapa en esa estación televisiva "fue una de las épocas más felices de mi vida". Según Poleo, "el cierre de RCTV le ha recordado muchos bellos momentos vividos detrás y frente a las cámaras. 'Siento un gran dolor y más que nunca me siento parte de la gran familia de Radio Caracas Televisión', me dijo".

En momentos como esos, digo yo, tal vez el robo de su negocio en la Caracas de la Venezuela Saudita de los años 70 ni siquiera pasó a formar parte de algún borroso recuerdo.

Fuente consultada:

Feo Antoni, A. (2015). Construyendo la imparcialidad. Análisis descriptivo de la producción noticiosa de los noticieros de Televen. Tesis de grado de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello.

miércoles, 6 de julio de 2016

1976: El año del Dragón de Fuego...y del Gato

«En una mañana como de una película de Bogart
en un país donde el tiempo marcha hacia atrás
vas paseando entre el tumulto como Peter Lorre 
contemplando un crimen
Ella sale del sol en un vestido de seda que fluye
como una acuarela en la lluvia
No te molestes en pedirle explicaciones,
solo te dirá que llegó
en el año del gato»

Al Stewart

En la milenaria cultura china, el dragón es una criatura de origen divino de gran poder y de buena fortuna. Por ser un animal que puede atravesar el cielo y la tierra, simbólicamente también se le asocia con los cambios radicales.

Si atendemos a los oráculos del horóscopo chino, en los años dominados por esta bestia mítica los éxitos y los fracasos resultan magnificados. Aunque en líneas generales se visualizan con buenas expectativas, el año del Dragón de Fuego es especialmente temido, ya que hace más estragos que los dragones de los otros elementos (madera, agua, tierra y metal).

Según tales predicciones, estos periodos se caracterizan por grandes cambios, pues se encuentran marcados por muchas sorpresas y por sucesos naturales violentos. Bajo estos supuestos, la atmósfera cargada de electricidad que crea el poder del dragón afecta a todas y cada una de las personas. Así, en el mundo entero se producirían estallidos de mal genio, que se verían reflejados en alguna rebelión personal o colectiva, real o imaginaria, contra las restricciones establecidas.

En el último año del Dragón de Fuego —registrado entre el 31 enero de 1976 y el 17 febrero de 1977— figuraron hechos históricos resaltantes; por ejemplo, se produjo la reunificación de Vietnam del Norte y del Sur; y el arribo de la nave norteamericana Viking 1 al planeta Marte.

En Venezuela, 1976 se inició con una importante transición: el 1 de enero la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), creada el 30 de agosto de 1975, asumió formalmente la responsabilidad de extraer y refinar el petróleo venezolano, consolidando de esta manera la nacionalización del sector de hidrocarburos en nuestro país.

El acto fue conducido por el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, quien pronunció un discurso desde el pozo Zumaque I, lugar del reventón de 1914. Como resultado inmediato las empresas transnacionales que antes explotaban el crudo (Shell, Creole, Mene Grande Oil Company, entre otras) fueron convertidas en filiales de PDVSA, gerenciadas totalmente por venezolanos. Nacieron las empresas Lagoven, Maraven, Deltaven, Meneven y otras nueve más, con lo que se iniciaba una nueva era en la explotación de la industria petrolera local.


El año anterior yo había vivido muy de cerca los cambios originados por la nacionalización petrolera, aunque de una manera distinta. Estudiaba quinto grado en una escuela para hijos de los trabajadores de la nómina mayor de la Creole. Esta tenía la particularidad de que en ella compartían estudios venezolanos y norteamericanos en áreas físicas completamente distintas dentro del mismo plantel: en un ala, los jovencitos “gringos” se formaban en su idioma natal, bajo su propio sistema de estudios, sin el rigor de vestir un uniforme; en la otra, los criollos asistíamos uniformados —pantalón azul de jean y camisa blanca los varones, jumper azul con camisa blanca las niñas— atendiendo a los criterios impuestos por nuestra Ley de Educación.

En septiembre de 1975, justo después del decreto de creación de PDVSA, los gringos abandonaron nuestra institución y fueron reinstalados en una ubicada en Las Morochas, Ciudad Ojeda. Para mi sorpresa, el nuevo año escolar nos recibió con montones de textos en inglés, apilados en el patio de juegos del colegio, destinados al desuso. Ya podíamos cantar el himno nacional al iniciar la semana sin compartir las notas de The Star-Spangled Banner ('La bandera tachonada de estrellas') y el juramento de los estudiantes norteamericanos. Ya no más compartir espacio en el patio de juegos ni en los autobuses que nos transportaban a casa. Próximo a cumplir los 11 años, los ajustes que se suscitaban a mi alrededor eran percibidos como si de un rompecabezas se tratara.

