viernes, 9 de noviembre de 2018

Días de radio

Calcomanía de Radio Reloj. Fuente: blog del fallecido
locutor Hilder J. Hernández
Durante toda mi niñez y adolescencia, la radio fue mi medio de entretenimiento preferido. Solo la superaba el cine, pues este proporcionaba una experiencia sensorial única con imágenes, sonido y el encuentro social en una sala oscura durante noventa minutos o más. Estaba por encima de la televisión, la cual a pesar de poder ser disfrutada en familia, era precisamente un hábito limitado de acuerdo con su contenido a horarios impuestos por mis padres.

A diferencia de los otros medios de difusión masiva, la radio me permitía movilidad, gracias a los pequeños transmisores portátiles que captaban las ondas hertzianas en frecuencia de amplitud modulada (AM). Esa característica hizo posible que pudiese escuchar música en la tranquilidad de mi cuarto, a horas cuando las reglas de la casa obligaban a estar en cama. En el silencio de la noche, dibujaba, escribía o estudiaba, acompañado por la cadencia de la música disco, muy de moda en esa época, o por la voz grave de los locutores de ese tiempo, devenidos en seductores sin rostro, gracias a la poderosa imaginación de las jovencitas. Tan peculiar atracción la plasmó el grupo venezolano Metrópolis en 1981, a través de su canción El Discjockey de la Radio:


En la década de los 70 y 80, las emisoras juveniles habían encontrado un nicho particular y era Radio Reloj 1.300 AM la líder en audiencia. Esta estación, una de las pioneras en su estilo, salió al aire por primera vez en Maracaibo el 5 de junio de 1961, fundada por José Higuera Miranda. Contó con un reconocido contingente de locutores entre quienes estuvieron Rafael Aponte, Gerardo Pozo, Guillermo Tell e Hilder J. Hernández, quienes acompañaron a sus radioescuchas en programas gratamente recordados como Chupetas Ácidas y Pop Parade.

De este último espacio fui uno de sus fervientes seguidores, tradición heredada de mis hermanos mayores. Se transmitía de 12:00 a 1:00 pm y era una recopilación de las canciones más pedidas durante la semana. Si le hacías seguimiento, podías notar cómo progresivamente iba escalando tu melodía favorita desde la posición 20 —la última en la clasificación— hasta el primer lugar. Yo acostumbraba registrar estos rankings musicales y de esas anotaciones quedó el correspondiente al 26 de mayo de 1979, lamentablemente incompleto. De esa lista, apenas han sobrevivido a la prueba del tiempo un puñado de canciones, entre ellas Piensas que soy sexy, de Stewart; Chiquitita, de ABBA; y Lo que un tonto cree, de The Dooby Brothers:


20. […]
19. Puente sobre aguas turbulentas – Linda Clitfford
18. Superman - Eddy Mann
17. Cajita de música – Frank Mills
16. Prisionera de tu amor – Nancy Ramos
15. Piensas que soy sexy – Rod Stewart
14. Baile de la patineta – Salt Ferguson
13. […]
12. […]
11. […]
10. […]
9. Tragedia – Bee Gees
8- La Máquina – T.C.
7. El cielo lo sabe – Donna Summers
6. […]
5. Chiquitita – ABBA.
4. Lo que un tonto cree – The Dooby Brothers
3. Tengo una noticia para ti – Casanova
2. […]
1. […]

A finales de año, se divulgaba el recuento mensual del Pop Parade, que indicaba las canciones más pedidas para cada semana. Este es el correspondiente a 1980, transmitido desde la mañana del miércoles 31 de diciembre de ese año:

Enero
1ª  semana: Víctima del amor – Elton John
2a semana: Déjame saber, tengo derecho – Gloria Gaynor
3a  semana: Si tú me recordaras – Chris Thompson
4a  semana: Trabajando día y noche – Michael Jackson


If you remember me, de Chris Thompson, tema de la película El Campeón, con John Voight

Febrero
1a semana: Buenas amigas – Mary MacGregor
2a semana: La Cotorra – Joe Bataan
3a semana: Música de la calle –
4a semana: Guerrero del espacio – La Máquina de Munich


Good friend, de Mary MacGregor

Marzo
1a semana: Logré aclarar mi mente -
2a semana: Házmelo una vez más – Captain & Tennille
3a semana: Te diré – Sergio Méndez
4a semana: Nena, te deseo – F.C.C.
5a semana: Gracias a Dios que hay música – Patrick Cowley


Do that to me one more time, de Captain & Tennille

Abril
1a semana: Hoy al recordar – Los Tigres
2a semana: Eloísa – Paris Conection
3a semana: Una pequeña cosa loca llamada amor – Queen
4a semana: Buenas noches, mi amor – Mike Pinera


Good night, my love, de Mike Pinera

Mayo
1a semana: La flor de la montaña – Chacao
2a semana: Mestizo – Joe Bataan
3a semana: Me voy a quedar sola – Viola Wills
4a semana: Quiero ser tu amante – Prince
5a semana: Podrías necesitar de alguien – Turley Richard


Mestizo, de Joe Bataan

Junio
1a semana: El cielo está muy alto – Gibb Soul
2a semana: Ya no estás aquí – Guillermo Carrasco
3a semana: Pueblo Funky – Máquina T.C.
4a semana: La comparsa – Iraquere


Ya no estás aquí, de Guillermo Carrasco

Julio
1a semana: Llámame -
2a semana: Cuerpos juntos – Kipp and Gibb
3a semana: Ahora fue que encontramos el amor – El Tercer Mundo
4a semana: Eres mi cielo – Roberta Flack & Donny Hathaway


You're my heaven, de Roberta Flack & Donny Hathaway

Agosto
1a semana: Cuando eres amado – Debby Boone
2a semana: La Rosa – Bette Middler
3a semana: Anita Kerr
4a semana: Es fácil decir – Henry Mancini
5ª semana: Bella y fugaz – Guillermo Carrasco


The Rose, con Bette Middler


It's easy to say, de Henry Mancini, con Julie Andrews, tema de la película "10",
protagonizada por Bo Derek y Duddley Moore

Septiembre
1a semana: Pequeña Jennie – Elton John
2a semana: Vamos a movernos juntos -
3a semana: No puedo ayudarme – Bonnie Pointer
4a semana: Bailando como amantes – Mary McGregor


Little Jeannie, de Elton John

Octubre
1a semana: Fiesta de amantes – Chance
2a semana: No me lo digas a mí, dícelo a ella - Odyssey
3a semana: […]
4a semana: Regálame la noche – George Benson
5ª semana: Somos rebeldes – Chic


Give me the night, de George Benson


Don't tell me tell her, de Odyssey

Noviembre
1a semana: Enamorada – Barbra Streisand
2a semana: Vagabunda – Donna Summers
3a semana: Adivina de dónde soy – José Luis Rodríguez
4a semana: Toma tu tiempo – SOS Band


Take your time (do it right), de SOS Band

Diciembre
1a semana: Me estoy volviendo loco – Lou Rawls
2a semana: Sobre el tejado – Viola Wills
3a semana: Frank Quintero


I go crazy, de Lou Rawls



Fuente: Blog souvenirdeemisorasvenezolanas
Otra emisora de atractiva programación en esa época era Radio Aeropuerto, la del “Sonido Azul”. Inició sus actividades el 11 de noviembre de 1.972, en la frecuencia 1220 AM, bajo el nombre de Radio Aeropuerto Internacional de Maracaibo. En su primera etapa sus estudios estaban ubicados en el propio aeropuerto La Chinita, anunciaba los vuelos y era la única emisora en transmitir con personal de locución exclusivamente femenino. De allí destacaron Betty Márquez, Mercy Gallardo, Evelyn Márquez, Susana Pozo y Betty Alvarado, entre otras, cuya característica más notable era su tono de voz suave y hasta sugerente. De esta estación recuerdo el programa Instrumentales del Recuerdo, difundido al mediodía.



