miércoles, 7 de septiembre de 2016

Asta Nielsen: del Abismo al estrellato


“En términos de expresión y versatilidad…
soy nada comparada con ella”
Greta Garbo refiriéndose a Asta Nielsen

Asta Nielsen: la seducción danesa.
Fuente: astanielsen.tumblr.com
Pese a lo que muchos suponen, la precursora de la mujer fatal en el cine no vino de Hollywood. Ni Theda Bara, ni Mae Murray, ni Pola Negri, mucho menos Louise Brooks, fueron las primeras en encarnar la figura de la fémina apasionada que lleva a los hombres a su propia destrucción. La pionera fue una actriz danesa, casi desconocida para el público actual, cuyo nombre llegó a la cima de la fama en los inicios del séptimo arte: Asta Nielsen. Sin embargo, su camino al estrellato no vino exento de obstáculos.

Nacida el 11 de septiembre de 1881 en Vertebro, un barrio de la capital de Dinamarca, a los 14 años murió su padre, por lo que debió ayudar a su madre y a su hermana para poder subsistir en medio de serias limitaciones económicas. Para ello, se ganaba la vida trabajando en una panadería de día y estudiando por las noches en la Escuela del Coro del Teatro Real. A los 18 años resultó embarazada de su única hija, Jesta, pero ello no obstaculizó su desarrollo como intérprete. Así, su carrera teatral continuó en ascenso y ya para 1909 era la primera actriz del Nuevo Teatro de Copenhague, todo un logro para alguien que había surgido desde la más profunda pobreza.

Su imagen no impresionó a los empresarios
del cine. Fuente: Kultur-Online
Eran los inicios del siglo XX y la novedad del cinematógrafo se extendía rápidamente desde que los hermanos Lumiere presentaran en 1895 el primer cortometraje ante una asombrada audiencia. No obstante, a estas alturas, ya las películas comenzaban a articular un lenguaje propio. En Europa, países como Dinamarca contaban con cierta experiencia en este nuevo medio de expresión, si bien el cine danés anterior a la Primera Guerra Mundial no se destacaba por ser moralista. José Andrés Dulce, en su artículo Camino a la perdición, indica que este se encontraba lleno de temas sensacionalistas, desde cacería de leones hasta trata de blancas.

A su aspecto andrógino se sumaba un
particular atractivo diferente a los cánones
de la época. Fuente: Pinterest
Para los empresarios cinematográficos del Copenhague de 1909, Asta Nielsen no era una figura acorde para desempeñarse en este nuevo medio: afirmaban que tenía la nariz torcida, los labios demasiado delgados y un tipo excesivamente varonil. Si bien era cierto que su aspecto andrógino y su particular atractivo distaban mucho de los cánones de belleza imperantes, tampoco estaban ellos en posición de exigir, pues entre los artistas consumados, el cine aún se consideraba como de poco prestigio, rudimentario en cuanto a su forma de expresión. Por lo tanto, no era una sorpresa que Asta hubiese rechazado ofertas para aparecer en la pantalla grande y luego, cuando se mostró interesada, sus pretensiones resultaron demasiado ambiciosas para tales empresarios, más motivados por conseguir rápidos beneficios económicos que en ofrecer producciones de calidad.

Asta en la película El Abismo, 1910.
Sin embargo, ese mismo año le fue presentado un guion que cambiaría el curso de su carrera por un joven de 30 años llamado Peter Urban Gad. Este, quien era sobrino del pintor Paul Gauguin e hijo de Emma Gad, escritora experta en buenas maneras, empezaba a destacar en el medio y pretendía con esta historia debutar en solitario en una producción de la compañía independiente Kosmorama, fundada por Hjalmar Davidsen y competidora de la Nordisk Film. Para la fecha, Asta contaba con 28 años y estaba consolidando, no sin muchos sacrificios, cierta fama por sus interpretaciones teatrales.

De la inocente maestra de piano a la sensual
vampiresa nórdica en menos de media hora.
El guion de Urban Gad y Davidsen no era precisamente inspirador: Magda Vang, una virtuosa y algo tímida profesora de piano conoce a un joven honesto, Knud, quien se enamora de ella y decide llevarla al campo para presentarla a su padre, un ministro de la iglesia. Con la llegada de un circo ambulante a la ciudad se despierta la curiosidad de la joven y se inicia su descenso a la degradación.  Rudolph, integrante del elenco como vaquero, repara en ella y despierta su sexualidad dormida. Después de abandonar a su novio, Magda escapa con el vaquero para formar parte del circo itinerante. Convertida en la amante de Rudolph, la antigua pianista participa en el espectáculo bailando con él una atrevida danza gaucha para disfrute del público. Pero el mujeriego vaquero se cansa pronto de ella para interesarse en otra mujer. Después de una acalorada discusión, los amantes se separan. Magda logra encontrar trabajo tocando el piano y cuando pareciera que su vida podría recomponerse junto a Knud, aparece nuevamente Rudolph para desencadenar la tragedia.

Die Suffragette. Fuente: steffi-line.de
No en vano la historia se titulaba Afgrunden (El Abismo) y fue llevada a la pantalla con las limitaciones propias del primitivo cine silente. La filmación se realizó en ocho días, incluyendo locaciones en el patio de una vieja cárcel y en las mismas calles de Copenhague, con fotografía de Alfred Lind. Sus intérpretes eran actores casi desconocidos para el gran público e incluía a Asta Nielsen, como Magda; Robert Dinesen, quien años después desarrollaría una carrera como director, era su prometido; Hans Neergaard, el pastor;  Paul Reumert, el vaquero del circo; acompañados por Oscar Stribolt, Arne Weel, Emilie Sannom y Betty Nansen.