En ese año, el mundo de la aviación recibió con beneplácito el arribo del Concorde. El 21 de enero la aerolínea francesa Air France inauguró el servicio comercial de estos modernos aviones supersónicos destinados al transporte de pasajeros; tres meses más tarde, específicamente el 9 de abril, el Concorde comenzó a cubrir la ruta directa París-Caracas con frecuencia de un vuelo semanal. El servicio estuvo operativo hasta el 27 de marzo de 1982.


Los hechos ocurrían con una rapidez asombrosa, aunque en mi mente infantil no tuviese mucha importancia la visita histórica del Secretario de Estado de USA, Henry Kissinger —“ajedrecista planetario del imperio”—, quien el 16 de febrero arribaba al país como parte de una gira a Centro y Sur América, con una propuesta para la reducción de las fricciones políticas teniendo al petróleo como tema principal del diálogo.

Titular del diario Panorama sobre el caso Niehous
A pesar de que la guerrilla urbana había sido apaciguada, aún persistían peligrosos focos de lucha. El viernes 27 de febrero, el grupo Comandos Revolucionarios secuestraba a William Niehous, empresario estadounidense y vicepresidente de la transnacional Owens-Illinois. Un comunicado enviado a José Emilio Castellanos, reportero de sucesos del diario El Nacional, en Caracas, expresó claramente la intención de la privativa de libertad del industrial: «No cobraremos rescate. Será ejecutado. Lo consideramos enemigo de Venezuela».

Poco a poco se dieron a conocer los nombres de los presuntos responsables. Entre los implicados se mencionó a Carlos Lanz; Fernando Soto Rojas, quien huyó a Francia; y a José Aquino, tiroteado en el sitio del rescate tres años más tarde. Fueron detenidos además Mirelis Pérez Marcano, Salomón Mesa, Fortunato Herrera, Iván Padilla y David Nieves, quien luego fue indultado para que asumiera una diputación en el Congreso en 1978.

Jorge Rodríguez, padre
En medio de las investigaciones relacionadas con el secuestro, el 20 de julio fue detenido por agentes de la DISIP el dirigente estudiantil y secretario general de la Liga Socialista Jorge Rodríguez quien murió en reclusión cinco días después, luego de ser torturado. El entonces Ministro de Relaciones Interiores, Octavio Lepage, lamentó el suceso e inició investigaciones sobre el repudiable hecho. Arístides Lander, director de la Disip, y otros tres funcionarios, debieron responder ante la justicia por este asesinato.

En 1979, Niehous fue rescatado y regresó a Estados Unidos donde en una rueda de prensa declaró: «No quiero saber más nunca de Venezuela». Murió en 2013, a los 82 años. En cuanto a los presuntos responsables del hecho, aunque han ejercido funciones de poder en los últimos 14 años, ninguno ha hablado del secuestro excepto Carlos Lanz, quien escribió el libro El caso Niehous y la corrupción administrativa (1979).

Por esa época de alta conflictividad política mundial, el terrorismo mostró sus afilados colmillos en varios episodios sangrientos. El 4 de julio, las Fuerzas de Defensa de Israel realizaron la Operación Entebbe, en la que resultaron muertos cuatro terroristas palestinos que mantenían cautivos a 105 rehenes israelíes en el aeropuerto de Entebbe, cerca de Kampala, en la Uganda del dictador Idi Amín Dadá.

El comandante del equipo de asalto Yonatan Netanyahu fue el único militar israelí muerto durante la operación, pero entre los rehenes sucumbió la inmigrante judía británica Dora Bloch, de 75 años. Había sido internada horas antes en el hospital Mulago de Kampala y poco después del rescate fue sacada a rastras de la cama del centro médico y asesinada por dos militares a las órdenes de Amin. En la siguiente animación se resumen algunos de los aspectos relevantes de lo ocurrido en Entebbe:


En nuestro continente, la situación no era mejor: el 7 de septiembre espías de la dictadura chilena y mercenarios cubanos anticastristas dirigidos por el agente de la CIA Michael Townley asesinaron en Washington, DC, al excanciller chileno Orlando Letelier —a quien Pinochet le había quitado la ciudadanía chilena once días antes—, junto con su secretaria Ronni Moffitt.


