domingo, 12 de julio de 2015

Alla Nazimova: de Rusia con amor

“Deseo poder quemar cada pulgada de mis películas. 

Me avergüenzo de ellas.”  

Alla Nazimova, 1929
Alla en la foto original para la portada de la revista
Motion Picture de julio, 1918. Fuente:
 allanazimova.com
Es otoño de 2014 en Columbus, una pequeña ciudad de Georgia, en los Estados Unidos de Norteamérica. Llevado por la curiosidad, el joven estudiante universitario Jack Raines  hace un inesperado hallazgo: guardados en un baúl dentro de un antiguo edificio de almacenamiento, ubicado detrás de los terrenos de la casa de su abuela, están varias prendas de vestir de quien fuera una de las actrices más celebradas e influyentes del Hollywood de principios del siglo XX: Alla Nazimova. Otros cuatro maleteros también pertenecientes a la famosa intérprete estaban vacíos.

Entre los artículos encontrados por Raines figuraba una peluca con perlas de utilería que usó Nazimova en Salomé, película independiente objeto de culto que ella protagonizó, escribió y dirigió en 1922. No era precisamente un hallazgo arqueológico extraordinario —hasta el mismo Raines reconoció que ni siquiera sabía quién era Nazimova—, pero a juicio de Martin Turnbull, co-fundador de la Alla Nazimova Society,  "la peluca es un producto invaluable de la era del cine mudo. Su descubrimiento 90 años después del estreno de la película es un hallazgo importante para los historiadores de cine y aficionados de la época dorada de Hollywood en todo el mundo."

La peluca usada por Nazimova en Salomé, antes y ahora.
Fuente: allanazimova.com
Para el no lector no avezado, Alla Nazimova no deja de ser más que un nombre exótico de una diva prácticamente desconocida hoy en día. De hecho, si en algún momento se trae a colación es para referirse a ella como un ícono cultural del cine silente ligado a casi todas las lesbianas prominentes del Hollywood de la época y a íconos gay
que van desde Oscar Wilde y Rodolfo Valentino hasta Montgomery Clift. Sin embargo, su trayectoria profesional y personal es fascinante, a pesar de concentrarse actualmente en las facetas más oscuras  de su sexualidad.

Ahora, cuando este 13 de julio se cumplen 70 años de su desaparición física, es una buena oportunidad para recordar un poco de su vida y obra.

Según reportan sus biógrafos, Alla Nazimova nació el 22 de mayo de 1879 en el seno de una familia judía en Yalta, Crimea, actualmente perteneciente a Ucrania pero que entonces formaba parte de  Rusia. Su verdadero nombre era Mariam Edez Adelaida Leventon.

Un hermoso rostro para una actriz legendaria. Fuente:
salomenazimova.wordpress.com
Al separarse sus padres, su infancia transcurrió en hogares temporales y de parientes. Desde niña mostró una gran aptitud para la música. A los siete años comenzó clases de violín y a los 17 de interpretación, a pesar de las objeciones de su padre.

Ingresó en el Teatro de Arte de Moscú, donde se unió a la compañía de Konstantin Stanislavsky, de la cual fue alumna. Fue allí donde adoptó el nombre de Alla Nazimova, surgido de la combinación de Adelaida con Nadezhda Nazimova, la heroína de la novela rusa Niños de las calles, a quien ella admiraba.

Fuente: allanazimova.com
Para 1903, el talento interpretativo de Alla era reconocido en Moscú y San Petesburgo. Junto a su novio Pavel Orlenev, hizo una gira por Europa que incluyó Londres y Berlín. En 1905, acompañada por Orlenev, se mudó a Nueva York y fundó un teatro ruso en el Lower East Side. No obstante, el emprendimiento resultó un fracaso y Orlenev regresó a Rusia mientras que ella se quedaba en Nueva York para probar suerte en otros espacios teatrales.

El productor Henry Miller la contrató y le permitió hacer su debut en Broadway en 1906 con gran éxito de crítica y público. Su popularidad creció rápidamente y se convirtió en una estrella del circuito teatral neoyorquino durante varios años, interpretando personajes en obras de Henrik Ibsen y Anton Chéjov como Hedda Gabbler y Casa de Muñecas, entre otras. Su fama era tal que la Organización Shubert nombró en 1910 a su nuevo teatro en el West 39th Street en su honor.

A pesar de sus tendencias lesbianas, Alla se había casado en 1899 con Sergei Golovin, un compañero actor, en un matrimonio de apariencia y del que nunca legalmente se divorció. En 1905 conoció a Charles Bryant, otro actor también homosexual que se convirtió en un supuesto segundo “marido” y con quien estaría unida en los próximos 20 años.

Fuente: memento mori stock.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, en 1915, asumió el papel protagónico de la obra antibélica War brides presentada en el circuito de vodevil. Su interpretación llamó la atención del productor cinematográfico Lewis J. Selznick —ucraniano, como ella—, quien le ofreció 30.000 dólares y un bono de 1.000 dólares por cada día de rodaje ajustado al calendario programado. El éxito obtenido con la versión de cine le abrió camino para consolidarla como una rutilante nueva estrella de la gran pantalla.