El presupuesto final de 10.000 coronas resultó una cantidad ínfima al considerar la proyección que alcanzaría el producto final, estrenado el 12 de septiembre de 1910, un día después del cumpleaños de la protagonista. La duración de la cinta fue de 41 minutos, un poco más extensa que la media de las películas de la época, estandarizadas casi todas en 20 minutos, con un máximo media hora.

El articulista José Andrés Dulce destaca el inquietante hilo argumental de esta producción:

Los atuendos de Asta rozaban la
extravagancia con lo sensual.
«Por supuesto que […] es una película atrevida. Pero su osadía se reparte por igual entre las peripecias de Magda y la puesta en escena de Gad, quien permite que el camarero proxeneta se dirija a la cámara con modos propios del burlesque tras llevar a Magda a la habitación donde habrá de reencontrarse con un cliente que no es otro que su antiguo prometido, obstinado en la salvación de su amada. Si el paso de Magda por el circo está descrito con pocas y certeras pinceladas, un plano magníficamente compuesto basta para mostrar la integración final de los amantes en la bohemia de Copenhague, mezcla de lumpen urbano y la canalla pequeño burguesa representada por el camarero. Puede que el naturalismo brandesiano y el teatro escandinavo de ideas ejercieran una influencia decisiva en Gad, pero ‘Afgrunden’ demuestra que el director ya pensaba desde el primer momento - y de forma nada primitiva - en términos de cine.»

Inspiradora de toda una legión de
mujeres fatales. Fuente: Getty Images
Para Luis Enrique Ruíz (1), El Abismo traduce efectivamente el nivel de incipiente libertad de la que gozaba la mujer danesa de la época: por primera vez la gran pantalla se hacía eco de hábitos y maneras que en ese momento eran posibles y que en el pasado habían sido proscritos para el sexo femenino, como fumar o expresar deseo sexual.

Al preguntársele a Asta porqué había abandonado sus reticencias con respecto al cine para actuar en esta producción nada convencional, ella respondió: «Solo para demostrar a los daneses que era una buena actriz, y el mundo entero me dio la oportunidad de probar que tenía razón

Asta: la estrella de cine.
A pesar de sus intenciones, el estreno no pudo ser más descorazonador: únicamente asistieron 153 personas y los directores de teatro de la ciudad cuidaron muy bien de hacer notar su ausencia. Sorpresivamente, la historia impactaría a esta mínima audiencia y la convocatoria se fue extendiendo poco a poco hasta convertir a esta precursora del melodrama erótico en un suceso internacional. La misma Nielsen lo aseveraría en su libro autobiográfico Den Tiende Muse: «A pesar de que Afgrunden se estrenó sin que nuestros nombres figurasen en ninguna parte, el mío surgió como el ave fénix de las cenizas. Me empezaron a llegar cartas de todo el mundo. La aventura del cine se convirtió a partir de entonces en mi realidad». ¿Podría pensarse una iniciación más espectacular en un medio que para entonces apenas si se consideraba un bebé balbuceante?

Su atractivo llevaba a los hombres
a la perdición.
En muchas ocasiones se ha citado a Asta Nielsen como la primera vampiresa del cine, precisamente por su actuación en esta película. No obstante, la vampiresa que aquí se presenta no es un personaje estereotipado ni irreconocible para el gran público; por el contrario, es una mujer aparentemente reprimida que asume su sexualidad libremente y quien, producto del despecho, libera su agresividad no solo para dañar al hombre-macho, sino también para condenarse a sí misma.

Urban Gad y Asta en un set de filmación.
A juicio de Ruiz, “la expresiva y pasional Asta Nielsen logra trascender el drama social al uso ofreciendo una visión del destino humano, profundamente impactante y muy realista. El atrevido erotismo y fundamentalmente la exposición del comportamiento sexual voluntariamente aceptado, —sirva, como ejemplo, la danza gaucha donde la mujer frota su cuerpo contra el de su amante—, es mostrado en pantalla de una manera tan explícita como nunca lo había sido hasta entonces.”

Aquí la secuencia de la danza que la hizo famosa:


Fuente: canal Youtube de John Hall.

Posterior a su discreto estreno, la fama de su intérprete principal y de la película fue tomando cuerpo alrededor del mundo. El nombre de Asta pasó de desconocido a casi una marca comercial, al identificar artículos de alimentación, cigarrillos, cremas faciales y hasta restaurantes, lo cual evidencia el impacto y la popularidad que alcanzaría esta actriz hasta llegar al rango de primera estrella por derecho propio en la cinematografía mundial.

Asta Nielsen y Peter Urban Gad en 1910. Fuente:
Thebluelanthern.blogspot.com
Urban Gad y Asta Nielsen se unirían desde entonces, tanto en lo profesional como en lo personal. En 1911 el productor Paul Davidson, gran promotor del cine alemán, los contrataría para filmar en ese país. Se casarían en 1912 y el vínculo conyugal duraría hasta 1918, periodo en el que rodaron juntos unas 30 películas en Alemania, donde se le conocería como Die Asta —algo así como La Asta, tal como posteriormente se reconocería a Greta como La Garbo y a Marlene como La Dietrich—.