Un mes más tarde, el 6 de octubre, un avión DC 8 de la aerolínea Cubana de Aviación partió con 73 personas a bordo desde Maiquetía con destino a Barbados y a Trinidad. Para consternación de todos, el avión explotó en el aire. Muchos de sus ocupantes eran deportistas y estudiantes de medicina. Por este acto de terrorismo fueron responsabilizados los cubanos Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila; así como los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo Lozano.


En Argentina se abría uno de sus episodios políticos más oscuros: el 24 de marzo un golpe de Estado derrocó a Isabel Martínez de Perón e instauró un régimen militar hasta 1983, que dejaría como saldo 10.000 desaparecidos. La muerte de opositores se convirtió en una constante y varias masacres se produjeron con intervención directa de los militares en el poder.


Los estudiantes alrededor del mundo sufrieron crueles vejámenes: el 16 de junio en Soweto (Sudáfrica), aproximadamente 15.000 de ellos marcharon de manera no violenta. El Gobierno del apartheid ordenó a la policía que ametrallara a la multitud y en consecuencia murieron 566 jóvenes —entre ellos Héctor Pieterson, de 12 años, quien pasó a convertirse en emblema de esta lucha—. Varios días de luchas sangrientas se sucedieron en esa nación africana.


El 16 de septiembre se registró en Buenos Aires lo que se conoció tristemente como La noche de los Lápices,  en la que secuestraron a integrantes de la Unión de Estudiantes Secundarios quienes en 1975 habían reclamado el otorgamiento del boleto de autobús con descuento estudiantil. Todos fueron torturados por la dictadura militar, varios resultaron asesinados e incluso engrosaron la larga lista de desaparecidos durante ese vergonzoso periodo político.

En el video se muestra un tráiler de La noche de los lápices (1986), film de Héctor Olivera que recrea este suceso:


Finalmente, el 6 de octubre en Bangkok (Tailandia), los estudiantes de la Universidad de Thammasat realizaron una jornada de protesta contra el retorno del dictador Thanom. Una coalición de paramilitares de derecha y fuerzas gubernamentales asesinaron a más de 100 manifestantes en lo que se conoció como la Masacre de la Universidad de Thammasat.

La violencia también se exteriorizó en desastres naturales con miles de víctimas. La madrugada del 4 de febrero de 1976, los guatemaltecos fueron despertados por un terremoto de 7.5 grados Richter que dejó un saldo de 23 mil muertos y 77 mil heridos. El movimiento telúrico ocasionó daños de gran magnitud: destruyó más de 250 mil casas y cerca de un millón de personas quedaron sin hogar. Su duración se ubicó entre 35 y 49 segundos, según registros de las instituciones del estado en ese entonces, con un epicentro a más de 160 kilómetros al noroeste de la capital.

El 28 de julio se produjo otro violento movimiento de tierra en la ciudad de Tangshan, en China, el cual resultó el más mortífero de la historia con un total de 242.000 muertos, según cifras oficiales. En 2010, el director Feng Xiaogang realizó a modo de homenaje a las víctimas de la catástrofe la película Aftershock, la cual se convirtió en la producción más vista en la historia de ese país para la fecha:


Fue un año de pérdidas dolorosas para el país: el 25 de abril el poeta Aquiles Nazoa falleció en un accidente automovilístico en la Autopista Regional del Centro y también producto de una colisión murió la prometedora actriz Paula D’Arco, quien en ese momento intervenía en la telenovela Pobre Negro. El recio actor Edmundo Valdemar, acompañante de la occisa y milagroso sobreviviente del accidente, fallecería de causas naturales en junio de ese mismo año.

El 3 de septiembre, el avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea, que transportaba a todos los miembros del Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela (UCV), se estrelló cerca de la pista de aterrizaje del Aeropuerto de Lajes (Isla Terceira, en las Azores). Los 68 pasajeros, incluido el director del Orfeón, Vinicio Adames, fallecieron. En mi memoria, fue la última vez que en el país el luto nacional obligó a las radioemisoras a transmitir solo música sacra.

Rosalind Russell, por siempre Mame.
En el ámbito internacional, importantes personalidades se despidieron, entre ellos la escritora británica de novelas de misterio Agatha Christie, el director de cine italiano Luchino Visconti, el pintor alemán nacionalizado francés Max Ernst, el multimillonario excéntrico norteamericano Howard Hugues, el director de cine británico Carol Reed, el filósofo alemán Martin Heidegger, el director de cine alemán Fritz Lang, el escritor cubano José Lezama Lima, el líder político chino Mao Tse Tung, el artista norteamericano Man Ray, el escritor francés André Malraux y la actriz de Hollywood, Rosalind Russell.