En 1917, Nazimova logró un contrato por cinco años en la Metro, con un salario de 13.000 dólares a la semana, una suma astronómica si contamos con que la “Noviecita de América”, Mary Pickford, recibía 3.000 dólares semanales en su contrato con la misma productora. Este acuerdo le concedió el derecho de aprobar el director, el guión y el actor principal de sus películas. Precisamente, parte de su legado fue el convertirse en una de las primeras grandes estrellas cinematográficas en ejercer el control de su propia imagen como celebridad. De hecho, se asegura que en el camino de su carrera cinematográfica jugó un importante papel las hábiles y oportunas reinvenciones de su personaje público. Eran frecuentes sus apariciones ligándose con los espectadores de sus películas, pues ella mantuvo la creencia de la primacía de una aparición en vivo y su participación en las películas no era más que un avance sobre su actuación en el teatro.

Arriesgada Nazimova. Fuente: www.advocate.com
Revelación (1918), la primera película bajo el nuevo contrato, la hizo con su "marido" Charles Bryant y se convirtió en un nuevo éxito, al igual que su próxima película, Juguetes del destino. El próximo paso para Alla fue trasladarse a Los Ángeles para comenzar la producción de Ojo por ojo.

Aunque es difícil identificar el nivel de control y supervisión que Nazimova mantuvo en la producción de sus cintas, ya que muchos de sus aportes no figuran en los créditos oficiales de estas películas, algunos investigadores dan por hecho que ella intervino no solo en la dirección, la producción, los títulos y la edición, pues también recibió crédito de diseño de vestuario en la película Apocalipsis (1918), trabajó como guionista bajo el seudónimo de Peter M. Winters y se le reconoce su labor como directora de imagen para Charles Bryant.

La linterna roja. Fuente: pinterest.com/artmukhin
En 1918 Alla era toda una estrella cinematográfica. Acorde con su nuevo estatus, invirtió 65.000 dólares en una imponente casa estilo español en California, ubicada en el 8080 de Sunset Boulevard, que para esa época aún era un camino de tierra sin asfaltar.  Luego destinó una suma adicional de otros 65.000 dólares en la remodelación interna, la construcción de una piscina y el paisajismo de la propiedad desarrollada en una extensión de tres y medio acres, a la cual llamó pomposamente el Jardín de Alla. La mansión se convertiría rápidamente en un popular lugar de encuentro para la intelectualidad de Hollywood y de un público muy particular, constituido por lesbianas.

Su cinta La linterna roja (1919) fue bien recibida, pero las que le siguieron ese año y el siguiente tuvieron muy mala taquilla. Ya en la encuesta anual de popularidad que publicaba la influyente revista Photoplay, su imagen cayó de la cuarta posición a la 20.

Con Rodolfo Valentino en Camille.
Su última película para la Metro fue Camille (1921), que protagonizaría junto al gran galán de Hollywood, Rodolfo Valentino. La escenografía, de estilo vanguardista y ambiente contemporáneo, corrió a cargo de Natacha Rambova, amiga de Nazimova y futura esposa de Valentino. La producción no fue muy bien recibida ni por la crítica ni por el público, aunque constituyó un éxito moderado. Después de su lanzamiento Nazimova y la Metro se separaron.

En el siguiente video podemos apreciar unas escenas de Camille, con Rodolfo Valentino:


Salomé (1922). Fuente: allanazimova.com
Alla empezó entonces a producir sus películas a través de su compañía, la Nazimova Productions. Primero, estrenó Casa de muñecas (1922), basada en la obra de Ibsen en la que había cosechado grandes aplausos en su versión teatral; luego, presentó Salomé (1922), una adaptación exótica de la obra homónima de Oscar Wilde, nuevamente con Rambova como directora de arte. A pesar de lo impresionante de los decorados y del vestuario, la película se adelantó a su tiempo, tomando importantes riesgos estéticos al incorporar decorados Art Decó inspirados en las ilustraciones realizadas por el artista Aubrey Beardsley para una versión de la obra de Wilde publicada en 1894. Influenciada bajo una fuerte óptica gay, la película devino en un fiasco y afectó sensiblemente la fortuna de Nazimova, lo que la obligó a regresar al teatro, un medio en el cual reinaba cómodamente.

La belleza de Salomé puede apreciarse en algunas escenas mostradas en el siguiente video:


Sensual Salomé. Fuente:
allanazimova.com
Para esa época, Alla ya contaba con más de 40 años y era citada en un supuesto artículo suyo publicado en la revista The Pictoregoer el 22 de julio de 1922 titulado El culto de la belleza. Debemos recordar que en esos años los encargados de promoción publicitaria en Hollywood acostumbraban a distribuir entre los medios gacetillas periodísticas atribuidas a los artistas más famosos, pero que en realidad eran redactados por profesionales de los estudios. Sin embargo, demos por hecho que efectivamente una artista como Alla, tan hedonista pero de igual manera trabajadora, pudiera haber compartido algunas de estas afirmaciones:

“El privilegio de toda mujer es ser bella. Y es también la ocupación de toda mujer. Pero esa tarea no está confinada al espejo o a la evaluación de aquellos que la admiran únicamente por su apariencia. La belleza está más allá de la profundidad de la piel.