En Danza macabra interpretaba a una cantante.
De hecho, la primera película surgida de los legendarios estudios Babelsberg fue la cinta muda Danza macabra (Der Totentanz) de Urban Gad, estrenada el 12 de febrero de 1912, con Asta como protagonista, la cual fue reconstruida a partir de los fragmentos sobrevivientes y exhibida como parte del centenario de estos estudios en la Berlinale en 2012.

Entre 1911 y 1937 la actriz filmó en total unas 70 películas en Berlín, muchas de ellas censuradas en Norteamérica por considerarlas demasiado eróticas. Pero restringir a la Nielsen en los papeles de mujer fatal es injusto: en la variada gama de personajes que encamó se encuentran una muchacha de 16 años que se hace pasar por una niña de 12 — cuando la propia actriz ya contaba con 34 años— en Engelein (1913); una mujer disfrazada de hombre mostrando a un amigo las verdades de la vida (Das Liebes-ABC, 1916); una esquimal (Das Eskimobaby, 1917) y hasta un andrógino Hamlet (1921), producido por ella misma a través de su compañía Art Film, A.G.

Asta, una niña como cualquier otra en
Engelein (1913)
Fue la primera Lulú del cine, mucho antes que Louise Brooks,
en la cinta Erdgeist (1923). Fuente: louisebrookssociety.blogspot

Dos grandes del cine alemán juntas en I.N.R.I. (Robert Wiene,
1923): Asta como María Magdalena y Henny Porten como
la virgen María. Fuente: Getty Images
Asta era Hamlet en la cinta homónima de 1921, en la cual
el príncipe de Dinamarca era en realidad...¡una mujer!
Fuente: blog.flinder.edu.au


La diva del cine en La Calle sin Alegría (1925).
Fuente: elcastillovogelod.com
En 1925, de la mano de Georg Wilhelm Pabst, protagoniza Die freudlose Gasse (Bajo la máscara del placer, también conocida como La calle sin alegría), junto a una jovencísima Greta Garbo en una desgarradora historia ambientada en la Viena de Posguerra. Su única cinta sonora y también la última en su trayectoria cinematográfica fue Amor imposible (Unmögliche Liebe, 1932), en la que interpretó a una madre de mediana edad que intenta estar al día y a la altura de sus hijas.

Con la introducción del sonoro, Asta prefirió dedicarse al teatro. Sin embargo, el ascenso del nazismo en Alemania la hizo regresar a Dinamarca en 1936. Allí residiría los próximos 36 años, dedicada a escribir y a pintar. En su carrera literaria se cuentan los dos tomos de su autobiografía, varias narraciones y artículos para los periódicos.

Asta Nielsen y Gregori Chmara en la playa.
Fuente: Getty Images
La vida sentimental de la Nielsen no fue apacible: divorciada de Urban Gad, se casó nuevamente en 1919 con el constructor naviero sueco Freddy Windgardh, de quien se divorció a mediados de los años 20. Estuvo unida sentimentalmente con el actor ruso Gregori Chmara desde 1923 hasta 1936. No obstante, su verdadero amor lo encontraría a edad avanzada en la persona de Christian Theede, un coleccionista de arte danés de 77 años, con el cual se casó en 1970, a los 88 años, en una unión que a pesar de lo breve resultó muy satisfactoria y plena de alegría. Ambos viajarían juntos constantemente, lo cual disfrutaron tanto que decidieron dejar su fortuna a una fundación dedicada a organizar viajes para adultos mayores.

Sosteniendo su autobiografía Den Tiende Muse
en el documental sobre su vida, dirigido por ella
misma. Fuente: Det Danske Filminstitut
Atrevida hasta sus últimos años, dirigió su primera película a los 86, luego de que un film biográfico no contara con su aprobación y decidiera llevar a cabo el proyecto ella misma.

El 25 de mayo de 1972, a los 90 años, la gran Asta Nielsen falleció en el Hospital de Frederiksberg, la más pequeña municipalidad de Dinamarca, ubicada en la isla de Selandia. Die Asta dejaba tras de sí una vida plena y aunque su nombre no evoque la leyenda, tal como lo hicieron otras que le sucedieron, nadie le quita su distinción como pionera de la mujer fatal en la cinematografía mundial.

Asta Nielsen: toda una diva del cine, a sus 88 años, según aparece en el documental Asta Nielsen.
Fuente: Det Danske Filminstitut
Fuentes consultadas

(1) Ruíz, Luis Enrique (2000).  Obras pioneras del cine mudo.  Orígenes y primeros pasos (1895-1917). Ediciones Mensajero, S.A., Bilbao, España.

Historia Universal del Cine (1982). Fascículo No. 94. Editorial Planeta, Madrid: España. 

domingo, 28 de agosto de 2016

Memoria sentimental de un imaginario viaje por el mundo

Juego Memoria del Mundo, con las imágenes del album de barajitas
cuyo nombre no recuerdo. Fotografía: José Marcano
La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados.

Jean Paul

Misionera yugoslava nacionalizada india(1910-1997)


Mis primeros conocimientos acerca de nuestro planeta no provinieron de un Atlas Universal o de una enciclopedia, sino de un álbum de barajitas cuyo nombre no recuerdo. Era el año 1972 y yo cursaba primer grado.

De las pequeñas emociones que guardo de mi niñez, una de las más duraderas ha sido la expectativa que me generaba la adquisición en el abastos El Águila de mi provisión de sobrecitos para llenar el álbum. Cada uno, contentivo de cinco barajitas, costaba un medio (0,25 Bs.), lo cual representaba la mitad de mi asignación para la merienda escolar. Gustoso la sacrificaba con tal de comprar religiosamente, cada día, el empaque tan esperado.

