jueves, 13 de septiembre de 2018

Doris María, aquella catirrusia de Caripito

Doris Wells. Fuente: Archivo RCTV
Nunca la conocí, es la verdad. Cuando Doris María Buonaffina murió en septiembre de 1988, yo apenas contaba con 23 años y ella 42. Sin embargo, su voz y su presencia me eran tan cercanas como si se tratase de alguien de mi propia familia.

Por supuesto, a quien yo “conocía” era a Doris Wells, su alter ego en el mundo artístico, esa camaleónica figura que se desdoblaba en diversos personajes, ora en la pequeña pantalla de la televisión, ya en la gran pantalla del cine. Así que de conocer, nada. Digamos que sabía de su existencia como todo el que tenía un televisor en casa en los años 70.

La verdadera Doris no era una mujer de fácil acceso. Resguardaba su privacidad con gran celo. Aunque en los sets encarnó villanas o sufridas heroínas con gran solvencia —lo que hacía amarla u odiarla, según fuese el caso—, su verdadera naturaleza interpretativa brilló en roles que no tenían esa vena “culebrónica”: Pilar, en La señora de Cárdenas; Pura, en Campeones; Margarita, en Gómez I; y  Enriqueta, en La hora menguada.

Fuente: Revista Estampas, El Universal
Pese a lo artificioso de su apellido artístico, Doris era venezolana de pura cepa. Sus padres fueron José Ramón Buonaffina, descendiente de italianos nacido en Cumaná, estado Sucre; e Isabel Padrino, nativa de Uracoa, estado Monagas. Ambos eran viudos y tenían hijos de sus anteriores uniones (dos él, tres ella). El 28 de octubre de 1945 nacieron en el hospital de Caripito los gemelos Doris María y Miguel Ángel.

En su infancia, Doris vivió en el campamento petrolero Cayena, en Caripito, pues su padre era enfermero en la Creole Petroleum Corporation. Ocarina Castillo, en la biografía de la actriz publicada por Los Libros de El Nacional,  la describe como una niña menudita y precoz, quien muy joven desarrolló un talento especial para las letras: aprendió a leer a los cuatro años, memorizaba los cuentos y los repetía a su familia. Al ser la menor, se convirtió en la niña mimada de su madre, quien la consentía en todo. También era muy despierta y graciosa.

Fuente: Archivo Últimas Noticias
Sin embargo, esa vida idílica pronto atravesaría por altibajos. A los cinco años de edad, Doris perdió a su padre, quien falleció de un cáncer de esófago en 1949. Su hermano mayor fue contratado por la empresa petrolera y se hizo cargo de la familia, aunque la señora Isabel se instaló temporalmente en Maturín con los menores de sus hijos. Pasados unos meses regresaron a Caripito y de allí se trasladarían al campo Miraflores, en Quiriquire, al ser  transferido su hermano Humberto, ahora cabeza de familia, a esa localidad donde la futura actriz estudió primaria en el Colegio Libertador.

Fuente: Archivo El Nacional
En 1958 se mudo con su madre y tres hermanos a Caracas. En la capital venezolana la familia residió en diferentes lugares, incluyendo un pequeño apartamento en La Pastora. En octubre de 1958 inició sus estudios de bachillerato en el liceo Pedro Emilio Coll y un año después se inscribió en la Escuela Nacional de Arte Escénico, dirigida por Juana Sujo. Fue allí donde concentró su mayor interés, ella toda delgadita, con apenas 13 años pero con muchas ganas de aprender. Entre sus condiscípulos se encontraban las hermanas Olga y Carmen Messuti, Ivonne Attas, José Luis Silva, Isabel Padilla y José Bardina, quien la acompañaba a su casa al salir de clases.

Su primera actuación frente al público se llevó a cabo en 1960  en el monólogo La Dama Boba. En 1961 egresó de la última promoción que recibió el título de manos de Juana Sujo, poco antes del fallecimiento de la recordada maestra del teatro venezolano. Posteriormente, se incorporaría a diversos montajes como Cinco gangster y una monja; Melocotón en almíbar y Donde está marcada la cruz.