Por la década de los 80, Radio Aeropuerto se mudó a la sede cerca de la Plaza de La República. Desde allí era capitaneada por Gerardo Pozo, quien contaba entre sus locutores a Ileana Ketchum y José Bonacías:

Fuente: @esmaracaibo

Ya entrados los 80, cambié de dial. Desde entonces mi estación fue Super Ondas 1.120 AM, heredera de la recordada Ondas del Lago, fundada en 1936 por Nicolás Vale Quintero. La historia de esta estación no deja de ser azarosa: luego de una exitosa trayectoria con programas de gran impacto, para los años 60 había entrado en una difícil situación económica. Debió recurrir al financiamiento de la Corporación Venezolana de Fomento, quien ante el incumplimiento de los pagos, la embargó y la mantuvo bajo su fiscalización comercial durante más de 10 años. En 1.981, el empresario zuliano Isilio Meleán la adquirió a la Corporación. Durante esa época la radiodifusora fue dirigida por Luis González Jiménez y Gustavo Baptista.

Según refieren en la red, la frecuencia de Ondas del Lago fue transferida a Super Ondas en 1.984. La radio fue permisada por el Ministerio de Transporte y Comunicaciones con las siglas YVMX. Se podía sintonizar en el dial 1.120 KHZ, es decir la misma frecuencia de Ondas del Lago. En esa época Calixto Rocca compró los derechos de la emisora y nombró director a Danilo Bautista. Fue así como se orientó la programación hacia un público “juvenil” y adulto contemporáneo, con algunos espacios transmitidos desde Caracas —como Las 20 Grandes del Color, con Jesús Leandro— y otros con talento local. Entre esos recuerdo Special Edition, Super Weekend, El Super Clan del 60, De Noche con Venezuela y mi preferido, al filo de la medianoche, La Hora del Gato, cuyos conductores se convirtieron en compañeros de tantas noches insomnes.

De esa época, un super hit con Carol Douglas  "...y la escuchaste por primera vez aquí, en SuperOndas":


Para finales de los 80, ya SuperOndas mostraba su agotamiento para el segmento que había seleccionado y cambió a una programación totalmente gaitera. Demás está decir que hasta allí fui su ferviente radioescucha.

En esa época, ya graduado como periodista, empacaba rumbo al oriente del país, donde la programación de las emisoras radiales no eran precisamente de mi gusto. Los casettes reemplazaron la radio y una nueva pasión, la creación del Cine Club Oriente, pasó a ocupar mis pocos ratos de ocio. Además, se avecinaban los tiempos de las transmisiones en frecuencia modulada (FM) y eso sí ya es otra historia.

Para despedirme, les dejo esta canción del recuerdo, que me acompañó durante muchas noches insomnes en mi walkman Sony:


Throughout your years, de Kurtis Blow

jueves, 13 de septiembre de 2018

Doris María, aquella catirrusia de Caripito

Doris Wells. Fuente: Archivo RCTV
Nunca la conocí, es la verdad. Cuando Doris María Buonaffina murió en septiembre de 1988, yo apenas contaba con 23 años y ella 42. Sin embargo, su voz y su presencia me eran tan cercanas como si se tratase de alguien de mi propia familia.

Por supuesto, a quien yo “conocía” era a Doris Wells, su alter ego en el mundo artístico, esa camaleónica figura que se desdoblaba en diversos personajes, ora en la pequeña pantalla de la televisión, ya en la gran pantalla del cine. Así que de conocer, nada. Digamos que sabía de su existencia como todo el que tenía un televisor en casa en los años 70.

La verdadera Doris no era una mujer de fácil acceso. Resguardaba su privacidad con gran celo. Aunque en los sets encarnó villanas o sufridas heroínas con gran solvencia —lo que hacía amarla u odiarla, según fuese el caso—, su verdadera naturaleza interpretativa brilló en roles que no tenían esa vena “culebrónica”: Pilar, en La señora de Cárdenas; Pura, en Campeones; Margarita, en Gómez I; y  Enriqueta, en La hora menguada.

Fuente: Revista Estampas, El Universal
Pese a lo artificioso de su apellido artístico, Doris era venezolana de pura cepa. Sus padres fueron José Ramón Buonaffina, descendiente de italianos nacido en Cumaná, estado Sucre; e Isabel Padrino, nativa de Uracoa, estado Monagas. Ambos eran viudos y tenían hijos de sus anteriores uniones (dos él, tres ella). El 28 de octubre de 1945 nacieron en el hospital de Caripito los gemelos Doris María y Miguel Ángel.

En su infancia, Doris vivió en el campamento petrolero Cayena, en Caripito, pues su padre era enfermero en la Creole Petroleum Corporation. Ocarina Castillo, en la biografía de la actriz publicada por Los Libros de El Nacional,  la describe como una niña menudita y precoz, quien muy joven desarrolló un talento especial para las letras: aprendió a leer a los cuatro años, memorizaba los cuentos y los repetía a su familia. Al ser la menor, se convirtió en la niña mimada de su madre, quien la consentía en todo. También era muy despierta y graciosa.

Fuente: Archivo Últimas Noticias
Sin embargo, esa vida idílica pronto atravesaría por altibajos. A los cinco años de edad, Doris perdió a su padre, quien falleció de un cáncer de esófago en 1949. Su hermano mayor fue contratado por la empresa petrolera y se hizo cargo de la familia, aunque la señora Isabel se instaló temporalmente en Maturín con los menores de sus hijos. Pasados unos meses regresaron a Caripito y de allí se trasladarían al campo Miraflores, en Quiriquire, al ser  transferido su hermano Humberto, ahora cabeza de familia, a esa localidad donde la futura actriz estudió primaria en el Colegio Libertador.

Fuente: Archivo El Nacional
En 1958 se mudo con su madre y tres hermanos a Caracas. En la capital venezolana la familia residió en diferentes lugares, incluyendo un pequeño apartamento en La Pastora. En octubre de 1958 inició sus estudios de bachillerato en el liceo Pedro Emilio Coll y un año después se inscribió en la Escuela Nacional de Arte Escénico, dirigida por Juana Sujo. Fue allí donde concentró su mayor interés, ella toda delgadita, con apenas 13 años pero con muchas ganas de aprender. Entre sus condiscípulos se encontraban las hermanas Olga y Carmen Messuti, Ivonne Attas, José Luis Silva, Isabel Padilla y José Bardina, quien la acompañaba a su casa al salir de clases.

Su primera actuación frente al público se llevó a cabo en 1960  en el monólogo La Dama Boba. En 1961 egresó de la última promoción que recibió el título de manos de Juana Sujo, poco antes del fallecimiento de la recordada maestra del teatro venezolano. Posteriormente, se incorporaría a diversos montajes como Cinco gangster y una monja; Melocotón en almíbar y Donde está marcada la cruz.