Estructurado por secciones según regiones geográficas ―América del Norte, Centroamérica, Surámerica, Europa, Asia, África, Oceanía―, el álbum iniciaba cada apartado con un mapa ilustrado a página completa, seguido por banderas de los países y luego ilustraciones de costumbres, plantas, animales o aspectos curiosos de cada continente. En el espacio que debía ocupar la barajita, se leía la explicación correspondiente a la imagen.

Imágenes de nuestro mundo: Europa. Juego Memoria del Mundo.
En este viaje imaginario que transitaba como un descubrimiento cotidiano ―yo, que a mis siete años no había salido nunca de mi Cabimas natal― supe de la venta de quesos en el mercado popular de Holanda; la llamada al ordeño de las vacas mediante una trompeta en Suiza; los encierros de toros en Pamplona (España) y los espectáculos taurinos en dicho país; así como la práctica de la corrida de la sortija, con reminiscencias medievales en Europa.

Imágenes de nuestro mundo: África. Juego Memoria del Mundo.
La sección de África me sorprendía con Petra, la ciudad tallada sobre la roca en Jordania; los vendedores de agua en Marruecos, ataviados con sombreros de campanitas; la majestuosidad del monte Kilimanjaro en contraposición con las extensas llanuras en Kenia; las vicisitudes de las tribus nómadas Tuareg en el desierto del Sahara; la curiosa tribu Ndebele en Suráfrica, que decoraba con vibrantes pinturas geométricas sus viviendas; los pigmeos de la tribu Baka en Camerún y los esbeltos Masai,  asentados entre Kenia y Tanzania.

La sección de Asia mostraba las maravillas del Monte Everest, localizado en la frontera entre China y Nepal; el Monte Fuji, el Buda gigante y los luchadores de sumo en Japón; las danzas tradicionales y el particular boxeo con pies y manos en Tailandia; la caza del tigre de Bengala y los encantadores de cobra en India; las gigantescas trompetas de los monjes tibetanos; y las mujeres jirafas en Birmania.
Imágenes de nuestro mundo: Asia Juego Memoria del Mundo.
Imágenes de nuestro mundo: Asia. Juego Memoria del Mundo.
Imágenes de nuestro mundo: América
del Norte y Centroamérica. Juego 
Memoria del Mundo.

En América del Norte y Centroamérica se mostraban la danza de la serpiente de los indígenas Hopi y la danza del Búfalo por aborígenes norteamericanos; el volcán Izalco, en El Salvador, llamado Faro del Pacífico o Faro de Centroamérica; los Toritos llenos de luces de bengala en Cuernavaca, México; y la dura vida de los esquimales.

Imágenes de nuestro mundo: Suramérica.
Juego 
Memoria del Mundo.
En América del Sur destacaban, entre muchas otras imágenes extraordinarias, la imponente cordillera de los Andes; la ciudad de Machu Picchu, en Perú; el Salto Ángel, en Venezuela; los nenúfares gigantes en la amazonia brasileña; la caza del ñandú con boleadoras en la Patagonia argentina; los Moais en la Isla de Pascua (Chile); y el Carnaval de Oruro, en Bolivia, con la lucha entre el arcángel Miguel y el diablo.

Oceanía se mostraba misterioso y virgen, con indígenas maoríes cocinando en géiseres en Nueva Zelanda; cazadores de tiburones en Samoa; bailes sobre piedras incandescentes; pintores y tallistas de máscaras en Nueva Guinea; y aborígenes australianos corriendo en busca de la lluvia por las sabanas desérticas.
Imágenes de nuestro mundo: Oceanía.
Juego 
Memoria del Mundo.

La sorpresa de una barajita premiada me alegró un día: era la del Cuco, ave conocida por parasitar nidos ajenos, dejando a sus polluelos para que los alimenten los adultos de otras especies. ¿Qué gané? Felicidad, imagino, y alguna baratija que ahora no recuerdo.

Este álbum, casi lleno, lo guardé celosamente en mi casa paterna durante décadas, hasta julio de 2003, cuando un súbito ataque de comején me obligó, para mi pesar, a desecharlo.

Hace cinco años me reencontré con estas imágenes en un juego ―precisamente llamado Memoria del Mundo―, ese que en más de una ocasión compartí con mi hermana menor durante las "divertidas vacaciones" de nuestra infancia. La nostalgia afloró en mi mente al notarlo en los anaqueles de una vieja juquetería en Ciudad Ojeda y desde entonces me acompaña como testigo silencioso, durante las sesiones de trabajo en mi cuarto de estudio. De vez en cuando los Hopi, los Tuareg y los Masai se entremezclan con europeos y asiáticos, en súbitos arrebatos de pueril entretenimiento.

viernes, 19 de agosto de 2016

Liliana Durán: estrella terrenal


Liliana Durán, estrella por derecho propio. Fuente: Grupo
de Facebook Televisión y Cine en Retrospectiva.
El primer recuerdo que tengo de Liliana Durán es el de una mujer atractiva, ya en edad madura, de labios voluptuosos y ojos expresivos. Interpretaba a Carmela, la dueña de un bar en la Venezuela de los años 50, quien ayudaba a los miembros de la resistencia contra la supuesta dictadura del General Marcos Suárez Figueres, interpretado por Luis Rivas. Era objeto de la atención amorosa de Manuel Fulvio Sanz ―Tomás Henríquez, en una de sus mejores caracterizaciones― y madre de Hazel Leal. La humanidad transmitida a su personaje le permitía lucir sus dotes histriónicas, en un elenco de grandes figuras que incluía a Gustavo Rodríguez, Amalia Pérez Díaz, Mahuampi Acosta, Rafael Briceño, Arturo Calderón, Julio Jung, Charles Barry, todos apoyando a la pareja protagónica a cargo de José Luis Rodríguez (El Guácharo) y Pierina España (Estefanía, en la novela homónima de 1979).

