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viernes, 3 de julio de 2015

Ahora también estamos en Versión Final

Los ganadores y miembros del jurado de la segunda edición del
concurso Versiona tu Blog, del diario Versión Final. (Fotografía:
Isabela Marcano)
Este blog nació como una legítima necesidad de compartir nostalgias. Surgió de un taller organizado en 2009 por la ONG Espacio Público, copatrocinado con el Colegio Nacional de Periodistas Seccional Costa Oriental del Lago, bajo la gestión de su secretario general para la época, el colega Ignacio Valbuena. Sin embargo, desde meses antes, había sido concebido en mi mente como un espacio virtual donde acumular recuerdos, esos que ningún medio se interesaría en publicar.

La verdad sea dicha: cuando surgió Mundo de Letras, no tenía aspiración alguna de que a alguien pudiera interesarle las cosas que quería contar. Era un recurso para recrear pasajes de mi vida a través de series de televisión, películas, actrices, obras de arte, álbumes de barajitas, postales… todo aquello que me llevara a lugares más felices que mi entorno inmediato. Nos ha tocado vivir tiempos oscuros, pero en medio de la crisis, la mente se activa y busca mecanismos de escape para sumar fuerzas que nos impulsen a seguir adelante.

Enlace de nuestro blog en la página www.versionfinal.com.ve
Mundo de letras salió tímidamente a esa autopista virtual que es Internet, con la esperanza de encontrar lectores. Para mi sorpresa, había muchas más personas que compartían mis nostalgias. Se fueron sumando seguidores y las visitas diarias crecieron. Uno de mis mayores triunfos lo constituyó alcanzar las primeras 50 mil visitas, luego las 100 mil. Hoy, cuando supera las 200 mil, recibo un regalo estimulante: el diario Versión Final nos premia con la inclusión durante un año en su página web, por haber obtenido el segundo lugar por votación del público en la segunda edición del concurso Versiona tu blog.

Este concurso en línea fue organizado por la gerencia de Innovación y Proyectos Editoriales de este rotativo, para blogueros mayores de 30 años. En él participaron 38 portales, de los cuales seis resultaron ganadores: tres por votación del público y tres escogidos por el jurado, que además otorgó una mención honorifica a otro blog por considerar “bien desarrollado” su contenido.


El público seleccionó en primer lugar a ‘Béisbol adentro’, de Adonis Marcano Domínguez (http://beisboladentro.blogspot.com), el cual  logró 32 mil 214 votos; ‘Mundo de Letras’ (http://mundoparnasiano.blogspot.com/), obtuvo 26 mil 221 puntos, en un honroso segundo lugar; y ‘Entérate Qué Pasa’, de Salvador Polanco Atencio (http://enteratequepasa.blogspot.com) recibió 24 mil 286 votaciones, para ocupar el tercer lugar.

Por su parte, el jurado, conformado por Jesús Urbina, profesor jubilado de la Universidad del Zulia (LUZ) y coordinador del concurso; Diana Fuenmayor, docente del Alma mater zuliana; David Padilla, periodista y bloguero; y Daniela Rincón, directora web de Versión Final, escogió como ganadores a los blogs ‘Domus Ecclessia’ (http://domusecclesia.wordpress.com), de Rixio Gerardo Portillo Ríos; ‘Geología venezolana’ ( http://geologiavenezolana.blogspot.com/), de Rafael A. Rodríguez Ch.; y ‘Crónicas de Miffi’ (http://cronicasdemiffi.blogspot.com/), por Miriam López.

Diana Fuenmayor entrega el premio al autor de este
blog. Fotografía: Isabela Marcano
La premiación se efectuó el pasado 1º de julio de 2015, con la presencia de Daniela Rincón, Isabel Morán, Ana Mendoza y Laura Peña, quienes ofrecieron un pequeño agasajo a los ganadores en representación del periódico y agradecieron la participación entusiasta de los competidores.

Es importante mencionar que Versión Final es un diario zuliano fundado en Maracaibo (Venezuela) el 8 de septiembre de 2008. Poco a poco ha ido posicionándose en el gusto popular, con un “periodismo plural, útil, de impacto social y de calidad”, tal como lo afirman sus editores. En él labora un plantel de jóvenes y talentosos profesionales; este año recibió el Premio Nacional de Periodismo por su excelente edición aniversario Los Rostros del Petróleo  y actualmente se encuentra inmerso en un proceso de rediseño de imagen para enfrentar con gran impulso las demandas informativas de la región occidental del país.

Para Mundo de Letras se abre una nueva ventana que le permitirá conectar con potenciales lectores. Nuestro reto es convencer a esa audiencia de que en este espacio virtual podrán encontrar un espacio de entretenimiento, donde el respeto a la información y a nuestro público es nuestro norte permanente.

Los invitamos a revisar nuestras entradas anteriores (estoy seguro de que se sorprenderán gratamente con muchos de nuestros escritos), a dejar sus comentarios y, si les parece, hacerse nuestros seguidores. El compromiso es a seguir ofreciéndoles material interesante de lectura, bajo el lema que siempre nos ha alentado: “No hay reglas. Limítate a seguir tu corazón”.

domingo, 31 de mayo de 2015

Lunar: la soledad como compañera

A 75 años del nacimiento de Emerio Darío Lunar
 y a 25 de su fallecimiento.
Fotografía: Escolástico Velásquez.
Hace 25 años, Emerio Darío Lunar abandonaba su casa en el sector Las Cabillas para adentrarse en los límites de lo eterno. Ahora, sus pinturas, esas mujeres inaccesibles que con tanto esmero retrató, han pasado de adornar los muros del hogar familiar a pasearse por el mundo, como muestra del talento innato de este artista excepcional.

Representadas como vírgenes estatuarias o con un sutil erotismo, la mujer representó el ideal de belleza de Lunar. Ahora que ya no está, uno pudiera imaginarlas en las cálidas noches de Cabimas, bajando de las telas colgadas en las paredes para posar en la sala de la casa, esa que tantas figuras de la plástica nacional recibiera para admirar la obra inusual de este pintor zuliano. Lamentablemente, es una visión imposible, no por lo irreal que pudiera parecer, sino porque la gran mayoría de dichos cuadros fueron robados de esta vivienda en marzo de 2010.

Rodeado de sus mujeres etéreas.
De la humilde morada solo queda el cascarón: fallecidos sus padres (María Natividad, en 1978 y Manuel Esteban en 1997), su hermano Manuel Marcelino había ocupado la residencia, aun a pesar del deterioro creciente que evidenciaba. Luego del despojo masivo de las obras del artista, bajo la mirada silenciosa de los propios vecinos, la extraña magia que le acompañó en vida se perdió para siempre.

Los aficionados a categorizar el esfuerzo humano asignaron diversos nombres a la producción artística de Lunar, pero él, modesto y a la vez consciente de lo que hacía, nunca quiso encasillarse. Prefirió automarginarse de las tendencias de moda y continuar aprendiendo con la práctica, empeñado en la búsqueda de la “perfección” en una ciudad imperfecta y en poblar imposibles espacios arquitectónicos con figuras fantasmales, surgidas de su inquieta imaginación.

“Necesito la soledad para crear, para lograr una mayor concentración”, me confesó en alguna oportunidad con su voz pausada, casi inaudible. “A veces la reflejo en mis cuadros, pero es casualidad. Hay gente que no puede estar sola porque se vuelve loca…yo no; la soledad es mi compañera. Yo estoy aquí con papá y mi hermano Manuel, pero me siento solo, porque soy muy poco comunicativo”.

Durante la inauguración del Museo
Vial del Núcleo LUZ COL.
De carácter contradictorio, a veces extremadamente efusivo, bromista consumado, en otras ocasiones era apenas una sombra  que se paseaba de un lado a otro de la casa, meditabundo, fumando sin cesar y sin dirigir la palabra a nadie. Era el mismo que se afanaba preparando un quesillo, reconocido entre la familia como uno de los mejores que habían probado y que él se impuso hacerlo según la receta de una sobrina política, tal como aprendió a tocar el acordeón, a coser su ropa…a pintar.

Lunar nació el 27 de enero de 1940 en Cabimas, una ciudad que abandonó pocas veces y por la cual sentía un vínculo atávico. Era el último de los cuatro hijos de dos emigrantes margariteños quienes se habían dedicado a la actividad comercial, luego de que el padre abandonara su empleo en las transnacionales petroleras. De débil contextura y enfermizo, desde niño se sintió atraído por el dibujo. Pese a su bajo rendimiento en los estudios, logró culminar el sexto grado de educación primaria y decidió orientar sus intereses hacia otros objetivos de aprendizaje.