Ese año se estrenaban en la pantalla grande Taxi Driver (Scorsese, ¿Are you talking to me?), Todos los hombres del presidente (Pakula: Redford y Hoffman en extraña pareja), Cara a cara (Bergman y Liv Ullmann de nuevo juntos), La Profecía (Richard Donner nos presenta al nuevo anticristo niño), King Kong (producida por De Laurentis con el debut de Jessica Lange), Carrie (De Palma y una inquietante protagonista: Sissy Spacek), Network (Lumet implacable frente al mundo de la televisión) y Rocky (Avildsen y un debutante con los puños en alto: Stallone).


En la cartelera nacional lograban altos índices de espectadores cintas como Soy un delincuente, de Clemente de la Cerda; Canción mansa para un pueblo bravo, de Giancarlo Carrer; Sagrado y obsceno de Román Chalbaud; y Los muertos sí salen, de Alfredo Lugo.


Las transformaciones en la televisión nacional no se hicieron esperar: en 1976  se registró la C.A. Venezolana de Televisión, teniendo como accionistas la República de Venezuela, la Corporación Venezolana de Fomento y la CANTV. Su antecesora, la Corporación Venezolana de Televisión (CVTV, constituida por el grupo Vollmer en asociación con Time-Life) se había declarado en bancarrota en 1974, por lo que había sido adquirida por el Estado Venezolano en septiembre de ese año. En VTV, Eva Moreno, quien había salido de mala manera de Radio Caracas Televisión (RCTV), protagonizó con éxito La mujer de las siete lunas, junto a Jorge Félix; y Gustavo Rodríguez interpretó a José Antonio Páez en El centauro del llano.

Para RCTV fue un buen año en las producciones dramáticas: Angélica significaba el debut exitoso como protagonista —junto a José Luis Rodríguez— de una jovencísima Mayra Alejandra. Esta pareja repetiría en Carolina con buenos resultados de rating, mientras el horario vespertino era dominado por Sabrina, con Helianta Cruz y Jorge Palacios.

Campeones. Fuente: Libro
25 aniversario RCTV
Las producciones de calidad con argumentos provenientes de la literatura nacional acapararon la atención: Doris Wells y Miguel  Ángel Landa se lucían con interpretaciones muy naturales en Campeones, adaptación de José Ignacio Cabrujas de la novela de Guillermo Meneses. La obra de Gallegos llegaba otra vez al público televidente con Canaima, protagonizada por Marina Baura; y Pobre Negro, con Miguel Ángel Landa y Doris Wells. Ya asomaba en el horizonte la llamada “telenovela cultural”. Sin embargo, ese mismo año el gobierno de Carlos Andrés Pérez suspendió la señal a RCTV durante tres días por “difundir noticias falsas y tendenciosas”.

José Bardina en Cumbres Borrascosas según Delia Fiallo

Para no quedarse atrás, Venevisión adaptó el clásico de Emily Brontë Cumbres Borrascosas, con José Bardina, Elluz Peraza y Eduardo Serrano. Estrenaba además la versión de Balumba, de Juan Filloy, con José Bardina, Elluz Peraza, Marianela Salazar y Judith Castillo. No obstante, Delia Fiallo volvió con las historias tradicionales en Mariana de la noche, con Lupita Ferrer y Bardina.

Juan Galea y su grupo interpretaron el tema musical de Balumba (1976)

La televisión norteamericana lanzaba las series—hoy devenidos en clásicas— La mujer Biónica, Laverne & Shirley, Familia, El show de los Muppets, la Mujer Maravilla, Los Ángeles de Charlie, Quincy, Espacio 1999 y Christie Love, las cuales serían transmitidas meses más tarde por nuestras televisoras.


En este año atípico y tan convulsionado, el Miss Venezuela no sería la excepción: el 24 de mayo, apenas unas pocas horas después de su coronación, Elluz Peraza renunciaba a su título, asumiendo en su lugar Judith Castillo. Luego de su matrimonio, Elluz iniciaría una exitosa carrera como actriz en la televisión nacional (su debut fue precisamente Cumbres Borrascosas), mientras Judith viajaba en julio a Hong Kong, China, para representarnos en el certamen Miss Universo donde se alzó con la banda de primera finalista.