No, no era fea. Fuente:
Revista Encuadre No. 62
Sin embargo, no hay que ser injustos: ella era una actriz de alto vuelo, que se había iniciado muy joven en el cine mexicano junto a los grandes intérpretes de la llamada Época de Oro y que, además, sostenía tras de sí una envidiable trayectoria en la televisión y el teatro venezolanos.

Liliana Duran Leal nació el 1⁰ de mayo de 1932 en Elda, Alicante (España). Era hija de Expósito Durán, quien había ejercido como gobernador de Gerona por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), además de asesor del movimiento sindical en el área de las comunicaciones. Luego de la guerra civil española, la situación se tornó peligrosa para él y su familia, por lo cual optaron por salir como refugiados republicanos y se radicaron en México. Allí llegó Liliana a la edad de 6 años.

Fuente: Libro Amores Públicos,
Fundación para la Cultura Urbana.
A Ricardo Tirado, quien la entrevistó para su libro Amores Públicos (1) en el 2001, le confesaría: «Tenía complejos por mi estatura y mi delgadez hasta los 14 años. Eso terminó el día que, al pasar frente a un grupo de muchachos, recibí mi primer piropo. Usaba mi primer suéter y ya para el año siguiente empecé a presumir con un mínimo de maquillaje y me hice un ‘tipo’. Me miré al espejo y me dije: ‘No está mal…no está mal… ¡No soy tan fea!’».

Aún adolescente, Liliana se propuso ser actriz y se estableció como meta que desistiría de sus sueños de gloria si no lograba un sitial en su profesión en los próximos cinco años. Afortunadamente, ya a los 20 años de edad su presencia había sido notada en el panorama cinematográfico mexicano, donde filmaría 15 películas. Esos años representaron para ella la confirmación de que su vocación era verdadera y, por ello, vale la pena conocer un poco acerca de esa experiencia cinematográfica.

En su blog errataspuntocom (2), el periodista y escritor Eduardo Mejía señala que Liliana Durán «se hizo actriz en el cine mexicano; tuvo muy pocas apariciones, en un periodo muy breve, y en ninguna de sus cintas le dieron un papel principal, aunque en tres de ellas es muy destacado; después de sus mejores actuaciones desapareció del panorama cinematográfico, y sus apariciones posteriores fueron en la televisión venezolana».

Escena de La Tienda de la Esquina (Díaz Morales, 1950).
En primer plano, los hermanos Lupe y Miguel Inclán. Atrás,
Roberto Espriu, Liliana Durán, Bárbara Gil, Juan Orraca
y dos actores no identificados. Fuente: blog Filmotropo
Cartel de La Tienda de la Esquina, donde Liliana figuraba en
la cola del elenco. Fuente: Blog Yo no soy de esta época
Según Mejía, en casi todas esas cintas fue “la otra”,  o la amante malvada que intenta quitarle el marido a la estrella de la cinta, o la esposa engañada por el marido con la amante buena; o fue villana malvada y perversa.

Sus primeras incursiones como intérprete se produjeron en el teatro en 1949, luego debutó en el cine en 1950 con un papel secundario en la película Donde nacen los pobres, protagonizada por Abel Salazar y Amanda del Llano. A esta cinta le seguiría ese mismo año Tacos joven (El poder de los hijos). El director José Díaz Morales le asignó un papel de mayor peso en La malcasada (1950), convirtiéndose en su mecenas dentro del cine mexicano, al trabajar con él en siete cintas.

Liliana en una escena de El dinero no es la vida. Fuente: página
venezuelamiamor.maxbb.ru 
A raíz del éxito alcanzado en El dinero no es la vida (1952),  Liliana logró mejorar su estatus como figura de atracción de taquilla y ello incidió en una mejora para llegar a mejores filmes. El distribuidor Salvador Cárcel, quien manejaba más de 190 salas en Venezuela, se asoció con Argel Films, la productora de Emilio Tuero, y exigió su participación en la cinta Salón de belleza, adelantando para la película 35 mil dólares por la firma de la actriz, quien tenía muy buena imagen en nuestro país. Ella misma recuerda que recibía muchas cartas y misivas cariñosas desde esta nación suramericana, la cual era uno de los mercados fuertes del cine mexicano.

Cartel de Salón de Belleza. Fuente: Blog
Primordiales
La cinta incluyó en su reparto, además de Liliana, a Emilio Tuero, Rita Macedo, Andrea Palma y María Douglas, todos reconocidas estrellas. Su rol era el de una actriz que intenta seducir al protagonista. Según ella misma lo expresara, «allí mi personaje era una estrella de cine llamada Elisa Manzi, que lucía joyas auténticas y un vestuario precioso de firma. Era una traidora de lo último, una bicha, pues…». A juicio del periodista Eduardo Mejía, “[…] Durán está sobrada para ese papel, y se desperdicia su picardía, que sólo se insinúa.»