La tumba del Faraón (1969). Esta obra fue
desgarrada durante el hurto masivo ocurrido en 2010.
Así, se desempeñó como músico y pintor de letreros comerciales. Iniciaba una vida bohemia, que incluyó un periodo turbulento en Margarita, donde atendía una pequeña tienda propiedad de su familia. En 1967, con 27 años, se aventuró en la pintura, sin más maestros que él mismo y su afán de aprender. Había adquirido algunos conocimientos básicos en un curso de dibujo por correspondencia, pero en la práctica su formación fue esencialmente autodidacta. Esa obstinada necesidad de desarrollar su talento le llevaría largas jornadas de desvelos, en las cuales ni comía ni dormía, hasta llegar a una crisis nerviosa, la primera de varias que sufriría durante la década de los años 70. Acompañadas por una desmedida afición a la bebida, marcaron sus años posteriores entre sanatorios mentales, correrías nocturnas, borracheras y rigurosas sesiones de trabajo creativo.


En la portada del catálogo el famoso retrato
realizado a Carolina Bogen de González.
Paralelamente es su periodo más fecundo e interesante en las artes plásticas, de hallazgos sorprendentes para él mismo y para aquellos que lo llegan a conocer. En 1969, aupado por Carlos Contramaestre y Oscar González Bogen, expone en el Ateneo de Caracas. Las críticas positivas que surgieron de esa muestra le impulsaron a mejorar y a buscar la perfección en su obra. Ya la pintura dejaba de ser un entretenimiento para adornar las vacías paredes del hogar familiar. Era la transición a su etapa adulta como artista.

La concepción simbólica del color se refleja en la obra de Lunar. El blanco representa la muerte, tal como lo expondría a Juan Calzadilla, uno de sus biógrafos; y como me lo referiría en una de nuestras frecuentes conversaciones: “Por eso mis mujeres son fantasmas, gente que no tiene vida.  Últimamente les pinto los labios, los trajes y la boca, para darles vida dentro de la muerte. Esas mujeres están muertas, pero han sido resucitadas por mí, que soy su padre creador”.

Retrato imponente de Graziano Gasparini.
Tan particular teoría cromática a veces no se correspondía con lo establecido: “Por ejemplo, el color azul, según me dijo (el pintor) Henry Bermúdez, representa quietud. Yo no lo sabía; por eso, sin saberlo, usaba colores vivos, para darles mayor fuerza”.

La muerte fue una constante, tanto en su trabajo artístico como en sus conversaciones privadas. Sin embargo, jamás pensó en ella como algo terrible, a lo cual había que temer. Tal como lo señala el crítico Perán Erminy, “sentía que la muerte no dejaba de acompañarlo y que la vida de uno era demasiado breve y precaria en comparación con la inmensidad de la muerte…”.

Esa visión la vinculaba con su creación: “Ese mundo de los personajes tal vez sea mi mundo, porque yo me identifico con ellos, con las cosas muertas”, me diría en alguna ocasión. Lo ratifica Erminy: “En la obra de lunar la presencia de la muerte está asociada a la idea de eternidad, que es una noción clave en la poética de este artista”.

En nuestras conversaciones, Emerio me explicaba: “Creo que nunca moriré. Yo volveré a vivir, tal vez no con esta misma cara ni con la misma familia…Creo bastante en la reencarnación”.

Emerio en 1980. Fuente: Galería Odalys.
En los años 80, Lunar recibió abundantes reconocimientos y participó en varias exposiciones . Protagonizó el Cuaderno Lagoven en la Pantalla que lleva su nombre, con textos de María Elena Ramos y dirección de Sergio Sierra. Aun me conmueve la escena final, donde se le ve interpretando el acordeón, rodeado de mujeres que actúan en el taller ubicado en la casa paterna.

En 1990, una maligna enfermedad, silenciosamente anidada en su débil cuerpo, evidenció  que el camino llegaba a su fin.  Su salud, por lo general de condición precaria, fue decayendo con rapidez. Los últimos meses transcurrieron rodeado de sus familiares más cercanos, con un sosiego lejano a los turbulentos días de su juventud.

La cascada (1986), paisaje onírico de Lunar,
colección MACZUL.
Fotografía: Mirem de Ondiz
Tras el funeral, recordé claramente fragmentos de una conversación, quizá de las últimas que sostendríamos antes de su partida. Era una de esas tertulias frecuentes en mis tiempos de estudiante de periodismo, cuando sentados en su taller comentábamos cosas tan disímiles como los chismes familiares o la caracterización de sus cuadros.

Si bien poco le agradaba tener que explicarse a sí mismo o a su trabajo, le entretenía oír las apreciaciones de los demás  sobre estos tópicos. “¿Piensas en tu vida como algo productivo?”, le pregunté en aquel momento. Era una interrogante ilógica si considerábamos el inmensurable legado artístico que dejaba tras de sí, pero coherente con esa visión bohemia y libertina que muchos le asignaban a su existencia.

De visita en el MACZUL en octubre de 2014, me
reencontré con La cascada en la exposición: El paisaje
“Creo que sí”, fue su respuesta. “Yo no he perdido mi tiempo. Las cosas que me han pasado las tomo como algo natural. Estoy satisfecho con mi vida. Yo no tengo nada que hacer, todo lo he hecho…”

Miré a mi alrededor todas esas obras extraordinarias que durante años se habían ido multiplicando en las paredes, algunas de manera temporal; otras, sin fecha determinada de partida porque él así lo había decidido y el cuadro no sería vendido. “¿Ni siquiera en la pintura?”, repregunté extrañado.

“En la pintura puedo seguir, pero en lo que yo pueda hacer, como dice la canción, la vida no importa”, fue su respuesta. De repente, sin quererlo, una sensación de pesar nos invadió a ambos.

Entonces ¿cómo te gustaría que te recordaran? 

Que la gente me recuerde por mis cuadros. Como persona, me da igual que me recuerden o no.

Expectativa (1970). El niño del cuadro soy yo, según una fotografía realizada a los cuatro años de edad.

lunes, 6 de abril de 2015

La señora Brabin

"Tengo el rostro de una vampiresa, pero el corazón de una feminista." 

Theda Bara

Theda Bara en una conferencia de prensa a su
regreso de Europa en 1939. Fuente: New York
Public Library of the Performing Arts.
Según sus vecinos, la sexagenaria señora Brabin era una mujer encantadora. Nada que ver con una devoradora de hombres, esa de lánguida sensualidad y viciosos gestos que encarnaba en la pantalla grande a principios del siglo XX.

Un vecino anónimo la recuerda como una señora con el pelo canoso y una palidez extraña en su piel:

"Solíamos hablar sobre la cerca, ella una mujer plena, con una expresión dulce y un corazón bondadoso. Si pasabas a su casa, la encontrarías trabajando en su pequeño pero impecable jardín. Dedicaba dos horas todos los días para hornear galletas y las guardaba en un envase de cerámica para mantenerlas frescas. Los niños que regresaban de la escuela acostumbraban acortar su camino pasando a través de su jardín y, si seguían la ruta y no pisoteaban nada, recibían una galleta y una cálida sonrisa, cada uno. Ellos nunca supieron quién era, pero nosotros, dos adultos, nos reíamos acerca del símbolo que ella era en el cine mudo. Era probablemente la mujer más amable que he conocido y casi tan malévola como un petirrojo o un conejo dócil ... Todo lo que puedo pensar  acerca de Theda Bara es que era enormemente amable y simpática con los niños de ese rincón de Los Ángeles, una especie de ángel con galletas frescas y las flores más bonitas de cualquier jardín de los alrededores" (1).

Theda Bara como Cleopatra. Fuente: Dollhousebettie.com
Hacía años que se encontraba alejada del cine, medio en el cual debutó en 1915, con casi treinta años, luego de más de una década trabajando en obras teatrales locales con poca repercusión en su carrera profesional como artista de entretenimiento. Su nombre real era Theodosia Goodman y nació en Cincinnati, Ohio, Estados Unidos de Norteamérica, el 29 de julio de 1885. Era hija de Bernard Goodman y Pauline Luise Francoise deCoppet.