Para mí misma, he encontrado la más grande felicidad (y qué belleza es más grande que la felicidad) en estar constantemente activa en mente y cuerpo por al menos 16 horas en cada día. […] He tratado de llenar cada día en gran medida con trabajo duro, lleno de buena lectura, algo de escritura, una hora o dos de música, ejercicio al aire libre, la compañía de amigos que valgan la pena y dedico una pequeña parte a mis perros y otras mascotas. Y cuando hay niños alrededor, adoro su presencia y aprendo muchas lecciones de sus pequeños labios.”

Vista general del Jardín de Allah. Fuente: http://gardenofallah.com/
A mediados de la década de 1920, su situación financiera empeoró y la actriz accedió a permitir que su mansión se convirtiera en un hotel, rebautizado como El jardín de Alá Hotel & Villas. La reinauguración fue el 9 de enero de 1927 y aunque el hotel fue un éxito inmediato, Nazimova tuvo que declararse en bancarrota y se vio obligada a vender su parte, confinada como una inquilina en su antigua propiedad.

El impacto de su presencia cinematográfica ya era valorado por los cronistas de la época. E.R. Thompson, articulista de la revista Pictures and Picturegoer, publicó en 1925 una serie de artículos, en los cuales seleccionó a aquellos intérpretes cuyo trabajo, a su juicio, ofreció una permanente y esencial contribución al arte cinematográfico. Uno de estos artículos lo tituló “The art of Alla Nazimova” (enero, 1925), dedicado a la actriz y en el cual afirmaba:

 “Nazimova ha sido comparada con Pola Negri, con Norma Talmadge, con Theda Bara, y con todas las famosas estrellas sentimentales de su tiempo. Pero ella no se parece a ninguna. Ella es ella misma, solitaria.

Nazimova […] ha tallado para sí misma un nicho con Chaplin en la solitaria cima del arte cinematográfico. 

Como Chaplin, Nazimova es una mimo —esto es decir que es capaz de interpretar todas las emociones, grandes y pequeñas, con toda la capacidad natural que le ha sido dada— […] actúa con cada parte de su cuerpo.

Como Chaplin, su rostro es una máscara impenetrable, suficientemente móvil, pero sin revelar ni un pensamiento de la mujer, la única y vivaz mujer, detrás de la máscara.”


Alla, toda natural, toda una leyenda.
Fuente: allanazimova.com
Llegada la década de los 30 —y con ella el cine sonoro—, Alla estaba dedicada casi exclusivamente al teatro, donde sus interpretaciones seguían siendo alabadas. Ocasionalmente regresaba al cine para interpretar pequeños papeles secundarios como la señora Angustias Gallardo, la madre del torero interpretado por Tyrone Power en la segunda versión de Sangre y arena (1941);  Zofya Orvid, en la cinta En nuestro tiempo (1944); y Doña María, la marquesa, en El puente de San Luis Rey (1944).

Su último rol en la pantalla grande fue el de Zofía Koslowska en Desde que te fuiste (1944), producida por David O. Selznik, un drama de la Segunda Guerra Mundial protagonizado por Claudette Colbert, Jennifer Jones, Joseph Cotten, Robert Walker y Shirley Temple. Irónicamente, David era el segundo hijo de Lewis J Selznik, quien le ofreciera su primer protagónico en la gran pantalla.

Una imagen idílica tomada de Camille.
De las 18 películas mudas protagonizadas por Alla, sólo tres han sobrevivido hasta nuestros días y de ese trío, únicamente La linterna roja, realizada en 1919 para la Metro Pictures, precursora de la MGM, fue un éxito. Las otras dos sobrevivientes son Camille y Salomé.

Alla Nazimova murió el 13 de julio de 1945 a los 66 años en el Hospital del Buen Samaritano en Los Ángeles, California, luego de sufrir una trombosis coronaria. Sus cenizas fueron inhumadas en el cementerio Forest Lawm Memorial  Park Cemetary en Glendale, California. Cuenta con una estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood, en reconocimiento a su contribución al desarrollo de la industria del cine.

Retrato firmado en 1930 para John Hogan. Fuente:
allanazimova.com
Glesca Marshall, actriz y benefactora teatral, fue una de sus amantes más duraderas. Vivió con Nazimova desde 1929 hasta su fallecimiento, cuando se convirtió en su única heredera. Años más tarde, al mudarse a Georgia con su pareja Emily Woodruf, llevó consigo varios maleteros contentivos de propiedades de la actriz. Glesca murió en 1987 y Emily siete años después. Los baúles se mantuvieron en la propiedad cuando la casa fue comprada por la abuela de Jack Raines, ese joven curioso que los encontró casi 30 años después, y nunca fueron revisados hasta 2014. La curiosidad llevó a un afortunado hallazgo que permitió recuperar estas valiosas posesiones, las cuales fueron catalogadas por miembros de la Alla Nazimova Society, una institución constituida en 2013 para promover el legado de esta actriz.