Por esos años Doris trabajó brevemente en el Bufete Rízquez-Irribarren-Abogados como recepcionista, a sugerencia de su hermano gemelo; allí, aún adolescente, conocería al que sería su futuro esposo, el profesional del Derecho, William Rísquez, de 36 años. Sería en esa época también cuando su familia compraría un apartamento en la urbanización El Marqués, específicamente en 1963.

Edmundo Arias, Doris Wells, América Barrio y Raquel Castaños en Amores
de Juventud
. Fuente: RCTV
Su ingreso al mundo publicitario ocurrió a los 15 años, por una de esas casualidades que determinan el destino de los seres humanos. Se encontraba en el estadio Olímpico y, en momentos cuando veía una competencia de judo junto a su hermano, un publicista de la agencia Young&Rubicam le propuso hacer una prueba para una cuña. Ella accedió y a los 15 días le avisaron que estaba contratada. Así de fácil debutó para promocionar “Lux, el jabón de las estrellas”. Entre 1961 y 1962 protagonizaría 17 cuñas con las marcas más reconocidas de la época e iniciaría tímidamente su camino estelar por la televisión. También realizaría junto a Miguelángel Landa la primera fotonovela realizada en el país, en 1962, llamada Muerte en el refugio alpino.

Fuente: revista Venezuela Farándula
En la Televisora Nacional interpretó papeles de extra, que incluían su intervención en una versión de Canaima. Luego pasaría a RCTV, donde lograría breves incursiones en el espacio Se necesita una amiga, transmitido en vivo en horas del mediodía; Nuestra Peggy y The Amador´s News. Paralelamente, continuaba sus estudios de bachillerato en el liceo Caracas.

Era el momento apropiado para cambiar su apellido por uno más sonoro y fácil de recordar. Así que hizo una lista de los apellidos de sus padres, de los cuales escogió uno europeo, proveniente de su familia materna. Nacía, entonces, Doris Wells.

Reina, Felicia y María Eugenia, las tres hermanitas Montero.
Fuente: Archivo RCTV
A mediados de los 60, Doris se encontraba más que preparada para posicionarse en la mira pública de manera contundente. El vehículo sería el personaje de Reina Montero en Historia de Tres Hermanas (1964), novela ambientada a mitad del siglo XIX con libretos de Roselia Narváez y dirección de José Antonio Ferrara. Esta producción dramática se convirtió en un éxito sin precedentes, con una duración de más de un año. Inicialmente difundida en capítulos de una hora los martes a las 7:00 pm, posteriormente estas transmisiones se ampliarían a cinco veces a la semana. Doris, como la villana debutante en la trama, era la menor de las tres hermanas del título, que incluía a la mayor María Eugenia Montero (Eva Blanco) y a la del medio, Felicia Montero (Eva Moreno). Leonardo Andueza (Raúl Amundaray) era el centro de las disputas amorosas femeninas, pero como cosa curiosa era Reina quien resultaba favorecida con su cariño. En el elenco también figuraban Manuel Poblete, María Teresa Acosta, Tomás Henríquez, América Barrios, Daniel Farías y Guillermo González, entre otros.

Eva Blanco, Eva Moreno y Doris Wells. Fuente: noeliamaot
Después de ese importante triunfo, Doris continuaría como antagonista y ocasional villana en telenovelas como Renzo el Gitano; La Leona, El Gavilán, Corazón Salvaje (en la que interpretó a la pérfida Aimée), Bárbara, Corazón de Madre, El Valle Ardiente, todas transmitidas entre 1964 y 1966 a través de RCTV. También intervendría en teleteatros como La gota de agua, La Pasionaria y La flor del Matapalo. En Televisora Nacional haría la telenovela El Mulato, junto a Oscar Martínez; y en marzo de 1966 interpretó un papel en el espacio Martes Estelares con la obra Un verano en Nohant, junto a Margot Antillano, Eva Blanco y Esteban Herrera.

En su vida personal, las cosas también daban un giro importante: después de varios años de noviazgo, Doris y William Rízquez se casaron el 27 de abril de 1966, en una ceremonia muy sencilla, en la estricta intimidad de su familia. De ese matrimonio nacieron Marielva (1966), Xavier (1968) y Verónica (1969), periodos en que ella se retiró temporalmente del medio artístico. Aunque su marido gozaba de una buena posición económica, no le impidió que continuara su carrera artística, pese a las reservas con que fue recibida por el entorno familiar y los amigos de su pareja.

Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Con una sólida formación teatral, en 1967 debutó en El Nuevo Grupo, el cual estaba liderado por José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón, Román Chalbaud, John Lange y Miriam Dembo. Ella participaría en los montajes iniciales de Tric Trac (1967) y Asia y el Lejano Oriente (1968), ambas dirigidos por Chalbaud.

Paralelamente, su carrera en la televisión avanzaba: logró con éxito la transición a protagonista “buena”, primero con el personaje de Irene en Sacrificio de Mujer (1972), luego Regina Carbonell (1972) y el que sería su mayor logro hasta ese momento: Raquel (1973), en el que hacía pareja con Raúl Amundaray. Esta producción dramática alcanzaría los 642 capítulos y casi dos años de transmisión continua en horario estelar a las 9:00 pm hasta que en junio de 1974 el Ministerio de Comunicaciones aprobó nuevas normas para regir la programación televisiva, que obligaron a su corte intempestivo.

Gustavo y Doris en La Trepadora.
Fuente: Archivo El Nacional
Después de Raquel, RCTV inició el ciclo de Rómulo Gallegos con la producción corta La Trepadora. En ella Doris interpretaba a Victoria Guanipa y acompañaba en el elenco a Oscar Martínez, Hilda Vera,Gustavo Rodríguez y Mahuampi Acosta. Su actuación, junto al resto de sus compañeros, recibiría grandes elogios en lo que se consideró una de las versiones mejor lograda de las obras del novelista venezolano. A este espacio le seguiría el programa especial El Encendedor de Faroles, junto a Luis Pardi.

Doris y Miguelángel Landa en Pobre Negro
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Paralelamente, en el Teatro de Bellas Artes de Maracaibo debutó junto a la compañía teatral Contacto 4 y estrenaron en 1975 la obra A media luz los tres, de Miguel Miura, bajo la dirección de Romeo Costea, con Oscar Martínez, Cecilia Villarreal y Alejandro Mata.

En 1975 comienza el ciclo dedicado al poeta Andrés Eloy Blanco en el espacio Pantalla de Plata; Doris asumiría la protagonización en los teleteatros Florinda, La Loca Luz Caraballo, La Llorona, La Renuncia y El Limonero del Señor, todos dirigidos por Ibrahim Guerra. El 7 de octubre de ese año se presentó el teleteatro Belinda, en el espacio La Comedia Humana, donde ella asumió el personaje de sorda que hizo famosa y merecedora de un Oscar a Jane Wyman en la versión cinematográfica de 1949. Su trabajo fue bien recibido por la crítica y los espectadores, quienes  veían el crecimiento que como actriz iba acumulando a lo largo de su trayectoria.

Siguiendo el ciclo de Rómulo Gallegos, el 28 de octubre de 1975 se estrena Pobre Negro, adaptación de Salvador Garmendia, bajo la dirección de Ibrahim Guerra. En esta historia la recuerdo primero como Ana Julia Alcorta, casi al borde de la histeria, siempre alterada, sobresaltada por la súbita presencia nocturna de Negro Malo (Miguelángel Landa) en su ventana. Luego, en la segunda etapa de la trama, iluminaba la pantalla chica como la risueña y adorable “niña” Luisana Alcorta, viviendo su historia de amor junto a Pedro Miguel Gomares (otra vez Landa). El 9 de marzo de 1976 concluía esta versión con enorme éxito de crítica y audiencia. Hasta la fecha es gratamente recordada por el público.