Theodosia Goodman, 1886. Fuente:
Motion Picture Classic Magazine 
Su padre, nacido en Polonia en 1853, se había trasladado a Nueva York en 1871. En 1882 se asentó en Cincinnati en 1882 y allí encontró trabajo como cortador de telas, además de convertirse en ciudadano norteamericano. Su madre, Pauline, nació en Suiza en 1861 y aun siendo niña su padre francés, Francois Baranger, y su madre alemana, Regine deCoppet, migraron a Norteamérica. En 1878 trabajaba como vendedora, pero ya en 1880 era copropietaria de una fábrica de pelucas llamada Dunkelmeyer & de Coppet.

Bernard y Pauline se casaron en 1882. Tres años después nació su primera hija, a la que apodaban Theda o Teddy. Dos hermanos vendrían después: Marque y Esther, apodada Lori.

Theda crecería en Avondale, un suburbio de Cincinnati, en una infancia feliz en medio de una familia judía. Era una una voraz lectora y desde joven disfrutaba además del teatro y de la declamación. Poseía una innata timidez, algo que nunca perdió.

Fuente: AP
Aunque no era usual en la época, ingresó en la Universidad de Cincinnati en 1903, donde permaneció dos años. En 1905 abandonó sus estudios y partió a Nueva York, en contra de la opinión de su padre, quien ya desde 1899 se había convertido en un próspero sastre. Bajo el nombre artístico de Thedosia DeCoppet, actuó en varias obras teatrales y musicales entre 1905 y 1914.

Su figura de reloj de arena, incluso en los inicios del siglo XX, era ya pasada de moda, pues empezaban a imponerse líneas corporales más estilizadas, lejos de la figura de matrona tan en boga en la época victoriana. Theda amaba comer y su imagen aparentaba ser mayor a su verdadera edad.

A finales de 1914, la incipiente actriz casi llegaba a los 30 años y su carrera no terminaba a despegar, relegada a roles sin importancia. Fue entonces cuando conoció al director Frank Powell, quien le preguntó si quería entrar al cine. Su primera incursión debutó en la pantalla  la hizo en un papel de extra en una multitud en The Stain (La mancha), algo que posteriormente ella negaría durante muchos años: "Comencé como estrella y permanecí siempre como tal", diría.

Theda en A fool there was. Fuente: Pixgood.com
Sin embargo, su verdadero debut lo haría como protagonista de la cinta A fool there was, basada en una obra teatral escandalosa para la época y la cual fue filmada para los estudios de William Fox. El rol que le habían asignado, una mujer que disfrutaba jugar con los hombres para luego dejarlos, cambiaría los estereotipos que hasta entonces se manejaban en los códigos cinematográficos, cuyo lenguaje se encontraba en pleno desarrollo. Así, a la figura de niña inocente de Mary Pickford y otras actrices del momento, se opuso el personaje de la vampiresa, mujer viciosa y despiadada, que usaba a los hombres para sus innobles propósitos usando para ello sus encantos femeninos.

Para el papel protagonista fueron consideradas otras actrices populares, como Valeska Suratt y Madeline Traverse. No obstante, Powell presentó a Theda a Fox y luego de considerarla como una elección adecuada, fue contratada por cinco años con un salario de 100 dólares a la semana.

En A Fool There was. Fuente: Prettycleverfilms.com
Una de las urgentes decisiones a tomar era cuál sería su nombre artístico: ya en el teatro ella había empleado Theodosia De Coppet, Theodosia De Cappet y Theodosia de Coppett. Pero, a sugerencia de  William Fox, se acordó acortar el apellido materno Baranger a Bara y fueron revisados todos los apodos infantiles (Theo, Teddy y Theda). Este último fue el que la actriz prefirió y así nació Theda Bara. Leyendas posteriores sugerirían que este nombre era un anagrama de Muerte Árabe (Death Arab), pero solo forma parte de la larga cadena de falsas informaciones que rodearon la vida de la naciente estrella.

Theda recordaría años después la "terrible experiencia" de su primera escena para la película que la convertiría en mito: "Tuve que usar un maquillaje en la calle y me sentí como un alma perdida". Para la época, ni el rojo ni el blanco se mostraban bien en los filmes, así que los actores debían usar una base amarilla y lápiz labial color marrón para que fueran correctamente registrados en las películas. No es de extrañar el malestar de Theda al tener que presentarse en público con un maquillaje amarillo, ojos sombreados de negro y labios pintados de color marrón, lo cual la hacía parecer más un zombie que una mujer deseable.

Exótica vampiresa llegada del oriente.
Fuente: https://www.pinterest.com/plantlady13/
Como parte de la estrategia de promoción, los periodistas Al Selig y John Goldfrab, del The New York World, organizaron una campaña publicitaria repleta de fábulas que llegaron a considerarse ciertas y durante muchos años formaron parte de la historia del cine.

Fue así como, en una rueda de prensa realizada en enero de 1915, justo antes de la presentación de A fool there was, se informó que Theda había nacido a las sombras de las pirámides, hija única de la actriz francesa Theda de Lyse y del escultor italiano Giuseppe Bara. El amor había surgido durante un viaje de la actriz a Egipto, donde habría encontrado a Bara perdido en las arenas del desierto. Theda Bara había sido producto de ese amor y se crió en una amplia tienda no lejos de la Esfinge, entrenada por su madre en el arte de la pantomima y por su padre en la pintura. Luego, se mudaría a París, donde habría desarrollado una carrera teatral. Allí había sido descubierta por el director Frank Powell y ambos escaparon del horror de la guerra en 1914, rumbo hacia Norteamérica. La leyenda de la vampiresa había nacido.

En el siguiente video, podemos apreciar algunas escenas de la película que hizo famosa a Theda:


En ese encuentro con periodistas y empleando un acento gutural, una Theda envuelta en velos y capas diría: "Esta vampiresa que interpreto posee una sola cualidad buena o decente, su valor. Algunas noches cuando ella enfrente la vejez y su espejo le muestre sus arrugas, ella se matará a sí misma. Gas o veneno, pienso yo. Pero nada que pudiera desfigurarla". Después de la conferencia de prensa, la supuesta princesa árabe rompió sus velos y capas, corrió a la ventana, la abrió y suspiró en perfecto acento americano: "Denme aire".

En su papel de Kathleen Mavourneen.
Fuente: www.pinterest.com/plantlady13/
La película resultó un descomunal éxito y el personaje de vampiresa lo repetiría Theda en varias películas siguientes. Encarnó a legendarias seductoras como la Dama de las Camelias (1917), Madame Du Barry (1917), Cleopatra (1917) y Salomé (1918), pero en su interés en diversificar sus interpretaciones, también interpretó a una poca creíble Julieta (en Romeo y Julieta, 1916, según la obra de Shakespeare), a la patriotera Cigarrete, en Bajo dos banderas (1916); y a una heroína de una canción irlandesa (Kathleen Mavourneen, 1919). Sin embargo, estas actuaciones no fueron bien recibidas por el público, quienes esperaban seguir viendo a Theda en su rol de vampiresa.

En el siguiente video se puede apreciar los fotogramas sobrevivientes de Cleopatra y una entrevista a la actriz:


En una entrevista para la revista Vanity Fair (2) en 1919, confesaba:

"Me doy cuenta de que encarnar a una vampiresa es un trabajo honesto y tengo un sincero respeto por ella como tal. Sé que las caracterizaciones de vampiresa me permitieron mi inicio en el cine, y estoy debidamente agradecida. Pero el problema es que se ha ido demasiado lejos. Ya en mi primera aparición en la pantalla, en A Fool There Was, estaba clasificada como una vampiresa; desde entonces fui condenada para siempre a desempeñar estos papeles. Había llegado al punto en que, en lo que a mí respecto, no había otros personajes en las películas.

Theda atrapada en su rol vampiresco.
Fuente: www.pinterest.com/plantlady13/
La maldición del vampiro pesaba sobre mí...Esa "vampiresa" y "Theda Bara" habían llegado a ser sinónimos en el léxico brillante de los espectadores de cine. Todo lo que yo toqué fue a partir de entonces con la marca del vampiro. No importan las heroínas que retraté en la pantalla, se daba por sentado que, solo porque yo las interpretaba, eran una de esas mujeres. Nadie había pensado en Carmen o Cleopatra como vampiresas; pero tan pronto como las interpreté, arruinaron su reputación. Incluso Julieta no estaba a salvo de la lengua de los chismes cuando interpreté ese papel.