Por esos años Doris trabajó brevemente en el Bufete Rízquez-Irribarren-Abogados como recepcionista, a sugerencia de su hermano gemelo; allí, aún adolescente, conocería al que sería su futuro esposo, el profesional del Derecho, William Rísquez, de 36 años. Sería en esa época también cuando su familia compraría un apartamento en la urbanización El Marqués, específicamente en 1963.

Edmundo Arias, Doris Wells, América Barrio y Raquel Castaños en Amores
de Juventud
. Fuente: RCTV
Su ingreso al mundo publicitario ocurrió a los 15 años, por una de esas casualidades que determinan el destino de los seres humanos. Se encontraba en el estadio Olímpico y, en momentos cuando veía una competencia de judo junto a su hermano, un publicista de la agencia Young&Rubicam le propuso hacer una prueba para una cuña. Ella accedió y a los 15 días le avisaron que estaba contratada. Así de fácil debutó para promocionar “Lux, el jabón de las estrellas”. Entre 1961 y 1962 protagonizaría 17 cuñas con las marcas más reconocidas de la época e iniciaría tímidamente su camino estelar por la televisión. También realizaría junto a Miguelángel Landa la primera fotonovela realizada en el país, en 1962, llamada Muerte en el refugio alpino.

Fuente: revista Venezuela Farándula
En la Televisora Nacional interpretó papeles de extra, que incluían su intervención en una versión de Canaima. Luego pasaría a RCTV, donde lograría breves incursiones en el espacio Se necesita una amiga, transmitido en vivo en horas del mediodía; Nuestra Peggy y The Amador´s News. Paralelamente, continuaba sus estudios de bachillerato en el liceo Caracas.

Era el momento apropiado para cambiar su apellido por uno más sonoro y fácil de recordar. Así que hizo una lista de los apellidos de sus padres, de los cuales escogió uno europeo, proveniente de su familia materna. Nacía, entonces, Doris Wells.

Reina, Felicia y María Eugenia, las tres hermanitas Montero.
Fuente: Archivo RCTV
A mediados de los 60, Doris se encontraba más que preparada para posicionarse en la mira pública de manera contundente. El vehículo sería el personaje de Reina Montero en Historia de Tres Hermanas (1964), novela ambientada a mitad del siglo XIX con libretos de Roselia Narváez y dirección de José Antonio Ferrara. Esta producción dramática se convirtió en un éxito sin precedentes, con una duración de más de un año. Inicialmente difundida en capítulos de una hora los martes a las 7:00 pm, posteriormente estas transmisiones se ampliarían a cinco veces a la semana. Doris, como la villana debutante en la trama, era la menor de las tres hermanas del título, que incluía a la mayor María Eugenia Montero (Eva Blanco) y a la del medio, Felicia Montero (Eva Moreno). Leonardo Andueza (Raúl Amundaray) era el centro de las disputas amorosas femeninas, pero como cosa curiosa era Reina quien resultaba favorecida con su cariño. En el elenco también figuraban Manuel Poblete, María Teresa Acosta, Tomás Henríquez, América Barrios, Daniel Farías y Guillermo González, entre otros.

Eva Blanco, Eva Moreno y Doris Wells. Fuente: noeliamaot
Después de ese importante triunfo, Doris continuaría como antagonista y ocasional villana en telenovelas como Renzo el Gitano; La Leona, El Gavilán, Corazón Salvaje (en la que interpretó a la pérfida Aimée), Bárbara, Corazón de Madre, El Valle Ardiente, todas transmitidas entre 1964 y 1966 a través de RCTV. También intervendría en teleteatros como La gota de agua, La Pasionaria y La flor del Matapalo. En Televisora Nacional haría la telenovela El Mulato, junto a Oscar Martínez; y en marzo de 1966 interpretó un papel en el espacio Martes Estelares con la obra Un verano en Nohant, junto a Margot Antillano, Eva Blanco y Esteban Herrera.