Cartel de Noche de Perdición. Fuente: Blog
Caminando en el tiempo
Fue así como Liliana logró colarse en la que es conocida como la Época de Oro del cine mexicano, donde participó tanto en comedias burdas como en melodramas.  Otras películas en las que intervino y que tenían buen reparto fueron Noche de perdición (1951), con Rosa Carmina; La mentira (1952), con Marga López y Jorge Mistral; y ¡Prefiero a tu Papa! (1952) con Fernando Soler, Emilia Guiú, Joaquín Cordero, Delia Magaña, Amelia Wilhelmy, Yolanda Varela y Blanca de Castejón.

Luego filmaría El Mil amores y Escuela de Vagabundos, dos clásicos protagonizados por Pedro Infante bajo la dirección de Rogelio González.  En la primera, Durán es la novia de Infante, e hija de la excelente Emma Roldán. Para el periodista Eduardo Mejía, en esta cinta Liliana «parece más bien mustia, y en desventaja frente a una (Rosita) Quintana que por esta vez no es cachonda, sino desamparada. Durán la aventaja: más suelta, más guapa, más simpática y más pícara, lo que no lo expresa con palabras, sino con miradas incitadoras que disimula cerrando los ojos cuando parece que va a descararse; el tono de voz es de señorita mimada, y sólo al final, cuando los enredos que provoca (Joaquín) Pardavé hacen creer a Roldán y a Durán que Infante es casado y con hijos –comedia que habían armado para desilusionar a Quintana— Roldán y Durán se revelan ambiciosas e interesadas, lo que aprovecha Infante para deshacerse de ellas».

Fuente: Imdb.com
Precisa el periodista que Durán llama la atención porque muestra una belleza no muy común: «en vez de la mujer sumisa o de la dama bravía acostumbradas en nuestra cinematografía, parece agresiva, prometedora, anunciando pasiones que no ofrece Quintana. Y la mirada que le dirige a Infante en las escenas finales la revela como cruel y mandona. Es una lástima, para la cinta, que Infante prefiera a Quintana, porque entonces la trama regresa al carril de las buenas costumbres y no a lo que parecería conducirla una Durán digna de una sensualidad sólo permitida a las villanas.»

Siguiendo nuevamente a Mejía, Escuela de
En una escena de Escuela de Vagabundos. Captura de pantalla
vagabundos
sería su mejor película desde el punto de vista cinematográfico. Acá encarnó nuevamente a “la otra”, pero “otra” que merecería mejor suerte que la estrella Miroslava, muy bella pero tiesa y sobreactuada: «Durán compite con Anabelle Gutiérrez en simpatía, y como ella, se roba las escenas en las que aparece».

Su siguiente cinta, y la última durante más de 15 años, fue El sultán descalzo, de Gilberto Martínez Solares, una cinta de regular calidad, en la que según Mejía, ni en las reseñas incluidas en las dos ediciones de la Historia documental del cine mexicano, ni en la del volumen dedicado al cine de Tin Tan, se repara en la presencia de Durán. Ella tiene un papel memorable: esposa del policía Joaquín García Borolas, declara que todos sus vecinos son sus "compadres", y le confiesa que, como él trabaja por las noches, Tin Tan la pasea, la lleva a bailar y la divierte en su ausencia:


Cartel de la película. Fuente: filmaffinity.com
Luego de varios enredos, ella, preocupada por la desaparición de Borolas (preso por culpa de Tin Tan), le pide que lo busque; él se aprovecha para usar un uniforme de policía y recaudar comida para Varela, y le advierte que tiene que cubrirlo para que no lo castiguen; le pone una tarifa: “50 pesos, o tú dirás”, a lo que contesta Durán, en una de las escenas más inquietantes del cine mexicano: “Mejor tú dirás, porque 50 pesos no tengo”, y se le cuelga del brazo. (3) 

Para Mejía, esta cinta, no muy buena, se salva por Liliana Durán «bella, atractiva, graciosa y provocativa. Y por desgracia, cuando parecería que se encaminaba a una carrera más provechosa, emigró a Venezuela; su huella en nuestro cine es endeble, pero con unas cuantas actuaciones permanece como algo que pudo haber sido y no fue».

Liliana en una escena de El mil amores. Captura de pantalla
La salida de Liliana del panorama cinematográfico mexicano, en el que parecía su mejor momento y el más prometedor,  tuvo una sencilla respuesta: el amor. En enero de 1956, ella se encontraba disfrutando su luna de miel por el Caribe y llegó por vía marítima a Caracas junto a su flamante nuevo esposo, el publicista Héctor Quintanilla, quien venía contratado por una filial transnacional, “seguro de haber convencido a su compañera de su retiro de la actuación”. La realidad era otra:

«Yo estaba feliz…Venir a este país tan determinante para el crecimiento de mi carrera y meca consagratoria para los mexicanos. Y una vez que me vi en Caracas, estaba segura de que me iba a incorporar a su dinámica apenas “me descubrieran” y tendría ofertas imposibles de rechazar que ni siquiera mi esposo se podría negar a que yo fuera totalmente feliz.» (4)


Liliana en 1957. Fuente: Televisión y
Cine en Retrospectiva
.
Al llegar a la capital venezolana, Liliana logró efectivamente ubicarse en las pantallas y en la escena teatral. En los próximos cinco años, mientras iba consolidando su presencia en el mundo del espectáculo nacional, procreó tres hijos: Mirtha, Liliana (Pelusa) y Alejandro.