Campeones (RCTV, 1976)
Su buena racha continuaría. Del 27 de julio al 3 de agosto de 1976 se transmitió Campeones, con base en el cuento de Guillermo Meneses, según adaptación de José Ignacio Cabrujas y Ligia Lezama, otra vez con Ibrahim Guerra dirigiendo. Esta producción representó un nuevo hito en su carrera: todos alababan la naturalidad con que ella, Miguelángel Landa, Cecilia Villarreal, Tomás Henríquez, Amalia Pérez Díaz, Arturo Calderón, Alberto Marín, William Moreno y Lucio Bueno asumieron sus roles. La historia giraba en torno a la vida de dos jóvenes de Macuto, el beisbolista Teodoro Guillén y el boxeador Ramón Camacho, que intentaban superar la pobreza y la marginalidad social, optando por conseguir espacio y reconocimiento a través de la práctica del deporte.

Anastasia, teleteatro en RCTV.
En teatro se presentó durante la temporada mayo-junio con la obra Un día en la muerte de Joe Egg, original de Peter Nichols, en adaptación de José Gabriel Núñez y dirección de Ibrahim Guerra, con Alicia Barrios en la asistencia de dirección. Le acompañaron Rolando Barral, Aníbal Grumm, Cecilia Villarreal, Reinaldo Lancaster y Laura Zerra.

Pese a todos los éxitos alcanzados, 1977 es el definitivo para su consagración. Primero representa los teleteatros La Quema de Judas y Anastasia, así como el programa de misterio El Hacha. También comienza La Señora de Cárdenas, original de José Ignacio Cabrujas, con libretos de Fausto Verdial, Julio César Mármol y María Elena Ascanio, dirigida por Juan Lamata. Esta historia de pocos capítulos en comparación con los culebrones de la época se convirtió en una de las de mayor sintonía; significó un hito importante en la manera de hacer dramáticos en nuestra televisión, al punto que fue el inicio de lo que se llamó la “Telenovela Cultural”, un nombre artificioso para algo que pudo haber tenido mayor permanencia.

El señor y la señora de Cárdenas
(RCTV, 1977)
Según Doris, la extraordinaria receptividad que había recibido este drama intimista de un matrimonio al borde del divorcio, residía en varias razones: “Lo primero y principal es el libreto; segundo, a que la gente quiere verse reflejada con sus propios problemas, sin trucos y sin truculencias. Se sienten identificados con esa trama. Además, todo el elenco está muy bien en sus papeles, incluyendo la dirección. Hay un acople fenomenal. Ese es el éxito: radica en la forma de hablarle al público”.


Soltera y sin compromiso (RCTV, 1977)
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica
Venezolana, Libros de El Nacional. 
En la misma tónica de la llamada Telenovela Cultural, hizo Soltera y sin compromiso (1978), original de Cabrujas y escrita por Fausto Verdial, Ibsen Martínez y Pilar Romero, protagonizada con Miguelángel Landa y dirigida otra vez por Juan Lamata. Sin embargo, en esta ocasión la receptividad del público fue menor.

Es importante destacar que la relación de Doris con la televisión venezolana siempre fue crítica, tanto por los mensajes que transmitía como por la forma de trabajo y trato a los actores. Por ejemplo, en 1973 aseguraba: “En opinión franca y sincera, las telenovelas son una pesadez y si las tres plantas de televisión se pusieran de acuerdo, podrían ofrecer al público argumentos de mejor calidad" (El Nacional, 07/10/1973, citado por Castillo, 2009).

Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Por ello, no es una sorpresa descubrir que ya desde ese año anunciaba su mayor rigurosidad a la hora de escoger las producciones en las que intervendría: “Después de Raquel, no haré más telenovelas de este corte […] Creo que finalizada Raquel, haré La Trepadora. Seguiré haciendo obras de este tipo, de lo contrario, me quedaré en casa”. En ese sentido, era tajante cuando daba una negativa a algo con lo que no estaba de acuerdo: “Cuando se me encargue realizar un buen papel, seguro acepto. A mí me gusta trabajar a gusto y cuando se me presenta un personaje interesante y difícil, no tardo en aceptarlo […] pero cosas mediocres ¡NO! (Páginas, 20/10/1973).

Muestra de su selectividad es la justificación para negarse a participar en Bárbara, con Hilda Aguirre y Edmundo Valdemar. Ella, que había encarnado a la villana en la versión televisiva, ahora rehusaba intervenir en la cinta del mismo nombre: “Esta película no resulta nada positivo para mi carrera artística. Además, en el aspecto económico era algo muy denigrante para mí. O se me encarga un buen papel o prefiero permanecer en mi casa” (Venezuela Gráfica, s/f, 36-38, citado por Castillo, 2009). La alternativa de quedarse en casa siempre estaba flotando como medida de presión para obtener lo que deseaba al momento de decidir si intervenía o no en alguna producción. Y es justo decir que en esas duras negociaciones, muchas veces el público salió ganando.

Doris Wells y Carlos Márquez en La Fiera (1978)
Un cambio de registro representó su rol de Isabel Blanco en La Fiera (1978), una muy libre adaptación de Julio César Mármol de Los Hermanos Karamazov, de Dostoievski, con libretos de Fausto Verdial, Pilar Romero, Carlos González y Pedro Felipe Ramírez. Dirigía Juan Lamata y formaba parte de la historia uno de los elencos más sólidos que se ha presentado en nuestra televisión: Carlos Márquez, José Bardina, Tomás Henríquez, Agustina Martín, Helianta Cruz, Elisa Stella, Mary Soliani, Gustavo Rodríguez, Lucio Bueno, entre muchos otros estupendos actores. Ella, modelo de contención en sus roles naturalistas, ahora se mostraba salvaje, desarreglada, gritando como una desaforada en contrapunteo amoroso entre Jose Bardina y Carlos Márquez como el inolvidable Eleazar Meléndez. Él la apodaría la catirrusia y así la llamaría el pueblo durante mucho tiempo.


Escenas de la telenovela La Fiera (RCTV, 1978). Fuente: canal Youtube de Noelia

En abril de 1979 regresó al teatro para encarnar a Nora en Casa de Muñecas, obra de Henrik  Ibsen, montada por El Nuevo Grupo. La dirección de Carlos Gorostiza garantizó excelentes actuaciones de José Ignacio Cabrujas, Ricardo Salazar, Isabel Sauver y Rafael Briceño.

Margarita Torres (Gómez I, 1980)
Fuente: libro Amores Públicos
La década de los 80 fue particularmente fructífera para ella. Participó en Gómez I, estrenada el 28 de octubre de 1980, con destacada actuación de Rafael Briceño como el dictador Juan Vicente Gómez. Allí interpretó a Margarita Torres, hermana de Dionisia Bello, primera mujer de El Benemérito. A la prensa comentaría no sin cierto desencanto: "Lo lamentable y que me sigue doliendo, es que Gómez es un programa aislado dentro de la TV, porque lo ambicioso y lo que verdaderamente tendría que ser, es que Gómez fuera un programa más y que la competencia estuviera  establecida a ese nivel". (El Nacional, 21 de octubre de 1980, citado por Castillo, 2009). Al año siguiente protagonizaría la miniserie La Comadre, inspirada en la vida de la progenitora de Román Chalbaud, quien también sería el director.