El poder de la imagen de una figura como Alla Nazimova puede estar contenido, tal vez, en la apreciación que ofreciera E. R. Thompson en el artículo ya citado, publicado en 1925:

Fuente: allanazimova.com
“El atractivo de Nazimova nunca está dirigido al corazón, sino a nuestra mente. La admiramos, nos maravillamos con ella, la adoramos tal vez, pero nunca la amamos.  No podemos amar lo que no conocemos, y Nazimova es distante —un misterio.

[…] Ella es desconcertante, distante e impersonal. Se desliza entre nosotros, riendo y sacudiendo esa cabeza rebelde suya, y justo cuando pensamos que la verdadera Nazimova está a punto de mostrarse por fin, se encubre a sí misma en otro de sus brillantes estudios de carácter, se burla de nosotros, se ha ido. Al igual que el camaleón —tomando el color dramático de todas las partes que interpreta—; como una reina —inalcanzable—; como un niño de la calle, travieso, enloquecedor y que nunca será atrapado.

…Y debido a que no la conocemos, y sabemos que nunca la conoceremos, la encontramos fascinante e irresistible. Enviamos nuestros pensamientos tras ella, incluso cuando nuestros corazones son leales a Mary, a  Norma, a Lillian y a las estrellas que hemos amado y comprendido.

Ella ha creado una docena de memorables personajes para la pantalla, cada uno distinto e individualizado, viviendo en una docena de pequeños mundos diferentes, y parecidos en una sola cosa: que todos son —y ninguno de ellos realmente es— Nazimova.”


viernes, 3 de julio de 2015

Ahora también estamos en Versión Final

Los ganadores y miembros del jurado de la segunda edición del
concurso Versiona tu Blog, del diario Versión Final. (Fotografía:
Isabela Marcano)
Este blog nació como una legítima necesidad de compartir nostalgias. Surgió de un taller organizado en 2009 por la ONG Espacio Público, copatrocinado con el Colegio Nacional de Periodistas Seccional Costa Oriental del Lago, bajo la gestión de su secretario general para la época, el colega Ignacio Valbuena. Sin embargo, desde meses antes, había sido concebido en mi mente como un espacio virtual donde acumular recuerdos, esos que ningún medio se interesaría en publicar.

La verdad sea dicha: cuando surgió Mundo de Letras, no tenía aspiración alguna de que a alguien pudiera interesarle las cosas que quería contar. Era un recurso para recrear pasajes de mi vida a través de series de televisión, películas, actrices, obras de arte, álbumes de barajitas, postales… todo aquello que me llevara a lugares más felices que mi entorno inmediato. Nos ha tocado vivir tiempos oscuros, pero en medio de la crisis, la mente se activa y busca mecanismos de escape para sumar fuerzas que nos impulsen a seguir adelante.

Enlace de nuestro blog en la página www.versionfinal.com.ve
Mundo de letras salió tímidamente a esa autopista virtual que es Internet, con la esperanza de encontrar lectores. Para mi sorpresa, había muchas más personas que compartían mis nostalgias. Se fueron sumando seguidores y las visitas diarias crecieron. Uno de mis mayores triunfos lo constituyó alcanzar las primeras 50 mil visitas, luego las 100 mil. Hoy, cuando supera las 200 mil, recibo un regalo estimulante: el diario Versión Final nos premia con la inclusión durante un año en su página web, por haber obtenido el segundo lugar por votación del público en la segunda edición del concurso Versiona tu blog.

Este concurso en línea fue organizado por la gerencia de Innovación y Proyectos Editoriales de este rotativo, para blogueros mayores de 30 años. En él participaron 38 portales, de los cuales seis resultaron ganadores: tres por votación del público y tres escogidos por el jurado, que además otorgó una mención honorifica a otro blog por considerar “bien desarrollado” su contenido.


El público seleccionó en primer lugar a ‘Béisbol adentro’, de Adonis Marcano Domínguez (http://beisboladentro.blogspot.com), el cual  logró 32 mil 214 votos; ‘Mundo de Letras’ (http://mundoparnasiano.blogspot.com/), obtuvo 26 mil 221 puntos, en un honroso segundo lugar; y ‘Entérate Qué Pasa’, de Salvador Polanco Atencio (http://enteratequepasa.blogspot.com) recibió 24 mil 286 votaciones, para ocupar el tercer lugar.

Por su parte, el jurado, conformado por Jesús Urbina, profesor jubilado de la Universidad del Zulia (LUZ) y coordinador del concurso; Diana Fuenmayor, docente del Alma mater zuliana; David Padilla, periodista y bloguero; y Daniela Rincón, directora web de Versión Final, escogió como ganadores a los blogs ‘Domus Ecclessia’ (http://domusecclesia.wordpress.com), de Rixio Gerardo Portillo Ríos; ‘Geología venezolana’ ( http://geologiavenezolana.blogspot.com/), de Rafael A. Rodríguez Ch.; y ‘Crónicas de Miffi‎’ (http://cronicasdemiffi.blogspot.com/), por Miriam López.