De hecho, tan identificados me tenían con los roles de vampiresa en la pantalla que la gente pensaba que era así en mi vida privada. A juzgar por las cartas que he recibido, la idea popular de mi vida en el hogar era, de hecho, de lo más espeluznante. Generalmente me visualizaban pasando los domingos y días de fiesta enroscada en mi apartamento, o entreteniendo mi tiempo libre tendida voluptuosamente en una piel de tigre, mirando inescrutable a través del humo de mi cigarrillo, fuertemente perfumado. Incluso las tareas domésticas más comunes se suponía popularmente que para llevarlas a cabo sería de la forma más extrema de vampiros; estoy segura de que ellos imaginaban que me retorcía en la carnicería, mirando lánguidamente a los ojos del carnicero, y ronroneando palabras insidiosas en sus oídos mientras sopesaba las chuletas..."

Fotografía: Herman Mishkin
En ese artículo, Theda señalaba la decepción del público cuando la veía en persona: "Cuando iba a cualquier lugar donde pudiera ser reconocida —un teatro, una tienda o un hotel—, mi vestido conservador recibió muchas miradas decepcionantes. Esperaban que apareciera en una pequeña creación de moda, compuesta principalmente de una piel de leopardo, una daga, y dos o tres rosas rojas como la sangre. El público estaba realmente molesto porque no había cumplido con las leyendas que habían tejido sobre mí. Para mí, no hay nada tan curiosamente ingenuo como esta incapacidad del público cinematográfico para desvincular la personalidad en la pantalla de una estrella de su propia personalidad..."

Luego de reflexionar sobre su experiencia en la filmación de Kathleen Mavourneen, Theda finalizaba: "He aprendido, por amarga experiencia, la monotonía aburrida de una carrera de un solo rol. Me estoy esforzando para ampliar mi registro, para crear todo tipo de heroínas y así evitar identificarme con cualquier carácter definido. Voy a tratar de interpretar todo tipo de papeles en todo tipo de películas —aunque, en los próximos años de todos modos, me niego a admitir cualquier película de vampiresa en mi repertorio—".

Foto promocional de Madame Mistery.
Fuente: the-she-devil.livejournal.com/
Lamentablemente, el público no aceptó su cambio de imagen. Y en 1921, cuando regresó al cine, luego de tres años fuera de las pantallas, su retorno fue nuevamente en el rol que la había hecho famosa. En una rueda de prensa (3), Theda se justificó: "Mi regreso a la pantalla será en el papel de vampiresa. La decisión de hacerlo no es el resultado de la consulta a mis propios deseos y opiniones. Tampoco a los de mis asesores profesionales. El asunto se resolvió en el más alto tribunal para el que un actor puede apelar —los patrones del teatro—".

En ese momento, Theda hacía una gira de treinta semanas que la había llevado hacia el oeste, hasta la ciudad de Kansas. Al mostrarse ante el público, le preguntó: "¿Quieren que vuelva como una vampiresa?" Luego, cuando el aplauso de la audiencia se extinguió, ella diría: "¿O será que les gustaría más como una buena chica?" El silencio del público le dejó claro que no era necesario seguir insistiendo en ello.

Theda Bara y Charles Brabin: más de 30 años de feliz unión.
Fuente: www.pinterest.com/plantlady13/
Su última aparición en el cine fue en una parodia del personaje que ella había interpretado durante tantos años: un cortometraje cómico titulado Madame Mistery (1926).

Los roles se invierten: Theda Bara y Charles
Brabin como un vampiro. Fuente: Times.
En 1921, Theda se había casado con el director Charles Brabin, quien le había dirigido en Kathleen Mavourneen. A pesar de algunos intentos de regresar a la escena teatral (con pobres resultados), se retiró definitivamente de la escena artística para complacer a su esposo y comenzó a disfrutar de un periodo de tranquilidad en su hogar, que compartía con frecuentes almuerzos y cenas con amigos, escapadas a los teatros y viajes, dentro y fuera del país, generalmente acompañada por su madre y su hermana. Pasaba temporadas tanto en su apartamento de Nueva York como en su hogar en California y se dedicaba fervientemente a la lectura.

En los 40's, la mujer que había encarnado la lujuria y la pasión sin control, declaraba a un reportero: "Nunca regresaré a las películas. No estoy interesada en un plan para volver a los escenarios en algunos de los roles que interpreté en el cine. Sólo vivo las 24 horas del día tratando de conseguir tanta felicidad de la vida como pueda. Y eso es una gran cantidad de felicidad. Nada me podría inducir a interrumpirla, mucho menos ponerla en peligro".

Con una amiga. Fuente: LATimes blogs.
En la primavera de 1954, Theda Bara empezó a padecer problemas digestivos. En junio de ese año, se sometió a una cirugía de cáncer de colon.  Sin embargo, a pesar de practicarse otras cirugías, no pudo combatir la enfermedad, que ya había invadido el hígado. Para principios de 1955, la salud de la actriz había decaído notablemente y el 7 de abril de ese año, falleció.

La vampiresa original, esa que las mujeres consideraban una amenaza para cualquier hombre, disfrutó de una vida tranquila, alejada de los escándalos. Aparentemente, su osadía no trascendía más allá de los estudios donde vestía ligera de ropas, dispuesta a doblegar a su próxima víctima. Fue el primer símbolo sexual creado por un arte apenas naciente, la cinematografía; y la primera estrella creada por la publicidad, pero en la vida real nunca tuvo problemas de abuso de drogas o alcoholismo y su único matrimonio resultó en una feliz unión conyugal que duró hasta su muerte.

De las 42 películas que filmó entre 1915 y 1926, apenas sobreviven completas tres: A fool there was, East Lynne y The Unchastened Woman. También una versión de un rollo de Madame Mistery y unos pocos fotogramas de Cleopatra. Lamentablemente, la versión completa de esta, así como de sus otros films, se han perdido o quemado irremediablemente.

Solo nos queda la imagen icónica de Theda Bara como la vampiresa que nunca fue: ojos profundos, excesivamente maquillados; y ese gesto, a veces lujurioso, que en el fondo no era más que una ilusión proyectada de los deseos de un público inocente, ese que aun creía en las imágenes del cine como algo real.

Fuente: Kennelco.com

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Fuentes consultadas:

(1) Golden, Eve /1996). Vamp. The raise and fall of Theda Bara. Emprise Publishing, Inc.

(2) Bara, Theda (1919). The Ex-Vampire turning to the right in the moving pictures. Vanity Fair, october, 19.

(3) Theda Bara’s Return to Screen Will Be As Vampire. Exhibitors Trade Review, September 16, 1922.  Fuente: Media History Digital Library.

viernes, 13 de marzo de 2015

Cuaresma

Fotografía: José Gregorio Marcano
Los 40 días previos a la Semana Santa o Semana Mayor es lo que llamamos Cuaresma. Tiempo de reflexión y preparación para los cristianos.

En el Zulia, el calor se acrecienta y nubes de polvo se levantan tiñendo el paisaje de marrón. Es tiempo de colores. Los araguaneyes florecen, al igual que los apamates, para contrastar sus frondosas  y coloridas copas con el azul tenue del cielo. Una pertinaz lluvia de flores cae para dejar a sus pies alfombras de vibrantes colores amarillo y lila. Es un espectáculo efímero, como la vida misma; y lo que hoy te maravilla, mañana no es más que un recuerdo.


Cuaresma es también tiempo de patillas y melones, que refrescan la garganta sedienta de los zulianos, al igual que el cepilladero o el vendedor ambulante de jugos y refrescos, quien con renovada bandera de ocho estrellas, ofrece su mercancía. Es el momento perfecto para florecer las orquídeas, arracimadas desde los más insólitos árboles. Desafían la sequedad, el calor;  y a la sombra de un mango o un roble, dejan ver sus refinadas formas violetas y albas.


Esta Cuaresma es de cielos encapotados y una llovizna sorpresiva que, sin embargo, no alejan el calor de las noches de verano. Es tiempo de reflexión, de decir adiós a la vida anterior y renovar el alma. Es menester recordar que para poder renacer, la muerte ha de imponerse inexorable.


Fotografía: José Gregorio Marcano

Fotografía: José Gregorio Marcano
Fotografía: José Gregorio Marcano
Fotografía: José Gregorio Marcano
Fotografía: José Gregorio Marcano
Fotografía: José Gregorio Marcano
(Originalmente publicado el 29 de marzo de 2006)

domingo, 22 de febrero de 2015

Eduardo Cortina: el recordado brujo Tobías

Eduardo Cortina como Tobías Jurado y Doris Wells como
Isabel Blanco en una escena de La Fiera. Fuente: diario
El Nacional, 03/01/1981.
En 1978, al salir de la grabación de un capítulo de la telenovela La Fiera, el actor Eduardo Cortina se encontró con una niña de 13 años. No era la primera vez que algún telespectador le abordaba en las afueras del canal RCTV a propósito de su actuación, pues ya se hacía costumbre que le esperara gente humilde solicitándole la receta de alguna pócima o ensalme, especialmente para atraer novios.