En 1982 sorprende a todos con su doble papel en ¿Qué pasó con Jacqueline?, escrita especialmente para ella por su amiga, la escritora Alicia Barrios. Aunque no logró el éxito esperado, su actuación resultó muy comentada.

Inquieta como era en el aspecto creativo, ese mismo año se estrenó además como escritora y productora, con el unitario Porcelana (09/12/1982), interpretado por ella misma y acompañada por Carmen Julia Álvarez y Carlos Márquez, con dirección de César Bolívar:

Unitario Porcelana (RCTV, 1982). Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla

Otra historia de su inspiración se llevó a la televisión el 24 de enero de 1983: Soledad, con dirección técnica de Luis Manzo y la dirección artística a cargo de Doris. La protagonista de esta narración fue Caridad Canelón, quien fue escogida por la propia Wells.

Doris junto a un grupo de damas protesta
en 1983 ante la crisis que atraviesa el país.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica
Venezolana, Libros de El Nacional. 
Su inquieta personalidad la llevó a incorporarse al activismo ciudadano. El 11 de marzo de 1983, junto a un grupo de mujeres no afiliadas a ningún partido político, se concentraron en la Plaza Bolívar para llamar a la reflexión sobre la situación que vivía el país, abatido por la crisis económica y el llamado Viernes Negro. Fue el primer paso que luego, en 1987, se concretaría en una militancia activa en el Movimiento Nueva República, encabezado por Jorge Olavarría. Su posterior enfermedad la llevó a retirarse de la política.

Lucio Bueno, Loly Sánchez, Víctor Cámara
y Doris, en Derrota Final (RCTV, 1983)
El 5 de junio de 1983 se estrenó Derrota final, un unitario escrito por Salvador Garmendia, dirigido por Humberto Morales, con Franklin Virgüez, Loly Sánchez, Víctor Cámara, Lucio Bueno y Doris Wells, encarnando a una guerrillera urbana.


Enriqueta y Amelia en La Hora Menguada.
Fuente: Showpaper, febrero-marzo 2001
En el marco del segundo ciclo en honor a Rómulo Gallegos, Doris encaró a su antigua “rival” en la pequeña pantalla, Marina Baura, para desarrollar una historia entrañable: La hora menguada, dirigida por Renato Gutiérrez, con música de Aldemaro Romero. Era un enfrentamiento largamente esperado por los seguidores de ambas actrices, quienes demostraron con creces su solvencia histriónica y su profesionalismo. En ese sentido ellas, que no eran amigas ni enemigas, supieron reconocer en la otra los méritos necesarios para que ambas pudieran brillar en esta pequeña joya televisiva. En ese mismo ciclo, Doris siguió desarrollando sus habilidades como escritora: adaptó el cuento Paz en las alturas, dirigido por Carlos Porte, con la actuación de Tomás Henríquez y Gladys Cáceres, transmitido en la Navidad de 1984.

La hora Menguada. Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla

Doris/Oriana, de Fina Torres. Fuente: Blog Sofía en el cine.
A lo largo de esa década, su presencia en la pantalla grande fue una constante: estrenó La casa de agua, de Jacobo Penzo (1984), con Franklin Virgüez, Hilda Vera y Elba Escobar; Oriana (1985), de Fina Torres, que recibió el galardón Cámara de Oro en el Festival de Cannes. En 1985 se estrenó Más allá del silencio, de César Bolívar, donde ella tiene un breve papel. Y en junio de ese año rodó Aguasangre, crónica de un indulto, de Julio Bustamante, con una breve participación, luego del despido de Abraham Pulido. Estas cintas complementaban su filmografía durante la década de los 60, que incluía títulos como El rostro oculto, Isla de sal y Un soltero en apuros (todas de 1964), así como La honorable sociedad, producción italiana de 1968.

Quinteto de lujo: Adriano González León, Elías Pino Iturrieta,
Jesús Alberto León y Robert Rodríguez, jurados de Concurso
Millonario
, junto a su conductora, Doris Wells.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica
Venezolana, Libros de El Nacional. 
Durante el periodo 1985-86 fue la conductora del Concurso Millonario, una experiencia totalmente nueva tanto para ella como para el público. En esta nueva faceta quería aportar su contribución hacia una televisión de mayor nivel, en la que no solo se ofreciera entretenimiento sino también conocimiento a través de las preguntas que con solvencia debían ser respondidas por concursantes de alta formación en un área específica. Desde Radio Rochela, Norah Suárez la parodiaba en un sketch, remedando su voz ronquita y aquella legendaria frase a partir de la cual los invitados podían responder a la pregunta: “Tieeempo”.

Fuente: Showpaper, febrero-marzo de 2001

A mediados de 1986 hizo el programa radial Corazón a dos junto a Abel Ibarra, transmitido por RQ-910 los viernes por la noche. En julio del mismo año se incorporó al proyecto que la devolvería a las telenovelas e inició las grabaciones de La Dama de Rosa, pero a finales de septiembre y luego de varios capítulos adelantados renunció intempestivamente, al darse cuenta de que el personaje que le habían ofrecido no tenía la importancia prometida. A su renuncia le siguió la de Gustavo Rodríguez y Marina Baura, quien fue llamada a reemplazarla, también declinó la oferta y se retiró de los sets televisivos, bajo el razonamiento de que si no era bueno para Doris, tampoco podía serlo para ella. Al final, los roles principales quedaron a cargo de Jeannette Rodríguez, Carlos Mata y Dalila Colombo.

Jairo Carthy y Doris en Ana, pasión de
dos mundos
. Fuente: Blog de Jairo Carthy
Su última actuación fue en Ana, pasión de dos mundos, dirigida por Santiago San Miguel, protagonizada por Maribel Verdú, Juan Luis Galiardo, Perla Vonasek y Cristina Reyes. Se rodó entre noviembre y diciembre de 1986 y se estrenó en España en agosto de 1987.

En el primer trimestre de 1986 Doris recibió un diagnóstico de cáncer de mama, con múltiples metástasis óseas. Fue tratada por un médico zuliano en Buenos Aires, Argentina, donde residió brevemente mientras recibió la atención requerida, por lo que su enfermedad entró en remisión. Un año antes había enviudado de su esposo y se vio en la terrible situación de enfrentar su condición de salud en momentos cuando se encontraba altamente vulnerable.

Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional 
 El 1 de septiembre de 1988, Doris Wells fue ingresada en la Policlínica Santiago de León, en Caracas, donde estuvo hospitalizada 20 días. Allí fue tratada por una crisis del metabolismo hepático; luego, le sobrevino un cuadro neumónico agudo resultado de un germen intrahospitalario que ocasionó una deficiencia respiratoria. Fue internada en la Unidad de Cuidados Intensivos y poco después entró en estado de coma, posterior a una intervención quirúrgica debido a una hemorragia gástrica. Falleció el 20 de septiembre de 1988, a las 8:30 pm., de lo cual se cumplen ya tres décadas de su desaparición física.

Murió muy joven e inquieta imaginar cuánto más pudo haber aportado, dado su espíritu creativo e inconforme. Según sus allegados, a Doris le gustaban las conversaciones inteligentes y amenas, los viajes, los automóviles y las joyas. Para quienes apenas la conocimos a través de la televisión, ella representaba una de las mejores actrices nacionales, garantía de calidad de las producciones en donde actuó; era la Excelencia (así, con mayúsculas) que en intermitentes destellos alguna vez marcó la producción dramática de la televisión venezolana. Por eso aún hoy la recordamos.