Para ella, era fascinante codearse con grandes pioneros de las tablas en nuestro país como Juana Sujo, Alberto de Paz y Mateos, entre otros:

Yo empecé aquí haciendo el llamado gran teatro del mundo. Hice Shakespeare en Sueño de una noche de verano, Medida por medida y Otelo; El amor de los cuatro coroneles, de Pirandello; El jardín de los cerezos, de Chejov; María Estuardo, de Schiller; La muchacha del campo, de Clifford Odets. También hice teatro venezolano, estrenando María Lionza, de Ida Gramcko; Chúo Gil o Los Tejedores, de Arturo Uslar Pietri; Okey y Asia y el Lejano Oriente de Isaac Chocrón. También el buen teatro, incluye piezas populares como El Espíritu Burlón, de Noel Coward o las miles de veces representada por todos Vidas Privadas. Con la empresa Bulgaris del Teatro Chacaíto, Descalzos en el parque y Hotel Terraza Suite. En fin, siempre hice el mejor teatro. También en televisión, más de un centenar de piezas de autores universales.(5)

Jairo Carthy, Alicia Álamo, Laura Zerra y Liliana en El Gorro
de Cascabeles. Fuente: Blog de Jairo Carthy
Otras obras en las cuales participó fueron Los lunáticos, dirigida por Antonio Constante; y El gorro de Cascabeles, de Luigi Pirandello.

En su entrevista a Liliana, Ricardo Tirado le pregunto por qué siendo una figura eminentemente cinematográfica, sus películas en Venezuela eran tan escasas. Ella le respondió: «Cuando llegué a Venezuela, el medio más fuerte era y es, la televisión, como único capaz de garantizar un trabajo estable y un buen contrato que te permitiera vivir decentemente. También en ese entonces se hacían pocas películas. Pero lo más definitivo para decir no al cine hecho en casa, es que muchos de los asuntos o guiones que me han ofrecido no me han interesado. Te piden desnudos o hablar como una malandra con una sarta de palabras obscenas o que trabajes por un sueldo mínimo o gratis, preferiblemente. Si cualquier producción cuesta millones en cine, ¿cómo es que no tienen asegurado el sueldo de los actores que dan la cara? En el teatro tal vez eso se pueda hacer. Puedes transigir, porque son otras circunstancias, y si te llena espiritualmente, bueno, tal vez. De hecho lo hice en más de una oportunidad en el pasado y lo volvería a hacer si fuese necesario».

Liliana en los 70. Fuente: RCTV / revista Estampas
Al preguntarle por las películas realizadas en Venezuela, recordó con cariño Papalepe (1966), «que no resultó una gran película, pero era una bonita historia familiar, que me permitió conocer y socializar con gente maravillosa e importante del medio artístico venezolano […] El director fue Francisco Graciani, y nunca podré olvidarme de que, una vez terminada la película, fui a su oficina ubicada en un anexo de unos pequeños estudios en San Agustín del Norte, a que me cancelara el 50 por ciento restante por mi trabajo, encontrándome con una gritería pidiendo una ambulancia, y era que al buen señor Graciani le había dado un ataque al corazón. No volví mas

También se refirió a Cuando quiero llorar no lloro (1974), a la que calificó como «una obra redondita, o mejor dicho una pieza maestra dentro de todo lo realizado hasta ahora, e inició todo un boom para el cine latinoamericano, liderado por el cine hecho en Venezuela. Es que el libro de Miguel Otero Silva es una maravilla, como también la adaptación y guion de Wallerstein y Román Chalbaud, además de contar con un elenco fabuloso».

En Historias de Amor y Brujería, de Carlos Cosmi. Fuente:
Grupo de Facebook Televisión y Cine en Retrospectiva.
Otras participaciones en la pantalla grande local fueron en las cintas El Reportero (1968), junto a Amador Bendayán; Perros de alambre ( Manuel Caño, 1978), una coproducción hispano venezolana; Historias de Amor y Brujería (Carlos Cosmi, 1980); Traficantes de Pánico (René Cardona Jr., 1980), coproducción con México; Macho y Hembra (Mauricio Wallerstein, 1984), donde también se desempeñó como directora de arte y diseño de la producción; así como Sherlock Holmes en Caracas (Juan Fresán, 1991).

Liliana se incorporó a la televisión al poco tiempo de llegar a nuestro país y en un medio tan joven logró destacar en teleteatros y telenovelas. En 1957 protagonizó La Solterona, junto al galán Héctor Hernández Vera.  Otros dramáticos en los cuales aparecía como figura principal fueron La muda, La otra cara y La desheredada.

Liliana Durán y el recientemente fallecido Aldo Monti. Fuente:
revista Encuadre No. 71.
 El 27 de julio de 1966 —hace exactamente 50 años— inició sus transmisiones regulares en Caracas el Canal 11 de televisión, gracias a la iniciativa de los hermanos Amable y Ricardo Espina. Entre los programas difundidos en la fecha inaugural figuró Orgullo de Casta, que señaló la reaparición de Zoé Ducós en la pequeña pantalla, y Mi secreto me condena, donde debutó Espartaco Santoni, acompañado por Liliana y María Luisa Lamata.  Otras producciones de esa época fueron Del altar a la tumba (1969) y Encrucijada (1970).

A mediados de los 70 la actriz regresó a México para una telenovela que le dedicó Carlos Olmos, autor de la afamada Cuna de Lobos, la cual se llamaba Una Grieta en el espejo; «me tocó empezar de nuevo, con todo y que me brindaron un crédito especial que decía “Con la presentación en la TV mexicana de la actriz venezolana Liliana Durán”. También hice una película Los corrompidos, que no fue la excepción».