La petición en esta oportunidad le conmovió profundamente, tal como le confesó a la periodista Edith Guzmán en una entrevista realizada ese año(1): la niña apelaba a los supuestos conocimientos de su personaje, el brujo Tobías Jurado, y pedía un remedio para hacer volver a su madre, quien había huido con un hombre y la había dejado sola con sus nueve hermanitos menores, abandonados.

Un buen actor característico.
Fuente: El Nacional, 03/01/1981.
A pesar de su juventud, pues tenía 35 años, Cortina logró con Tobías Jurado la consagración de su corta carrera como actor de carácter, esa que le había permitido interpretar desde un sacerdote hasta un matón. Sin embargo, su aspecto físico robusto y su hablar dicharachero le eran particularmente eficaces cuando de villanos se trataba, si bien su versatilidad no le restringía en sus posibilidades interpretativas.

Había nacido en 1943 en la parroquia caraqueña de San Juan. A los 17 años ingresó a la Escuela Nacional de Teatro, movido por su pasión por las tablas. Participaría en obras como Romeo y Julieta, Deseo bajo los olmos, El acusador público, La fiaca, Basta de sexo y Vimazoluleka, entre otras.

El dramaturgo y director Román Chalbaud, quien le conocía de su trabajo teatral, le llamó para que se incorporara en la televisión. Allí debuta en la producción dramática La Doña (1972), en sustitución de un actor que hacía de médico.  Desde entonces desarrolló una fructífera trayectoria en la pequeña pantalla, en momentos cuando la llamada “Telenovela Cultural” despegaba con fuerza. Participó en Boves, el urogallo (1974), donde hizo el papel de sacerdote; en Doña Bárbara (1974), como el Turco; en Canaima (1976), como el Sute Guanipa; e incorporó diversos roles secundarios en Pobre Negro (1976), Campeones (1976)  y La Balandra Isabel llegó esta tarde (1978), que protagonizaron Marina Baura, Doris Wells, Gustavo Rodríguez, Oscar Martínez, Elio Rubens y Miguel Ángel Landa, entre muchos otros grandes de la época.

En el siguiente video le pueden ver en el primer capítulo de Doña Bárbara, interpretando a El Turco:


Martha Carbillo.
No obstante, el reconocimiento le vino seis años luego de su debut televisivo, cuando interpretó a Tobías en La Fiera. El personaje del padrastro de Isabel Blanco (Doris Wells) se convirtió en toda una creación, pues tal como él mismo lo definiera en una entrevista realizada por Edith Guzmán (2), era “…ingenuo y absurdo y creo que eso es precisamente lo que gusta. Yo lo hago en una transición de drama y comedia y ni siquiera su mujer (Martha Carbillo) ni su hija (Verónica Doza) y mucho menos Isabel, creen en él. Además, el pobre no pega una. Estos brujos son típicos de Venezuela y Latinoamérica; en la creencia del pueblo, se piensa que saben más que los mismos médicos…(Para ellos) los más importantes son el médico, el cura y el brujo y este casi siempre conoce de yerbas, que por lo general son medicinales. El caso de Tobías es muy particular porque él ni siquiera busca enriquecerse”.

A la pregunta de Guzmán sobre el aspecto positivo que podía aportar un personaje como este brujo, Cortina le respondió: “El amor a la familia que él demuestra; Tobías quiere mucho a su mujer y a su hija, su mayor deseo es que Isabel salga de allí para que mejore su condición de vida, por eso quiere que se case con Eleazar Meléndez (Carlos Márquez)”.

Fuente: diario El Nacional.
El papel caló rápidamente entre los televidentes y Cortina recibió múltiples respuestas de afecto por parte del público. En esa época algunos brujos venezolanos le aseguraron que le debían a él “sus enormes poderes”, pero Cortina era enfático en cuanto a sus creencias con respecto a la brujería: “No, en la brujería del tipo que trata la telenovela, naturalmente que no, pero no podría decir que soy totalmente incrédulo. Creo en el bien y en el mal, en la fuerza de estos poderes y en la mente; también creo en la reencarnación y en la otra vida. Me atrae la metafísica”. Era nativo de Escorpión y comentó que leía los horóscopos “como casi todo el mundo, pero de allí no paso”.

Las anécdotas con respecto al personaje se multiplicaban: “En el interior siempre sale alguno que dice reconocerme y hasta han asegurado que hace algún tiempo me hice un trabajo con ellos. El otro día recibí un libro, una especie de tratado sobre brujería; me lo llevó una señora para que me asesorara. Otra persona me fue a pedir un remedio para la culebrilla”.

La repercusión de este trabajo le llevó a hacer giras cada fin de semana. Ya fuese acompañando a la Dimensión Latina o en solitario, visitaría Punto Fijo, Maracaibo y Puerto La Cruz, entre otras ciudades del país.

En 1975, durante el 23 aniversario de RCTV, Cortina posa junto
a sus compañeros de labores. Es el sexto de izquierda a derecha,
en la segunda fila, junto Marisela Berti y Chony Fuentes, justo detrás
de Pepeto López. Fuente: archivo RCTV.
Cortina tenía una visión crítica con respecto a la televisión nacional. En esa época, mencionaba el rating como el gran enemigo de la pequeña pantalla: “Esa competencia despiadada no hace otra cosa que producir programas de baja calidad. El día que se acabe esa manera de hacer rating, entonces estoy seguro de que la calidad de la TV mejorará. Pienso que la televisión debe tener buenos programas musicales, al canal 2 le falta uno, también espacios infantiles”.

En cuanto a los llamados “culebrones”, aseguró: “El folletín ha existido siempre, en  el siglo pasado los grandes novelistas escribían sus obras por entregas; el problema radica en la calidad. Novelas amorosas para que la gente sueñe siempre las habrá, lo que deben procurar es hacerlas bien, que en el fondo haya un mensaje”.

En una escena de La empresa perdona un momento de locura.
El actor manejó durante varios años un grupo de teatro infantil con fines didácticos, el cual tuvo que abandonar debido a lo absorbente de las responsabilidades vinculadas con su trabajo televisivo. Con esta agrupación teatral efectuó varias giras a la provincia y en él, junto a su hermana, se ocupaba desde la confección del vestuario hasta la escenografía.

En el cine nacional, Eduardo Cortina participó en tres películas importantes de los años 70, siempre en pequeños roles secundarios: La quema de Judas  (Román Chalbaud, 1974), El Pez que fuma (Román Chalbaud, 1977) y La empresa perdona un momento de locura (Mauricio Wallerstein, 1978).

En una escena de Estefanía, junto a Renato Gutiérrez,Verónica
Doza y un actor no identificado. 
En 1979, interpretó el personaje de Querique en Estefanía, una de las telenovelas más exitosas de la década, protagonizada por Pierina España, José Luis Rodríguez y Carlos Olivier. En esta historia de época encarnaba a un zapatero que además era miembro de un grupo de combatientes en contra del ficticio régimen dictatorial de Marcos Suárez Figueres. El argumento de Julio César Mármol estaba inspirado en un hecho real de la historia venezolana: la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, quien en los años 50 había gobernado Venezuela con mano férrea. Destacaban además dos característicos de lujo: Gustavo Rodríguez como Pedro Escobar y Tomás Henríquez como Manuel Fulvio Lanz.

En el siguiente video pueden ver a Eduardo Cortina interpretando a Querique, junto a José Luis Rodríguez en su rol de El Guácharo:


La década de 1980 inició prometedora: participó en la miniserie Gómez I, de José Ignacio Cabrujas, donde interpretó a Nereo Pacheco, el esbirro a cargo de los calabozos de La Rotunda; e intervino en Pensión Amalia, una telenovela de Salvador Garmendia protagonizada por Amalia Pérez Díaz, Renato Gutiérrez y Tatiana Capote.

Sobre su rol en Gómez I, confesaría en una entrevista al periodista Armando Carías(3): “Yo tengo cierta vinculación con el asunto porque soy hijo de un edecán del general Gómez, el coronel Ceferino Ruíz”. Contó que sobre el Benemérito había leído todo lo que había estado a su alcance, incluso tenía una carta del coronel Ruíz pidiéndole la libertad de unos presos. Conservaba además un sable y fotos que habían sido de su padre.