Nunca la pudimos ver anciana, pero en la miniserie La Comadre (RCTV, 1980), Román Chalbaud nos la presentó envejecida junto a Cecilia Villarreal.
Fuentes consultadas:

Ocarina Castillo D’Imperio (2009). Doris Wells. Biblioteca Biográfica Venezolana, vol. 101. Libros El Nacional y Fundación Bancaribe. Caracas, Editora El Nacional.

Néstor Luis Llabanero (2014). Eva Blanco, la actriz de todos los tiempos. Revista Estampas, diario El Universal, 14 de mayo de 2014.

Ricardo Tirado (2004). Amores Públicos. Fundación para la Cultura Urbana, Caracas.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Bárbara Teide: villana de alto vuelo

Bárbara, toda una leyenda en el ambiente artístico
venezolano. Fuente: Gnussic
Para las nuevas generaciones, Bárbara Teide es mejor conocida como la madre de Bárbara Palacios, Miss Venezuela, Miss Suramérica y Miss Universo 1986. Sin embargo, ella no requería de esta lógica asociación maternal para figurar en el mundo del espectáculo criollo, pues demostró que poseía méritos de sobra  para destacar con luz propia. Esta singular actriz devino en una de las mejores exponentes del arquetipo de la villana en las telenovelas venezolanas de los 70, 80 y 90, marcando una impronta inigualable dentro de este género dramático.

Bárbara Teide, cuyo verdadero nombre era María Antonia Hernández, nació en Tenerife, España, el 9 de marzo de 1942 y no el 13 de abril de ese año como aparece reseñado en algunos medios. Su rostro se caracterizaba por sus pómulos altos, así como por sus grandes y penetrantes ojos, sin olvidar su permanente sonrisa—¡Ah, la risa tan característica de esta extraordinaria mujer era una auténtica delicia!—.

Aún niña emigró a Venezuela y fue aquí donde desarrolló su carrera artística. Sus padres se instalaron en el centro de Caracas a mediados de los años 50 y deseaban que estudiara Medicina, pero ella siempre estuvo convencida de que su destino estaba en la actuación.

Conchita Obach, Raúl
Amundaray y Bárbara.
Todavía era adolescente cuando conoció a Juana Sujo, considerada una de las más grandes profesoras del arte teatral en Venezuela, y con ella se formó en la Escuela de Teatro Escénico. Al finalizar su educación media, viajó a Madrid (España) para estudiar en la Escuela de Arte Dramático y en el Instituto de Experiencias Cinematográficas. Durante su estancia en el país ibérico trabajó en la Compañía María Guerrero, en la televisión y en las películas Cristo negro (Ramón Torrado, 1963), Rogelia (Rafael Gil, 1963), Los ojos perdidos (Rafael García Serrano, 1967) y Camino a la verdad (Agustín Navarro, 1968), así como en unos 47 cortometrajes filmados en el Instituto de Experiencias Cinematográficas.

De igual manera, incursionó en la escena teatral española con Nosotros, ella y el duende, Mi adorado Juan, Doña Rosita la soltera, Mariana Pineda, La loca de Chaillot, Becket o el honor de Dios y El mulato.

Jorge Palacios y Bárbara Teide. Fuente: Gnussic
Por esos años adoptó el nombre artístico de Bárbara Teide: Bárbara en honor a su Patria adoptiva por el personaje de la novela Doña Bárbara, de Don Rómulo Gallegos; y Teide por su origen canario, pues esa es la montaña más alta de España que se encuentra en Tenerife.

A su regreso a Venezuela, en 1965, se incorporó a la televisión. En el canal 11 debutó en 1966, con Orgullo de casta; luego vinieron El bastardo, Amargo silencio y Nosotros y los fantasmas.

A pesar de que nunca tuvo papeles estelares, destacó como una refinada villana en diferentes telenovelas a principios de la década de los 70 por RCTV, entre ellas Cristina (1970), La Usurpadora (1971) y La Indomable (1974), en las cuales captó la atención de la teleaudiencia con sus personajes de Sofía y la casi histérica Ana Rosa, respectivamente.

En el video un capítulo de Cristina, en el cual tiene una participación Bárbara Teide, junto a la pareja protagonista Raúl Amundaray y Marina Baura, además de Agustina Martín, Jorge Palacios, Elio Rubens y Amalia Pérez Díaz, entre muchas otras estrellas de la época en RCTV:

Fuente: canal Nostagia TV de YouTube

En las tablas nacionales recibió reconocimiento por su actuación en las obras: El acusador público; El milagro del año; En nombre del Rey; Acelgas con champagne; Trampa para un hombre solo; Jesús, según Judas Iscariote; y El inspector, entre otras. También logró visibilidad en la pantalla grande a través de las películas El Siervo de Dios, sobre la vida del doctor José Gregorio Hernández; y en La gata borracha, de Román Chalbaud.

Mirna Rodríguez y Bárbara Teide
en La Iluminada.
Desde la década de los 70 estuvo en la pantalla chica venezolana, interpretando múltiples personajes. De RCTV pasó a Venezolana de Televisión, donde destacó en historias de los mejores libretistas de la época, como Historia de dos casadas (Ibsen Martínez), La Iluminada (Ibrahim Guerra), La Elegida (Ibrahim Guerra) y La mujer sin rostro (José Ignacio Cabrujas), entre otras. En lo personal, creo que su participación en La Iluminada y en La Elegida fue de primera.


Para los cánones de belleza imperantes, los rasgos angulares de su rostro resultaban “exóticos” y expresivos, pero lo que en realidad le ganó un sitial de preferencia fue su capacidad para encarnar villanas, su disposición a innovar —fue la primera actriz de la pantalla venezolana que usó lentillas de color para representar a un personaje— y una fuerza interpretativa tal que hacía que todos la odiaran en sus roles de malvada.

Bárbara y Jorge Palacios.
Bárbara estuvo casada con el también famoso actor madrileño Jorge Palacios (José Ambrosio Pérez), de cuya unión nació su única hija, Bárbara. En su adolescencia, esta hermosa jovencita había orientado sus intereses hacia el mundo de la publicidad y laboraba en una agencia del ramo. En 1986, Bárbarita —como se le conocía— entró en el concurso Miss Venezuela en representación del estado Trujillo, bajo su nombre real: Bárbara Pérez Hernández. Allí se transformó de joven empleada en una potencial estrella cuya fórmula para el triunfo apostaba no tanto a su hermoso rostro y armonioso cuerpo, sino a su tesón, disciplina y motivación al éxito.

Bárbara Teide y Barbarita.
La periodista Milagros Socorro, en un perfil de esta reina de belleza, recordaba que en aquel tiempo Barbarita vivía con su abuela materna en un modesto apartamento ubicado en la esquina de Balconcitos de la avenida Baralt  “y no falta quien asegure que la brillante mariposa que pasea impecable por los grandes escenarios del mundo, es hechura de esa abuela que la acogió en su casa cuando sus padres se divorciaron y decidieron que lo mejor para la única hija de la pareja era irse a vivir con la dulce isleña que, de paso, la mantendría al margen de los peligros de la farándula (después quedaría comprobado el blindaje de Barbarita frente al entramado de murmuraciones y pequeños escándalos que suelen menudear en ese medio)”.