Diana Fuenmayor entrega el premio al autor de este
blog. Fotografía: Isabela Marcano
La premiación se efectuó el pasado 1º de julio de 2015, con la presencia de Daniela Rincón, Isabel Morán, Ana Mendoza y Laura Peña, quienes ofrecieron un pequeño agasajo a los ganadores en representación del periódico y agradecieron la participación entusiasta de los competidores.

Es importante mencionar que Versión Final es un diario zuliano fundado en Maracaibo (Venezuela) el 8 de septiembre de 2008. Poco a poco ha ido posicionándose en el gusto popular, con un “periodismo plural, útil, de impacto social y de calidad”, tal como lo afirman sus editores. En él labora un plantel de jóvenes y talentosos profesionales; este año recibió el Premio Nacional de Periodismo por su excelente edición aniversario Los Rostros del Petróleo  y actualmente se encuentra inmerso en un proceso de rediseño de imagen para enfrentar con gran impulso las demandas informativas de la región occidental del país.

Para Mundo de Letras se abre una nueva ventana que le permitirá conectar con potenciales lectores. Nuestro reto es convencer a esa audiencia de que en este espacio virtual podrán encontrar un espacio de entretenimiento, donde el respeto a la información y a nuestro público es nuestro norte permanente.

Los invitamos a revisar nuestras entradas anteriores (estoy seguro de que se sorprenderán gratamente con muchos de nuestros escritos), a dejar sus comentarios y, si les parece, hacerse nuestros seguidores. El compromiso es a seguir ofreciéndoles material interesante de lectura, bajo el lema que siempre nos ha alentado: “No hay reglas. Limítate a seguir tu corazón”.

domingo, 31 de mayo de 2015

Lunar: la soledad como compañera

A 75 años del nacimiento de Emerio Darío Lunar
 y a 25 de su fallecimiento.
Fotografía: Escolástico Velásquez.
Hace 25 años, Emerio Darío Lunar abandonaba su casa en el sector Las Cabillas para adentrarse en los límites de lo eterno. Ahora, sus pinturas, esas mujeres inaccesibles que con tanto esmero retrató, han pasado de adornar los muros del hogar familiar a pasearse por el mundo, como muestra del talento innato de este artista excepcional.

Representadas como vírgenes estatuarias o con un sutil erotismo, la mujer representó el ideal de belleza de Lunar. Ahora que ya no está, uno pudiera imaginarlas en las cálidas noches de Cabimas, bajando de las telas colgadas en las paredes para posar en la sala de la casa, esa que tantas figuras de la plástica nacional recibiera para admirar la obra inusual de este pintor zuliano. Lamentablemente, es una visión imposible, no por lo irreal que pudiera parecer, sino porque la gran mayoría de dichos cuadros fueron robados de esta vivienda en marzo de 2010.

Rodeado de sus mujeres etéreas.
De la humilde morada solo queda el cascarón: fallecidos sus padres (María Natividad, en 1978 y Manuel Esteban en 1997), su hermano Manuel Marcelino había ocupado la residencia, aun a pesar del deterioro creciente que evidenciaba. Luego del despojo masivo de las obras del artista, bajo la mirada silenciosa de los propios vecinos, la extraña magia que le acompañó en vida se perdió para siempre.

Los aficionados a categorizar el esfuerzo humano asignaron diversos nombres a la producción artística de Lunar, pero él, modesto y a la vez consciente de lo que hacía, nunca quiso encasillarse. Prefirió automarginarse de las tendencias de moda y continuar aprendiendo con la práctica, empeñado en la búsqueda de la “perfección” en una ciudad imperfecta y en poblar imposibles espacios arquitectónicos con figuras fantasmales, surgidas de su inquieta imaginación.

“Necesito la soledad para crear, para lograr una mayor concentración”, me confesó en alguna oportunidad con su voz pausada, casi inaudible. “A veces la reflejo en mis cuadros, pero es casualidad. Hay gente que no puede estar sola porque se vuelve loca…yo no; la soledad es mi compañera. Yo estoy aquí con papá y mi hermano Manuel, pero me siento solo, porque soy muy poco comunicativo”.

Durante la inauguración del Museo
Vial del Núcleo LUZ COL.
De carácter contradictorio, a veces extremadamente efusivo, bromista consumado, en otras ocasiones era apenas una sombra  que se paseaba de un lado a otro de la casa, meditabundo, fumando sin cesar y sin dirigir la palabra a nadie. Era el mismo que se afanaba preparando un quesillo, reconocido entre la familia como uno de los mejores que habían probado y que él se impuso hacerlo según la receta de una sobrina política, tal como aprendió a tocar el acordeón, a coser su ropa…a pintar.