“Nereo Pacheco era un hombre sumamente cruel por los avatares de la vida”, agregó en dicha conversación. “Era el que le echaba vidrio molido a los presos en la comida y hacía el trabajo sucio que no podía hacer el propio Gómez”. Paradójicamente, no ocultó su admiración por el general, incluso dijo que era a quien más admiraba después del Libertador Simón Bolívar, pues lo consideraba el auténtico hombre fuerte de la historia de Venezuela.

Doris Wells y Carlos Márquez en La Fiera.
Debido al éxito que había obtenido la transmisión de La Fiera entre el público latino en Norteamérica, en noviembre de 1980 Eduardo Cortina viajó a Nueva York junto a Doris Wells y Carlos Márquez, contratados para presentarse en los teatros Palladium y Boulevard de aquella ciudad. Según Doris, Cortina fue el que logró mayores aplausos, pues puso en evidencia sus condiciones vocales e interpretó varias canciones, entre ellas Borinquén, dedicada al público portorriqueño, que despertó el entusiasmo de los espectadores. Asimismo, compró collares para regalarlos entre los asistentes, simulando a los que usaba Tobías en la telenovela.

Aunque el futuro se visualizaba promisorio, la gordura de Eduardo a tan temprana edad siempre había sido motivo de preocupación entre sus compañeros, quienes le recomendaban que siguiera una dieta más saludable. En esa época se le notaba cansado y de respiración jadeante (4), pero él nunca hizo caso a las advertencias acerca de su salud.

Cortina: problemas de peso ponían en riesgo su salud.
A finales de diciembre de 1980, Cortina viajó a Maracay a pasar las fiestas de Fin de Año junto a unos familiares. En la mañana del 2 de enero de 1981 dijo sentirse mal y, ante la gravedad de su malestar, a las 8:00 am su sobrino Ricardo Soret le llevó al Hospital Central de Maracay. La atención fue rápida, pero no hubo nada que hacer. A las 8:30 am murió víctima de un infarto fulminante al miocardio en la sala de emergencia del centro hospitalario. El sepelio se llevó a cabo el 3 de enero de 1981, luego del velatorio en su casa ubicada en la urbanización Ruiz Pineda, en Caracas.


Su temprana e intempestiva desaparición física dejó consternados a sus compañeros de trabajo, quienes le recordaban no solo como un valioso intérprete dramático, sino también como un hombre bueno y servicial, incapaz de hacerle daño a nadie.

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Fuentes consultadas:

(1) y (2). Guzmán, E. (1978). “Tobías Jurado” el brujo de La Fiera capitaliza la atención en televisión. Diario El Nacional, 30/08/1978, página B-28.

(3) y (4) Murió el actor Eduardo Cortina. Un hombre bueno con antifaz de malo. El Nacional, 03/01/1981, s/p.

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viernes, 13 de febrero de 2015

1981: un año difícil de digerir

Sello filatélico conmemorativo del XI Censo Nacional
de Población y Vivienda. Año 1981.
"Para Venezuela todos cuentan". Tal era el lema del XI Censo General de Población y Vivienda, efectuado en nuestro país el 20 de octubre de 1981. Y era verdad: para realizarlo se descartó el muestreo como método de recolección de información y se optó por inmovilizar a los venezolanos con un día de empadronamiento masivo en las ciudades. Como empadronador voluntario, mi participación en este censo se convirtió en casi una aventura.

Salí de mi casa muy temprano, carpeta y planillas bajo el brazo. El trabajo no pudo ser más duro y desalentador: allí, frente a la avenida Intercomunal Cabimas Lagunillas, principal vía de comunicación terrestre de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, se encontraba el barrio asignado, con carreteras de tierra y casas donde vivían a veces hasta más de 10 personas, la mayoría niños.

Los datos que iba recabando evidenciaban las características generales de los encuestados: algunos trabajaban de manera permanente, pero el mayor porcentaje apenas ocupaba cargos ocasionales; los servicios públicos eran deficientes y la disparidad de construcciones en las viviendas iba desde un casi rancho hasta una casa con platabanda.

La verdad sea dicha: la gente siempre fue receptiva para responder al cuestionario, especialmente si consideramos que quien transcribía la información era apenas un joven de 16 años, cursante de quinto año de bachillerato.

Luis Herrera Campíns.
No fue 1981 un año como cualquier otro. Por el contrario, diversos sucesos  hacían prever el colapso del sistema económico y social de nuestra etapa democrática. Así, un presidente cuyo lema de campaña en 1978 había sido “¿Dónde están los reales?” se vería enfrentado a la realidad de que la Venezuela Saudita de la década de los 70 había muerto y que los fantasmas penitentes de la inflación, la escasez, la corrupción y la pobreza ya dejaban de ser referencia para convertirse en cotidianidad.

Fumar ya no era una opción saludable.
Fuente: Página web Cuando era chamo.
El 1º de enero  de ese año se inició con preocupación para los dueños de las televisoras nacionales: ese día comenzó a regir el Decreto Presidencial N° 849, en el que se prohibía la transmisión por ese medio de toda publicidad comercial que indujera directa o indirectamente al consumo de cigarrillos y demás productos derivados del tabaco; esta normativa se complementaría con el Decreto Nº 996, con vigencia a partir del 1º de abril, que extendía dicha prohibición a la radio.

Formaban parte de varias medidas que el gobierno del presidente Luis Herrera Campíns aplicaría durante su gestión y que tuvieron un singular impacto para la organización del medio televisivo en nuestro país.

Las marcas de cigarrillo apelaban a
la publicidad subliminal.
Previo a la implantación de estas regulaciones, ya se habían iniciado algunas restricciones de horarios, reglamentación de ciertos comerciales y del contenido de las transmisiones de cada planta televisiva. Fue el periodo cuando se estableció que solo podrían dedicarse 15 minutos por cada hora a la publicidad comercial, incluyendo la promoción de la estación y excluyendo la identificación de la misma. Las cuñas de bebidas alcohólicas se transmitirían únicamente a partir de las 9:00 de la noche, a excepción de las de vinos y cerveza, que podrían difundirse a partir de las 7:00 de la noche. La programación de las televisoras se restringió de lunes a jueves al horario de 6:00 am a 1:00 am, mientras que de viernes a domingo no tenía límite de tiempo.

Fue la época cuando se decretó la inclusión obligatoria de la advertencia en la promoción de cigarrillos de que su consumo era nocivo para la salud. Lejos de la TV y de la radio, los chicos de la marca Belmont (♪Tucutucutucutu♫) se fueron a divertir a la playa en la pantalla grande, mientras nosotros los mirábamos con envidia desde las butacas de los cines de provincia.

Cabe recordar que la regulación de la publicidad de licores y cigarrillos sirvió de ejemplo a otros países del continente para que tomaran acciones parecidas. Aunque estos decretos fueron emitidos bajo la premisa de que el Estado debía velar por la protección y mantenimiento de la salud pública, los medios de comunicación no vieron con buenos ojos esta medida e iniciaron un prolongado veto a Luis Herrera por considerar que la decisión iba en contra de la libre empresa.

José Bardina abandonaría la botella en la ficción.
Promoción de La Zulianita. Fuente: Youtube
Sin embargo, las normas no se limitaban al ámbito publicitario. El consumo de bebidas alcohólicas y cigarrillos estaba expresamente prohibido en los programas televisivos, incluyendo las telenovelas, por lo cual el hábito de tomar una copa de brandy o whisky al llegar de sus respectivos trabajos en la ficción quedó totalmente prohibido para los protagonistas masculinos.

Menudo: la sensualidad en carne adolescente.
Portada del disco Quiero ser (1981).
Otro de los aspectos que consideró esta reglamentación fue  lo concerniente a la intervención de menores de edad en determinados espacios y la eliminación de toda aquella situación que auspiciara vicios, percepción de falsas realidades e incitación al consumismo.  Los principales afectados por esta medida fueron los integrantes del grupo puertorriqueño Menudo, cuyos integrantes adolescentes acostumbraban usar en sus presentaciones vestimentas algo reveladoras y movimientos considerados lascivos y susceptibles de corromper la virtud de las inocentes doncellas venezolanas.