En su vida personal, las cosas también daban un giro importante: después de varios años de noviazgo, Doris y William Rízquez se casaron el 27 de abril de 1966, en una ceremonia muy sencilla, en la estricta intimidad de su familia. De ese matrimonio nacieron Marielva (1966), Xavier (1968) y Verónica (1969), periodos en que ella se retiró temporalmente del medio artístico. Aunque su marido gozaba de una buena posición económica, no le impidió que continuara su carrera artística, pese a las reservas con que fue recibida por el entorno familiar y los amigos de su pareja.

Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Con una sólida formación teatral, en 1967 debutó en El Nuevo Grupo, el cual estaba liderado por José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón, Román Chalbaud, John Lange y Miriam Dembo. Ella participaría en los montajes iniciales de Tric Trac (1967) y Asia y el Lejano Oriente (1968), ambas dirigidos por Chalbaud.

Paralelamente, su carrera en la televisión avanzaba: logró con éxito la transición a protagonista “buena”, primero con el personaje de Irene en Sacrificio de Mujer (1972), luego Regina Carbonell (1972) y el que sería su mayor logro hasta ese momento: Raquel (1973), en el que hacía pareja con Raúl Amundaray. Esta producción dramática alcanzaría los 642 capítulos y casi dos años de transmisión continua en horario estelar a las 9:00 pm hasta que en junio de 1974 el Ministerio de Comunicaciones aprobó nuevas normas para regir la programación televisiva, que obligaron a su corte intempestivo.

Gustavo y Doris en La Trepadora.
Fuente: Archivo El Nacional
Después de Raquel, RCTV inició el ciclo de Rómulo Gallegos con la producción corta La Trepadora. En ella Doris interpretaba a Victoria Guanipa y acompañaba en el elenco a Oscar Martínez, Hilda Vera,Gustavo Rodríguez y Mahuampi Acosta. Su actuación, junto al resto de sus compañeros, recibiría grandes elogios en lo que se consideró una de las versiones mejor lograda de las obras del novelista venezolano. A este espacio le seguiría el programa especial El Encendedor de Faroles, junto a Luis Pardi.

Doris y Miguelángel Landa en Pobre Negro
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Paralelamente, en el Teatro de Bellas Artes de Maracaibo debutó junto a la compañía teatral Contacto 4 y estrenaron en 1975 la obra A media luz los tres, de Miguel Miura, bajo la dirección de Romeo Costea, con Oscar Martínez, Cecilia Villarreal y Alejandro Mata.

En 1975 comienza el ciclo dedicado al poeta Andrés Eloy Blanco en el espacio Pantalla de Plata; Doris asumiría la protagonización en los teleteatros Florinda, La Loca Luz Caraballo, La Llorona, La Renuncia y El Limonero del Señor, todos dirigidos por Ibrahim Guerra. El 7 de octubre de ese año se presentó el teleteatro Belinda, en el espacio La Comedia Humana, donde ella asumió el personaje de sorda que hizo famosa y merecedora de un Oscar a Jane Wyman en la versión cinematográfica de 1949. Su trabajo fue bien recibido por la crítica y los espectadores, quienes  veían el crecimiento que como actriz iba acumulando a lo largo de su trayectoria.

Siguiendo el ciclo de Rómulo Gallegos, el 28 de octubre de 1975 se estrena Pobre Negro, adaptación de Salvador Garmendia, bajo la dirección de Ibrahim Guerra. En esta historia la recuerdo primero como Ana Julia Alcorta, casi al borde de la histeria, siempre alterada, sobresaltada por la súbita presencia nocturna de Negro Malo (Miguelángel Landa) en su ventana. Luego, en la segunda etapa de la trama, iluminaba la pantalla chica como la risueña y adorable “niña” Luisana Alcorta, viviendo su historia de amor junto a Pedro Miguel Gomares (otra vez Landa). El 9 de marzo de 1976 concluía esta versión con enorme éxito de crítica y audiencia. Hasta la fecha es gratamente recordada por el público.