Lunar nació el 27 de enero de 1940 en Cabimas, una ciudad que abandonó pocas veces y por la cual sentía un vínculo atávico. Era el último de los cuatro hijos de dos emigrantes margariteños quienes se habían dedicado a la actividad comercial, luego de que el padre abandonara su empleo en las transnacionales petroleras. De débil contextura y enfermizo, desde niño se sintió atraído por el dibujo. Pese a su bajo rendimiento en los estudios, logró culminar el sexto grado de educación primaria y decidió orientar sus intereses hacia otros objetivos de aprendizaje.

La tumba del Faraón (1969). Esta obra fue
desgarrada durante el hurto masivo ocurrido en 2010.
Así, se desempeñó como músico y pintor de letreros comerciales. Iniciaba una vida bohemia, que incluyó un periodo turbulento en Margarita, donde atendía una pequeña tienda propiedad de su familia. En 1967, con 27 años, se aventuró en la pintura, sin más maestros que él mismo y su afán de aprender. Había adquirido algunos conocimientos básicos en un curso de dibujo por correspondencia, pero en la práctica su formación fue esencialmente autodidacta. Esa obstinada necesidad de desarrollar su talento le llevaría largas jornadas de desvelos, en las cuales ni comía ni dormía, hasta llegar a una crisis nerviosa, la primera de varias que sufriría durante la década de los años 70. Acompañadas por una desmedida afición a la bebida, marcaron sus años posteriores entre sanatorios mentales, correrías nocturnas, borracheras y rigurosas sesiones de trabajo creativo.


En la portada del catálogo el famoso retrato
realizado a Carolina Bogen de González.
Paralelamente es su periodo más fecundo e interesante en las artes plásticas, de hallazgos sorprendentes para él mismo y para aquellos que lo llegan a conocer. En 1969, aupado por Carlos Contramaestre y Oscar González Bogen, expone en el Ateneo de Caracas. Las críticas positivas que surgieron de esa muestra le impulsaron a mejorar y a buscar la perfección en su obra. Ya la pintura dejaba de ser un entretenimiento para adornar las vacías paredes del hogar familiar. Era la transición a su etapa adulta como artista.

La concepción simbólica del color se refleja en la obra de Lunar. El blanco representa la muerte, tal como lo expondría a Juan Calzadilla, uno de sus biógrafos; y como me lo referiría en una de nuestras frecuentes conversaciones: “Por eso mis mujeres son fantasmas, gente que no tiene vida.  Últimamente les pinto los labios, los trajes y la boca, para darles vida dentro de la muerte. Esas mujeres están muertas, pero han sido resucitadas por mí, que soy su padre creador”.

Retrato imponente de Graziano Gasparini.
Tan particular teoría cromática a veces no se correspondía con lo establecido: “Por ejemplo, el color azul, según me dijo (el pintor) Henry Bermúdez, representa quietud. Yo no lo sabía; por eso, sin saberlo, usaba colores vivos, para darles mayor fuerza”.

La muerte fue una constante, tanto en su trabajo artístico como en sus conversaciones privadas. Sin embargo, jamás pensó en ella como algo terrible, a lo cual había que temer. Tal como lo señala el crítico Perán Erminy, “sentía que la muerte no dejaba de acompañarlo y que la vida de uno era demasiado breve y precaria en comparación con la inmensidad de la muerte…”.

Esa visión la vinculaba con su creación: “Ese mundo de los personajes tal vez sea mi mundo, porque yo me identifico con ellos, con las cosas muertas”, me diría en alguna ocasión. Lo ratifica Erminy: “En la obra de lunar la presencia de la muerte está asociada a la idea de eternidad, que es una noción clave en la poética de este artista”.

En nuestras conversaciones, Emerio me explicaba: “Creo que nunca moriré. Yo volveré a vivir, tal vez no con esta misma cara ni con la misma familia…Creo bastante en la reencarnación”.

Emerio en 1980. Fuente: Galería Odalys.
En los años 80, Lunar recibió abundantes reconocimientos y participó en varias exposiciones . Protagonizó el Cuaderno Lagoven en la Pantalla que lleva su nombre, con textos de María Elena Ramos y dirección de Sergio Sierra. Aun me conmueve la escena final, donde se le ve interpretando el acordeón, rodeado de mujeres que actúan en el taller ubicado en la casa paterna.

En 1990, una maligna enfermedad, silenciosamente anidada en su débil cuerpo, evidenció  que el camino llegaba a su fin.  Su salud, por lo general de condición precaria, fue decayendo con rapidez. Los últimos meses transcurrieron rodeado de sus familiares más cercanos, con un sosiego lejano a los turbulentos días de su juventud.

La cascada (1986), paisaje onírico de Lunar,
colección MACZUL.
Fotografía: Mirem de Ondiz
Tras el funeral, recordé claramente fragmentos de una conversación, quizá de las últimas que sostendríamos antes de su partida. Era una de esas tertulias frecuentes en mis tiempos de estudiante de periodismo, cuando sentados en su taller comentábamos cosas tan disímiles como los chismes familiares o la caracterización de sus cuadros.