La “Menuditis” comenzó en abril, con una fuerte promoción del grupo borinqueño, y había despertado un verdadero furor entre niñas, jovencitas y damas no tan mozas. Sus visitas generaban un amplio revuelo en el país, tanto así que sus integrantes —Johnny, Xavier, René, Ricky y Miguel— fueron contratados por RCTV para protagonizar la miniserie de corte juvenil Quiero ser, título homónimo de su álbum discográfico que llegaba a récords de ventas. Les acompañaba en los créditos protagónicos Caridad Canelón, un valor interpretativo en alza quien casualmente ese año arribaba a su vigésimo aniversario de trayectoria profesional y coronaba su carrera con dos estupendas actuaciones en Elizabeth y Maite, ambas con Orlando Urdaneta.

La competencia criolla a Menudo tomaría cuerpo ese mismo año con el grupo Los Chamos, lanzado desde VTV por el productor musical Luis Gerardo Tovar y el empresario José Page, entonces presidente de la empresa discográfica Velvet de Venezuela, para aprovechar la popularidad del grupo puertorriqueño. Luego, en 1982, alcanzaría mayor proyección al ser contratados por Venevisión. De allí saldrían Gabriel Fernández, quien lograría amplia proyección en México; y, más tarde, Adolfo Cubas y Carlos Baute.

Otros que se preocupaban por las limitaciones establecidas en la ley eran los productores, guionistas y directores de dramáticos, pues la actuación de pequeños actores como Amílcar Rivero, quien participaba en la telenovela Angelito, debía ser cuidada al máximo para evitar sanciones.
Guillermo "Fantástico" González.
1981 definitivamente no fue un buen año para Radio Caracas Televisión y no precisamente por estas restricciones. El 19 de enero en horas de la mañana, durante la transmisión de una cuña de refrescos, el canal 2 dejó colar algunos segundos de escenas pornográficas. A pesar de que uno de los técnicos cortó de inmediato el comercial, ya el mal estaba hecho. El canal fue cerrado por 24 horas por parte del Ministerio de Transporte y Comunicaciones (MTC). Meses más tarde, en el programa  Fantástico de Guillermito González, se presentó el segmento  “Cuadros vivientes”, con hermosas vedettes semidesnudas decoradas con pintura corporal. Nuevamente RCTV fue sancionada por el MTC al emitir imágenes consideradas como pornográficas y su programación fue sacada del aire.

Pierina y los rumores de su matrimonio en secreto.
Seamos honestos: tampoco era que la programación de Venevisión, el principal canal de la competencia, estuviese dirigida a monjas de clausura. Eran los tiempos en que la exuberante Thelma Tixou se presentaba en Sábado Sensacional en un show no precisamente para menores de edad.

En materia de producciones dramáticas, la pequeña pantalla se reivindicó con sus televidentes, si bien fue un año irregular. Las dos grandes estrellas de RCTV intervinieron solo en miniseries de calidad: Marina Baura protagonizó la segunda parte de Gómez, junto a Rafael Briceño y Gustavo Rodríguez; y luego se alejó del medio para dedicar su tiempo a estudiar inglés en Estados Unidos. Doris Wells, por su parte, se convertía en La Comadre, de Román Chalbaud. Aunque el rating para ambos dramáticos no alcanzó números estelares, el público y la crítica reconocieron el valor de ambos trabajos. Por su parte, Mayra Alejandra y Jean Carlos Simancas estelarizaban Luisana Mía, un clásico sobre las relaciones matrimoniales y los celos escrita por Ligia Lezama, que dejó para el recuerdo la balada “Quizá sí, quizá no”, en la voz de Sabú. Pierina España se casaba discretamente con Alberto Gómez Ruíz e iniciaba su paulatino retiro de la pantalla.  

Grecia era Rosalinda.
Fuente: revista Ronda.


Fuente: Recordar es vivir:
las telenovelas 
del ayer.
Mientras tanto, una  nueva generación de bellas actrices alcanzaba estatus protagónico en los espacios estelares de las plantas televisivas. Hilda Carrero y Eduardo Serrano repetían como pareja en Andreína; Grecia Colmenares  protagonizaba Rosalinda, junto a Carlos Olivier; y Elluz Peraza acompañada de Luis Abreu trataba de llevar a flote la adaptación del cuento Urupagua, bajo el nombre de La fruta amarga, desde el canal de estado (VTV). La nota insólita la encarnaría Hazel Leal en horario vespertino, quien asumía el rol de Lady Marian en La Hija de Nadie, una improbable historia de lords y castillos ingleses junto a Javier Vidal, con Yajaira Orta en rol de antagonista y Dilia Waikarán en un personaje característico: la dama del velo.

La sorpresa del año la trajo Televisora Nacional Canal 5, quien lejos de todo pronóstico y bajo la gestión de Ricardo Tirado, inauguró el reinado de las producciones brasileñas al transmitir La Esclava Isaura en su primera versión (1976), protagonizada por Lucelia Santos, Rubens de Falco y Edwin Luisi. Además de rescatar del olvido a esta planta, abrió al público televidente una opción “cultural” que luego continuaría con otros éxitos de audiencia como La Sucesora.

Lupita Ferrer. Fuente:
revista Ronda.
Se anunciaba que Lupita Ferrer se quedaba en Venezuela para comenzar una nueva telenovela (el rumor apuntaba a Rubens de Falco como coprotagonista), pero no sería Lupita sino Flor Núñez quien se encargaría de ese rol estelar en una producción que se convirtió en el suceso de 1982, acompañada además por el borinqueño Daniel Lugo: La Bruja.

Marisela se convierte en
madre. Fuente: Ronda
Buenas nuevas se difundían para algunas damas jóvenes de la TV: Marisela Berti se convertía en madre en Puerto Rico, fruto de su unión con el cantante Chucho Avellanet; Carmen Julia Álvarez, luego de infructuosos intentos, felizmente traía al mundo a Danielita Alvarado; y nuestra primera Miss Universo, Maritza Sayalero, tenía su primer heredero con el tenista Raúl Ramírez.

A propósito de misses, 1981 fue el año insólito en que reinaron tres Miss Venezuela. La historia fue así: en mayo Irene Sáez, que portaba la banda de Miss Miranda, sustituía a Maye Brandt, cuya participación en el Miss Universo el año anterior había sido menos que discreta.  Miss Aragua, Pilín León; y Miss Distrito Federal, Miriam Quintana, ocuparon los lugares de primera y segunda finalista, respectivamente.

Irene, al estilo Barbie.
Fuente: revista Venezuela Gráfica.
En julio, Irene viajó a Estados Unidos de Norteamérica para acudir a la trigésima edición del concurso Miss Universo, celebrado en el Teatro Minskoff, en Nueva York.  El 20 de julio, la mirandina de 19 años sorpresivamente se alzó con la corona y se convirtió en la segunda en obtener esta distinción para nuestro país en menos de dos años. La llegada de Irene se convirtió en todo un suceso nacional, transmitido en vivo por las cámaras de Sábado Sensacional; entre las invitadas especiales figuraba Maritza Sayalero, Miss Universo 1979.
De las pocas fotografías de Irene en traje de baño.

Sobre esta experiencia, la miss que luego se convertiría en alcaldesa del municipio Chacao y gobernadora del estado Nueva Esparta, además de aspirante al cargo presidencial, dijo: "Me dio la oportunidad de conocer a personalidades importantísimas de la política internacional: Margaret Thatcher, Reagan, Pinochet... Visité gente sencilla de pueblos humildes... Me creció la conciencia social y el orgullo de pertenecer a mi patria...".

Ante la ausencia de Sáez, Pilín León asumiría las responsabilidades como “reina” de Venezuela. En noviembre partió hacia Londres para representar a nuestro país en la trigésima primera edición del certamen Miss Mundo, cuya final tuvo lugar el jueves 12 en el Royal Albert Hall de Londres.  Lo que nadie esperaba era que Pilín lograra coronarse frente a las otras 66 candidatas, convirtiendo a nuestro país en el primero en contar con dos reinas de belleza internacional en un mismo año.

Para León, este "fue un concurso divino. En ese tiempo no existían las escuelas de glamour ni de fogueo periodístico, como hay ahora. Cada candidata se defendía como fuera, con tal de verse bien. Osmel Sousa, hoy presidente de Miss Venezuela, era quien nos orientaba o sugería a los diseñadores y peluqueros". El regreso a Venezuela se convirtió en otro suceso nacional y la maracayera recorrió triunfante las calles junto a la pionera de los reinados de belleza internacionales, Susana Duijm, quien se había coronado en 1955.