En materia deportiva, se realizaron los Juegos Olímpicos de Montreal, donde el norteamericano Bruce Jenner en Decatlon y la rumana Nadia Comaneci en Gimnasia —primera puntuación perfecta en la historia de los juegos—, se convirtieron en las estrellas mediáticas de la competencia.

Nadia Comanecci en puntuación perfecta

Bruce Jenner en Decatlón

En música, el grupo sueco ABBA alcanzaba el éxito con tres sencillos de Arrival, su cuarto álbum: Dancing Queen; Knowing me, Knowing you; y Money Money Money. Jean-Michael Jarré maravillaba con su álbum mítico de sonidos electrónicos Oxigène y Al Stewart alcanzaba los números 1 de las listas internacionales con El Año del Gato.

ABBA: reina danzante

Jarré: Oxigeno

Mientras escuchaba los acordes de esa inolvidable canción reflexionaba acerca de los hechos turbulentos que caracterizaron 1976, el cual yo recordaba de manera tan plácida allá en la urbanización Tamare donde residía, rodeado de mis hermanos mientras Juan Carlos Moreno y La Gran FogataNo somos una banda más— suplicaban Más, mucho más y suspiraban Cuando me quieras.

A pesar de la alta conflictividad, fueron los años de la Gran Venezuela, esa en la que el desempleo alcanzó su mínimo histórico al ubicarse en 4%. En aquel paradisíaco entorno que era mi hábitat familiar, no había conflictos y cuando queríamos significar que algo nunca ocurriría, respondíamos: «Será en el año del gato».

En 1976, mi vecina gringa Laurie —rizos rubios, pecas en el rostro, shorts de infarto— se mudó de la casa de la esquina en nuestra calle y ya no tuvimos que soportar la desagradable presencia de David molestándonos en el autobús de regreso a casa. Tristemente dejó el paso libre a nuevos protagonistas criollos del acoso —el ahora tan comentado bullying— escolar. La música disco se instalaba en las radioemisoras y en las fiestas, mientras el mundo temblaba, explotaba y sufría. Paradójicamente, así es la vida. Por cierto, 2024 – 2025 será el próximo año del Dragón…de Madera.

domingo, 4 de agosto de 2013

Sopa de gemelos

En 1971, la historia de dos hermanas gemelas que intercambiaban sus vidas copó la atención de los televidentes venezolanos. Se trataba de La Usurpadora, original de Inés Rodena y protagonizada por Marina Baura y Raúl Amundaray.

Marina Baura por partida doble: Alicia Estévez y Rosalba Bracho.
Una de las hermanas, Alicia Estévez, era amable y generosa, pero humilde, con una madre moribunda. La otra, Rosalba Bracho, era madrastra de dos niños y estaba casada por interés con un exitoso hombre de negocios a quien ella escondía su ambición, su hipocresía y su maldad para manipularlo a su antojo, usando su belleza. Al conocerse por casualidad, pues ninguna sabía la existencia de la otra, Rosalba obligaba a Alicia a tomar su lugar, sin contar con que la buena le robaría algo más que su identidad. Se inauguraba así en nuestro país una larga tradición de actores y actrices en roles dobles que ha brindado más de una sorpresa a los espectadores.

Tres lustros más tardes, la trama volvería a repetirse exitosamente en La Intrusa (1986), en la cual Mariela Alcalá era la encargada de dar vida a las dos hermanas, esta vez llamadas Estrella y Virginia. Su primer encuentro puede verse en el siguiente video:



El otro yo de Raúl: Horacio.
Fuente: Internet
La década de los 70 colocó a muchos actores y actrices reconocidos en ese doble reto interpretativo. Algunos fueron recursos para alargar dramas que llegaban a lo inverosímil, como Sacrificio de mujer (1972), protagonizada por Doris Wells y en el cual Raúl Amundaray hizo de los gemelos Arturo y Horacio, este último... ¡rubio y de ojos verdes! Por su parte, Cecilia Villarreal hizo el doble papel de Laura y Lina en Raquel (1973-75).