Campeones (RCTV, 1976)
Su buena racha continuaría. Del 27 de julio al 3 de agosto de 1976 se transmitió Campeones, con base en el cuento de Guillermo Meneses, según adaptación de José Ignacio Cabrujas y Ligia Lezama, otra vez con Ibrahim Guerra dirigiendo. Esta producción representó un nuevo hito en su carrera: todos alababan la naturalidad con que ella, Miguelángel Landa, Cecilia Villarreal, Tomás Henríquez, Amalia Pérez Díaz, Arturo Calderón, Alberto Marín, William Moreno y Lucio Bueno asumieron sus roles. La historia giraba en torno a la vida de dos jóvenes de Macuto, el beisbolista Teodoro Guillén y el boxeador Ramón Camacho, que intentaban superar la pobreza y la marginalidad social, optando por conseguir espacio y reconocimiento a través de la práctica del deporte.

Anastasia, teleteatro en RCTV.
En teatro se presentó durante la temporada mayo-junio con la obra Un día en la muerte de Joe Egg, original de Peter Nichols, en adaptación de José Gabriel Núñez y dirección de Ibrahim Guerra, con Alicia Barrios en la asistencia de dirección. Le acompañaron Rolando Barral, Aníbal Grumm, Cecilia Villarreal, Reinaldo Lancaster y Laura Zerra.

Pese a todos los éxitos alcanzados, 1977 es el definitivo para su consagración. Primero representa los teleteatros La Quema de Judas y Anastasia, así como el programa de misterio El Hacha. También comienza La Señora de Cárdenas, original de José Ignacio Cabrujas, con libretos de Fausto Verdial, Julio César Mármol y María Elena Ascanio, dirigida por Juan Lamata. Esta historia de pocos capítulos en comparación con los culebrones de la época se convirtió en una de las de mayor sintonía; significó un hito importante en la manera de hacer dramáticos en nuestra televisión, al punto que fue el inicio de lo que se llamó la “Telenovela Cultural”, un nombre artificioso para algo que pudo haber tenido mayor permanencia.

El señor y la señora de Cárdenas
(RCTV, 1977)
Según Doris, la extraordinaria receptividad que había recibido este drama intimista de un matrimonio al borde del divorcio, residía en varias razones: “Lo primero y principal es el libreto; segundo, a que la gente quiere verse reflejada con sus propios problemas, sin trucos y sin truculencias. Se sienten identificados con esa trama. Además, todo el elenco está muy bien en sus papeles, incluyendo la dirección. Hay un acople fenomenal. Ese es el éxito: radica en la forma de hablarle al público”.


Soltera y sin compromiso (RCTV, 1977)
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica
Venezolana, Libros de El Nacional. 
En la misma tónica de la llamada Telenovela Cultural, hizo Soltera y sin compromiso (1978), original de Cabrujas y escrita por Fausto Verdial, Ibsen Martínez y Pilar Romero, protagonizada con Miguelángel Landa y dirigida otra vez por Juan Lamata. Sin embargo, en esta ocasión la receptividad del público fue menor.

Es importante destacar que la relación de Doris con la televisión venezolana siempre fue crítica, tanto por los mensajes que transmitía como por la forma de trabajo y trato a los actores. Por ejemplo, en 1973 aseguraba: “En opinión franca y sincera, las telenovelas son una pesadez y si las tres plantas de televisión se pusieran de acuerdo, podrían ofrecer al público argumentos de mejor calidad" (El Nacional, 07/10/1973, citado por Castillo, 2009).

Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Por ello, no es una sorpresa descubrir que ya desde ese año anunciaba su mayor rigurosidad a la hora de escoger las producciones en las que intervendría: “Después de Raquel, no haré más telenovelas de este corte […] Creo que finalizada Raquel, haré La Trepadora. Seguiré haciendo obras de este tipo, de lo contrario, me quedaré en casa”. En ese sentido, era tajante cuando daba una negativa a algo con lo que no estaba de acuerdo: “Cuando se me encargue realizar un buen papel, seguro acepto. A mí me gusta trabajar a gusto y cuando se me presenta un personaje interesante y difícil, no tardo en aceptarlo […] pero cosas mediocres ¡NO! (Páginas, 20/10/1973).