En esa época, Liliana trabajaría en la Corporación Venezolana de Televisión (CVTV) en telenovelas como La Inolvidable, junto a  Manolo Coego; y Volver a vivir, una historia vespertina de suspenso protagonizada por Carmen Julia Álvarez y Héctor Myerston, además de Giove Campuzano, cuyas villanías harían las delicias de los televidentes.

La inolvidable Carmela de Estefanía. Captura de pantalla de
la telenovela.
Sin embargo, Liliana también será recordada por su destacada participación en inolvidables producciones dramáticas de Radio Caracas Televisión: en La Usurpadora (1971-1972) era la presidiaria Isolda y en Valentina (1975) encarnaba a Tundra, otra presidiaria que en la cárcel quiso hacer la vida imposible a Sonia (Marina Baura). Interpretó el personaje de Verónica Castro, la verdadera madre de Ana María (Marita Capote) en Raquel (1974); Alejandra (1976) le permitió incursionar en los roles de buena, al interpretar a la dueña de una boutique protectora de la protagonista (Chony Fuentes). En Resurrección (1977) personificó a la esposa de Chacho Chirinos (Tomás Henríquez) y en Estefanía (1979-80) a la inolvidable Carmela.

La década de los 80 hizo posible diversificar su galería de personajes: interpretó a la perversa Miss Janet,  una villana, esta vez en los tiempos de los lords ingleses en La Hija de Nadie (1981-82); fue la madre de Mayra Alejandra en la fallida novela de suspenso El esposo de Anaís (1980); progenitora de Lucio Bueno en Muñequita (1980) y madre de Jean Carlos Simancas en Marielena (1981). En Angelito (1981) era amiga de Inés (María Conchita Alonso).

Una envejecida Liliana junto a Doris Wells en
La Comadre, Fuente: revista Estampas.
Para La Comadre (1981) permitió que la envejecieran prematuramente; así lució en esta miniserie dirigida por Román Chalbaud y protagonizada por Doris Wells. También intervino en ¿Qué pasó con Jacqueline? (1982) y en Jugando a vivir (1982), en el rol de Bertha, el último en este canal.

Reaparecería en la señal de Venevisión —en su última etapa frente a las cámaras televisivas— en las telenovelas Cantaré para ti (1985);  Amor de Abril (1988), La Mujer Prohibida (1991) y Peligrosa (1994-1995), donde se despidió con una villana elegante, Leandra.

Juan Carlos Vivas, Francisco Ferrari, Liliana Durán y Víctor
Cámara, parte del elenco de Peligrosa. Fuente: Fotogramas
En su conversación con Ricardo Tirado (6), hizo un balance de algunos aspectos de su vida personal: «Aquí me he realizado como persona y como profesional, nacieron mis tres hijos y nietos, también me divorcié y me ha tocado sufrir como todo el mundo». Nunca quiso reincidir en el matrimonio luego de su separación: «Desde que me divorcié hace años, manejo muy bien la soledad».

En esa ocasión, Liliana manifestó que se consideraba hogareña y familiar. Aseguró que le encantaban las manualidades, coser, tejer, cocinar. «Me encantan mis nietos, a quienes adoro, y cuando no hago nada de eso que mencioné, leo. Suelo leer mucho y escucho música en la tranquilidad de mi casa, lo que me sirve para reflexionar, organizarme, contestar la correspondencia. También me encanta viajar. Aparte de mi residencia caraqueña, tengo un apartamento en la isla de Margarita, y como si fueran míos, uno en Madrid y otro en París. Digo como si fueran míos porque allí viven mis dos hijas casadas que frecuento, como es natural, cada cierto tiempo».

Liliana, gran dama de la televisión venezolana. Fuente: RCTV
Tirado le argumentó que algunos podrían confundir sus personajes con su temperamento, a lo cual ella respondió: «Tengo una cara con expresión que puede confundirse con la altivez, pero no soy orgullosa para nada. Si han de juzgarme, que lo hagan por mi trabajo. Claro que me gusta que la gente me quiera, como a todo el mundo. Ahora, entiendo que el público se hace una idea de una gracias a los personajes, a la voz, gracias a la prensa. A los artistas se nos idealiza mucho. Cuando nos ganamos el favor del público nos sentimos bien pagados, como tocados por Dios. Ser temperamental en lo que toca a berrinches y desplantes no paga, creas una fama de conflictiva y los actores en general, así sean primeras figuras, deben trabajar como empleados u obreros. ¡Las estrellas solo existen en el cielo!».

Retirada de la vida pública a finales de los 90, se residenció en la isla de Margarita donde dejó de existir el jueves 24 de agosto de 2006, deceso del que este año se cumple ya una década.

Referencias bibliográficas

(1) Tirado, R. (2004). Amores Públicos. Fundación para la Cultura Urbana, Caracas.
(2) Mejía, E. (2015). Reivindicación de Liliana Durán. Blog errataspuntocom, publicado el 27/07/2009,  México, [texto en línea], consultado el 14/08/2016, disponible en http://errataspuntocom.blogspot.com/2009/07/reivindicacion-de-liliana-duran.html
(3) Ibíd.
(4) Tirado, R. (2000). op. cit.
(5) Tirado, R. (2000). op. cit.
(6) Tirado, R. (2000). op. cit