Si bien poco le agradaba tener que explicarse a sí mismo o a su trabajo, le entretenía oír las apreciaciones de los demás  sobre estos tópicos. “¿Piensas en tu vida como algo productivo?”, le pregunté en aquel momento. Era una interrogante ilógica si considerábamos el inmensurable legado artístico que dejaba tras de sí, pero coherente con esa visión bohemia y libertina que muchos le asignaban a su existencia.

De visita en el MACZUL en octubre de 2014, me
reencontré con La cascada en la exposición: El paisaje. 
“Creo que sí”, fue su respuesta. “Yo no he perdido mi tiempo. Las cosas que me han pasado las tomo como algo natural. Estoy satisfecho con mi vida. Yo no tengo nada que hacer, todo lo he hecho…”

Miré a mi alrededor todas esas obras extraordinarias que durante años se habían ido multiplicando en las paredes, algunas de manera temporal; otras, sin fecha determinada de partida porque él así lo había decidido y el cuadro no sería vendido. “¿Ni siquiera en la pintura?”, repregunté extrañado.

“En la pintura puedo seguir, pero en lo que yo pueda hacer, como dice la canción, la vida no importa”, fue su respuesta. De repente, sin quererlo, una sensación de pesar nos invadió a ambos.

- Entonces ¿cómo te gustaría que te recordaran? 

- Que la gente me recuerde por mis cuadros. Como persona, me da igual que me recuerden o no.

Expectativa (1970). El niño del cuadro soy yo, según una fotografía realizada a los cuatro años de edad.

lunes, 6 de abril de 2015

La señora Brabin

"Tengo el rostro de una vampiresa, pero el corazón de una feminista." 

Theda Bara

Theda Bara en una conferencia de prensa a su
regreso de Europa en 1939. Fuente: New York
Public Library of the Performing Arts.
Según sus vecinos, la sexagenaria señora Brabin era una mujer encantadora. Nada que ver con una devoradora de hombres, esa de lánguida sensualidad y viciosos gestos que encarnaba en la pantalla grande a principios del siglo XX.

Un vecino anónimo la recuerda como una señora con el pelo canoso y una palidez extraña en su piel:

"Solíamos hablar sobre la cerca, ella una mujer plena, con una expresión dulce y un corazón bondadoso. Si pasabas a su casa, la encontrarías trabajando en su pequeño pero impecable jardín. Dedicaba dos horas todos los días para hornear galletas y las guardaba en un envase de cerámica para mantenerlas frescas. Los niños que regresaban de la escuela acostumbraban acortar su camino pasando a través de su jardín y, si seguían la ruta y no pisoteaban nada, recibían una galleta y una cálida sonrisa, cada uno. Ellos nunca supieron quién era, pero nosotros, dos adultos, nos reíamos acerca del símbolo que ella era en el cine mudo. Era probablemente la mujer más amable que he conocido y casi tan malévola como un petirrojo o un conejo dócil ... Todo lo que puedo pensar  acerca de Theda Bara es que era enormemente amable y simpática con los niños de ese rincón de Los Ángeles, una especie de ángel con galletas frescas y las flores más bonitas de cualquier jardín de los alrededores" (1).

Theda Bara como Cleopatra. Fuente: Dollhousebettie.com
Hacía años que se encontraba alejada del cine, medio en el cual debutó en 1915, con casi treinta años, luego de más de una década trabajando en obras teatrales locales con poca repercusión en su carrera profesional como artista de entretenimiento. Su nombre real era Theodosia Goodman y nació en Cincinnati, Ohio, Estados Unidos de Norteamérica, el 29 de julio de 1885. Era hija de Bernard Goodman y Pauline Luise Francoise deCoppet.

Theodosia Goodman, 1886. Fuente:
Motion Picture Classic Magazine 
Su padre, nacido en Polonia en 1853, se había trasladado a Nueva York en 1871. Se asentó en Cincinnati en 1882 y allí encontró trabajo como cortador de telas, además de convertirse en ciudadano norteamericano. Su madre, Pauline, nació en Suiza en 1861 y aun siendo niña su padre francés, Francois Baranger, y su madre alemana, Regine deCoppet, migraron a Norteamérica. En 1878 trabajaba como vendedora, pero ya en 1880 era copropietaria de una fábrica de pelucas llamada Dunkelmeyer & de Coppet.

Bernard y Pauline se casaron en 1882. Tres años después nació su primera hija, a la que apodaban Theda o Teddy. Dos hermanos vendrían después: Marque y Esther, apodada Lori.

Theda crecería en Avondale, un suburbio de Cincinnati, en una infancia feliz en medio de una familia judía. Era una una voraz lectora y desde joven disfrutaba además del teatro y de la declamación. Poseía una innata timidez, algo que nunca perdió.

Fuente: AP
Aunque no era usual en la época, ingresó en la Universidad de Cincinnati en 1903, donde permaneció dos años. En 1905 abandonó sus estudios y partió a Nueva York, en contra de la opinión de su padre, quien ya desde 1899 se había convertido en un próspero sastre. Bajo el nombre artístico de Thedosia DeCoppet, actuó en varias obras teatrales y musicales entre 1905 y 1914.