José Bardina también experimentó la doble
identidad en la ficción. Fuente: revista
Venezuela Gráfica.
Peregrina (1973) se convirtió en el debut protagónico de la talentosa Rebeca González como la gitana Gisela, convirtiéndose en un gran éxito de audiencia. Rebeca hacía primero de su madre y luego a la hija, mientras que José Bardina asumía el rol de los gemelos Juan Luis y Rolando Pallares. El primero, caracterizado por una ambición desmedida, se casaba con Gisela y era asesinado. Muchos la creían a ella su asesina, incluido Juan Carlos, quien tomó la identidad de su hermano muerto y se casó con Gisela para llevar a cabo su venganza. El papel sería recreado nuevamente una década más tarde por Oswaldo Ríos, en el exitoso remake de la historia original de Delia Fiallo que realizó RCTV en 1992 con el nombre Kassandra. Allí Ríos interpretaba a Ignacio, el hermano asesinado; y a Luis David Contreras. Una jovencísima Coraima Torres se estrenaba como protagonista en este drama.

Ada Riera como Angélica de Montemar.
También en ese mismo año 1973, Ada Riera asumía nuevamente La Loba, continuación de La Mujer Prohibida. Solo que esta vez aparecía por partida doble: como Virginia y como Angélica de Montemar, una peligrosa contrabandista perseguida por la policía, quien se hacía pasar por la primera para ocultarse y casarse con Marcos Villena (Martín Lantigua). Ada lucía ojos claros para diferenciar a Angélica de Virginia.
el rol de Virginia Galván en la muy recordada novela

Marina Baura volvería a ejercer doble papel en Valentina (1975-1976). En esta producción, la protagonista Valentina Montiel moría sorpresivamente en la mitad de la novela y es entonces cuando aparecía el desfachatado personaje de Sonia Gámez, desconocida hasta el momento, para vengarse de quienes hicieron sufrir a su hermana, incluido el protagonista masculino.

Lupita con su hermana gemela y José Bardina.
La otra estrella de la época, Lupita Ferrer, no podía escapar a esta moda. En Mi hermana gemela (1975) encarnaba a las hermanas Marta y Mara, ambas de origen humilde. La primera era modesta, mientras que la ambición caracterizaba a su hermana. Sin embargo, la historia no caló en el público y aun con la ayuda de Delia Fiallo, experta en eso de las gemelas, quien vino como escritora emergente, no logró el éxito que se esperaba, quizá por no explotar algo muy común en estas tramas: nunca se dio la usurpación o grandes enfrentamientos entre las protagonistas, a pesar de que el galán José Bardina se acostaba con una confundiéndola con la otra y…¡la embarazaba!

¿Qué pasó con Jacqueline? (1981) fue una telenovela corta de apenas 48 capítulos, transmitidos por RCTV. Esta obra, original de Alicia Barrios y Gustavo Michelena, con libreto de Alicia Barrios y dirigida Cesar Bolívar, fue protagonizada por Raúl Amundaray y Doris Wells. Para la actriz significó un atractivo, tanto en lo personal como en lo interpretativo, asumir la historia de las gemelas huérfanas Ana y Jacqueline. Ana, que sufría una enfermedad del corazón, se hacía pasar constantemente por Jacqueline, hasta el punto de llegar a sustituirla en su matrimonio con el arquitecto Alejandro Ascanio (Amundaray). Jacqueline, cuyo rostro había quedado desfigurado en un accidente, reapareció con una nueva identidad, haciéndose llamar Melissa Vidal, sin que lograran descubrirla, ya que su rostro había sido reconstruido. Una peluca rubia, lentillas azules y algodones en las mejillas ayudaban a Doris a modificar su apariencia. Su objetivo era conquistar de nuevo a su esposo y desplazar a su hermana, quien había asumido definitivamente su personalidad.

Eran tiempos en que las nuevas técnicas de grabación en video permitían la aparición simultánea de la artista, efecto que puede apreciarse en el siguiente video:


Doris, en una entrevista publicada en El Nacional (27/03/1982), contaba su experiencia:

Ha sido sumamente complicado y acepté hacerlo porque vi que en verdad era algo diferente (…) ¿Qué pasó con Jacqueline? ofrecía otras posibilidades, como el uso del Chroma Key, efecto técnico que permite la grabación del doble papel simultáneamente. Yo no lo conocía, no lo había usado nunca (…) me costó un poco meterme en cada una de ellas, pero ahora ya las tengo muy bien definidas.
Yo he centrado la actuación más que todo en los ojos. Siempre he creído en esa frase de que los ojos reflejan el alma, por eso he tratado de darle una cierta neurosis a la mirada de Ana, contra la tranquila de Jacqueline…De una manera honesta y modesta puedo decirte que todo es un intento mío de búsqueda. Yo trato de que ella, Ana, que está consciente de su mirada, trate de imitar la mirada de Jacqueline, o sea, dos trabajos simultáneos: actuar como Ana y que Ana actúe como Jacqueline. Sí. Es necesario que al público se le dé algo menos fácil. Que piense y creo que Jacqueline presenta una trama que es interesante y le hace pensar. (1)