Muestra de su selectividad es la justificación para negarse a participar en Bárbara, con Hilda Aguirre y Edmundo Valdemar. Ella, que había encarnado a la villana en la versión televisiva, ahora rehusaba intervenir en la cinta del mismo nombre: “Esta película no resulta nada positivo para mi carrera artística. Además, en el aspecto económico era algo muy denigrante para mí. O se me encarga un buen papel o prefiero permanecer en mi casa” (Venezuela Gráfica, s/f, 36-38, citado por Castillo, 2009). La alternativa de quedarse en casa siempre estaba flotando como medida de presión para obtener lo que deseaba al momento de decidir si intervenía o no en alguna producción. Y es justo decir que en esas duras negociaciones, muchas veces el público salió ganando.

Doris Wells y Carlos Márquez en La Fiera (1978)
Un cambio de registro representó su rol de Isabel Blanco en La Fiera (1978), una muy libre adaptación de Julio César Mármol de Los Hermanos Karamazov, de Dostoievski, con libretos de Fausto Verdial, Pilar Romero, Carlos González y Pedro Felipe Ramírez. Dirigía Juan Lamata y formaba parte de la historia uno de los elencos más sólidos que se ha presentado en nuestra televisión: Carlos Márquez, José Bardina, Tomás Henríquez, Agustina Martín, Helianta Cruz, Elisa Stella, Mary Soliani, Gustavo Rodríguez, Lucio Bueno, entre muchos otros estupendos actores. Ella, modelo de contención en sus roles naturalistas, ahora se mostraba salvaje, desarreglada, gritando como una desaforada en contrapunteo amoroso entre Jose Bardina y Carlos Márquez como el inolvidable Eleazar Meléndez. Él la apodaría la catirrusia y así la llamaría el pueblo durante mucho tiempo.


Escenas de la telenovela La Fiera (RCTV, 1978). Fuente: canal Youtube de Noelia

En abril de 1979 regresó al teatro para encarnar a Nora en Casa de Muñecas, obra de Henrik  Ibsen, montada por El Nuevo Grupo. La dirección de Carlos Gorostiza garantizó excelentes actuaciones de José Ignacio Cabrujas, Ricardo Salazar, Isabel Sauver y Rafael Briceño.

Margarita Torres (Gómez I, 1980)
Fuente: libro Amores Públicos
La década de los 80 fue particularmente fructífera para ella. Participó en Gómez I, estrenada el 28 de octubre de 1980, con destacada actuación de Rafael Briceño como el dictador Juan Vicente Gómez. Allí interpretó a Margarita Torres, hermana de Dionisia Bello, primera mujer de El Benemérito. A la prensa comentaría no sin cierto desencanto: "Lo lamentable y que me sigue doliendo, es que Gómez es un programa aislado dentro de la TV, porque lo ambicioso y lo que verdaderamente tendría que ser, es que Gómez fuera un programa más y que la competencia estuviera  establecida a ese nivel". (El Nacional, 21 de octubre de 1980, citado por Castillo, 2009). Al año siguiente protagonizaría la miniserie La Comadre, inspirada en la vida de la progenitora de Román Chalbaud, quien también sería el director.

En 1982 sorprende a todos con su doble papel en ¿Qué pasó con Jacqueline?, escrita especialmente para ella por su amiga, la escritora Alicia Barrios. Aunque no logró el éxito esperado, su actuación resultó muy comentada.

Inquieta como era en el aspecto creativo, ese mismo año se estrenó además como escritora y productora, con el unitario Porcelana (09/12/1982), interpretado por ella misma y acompañada por Carmen Julia Álvarez y Carlos Márquez, con dirección de César Bolívar:

Unitario Porcelana (RCTV, 1982). Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla

Otra historia de su inspiración se llevó a la televisión el 24 de enero de 1983: Soledad, con dirección técnica de Luis Manzo y la dirección artística a cargo de Doris. La protagonista de esta narración fue Caridad Canelón, quien fue escogida por la propia Wells.