Jorge Palacios y Barbarita posan para un
reportaje gráfico en los años 70. Fuente:
revista Venezuela Farándula.

Según Socorro, el dinero no sobraba en el hogar compuesto por la señora Hernández, propietaria de una cervecería que estaba al lado del cine en Higuerote, y su nieta. “Pero siempre lograban llegar a fin de mes con cierta holgura. Para la fecha en que Barbarita ingresó en el Miss Venezuela ya estudiaba en el Instituto de Nuevas Profesiones la carrera de Mercadeo y tenía un empleo que le permitía sufragar sus gastos. En cuanto al concurso, muy pronto demostraría la reciedumbre de su carácter y su férrea determinación a alzarse con la corona aunque tuviera que arrebatársela de un zarpazo a la bella rubia María Begoña Juaristi, quien había llegado del Zulia con actitud de ganadora”.

Bárbara corona a su madre. Fuente:
Tu_bellezacol
El apoyo de Bárbara Teide a su hija fue total y el mensaje reiterado se resumía en una frase: “Siempre sé tú. Da lo mejor de ti”. El triunfo en el certamen nacional se replicó a nivel suramericano y mundial. Luego, la hija-reina de belleza desarrollaría sus pasos en el mundo empresarial y de coaching personal con singular éxito.

Para los años 80, Bárbara espació cada vez más sus apariciones en televisión, seguramente no por iniciativa propia. La última telenovela donde actuó fue en Como tú ninguna (Venevisión, 1994). En esa ocasión, al ser entrevistada por el diario zuliano Panorama (07/12/1994) a propósito del lanzamiento de la producción dramática en la que caracterizaba a Leonidas Landaeta, madre del protagonista, se refirió a su eterno rol de villana. Aseguró que esa palabra «debería estar fuera del diccionario. Los malos son seres humanos con sus circunstancias que los hacen actuar de esa manera». A su juicio, «la maldad no tiene que ver con un físico determinado, depende de las circunstancias, de la autoeducación para canalizarla y disfrutarla».

En su madurez, Bárbara lucía esplendorosa. Acá
en Por amarte tanto (1993). Fuente: Gnussic

¿Es usted la mala por excelencia?, le inquirió la periodista.

Para ser sincera, no lo sé. Antes que nada soy actriz y como tal puedo interpretar distintos géneros. Pero la gran industria que es el medio televisivo te va encasillando en un rol y desde muy joven fui elegida para ese tipo de papeles. Creo sinceramente que mi aceptación por el público es el vuelco que di a la mala, antes bastaba con arquear una ceja y ser rígida, en cambio yo río, lloro, soy encantadora o tremenda.

Múltiples rostros, una sola gran mujer.






En esa oportunidad, Bárbara aseguraba que la novela seguía siendo la misma fantasía de la Cenicienta, pero así como la protagonista había ido evolucionando y pasó de ser la sufrida a alguien más natural, la mala también había cambiado y se presentaba con otros matices: «Personalmente, trato de humanizarla dentro de lo posible». Aseguraba que los personajes eran para ella como sus hijos, por lo que le costaba mucho decidir cuál prefería por encima de los otros.

Entrado el siglo XXI, el nombre de Bárbara Teide parecía haberse desvanecido de la escena nacional. En el año 2006 se reincorporó a la televisión como locutora de promociones en Venezolana de Televisión, cadena que empezó a utilizar las voces de algunas olvidadas grandes artistas para promocionar la programación del canal, entre las que se encontraba también Helianta Cruz.

Dos grandes de la actuación: Bárbara y Francisco
Ferrari en Por amarte tanto. Fuente: gnussic
Dos años después, su nombre fue nuevamente recordado, pero esta vez no por algún logro artístico: la noche del 10 de septiembre de 2008 falleció en horas de la tarde, en la Clínica La Floresta en Caracas, víctima del cáncer. Casualmente, esa noche se celebraría el certamen de Miss Venezuela, 28 años después de aquel en el que Barbarita deslumbró para alzarse con la corona de la mujer más bella de nuestro país. Su hija, quien residía en Miami, se trasladó a la capital para estar presente en las exequias y en el acto de cremación de los restos de la actriz, efectuado el 11 de septiembre en el Cementerio del Este, ubicado en la urbanización La Guairita, en Caracas.

Dos madres hermosas: Bárbara Palacios
de nueve meses junto a Bárbara Teide
Su deceso no causó grandes titulares, pero sí fue recordada su trayectoria en algunos medios impresos y electrónicos. Personas que la conocieron manifestaron su admiración por su atractiva personalidad. En diciembre de 2008, por ejemplo, Onelio Gil recordaba en un foro en internet su encuentro con esta actriz: «Para unos provincianos recién llegados a Caracas como lo fuimos mi esposa y yo, fue un verdadero privilegio haber conocido 20 años atrás a Bárbara Teide, quién nos brindó su amistad e incluso nos invitó a su apartamento de la avenida Andrés Bello. En ese entonces éramos instructores de Yoga y ella asistía a nuestras clases. La recordamos como una persona jovial y alegre; ella nos decía que en sus mocedades, para  superar los temores al qué dirán y el miedo escénico, en algunas oportunidades se vestía en forma excéntrica o se colocaba enormes sombreros con llamativas flores de colores intensos y salía a caminar para de esta manera hacerse indiferente ante las miradas escrutadoras de las personas».

En dichos foros, se ha cuestionado la soledad en la que vivió en sus últimos años la veterana actriz, alejada de su hija y de sus nietos. Se mencionó cierta indiferencia de Barbarita hacia su madre y a su condición de salud, algo que no nos consta y que no podemos certificar. Lo que sí puede evidenciarse es la poderosa presencia que tuvo sobre su hija, tal como lo testimonia en un post publicado el 10 de septiembre de 2014 en Instagram:

A través de su Instagram, Bárbara Palacios relató cómo su
hijo Víctor Tomás participó en una competencia ciclística
con el nombre de su abuela escrito en su antebrazo, en honor a
quienes padecen de cáncer. Fuente: BarbaraPalacios_Inspiracion 
"Hoy se cumplen 6 años de la partida de mi mama al Gran Encuentro con Dios. Una de las cosas que más extraño de ti mamá son las largas horas que podíamos conversar de tantos temas y llegar entre risas y algunas veces con lágrimas a tantas conclusiones. Desde chiquita me motivaste para que nunca me diera pena hablar, preguntar o aclarar las cosas. Siempre me enseñaste que defendiera la Verdad, la Honestidad y la Dignidad, esta última siempre fue tu palabra favorita. Gracias a Dios y a tu esfuerzo, estas 3 maravillosas palabras, son las que han perfilado mi vida, así mismo se lo he enseñado a tus dos nietos. Hoy en día no te veo pero te siento cerca y a veces me imagino lo que me estarías diciendo. Como Cristiana sé Mamá que nos volveremos a ver en la presencia de Nuestro Padre Amado Dios. Hoy Mama quiero repetirte que te sigo ❤️AMANDO, que todos tus consejos han sido y siguen siendo herramientas que llevo conmigo como un TESORO!!".

A una década de su partida física, Bárbara Teide merece ser recordada como alguien más que la madre de una ex reina de belleza. Ella misma, a su manera, se convirtió en una soberana de la elegancia y del glamour local, bendecida con esos hermosos ojos oscuros y una extraordinaria sonrisa con la que dominaba a todos sus plebeyos admiradores (entre quienes me incluyo, sin lugar a dudas).