Ante la ausencia de las dos primeras, Miriam Quintana se convirtió en la verdadera Miss Venezuela 1981, ya que fue la encargada se asumir todas las responsabilidades durante ese periodo. Así lo anunció Carmen Victoria Pérez durante la celebración del concurso en 1982 y fue Quintana quien entregó todas las bandas. Irónicamente, ella diría durante una entrevista: "Me siento la versión femenina de Pepi", refiriéndose a Rafael “Pepi” Montes de Oca, ministro de Relaciones Interiores durante la gestión de Herrera Campíns, quien asumía como presidente encargado de Venezuela durante los viajes al exterior del primer mandatario nacional.

Curiosamente, ante los negros nubarrones que se asomaban en el horizonte para las televisoras nacionales y para la economía en general, reconocidas estrellas internacionales nos visitaron casi en tumulto ese año: el cantante brasileño Nelson Ned; los españoles Raphael, Trigo Limpio y Rocío Dúrcal; la norteamericana Gloria Gaynor, ya en el ocaso de la música Disco; el pianista Richard Clayderman, cuya Balada para Adelina sonaba insistentemente por las emisoras radiales; los mexicanos Beatriz Adriana, Vicki Carr, María Félix y Cantinflas; los salseros Daniel Santos y Celia Cruz, que hacía de Venezuela su segunda casa.

Brooke Shields, aun con el eco del éxito de La laguna azul detrás de sus hombros, se presentaba bellísima, ataviada con un vestido blanco y arrullada por José Luis Rodríguez mientras, impertérrita, se mantenía con su sonrisa congelada, en el programa Fantástico. Gina Lollobrígida nos acompañaba con su magnífica madurez durante una entrega de premios en RCTV; Sidne Rome, cuya efímera carrera cinematográfica y su relación con Julio Iglesias le había brindado cierta notoriedad, también se hizo presente en Caracas, al igual que Hervé Villechaize, famoso por su personaje de Tatoo en La isla de la fantasía. Lou Ferrigno se pintaba otra vez de verde para encarnar a Hulk el Hombre Increíble en un segmento de Sábado Sensacional. Una fotografía suya, como célebre comensal del restaurant Da Guido, ubicado en la avenida Solano de Caracas, se mantendría durante varios años como atractivo para los clientes del local.

Erick Estrada, el patrullero de Chips Patrulla Motorizada; y Richard Anderson, quien interpretaba a Oscar Goldman, el jefe de El Hombre Nuclear, también se hicieron presentes desde la pequeña pantalla local.  Dos “Ángeles de Charlie”, en diferentes momentos, aterrizaban su hermosa humanidad en tierra caraqueña: Cheryl Ladd y Farrah Fawcett. Sobre esta última visita, Ricardo Peña, productor general de Sábado Sensacional, recordaba a la famosa Jill Monroe: "Era una mujer divina, para nada diva como mucha gente podía pensar. Recuerdo que la traje junto a Ryan O'Neal…aceptó vestirse de karateca y hacer una rutina de combate en artes marciales, apegado a lo que ella hacía en la serie que la lanzó a la fama".

La pareja conformada por Amanda Miguel (“Él me mintió” se convertiría en su himno de batalla) y Diego Verdaguer (La ladrona sería su carta de presentación y despedida) era seguida desde sus apariciones en Fantástico. Para no quedarse atrás, el canal del Estado traía a las estrellas de La Esclava Isaura: el malvado Leoncio (Rubens de Falco), la inocente Isaura (Lucelia Santos) y el gallardo Álvaro (Edwin Luisi).

En el panorama musical,  Doris Hernández y Pablo Schneider  obtenían premios como director, arreglista e intérprete en el Festival de Puerto Rico. Paralelamente, ese año significó la disolución de la exitosa agrupación Las 4 Monedas. Luego de un corto noviazgo, Brenda se casaba en Estados Unidos con un joven norteamericano y se marchaba para radicarse en el norte con su esposo. Gregory ya había comenzado su carrera como solista y desarrollaba varias giras en Suramérica. Así que, rápidamente, el resto de los hermanos se dedicó a sus respectivas actividades profesionales y de los hermanos O’brien hoy solo queda el recuerdo de sus canciones: Buena suerte. Para recordar a esta agrupación, un video recopilatorio de su trayectoria elaborado por Súper Sábado Sensacional:


Eduardo Cortina falleció en enero de 1981. En la
foto como Querique, en la telenovela Estefanía.
La gran actriz de radio y televisión, Olga Castillo, arribó a sus 50 años de trayectoria y fue homenajeada, como correspondía, en un programa especial en Sábado Sensacional. También la Primerísima Mirla Castellanos celebró sus 20 años de vida artística. Pero ese año también trajo consigo lamentables pérdidas para nuestra televisión: fallecen el recordado publicista y profesor Néstor Luis Negrón; el gran actor característico Eduardo Cortina, inolvidable como el brujo Tobías en la telenovela La Fiera; y la veterana actriz Aurora Mendoza, comediante de primera, recordada por su participación en Él y Ella, así como por sus roles característicos en telenovelas como Raquel, Cristina y, más recientemente, como abuela de Pilar (Doris Wells) en La señora de Cárdenas (1977).

Raiza Ruíz y Rómulo Ordóñez, capitán de la aeronave.
Fuente: blog Crónicas del Tánato.
En septiembre de ese año, se registró uno de los hechos más curiosos en los anales de la historia de nuestro país: una avioneta Cessna 207 YV-244C que cubría la ruta Puerto Ayacucho-Maroa-San Carlos de Río Negro, dentro del entonces Teritorio Federal Amazonas, chocó contra un árbol y se precipitó a tierra. Un grupo rescatista llegó al lugar del siniestro y encontró a los ocupantes de la avioneta muertos, excepto a la médico Raiza Ruiz. Rápidamente y sin mayores pruebas de por medio, los rescatistas asumieron que unos huesos calcinados en el lugar correspondían a la doctora y la declararon también fallecida. Dos días después, recibió un funeral simbólico en Caracas.

La exhumación de los supuestos
"restos" de Raiza Ruíz. Fuente: diario
Panorama.
Sorpresivamente, una semana después del siniestro, Raiza Ruiz fue localizada con vida en una aldea indígena en Agua Blanca, donde había sido tratada y mantenida saludable gracias a los métodos de curación tradicionales de esa etnia. Fue trasladada a un hospital en Puerto Ayacucho y pasó tres semanas en una unidad de cuidados intensivos. La Fiscalía ordenó entonces exhumar los restos sepultados. Lo que encontraron fue dos sacos de cal y una bolsa negra, dentro de la que había una costilla de venado y un fémur de lapa. Su historia causó sensación en los medios de comunicación nacionales. En 1982 Carmen Julia Álvarez encarnaría a la diminuta galeno en un unitario transmitido por RCTV llamado, precisamente, La tragedia de Raiza.

Así estábamos, entonces, en 1981. Sin saber cuántos éramos, con Raiza Ruíz perdida y “resucitada”, una televisión que en plena crisis nos deslumbraba con estrellas internacionales y los malos augurios rondando alrededor de nuestras cabezas.

Como empadronador, trabajé el día del censo hasta las cuatro de la tarde. Había almorzado, pero el calor imperante me produjo una indigestión. Cuando llegué a casa, al final de la tarde, me sentí muy mal. Me dolía la cabeza. Vomité. ¿Tal vez una respuesta orgánica a todo lo que había visto y vivido hasta entonces?

Casi un año después de la realización del censo, se conocieron los resultados: Éramos 14.516.735 venezolanos para ese momento. De 2 millones 710 mil  862 hogares registrados, un millón treinta mil se encontraba bajo el límite de la pobreza crítica.

Gustavo Dudamel. Fuente: diario Panorama.
El Nacional anunció en primera
plana la muerte de Betancourt.
Llama la atención que el 28 de septiembre de 1981 falleció en Nueva York el expresidente Rómulo Betancourt, a quien durante muchos años conocimos como el Padre de la Democracia venezolana. Casualmente, 1981 también fue el año en que nació en Barquisimeto, estado Lara, el afamado director de orquesta Gustavo Dudamel, quien surgiera del Sistema de Orquestas Nacionales dirigido por el maestro Abreu. A pesar de nacer en lo que hoy es llamada la Cuarta República, tanto el Sistema como Dudamel pasean su inigualable talento musical por el mundo como ejemplo del “Hombre Nuevo” creado por la llamada Revolución Venezolana.