Amílcar Rivero. Fuente: Internet
Panchito y Arturo (1982) fue escrita por José Ignacio Cabrujas y era una versión libre de El Príncipe y el Mendigo, novela de Mark Twain. Otra vez aparecía el tema de las suplantaciones, esta vez recreado en nuestro país teniendo como protagonista al niño estrella Amílcar Rivero. Arturo, el niño rico, era hijo de Yajaira Orta y Humberto García. Panchito, el pobre, era criado por Virgilio Galindo, quien era el prometido de Irma Palmieri, con quien luego se casaba. Como curiosidad, los integrantes del grupo Menudo intervinieron en uno de los capítulos de esta serie. «Esa novela fue el pináculo de mi carrera infantil (...) Yo apenas tenía 12 años y recuerdo que incluso llegué a salir en vivo», comentaría Rivero años después en una entrevista.

Alma Mía (1988) fue una producción basada en la telenovela realizada en 1972, La madrastra. Acá el doble papel lo hacen dos actrices distintas: Nohely Arteaga (Alma Rosa) y Astrid Carolina (Alma Mía). La primera aparece al inicio de la trama, pero al salir del elenco por razones personales, Astrid debió asumir ambos roles: tanto el de la nana como el de su hermana malvada. El tema musical de presentación de la novela, a cargo de Yordano, mostraba a la dupla de protagonistas:


Nohely Arteaga en Las dos Dianas.
En esto de la protagonización doble, las palmas se las lleva Las dos Dianas (1992), de José Ignacio Cabrujas, inspirada en la novela del mismo nombre de Alejandro Dumas, padre. Esta vez Nohely Arteaga se resarcía de la omisión anterior y hacía de madre y de hija (Diana Burgos y Dianita), mientras que Carlos Mata también personificaba al padre Diego Morales y al hijo Gabriel Morales. La historia transcurre a lo largo de unos 20 años y es recordada como una de las mejores del género.

Dad Dáger como Manuela y Soledad en Trapos íntimos.
Dad Dáger es una veterana en esto de tener hermanas gemelas en la ficción: en Trapos íntimos (2002-2003) interpretaba a Manuela y a Soledad. Luego, en Camaleona (2007), Dad fue Claudia y Octavia Ferrari, dos polos opuestos. En una entrevista publicada en el diario EL Universal (30/03/2007), la actriz explicaba su técnica para diferenciar ambos personajes:

- Trato de marcar más a Octavia. Ella es una villana bien dibujada. Es la maldad extrema y tiene mucha desfachatez. Sabe lo que quiere y va por ello. Claudia siempre anda sufriendo, es racional, pero está muy desconectada de sus necesidades.

-¿Cuál es el mayor reto de este doble papel?, le preguntaba la periodista.

Lo más comprometedor y fascinante es grabarlas a las dos en la misma escena, que debe ser grabada al menos tres veces. Haces el trabajo con una cámara y cuando vas a trabajar con el otro personaje, te escuchas con la energía y la voz de la otra gemela. Para mí ha sido un ejercicio actoral muy valioso. Yo me siento afortunada de hacerlo.

-¿Hiciste un análisis con un psicólogo para construir a las gemelas?

- Tuve varias reuniones con Chely Escalona y conversamos acerca del comportamiento en las gemelas. Me dijo que la clave está en la dualidad y que yo debía buscar esa dualidad dentro de mí. Es algo que tenemos todos los actores, ya que incorporamos situaciones de vida que no nos pertenecen, sino que son de nuestros personajes.


Hilda Abrahamz en Abigaíl.
La lista de actores que han aceptado el reto del doble papel en una misma producción dramática es larga: Hilda Abrahamz encarnó a María Clara y a María Begoña Martínez en Abigaíl (1988-89). Amor Mío (1998) nos presentó a Astrid Gruber en doble tanda: como la perversa Verónica y la dulce Amada. Carlos Mata hizo de gemelos en La pasión de Teresa (1989); Flor Núñez se desdoblaba en la malvada Pastora Lara Portillo y en su inocente hermana Iris, a quien tenía encerrada con el rostro cubierto por una máscara, en El Desprecio (1991-1992), un papel bastante complejo y exigente que luego asumiría Fedra López en el remake realizado en el 2006. Elluz Peraza aparecía también en doble versión en La sombra de Piera (1989) y en la retorcida María, María (1989-1990), Alba Roversi debía realizar un doble papel, si bien no había nexo familiar entre ambas: la protagonista encarnaba a María Alcántara y, luego, a Julia Mendoza, quien después de un accidente era confundida con la primera y gracias a la cirugía plástica, tomaba el rostro de María. La tragedia se desataría cuando la verdadera María, que no había muerto, recobraba la memoria y regresaba.