Doris junto a un grupo de damas protesta
en 1983 ante la crisis que atraviesa el país.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica
Venezolana, Libros de El Nacional. 
Su inquieta personalidad la llevó a incorporarse al activismo ciudadano. El 11 de marzo de 1983, junto a un grupo de mujeres no afiliadas a ningún partido político, se concentraron en la Plaza Bolívar para llamar a la reflexión sobre la situación que vivía el país, abatido por la crisis económica y el llamado Viernes Negro. Fue el primer paso que luego, en 1987, se concretaría en una militancia activa en el Movimiento Nueva República, encabezado por Jorge Olavarría. Su posterior enfermedad la llevó a retirarse de la política.

Lucio Bueno, Loly Sánchez, Víctor Cámara
y Doris, en Derrota Final (RCTV, 1983)
El 5 de junio de 1983 se estrenó Derrota final, un unitario escrito por Salvador Garmendia, dirigido por Humberto Morales, con Franklin Virgüez, Loly Sánchez, Víctor Cámara, Lucio Bueno y Doris Wells, encarnando a una guerrillera urbana.


Enriqueta y Amelia en La Hora Menguada.
Fuente: Showpaper, febrero-marzo 2001
En el marco del segundo ciclo en honor a Rómulo Gallegos, Doris encaró a su antigua “rival” en la pequeña pantalla, Marina Baura, para desarrollar una historia entrañable: La hora menguada, dirigida por Renato Gutiérrez, con música de Aldemaro Romero. Era un enfrentamiento largamente esperado por los seguidores de ambas actrices, quienes demostraron con creces su solvencia histriónica y su profesionalismo. En ese sentido ellas, que no eran amigas ni enemigas, supieron reconocer en la otra los méritos necesarios para que ambas pudieran brillar en esta pequeña joya televisiva. En ese mismo ciclo, Doris siguió desarrollando sus habilidades como escritora: adaptó el cuento Paz en las alturas, dirigido por Carlos Porte, con la actuación de Tomás Henríquez y Gladys Cáceres, transmitido en la Navidad de 1984.

La hora Menguada. Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla

Doris/Oriana, de Fina Torres. Fuente: Blog Sofía en el cine.
A lo largo de esa década, su presencia en la pantalla grande fue una constante: estrenó La casa de agua, de Jacobo Penzo (1984), con Franklin Virgüez, Hilda Vera y Elba Escobar; Oriana (1985), de Fina Torres, que recibió el galardón Cámara de Oro en el Festival de Cannes. En 1985 se estrenó Más allá del silencio, de César Bolívar, donde ella tiene un breve papel. Y en junio de ese año rodó Aguasangre, crónica de un indulto, de Julio Bustamante, con una breve participación, luego del despido de Abraham Pulido. Estas cintas complementaban su filmografía durante la década de los 60, que incluía títulos como El rostro oculto, Isla de sal y Un soltero en apuros (todas de 1964), así como La honorable sociedad, producción italiana de 1968.

Quinteto de lujo: Adriano González León, Elías Pino Iturrieta,
Jesús Alberto León y Robert Rodríguez, jurados de Concurso
Millonario
, junto a su conductora, Doris Wells.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica
Venezolana, Libros de El Nacional. 
Durante el periodo 1985-86 fue la conductora del Concurso Millonario, una experiencia totalmente nueva tanto para ella como para el público. En esta nueva faceta quería aportar su contribución hacia una televisión de mayor nivel, en la que no solo se ofreciera entretenimiento sino también conocimiento a través de las preguntas que con solvencia debían ser respondidas por concursantes de alta formación en un área específica. Desde Radio Rochela, Norah Suárez la parodiaba en un sketch, remedando su voz ronquita y aquella legendaria frase a partir de la cual los invitados podían responder a la pregunta: “Tieeempo”.

Fuente: Showpaper, febrero-marzo de 2001

A mediados de 1986 hizo el programa radial Corazón a dos junto a Abel Ibarra, transmitido por RQ-910 los viernes por la noche. En julio del mismo año se incorporó al proyecto que la devolvería a las telenovelas e inició las grabaciones de La Dama de Rosa, pero a finales de septiembre y luego de varios capítulos adelantados renunció intempestivamente, al darse cuenta de que el personaje que le habían ofrecido no tenía la importancia prometida. A su renuncia le siguió la de Gustavo Rodríguez y Marina Baura, quien fue llamada a reemplazarla, también declinó la oferta y se retiró de los sets televisivos, bajo el razonamiento de que si no era bueno para Doris, tampoco podía serlo para ella. Al final, los roles principales quedaron a cargo de Jeannette Rodríguez, Carlos Mata y Dalila Colombo.

