domingo, 13 de septiembre de 2015

La cruz de Sergio Sarcos

«Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; 
y el látigo es únicamente para autoflagelarse».

Truman Capote, 
prólogo de Música para Camaleones

Sergio Sarcos y un puñado de cruces. Foto: Mirna L. Chacín
Una cruz de gran tamaño da la bienvenida a los visitantes y sintetiza de manera vibrante la simbología de la fe cristiana: dentro de ella, la virgen María y el niño Jesús reinan en el ícono de la crucifixión de El Salvador, para recordarnos que lejos de significar el martirio de Jesús, representa el triunfo sobre la muerte y la salvación para los creyentes.

Fueron los bárbaros quienes introdujeron este cruento método de ejecución de los delincuentes, el cual fue adoptado posteriormente por los griegos y, luego, por los romanos. El Deuteronomio (21: 22-23) lo menciona como un castigo abominable: «Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad». 

Cristo tricolor. Cortesía: Sergio Sarcos
Sin embargo, para los cristianos, la muerte de Jesús en la cruz, lejos de ser vergonzosa, es una muestra de su amor y sacrificio por la salvación de la humanidad. Tal como lo afirma Juan (3:16): «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». El Apóstol Pedro lo reiteraría (Pedro 2:24), al referir que Jesús, «quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados».

Es interesante recordar estas referencias bíblicas, aunque no se profese la religión católica, cuando uno visita la exposición Por este puñado de cruces, del artista plástico Sergio Sarcos, muestra que desde el pasado 10 de septiembre se encuentra a disposición del público en la sala Sergio Antillano del Teatro Baralt, en Maracaibo.

Nuestra Señora de Coromoto.
Foto: José Gregorio Marcano
Quien conoce a Sarcos sabe de su pasión por el Arte, así, en mayúsculas. Una pasión que comparte diariamente a través de las redes sociales, al difundir selectas obras de los más exquisitos artistas del orbe. Quien lo conoce también sabe de su acendrada fe religiosa, la cual ha permeado su producción artística a lo largo de los últimos años. Por ello, la exposición que celebra sus 36 años de trayectoria muestra la evolución de su trabajo reciente, colmado de santas, santos, ángeles…y cruces.

No hay fotografía que documente con justicia las obras de Sergio Sarcos. Él, hábil dibujante e ilustrador, ha añadido una minuciosidad en sus creaciones que difícilmente pueda ser capturada por la lente de una cámara. A la limpieza del dibujo, a la línea perfecta, a la cuidadosa disposición de las figuras, generalmente planas en su soporte bidimensional de cartón o papel, agrega la labor del artesano con aplicaciones de bisutería y elementos varios que añaden dimensionalidad y brillo a sus santos, vírgenes y cristos. Al sutil color proveniente del uso prolijo de la acuarela, suma arabescos con acrílicos, minúsculos puntos de color, sombras en creyón, delineado con tinta china…

Un rincón de la exposición.
Fotografía: José Gregorio Marcano
Las figuras religiosas de Sergio Sarcos no escapan de la imagenería convencional que la tradición cultural y artística les ha asignado. Pero las vírgenes, santos, ángeles y cristos del artista son “otra cosa”. Casi siempre con plácidas sonrisas, a veces mirando al espectador, reinando en el pequeño formato que les brinda cobijo.

Los cristos de Sarcos no son para nada figuras sufrientes: por el contrario, su rostro refleja una serena belleza, tal como corresponde a quien se le considera el Salvador del Mundo. Vestido con túnicas engalanadas, especialmente los de gran formato, los brazos abiertos abrazan con sincero afecto a quienes se les acerca, aun cuando tenga los ojos cerrados, la mirada ausente. Sin embargo, algunos se encuentran desnudos, mostrando sus partes pudendas, desprovistos de ropaje y de hipocresía. No son personajes martirizados, a pesar de que clavos hieran sus carnes y sangre mane de sus manos y pies. Son representaciones del cristo reencarnado, redentor de la humanidad, seres de luz surgidos de la mente creadora de este marabino excepcional.

Foto cortesía Sergio Sarcos
Llama la atención las cruces de pequeño formato pintadas con los colores de la bandera venezolana, alguno con solo siete estrellas, otro negro…¿representaciones de la esperanza de redención para un país en conflicto?

La exposición se estructura, espacialmente, en cuatro partes: a la izquierda, la Virgen de Chiquinquirá, patrona del pueblo zuliano; a la derecha, un homenaje a San Benito, el santo negro, cuya hermosa piel oscura adquiere tonos casi brillantes que destacan el rostro europeo (sí, europeo) y hasta infantil. Al fondo, un homenaje a los ángeles (desnudos, femeninos, voluptuosos) y un altar con las imágenes de Santa Bárbara, San Sebastián, Santa Rosa de Lima, el santo Niño de Atocha, María Rosa Mística, las vírgenes de Fátima y Guadalupe…

Santa Bárbara. Fotografía: José Gregorio Marcano
Otras advocaciones de María reinan en el rincón izquierdo, detrás de dos cruces dispuestas de manera casi flotante y otras apiladas contra la pared: Nuestra Señora de Coromoto, la Virgen del Valle, Nuestra Señora del Rosario de Cabimas…Todas con el sello del pintor: serenas, coloridas, de delicadas facciones.

El abultado número de obras merece que le dediquemos tiempo para detallar su cuidadosa ejecución. Algunos se admirarán por su preciosismo decorativo, pero la experiencia de observación mejorará aún más si nos detenemos a “leer” ese discurso creativo que va más allá de la mera ejecución del artista y que nos permite conocerlo, sentirlo…admirarlo. Sin ánimos de exagerar, creo que es una experiencia diferente. Incluso, si pudiera, se los podría jurar…¡Por este puñado de cruces!

Virgen de Chiquinquirá.
Un aspecto de la exposición.
Virgen de Chiquinquirá.
Otra representación de La Chinita.
Cristo moreno en un nicho.
Autoretrato con armadura.
Virgen de Guadalupe.
Cristo desnudo.
Fotografías: José Gregorio Marcano

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