En el circo que era Mundo de fieras (1991), original de Ligia Lezama, casi al final de la historia entraba el personaje de Viviana, gemela de Catherine Fullop, que hacía de Rosario/Charito. En la trama había además otros gemelos: el actor Diego Balaguer hizo el doble papel de Emilio y Clemente, el primer marido de la malvada Jocelyn (Rosalinda Serfatty), que regresaba para vengarse de ella. 

Simón Pestana representó a los hermanos Diego y Domingo en Carita Pintada (1999). Franklin Virgüez también hizo gemelos en los Amores de Anita Peña (1996) y en Hechizo de amor (2000), casi al final de la historia le inventaron una gemela a Ligia (Emma Rabbe). 

En Cosita Rica (2003), Marisa Román se impuso con sus gemelas Verónica Luján y María Suspiro Vargas para captar la atención de público y medios de comunicación por igual, lo cual convirtió en un triunfo personal y profesional. 

Una voluptuosa Norkis Batista en Estrámbótica
Anastasia
. Imagen promocional de RCTV.
Norkys Batista pasó a convertirse en la única venezolana que ha interpretado trillizas en Estrambótica Anastacia (2004), una experiencia que ya Lucero había logrado con éxito en la mexicana Lazos de amor. En esta historia original de Martin Hahn, la joyería de la familia Borosfky debía su éxito a la "Estrambótica Anastasia", cuya imagen era admirada por todos. Ella tenía dos hermanas: Alexandra, una dulce chica sorda; y Catalina, impulsiva y apasionada. Pero estas trillizas confundirían a todos cambiando sus identidades, en una trama de ambición y poder.

Más recientemente, Crisol Carabal logró un importante triunfo profesional en Aunque Mal Paguen (2007). Aunque no era la protagonista, la crítica de la época resaltó su interpretación como las hermanas gemelas Aguamiel, que era la mujer de la mala vida, cuyo amor por el cura del pueblo la redimía; y Amparo, que era cualquier cosa menos santa.

Lilibeth Morillo realizó los roles de Perla y Pura en Redención de Amor (2010); Bruno y Diego fueron los personajes secundarios interpretados por Yul Burkle en Natalia del Mar (2011-2012); y Taniusha Mollet, hija de Tatiana Capote, interpretó a Gina y a Marifé en Sacrificio de Mujer (2011-2012).

Paola y Paulina: Gaby Spanic en La Usurpadora.
De todos los casos referidos, quizá los más bizarros sean los de Gabriela Spanic y María Antonieta Duque, gemelas en la vida real cada una. Gaby interpretó el doble papel de Gilda Barreto y Raquel Sandoval, villana aparecida casi al final de la novela en Como tú ninguna (1995). Más tarde, cuando incursionó en la pantalla chica mexicana en una nueva versión de La usurpadora (1998) encarnaría a la dulce Paulina y a la villana Paola. Lo paradójico es que la actriz, luego de una relación muy cercana con su verdadera hermana Daniela, esta se agrió debido a graves problemas personales, por lo cual en estos momentos no tienen trato alguno.

María Antonieta Duque es la cabello oscuro;
Mariana, la rubia.

Por su parte, Duque, cuya hermana Mariana es dueña de una compañía de publicidad digital y vive en Margarita, realizó el doble papel de Tamara y Maricarmen en ¿Vieja, yo? (2008-2009). 

Otros casos de gemelas reales en la farándula venezolana son los de la actriz Mariaca Semprún y su hermana odontóloga María Alejandra; y de la fugaz actriz, actualmente retirada, Anastasia Mazzone y su hermana empresaria Ana María, radicada en París. 

Siempre se ha dicho que todos tenemos a alguien de similar parecido físico en algún lugar del mundo. Y usted, ¿ya encontró su gemelo?

Fuente citada:
(1) Castillo, Ocarina (2009). Doris Wells. Biblioteca Biográfica Venezolana. El Nacional y Fundación Bancaribe. Caracas, Venezuela.