Jairo Carthy y Doris en Ana, pasión de
dos mundos
. Fuente: Blog de Jairo Carthy
Su última actuación fue en Ana, pasión de dos mundos, dirigida por Santiago San Miguel, protagonizada por Maribel Verdú, Juan Luis Galiardo, Perla Vonasek y Cristina Reyes. Se rodó entre noviembre y diciembre de 1986 y se estrenó en España en agosto de 1987.

En el primer trimestre de 1986 Doris recibió un diagnóstico de cáncer de mama, con múltiples metástasis óseas. Fue tratada por un médico zuliano en Buenos Aires, Argentina, donde residió brevemente mientras recibió la atención requerida, por lo que su enfermedad entró en remisión. Un año antes había enviudado de su esposo y se vio en la terrible situación de enfrentar su condición de salud en momentos cuando se encontraba altamente vulnerable.

Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional 
 El 1 de septiembre de 1988, Doris Wells fue ingresada en la Policlínica Santiago de León, en Caracas, donde estuvo hospitalizada 20 días. Allí fue tratada por una crisis del metabolismo hepático; luego, le sobrevino un cuadro neumónico agudo resultado de un germen intrahospitalario que ocasionó una deficiencia respiratoria. Fue internada en la Unidad de Cuidados Intensivos y poco después entró en estado de coma, posterior a una intervención quirúrgica debido a una hemorragia gástrica. Falleció el 20 de septiembre de 1988, a las 8:30 pm., de lo cual se cumplen ya tres décadas de su desaparición física.

Murió muy joven e inquieta imaginar cuánto más pudo haber aportado, dado su espíritu creativo e inconforme. Según sus allegados, a Doris le gustaban las conversaciones inteligentes y amenas, los viajes, los automóviles y las joyas. Para quienes apenas la conocimos a través de la televisión, ella representaba una de las mejores actrices nacionales, garantía de calidad de las producciones en donde actuó; era la Excelencia (así, con mayúsculas) que en intermitentes destellos alguna vez marcó la producción dramática de la televisión venezolana. Por eso aún hoy la recordamos.

Nunca la pudimos ver anciana, pero en la miniserie La Comadre (RCTV, 1980), Román Chalbaud nos la presentó envejecida junto a Cecilia Villarreal.
Fuentes consultadas:

Ocarina Castillo D’Imperio (2009). Doris Wells. Biblioteca Biográfica Venezolana, vol. 101. Libros El Nacional y Fundación Bancaribe. Caracas, Editora El Nacional.

Néstor Luis Llabanero (2014). Eva Blanco, la actriz de todos los tiempos. Revista Estampas, diario El Universal, 14 de mayo de 2014.

Ricardo Tirado (2004). Amores Públicos. Fundación para la Cultura Urbana, Caracas.

7 comentarios:

  1. Bueno el relato biográfico de la paisana Doris. Tenía que ser ella de Caripito.

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  2. Doris murió en una década dónde había parecido el VIH/SIDA pero donde esta era una mala palabra porque supuestamente solo los homosexuales promiscuos podían contraerla. Su esposo ya había muerto anteriormente, ella murió de una neumonía en una época dónde no existía ningún tratamiento para el VIH/SIDA, es más que evidente que murió de una enfermedad relacionada con ese virus, por más que diga que fue un cáncer o un virus intrahospitalario. Ser sinceros con respecto a ese no daña su recuerdo, al contrario, enseña que el Virus de Inmunodeficiencia humano nos puede alcanzar a cualquiera sin importar sexo, raza ni posición social.

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    1. Creo que esta afirmación es mera especulación temeraria. No hay nada que indique o que pueda vincular a Doris al padecimiento de VIH.

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