Fuentes: 
  • Canarias en los caminos cinematográficos como lugar de tránsito entre continentes / Jorge Gorostiza López. Biblioteca Virtual Cervantes. Disponible en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/canarias-en-los-caminos-cinematograficos-como-lugar-de-transito-entre-continentes--0/html/ffa44920-82b1-11df-acc7-002185ce6064_3.html
  • De Barbarita a Doña Bárbara. Milagros Socorro. Página personal, publicado 08/08/2012, disponible en http://milagrossocorro.com/2012/08/de-barbarita-a-dona-barbara/
  • Venciclopedia

sábado, 12 de mayo de 2018

Altagracia Sarmiento: Sueños rotos en la Gran Manzana

Altagracia Sarmiento. Fuente: Salvador Santorsola
Su belleza era innegable, pero ciertamente no del tipo común en la década de los 80. De esa época la recuerdo, con unos enormes ojos aterciopelados y esa voz dulce, algo ronca, de perfecta modulación. Para aquel momento, Altagracia Sarmiento se había convertido en una de las prometedoras damitas jóvenes de Venezolana de Televisión, con una buena proyección dentro de los espacios dramáticos de esa planta transmisora. Sin embargo, se encontraba muy lejos del alto perfil de sus “rivales” de entonces, estrellas como Elluz Peraza, Amanda Gutiérrez o Blanca Faillace,  junto a otras destacadas actrices como Rebeca González y Alejandra Pinedo, quienes reinaban en el canal del Estado, el cual se convirtió en su hogar profesional durante dos décadas.

Elvira Altagracia Sarmiento Solórzano nació en Altagracia de Orituco, estado Guárico, el 11 de octubre de 1952. Era hija de Jorge Sarmiento y Lilia Solórzano, ambos de origen ecuatoriano. Su hermano Jorge, nacido en 1954, posteriormente se convertiría en  arquitecto; y  Daniel, nacido en 1963, es músico y baterista de la reconocida banda de rock nacional Desorden Público.

Altagracia y Carlos Mata, en Catatumbo
 (1978). Fuente: Fan Club Italia de  Carlos
Mata,
grupo en Facebook.
Pese a lo que muchos imaginan, su carrera en el mundo del espectáculo no se inició a través de la actuación, sino como integrante del grupo infantil Los Hermanos Sarmiento, que irrumpió en la escena musical local con moderado éxito en 1965. Su debut en la televisión se produjo en 1968 y es en la pequeña pantalla y la radio donde Altagracia desarrolló una amplia carrera artística, que abarcó tres décadas.

Fuente: Diario Últimas Noticias  (1980)
En Venezolana de Televisión, donde ingresó desde los tiempos en que era la Corporación Venezolana de Televisión (CVTV), trabajó durante 21 años en carácter de actriz, animadora y productora. Allí participó en diversas producciones dramáticas, entre ellas Un día de octubre (1978), con Elio Rubens; Catatumbo (1978), emparejada junto a Carlos Mata; Ídolos rotos (1979), junto a Daniel Alvarado; y Tirano Banderas, miniserie basada en la obra de Valle Inclán, junto al gran actor Orángel Delfín.

En la década de los 80, Altagracia logró diversificar su imagen profesional como animadora, locutora y actriz. En esta última faceta intervino en dos producciones destacadas del canal: encarnó a Soledad, una de las hijas de la protagonista (Ana Castell) en la telenovela de 60 capítulos El mundo de Berta (1980),  escrita por Salvador Garmendia; y también tuvo una participación especial en El Hombre de Hierro (1980), protagonizada por Rebeca González y Javier Vidal.

Cuando Guillermito González emigró de RCTV hacia Venezolana de Televisión, Altagracia se incorporó a varios proyectos que adelantó el destacado animador. A partir de 1986 integró al jurado del segmento ¿Cuánto vale el Show? en El Show de Fantástico. En el video se aprecia su participación junto a Carlos Almenar Otero y Denny Rodríguez “La Malandra Elizabeth” durante uno de los programas grabados en 1987:

                                                                   Fuente: canal YouTube Aov1 Interactive

Ese mismo año, Guillermito retomó su faceta de actor y desarrolló el concepto de miniserie infantil con la producción Crecer con papá: allí interpretó a un padre viudo que debe vivir muchas peripecias enriquecedoras  junto a su hija, Rossana Termini. Altagracia formaría parte del elenco de esta recordada producción del antiguo canal del Estado.

En el video, una promoción del programa Crecer con papá, en 1987:

Fuente: canal YouTube Alexi I. Parra Cardozo

En esa ajetreada década para ella, condujo el espacio radial Imagen de radio junto Amaury José Díaz; y en el cine asumió un rol secundario en la película Con el corazón en la mano, de Mauricio Wallerstein, protagonizada por María Conchita Alonso y Daniel Alvarado, en 1988.

Como era evidente, Altagracia era una profesional del espectáculo de alta versatilidad y rendimiento. Se había formado para ello de manera concienzuda. Dentro del área artística, estudió teatro, canto, dicción, ballet, danza, arte dramático, animación y locución. Sin embargo, esa hermosa joven de dulce voz también había abierto sus horizontes hacia otros campos: era licenciada en Estudios Políticos e Internacionales egresada de la Universidad Central de Venezuela, así como perfectamente bilingüe español/inglés. Dominaba además el italiano y un poco de francés.

Todo este bagaje cultural le permitió ampliar su desempeño profesional en el área de espacios de entretenimiento, ya como  animadora de espectáculos realizados por el Sindicato de la Radio y Televisión, ya como conductora de la Lotería de Caracas o de musicales del canal 8 junto con la productora Rosalía Romero. También tuvo oportunidad de moderar programas de variedades, como Venezuela y punto.

Altagracia junto a Daniel Alvarado en una
de las producciones dramáticas de VTV
En su vida personal, estuvo casada con Teófilo Domingo Rodríguez y su matrimonio se disolvió sin dejar descendencia.

Pese a su destacada trayectoria, en 1995 su larga relación laboral con VTV tuvo un fin inesperado, al ser despedida por los directivos de la planta. Lejos de amilanarse, decidió partir a Estados Unidos donde se residenció para emprender una nueva vida. Sin embargo, como muchas veces sucede en la vida real en los momentos de altas expectativas personales, el destino le hizo una mala jugada. El miércoles 1 de marzo de 1995, en horas de la tarde, Altagracia murió en un aparatoso accidente automovilístico ocurrido en Nueva York, del cual no se tuvo mayores detalles. Tenía 42 años y un montón de proyectos por emprender.

Altagracia, un adiós inesperado
Se esperaba que el cadáver llegara entre viernes y sábado de esa semana a Venezuela, pero los trámites se complicaron, a fin de cumplir con los requisitos para su traslado. Una semana luego del fatal accidente, sus restos aún no habían recibido cristiana sepultura.

El lunes 6 de marzo su cuerpo arribó al país en el vuelo 903 de American Airlines en horas de la noche. Fue trasladado a la Funeraria Vallés, en Caracas, y el sepelio ocurrió a las 3:00 de la tarde del martes 7 de marzo de 1995, en el cementerio de La Guairita. Su deceso fue altamente lamentado por sus compañeros de gremio y sobre todo por su público que aún hoy la recuerda con afecto.

Fuentes consultadas:
Diario Panorama, 07/03/1995, p.3-8
Diario Panorama, 03/03/1995, p.3-8