Su figura de reloj de arena, incluso en los inicios del siglo XX, era ya pasada de moda, pues empezaban a imponerse líneas corporales más estilizadas, lejos de la figura de matrona tan en boga en la época victoriana. Theda amaba comer y su imagen aparentaba ser mayor a su verdadera edad.

A finales de 1914, la incipiente actriz casi llegaba a los 30 años y su carrera no terminaba a despegar, relegada a roles sin importancia. Fue entonces cuando conoció al director Frank Powell, quien le preguntó si quería entrar al cine. Su primera incursión debutó en la pantalla  la hizo en un papel de extra en una multitud en The Stain (La mancha), algo que posteriormente ella negaría durante muchos años: "Comencé como estrella y permanecí siempre como tal", diría.

Theda en A fool there was. Fuente: Pixgood.com
Sin embargo, su verdadero debut lo haría como protagonista de la cinta A fool there was, basada en una obra teatral escandalosa para la época y la cual fue filmada para los estudios de William Fox. El rol que le habían asignado, una mujer que disfrutaba jugar con los hombres para luego dejarlos, cambiaría los estereotipos que hasta entonces se manejaban en los códigos cinematográficos, cuyo lenguaje se encontraba en pleno desarrollo. Así, a la figura de niña inocente de Mary Pickford y otras actrices del momento, se opuso el personaje de la vampiresa, mujer viciosa y despiadada, que usaba a los hombres para sus innobles propósitos usando para ello sus encantos femeninos.

Para el papel protagonista fueron consideradas otras actrices populares, como Valeska Suratt y Madeline Traverse. No obstante, Powell presentó a Theda a Fox y luego de considerarla como una elección adecuada, fue contratada por cinco años con un salario de 100 dólares a la semana.

En A Fool There was. Fuente: Prettycleverfilms.com
Una de las urgentes decisiones a tomar era cuál sería su nombre artístico: ya en el teatro ella había empleado Theodosia De Coppet, Theodosia De Cappet y Theodosia de Coppett. Pero, a sugerencia de  William Fox, se acordó acortar el apellido materno Baranger a Bara y fueron revisados todos los apodos infantiles (Theo, Teddy y Theda). Este último fue el que la actriz prefirió y así nació Theda Bara. Leyendas posteriores sugerirían que este nombre era un anagrama de Muerte Árabe (Death Arab), pero solo forma parte de la larga cadena de falsas informaciones que rodearon la vida de la naciente estrella.

Theda recordaría años después la "terrible experiencia" de su primera escena para la película que la convertiría en mito: "Tuve que usar un maquillaje en la calle y me sentí como un alma perdida". Para la época, ni el rojo ni el blanco se mostraban bien en los filmes, así que los actores debían usar una base amarilla y lápiz labial color marrón para que fueran correctamente registrados en las películas. No es de extrañar el malestar de Theda al tener que presentarse en público con un maquillaje amarillo, ojos sombreados de negro y labios pintados de color marrón, lo cual la hacía parecer más un zombie que una mujer deseable.

Exótica vampiresa llegada del oriente.
Fuente: https://www.pinterest.com/plantlady13/
Como parte de la estrategia de promoción, los periodistas Al Selig y John Goldfrab, del The New York World, organizaron una campaña publicitaria repleta de fábulas que llegaron a considerarse ciertas y durante muchos años formaron parte de la historia del cine.

Fue así como, en una rueda de prensa realizada en enero de 1915, justo antes de la presentación de A fool there was, se informó que Theda había nacido a las sombras de las pirámides, hija única de la actriz francesa Theda de Lyse y del escultor italiano Giuseppe Bara. El amor había surgido durante un viaje de la actriz a Egipto, donde habría encontrado a Bara perdido en las arenas del desierto. Theda Bara había sido producto de ese amor y se crió en una amplia tienda no lejos de la Esfinge, entrenada por su madre en el arte de la pantomima y por su padre en la pintura. Luego, se mudaría a París, donde habría desarrollado una carrera teatral. Allí había sido descubierta por el director Frank Powell y ambos escaparon del horror de la guerra en 1914, rumbo hacia Norteamérica. La leyenda de la vampiresa había nacido.

En el siguiente video, podemos apreciar algunas escenas de la película que hizo famosa a Theda:


En ese encuentro con periodistas y empleando un acento gutural, una Theda envuelta en velos y capas diría: "Esta vampiresa que interpreto posee una sola cualidad buena o decente, su valor. Algunas noches cuando ella enfrente la vejez y su espejo le muestre sus arrugas, ella se matará a sí misma. Gas o veneno, pienso yo. Pero nada que pudiera desfigurarla". Después de la conferencia de prensa, la supuesta princesa árabe rompió sus velos y capas, corrió a la ventana, la abrió y suspiró en perfecto acento americano: "Denme aire".

En su papel de Kathleen Mavourneen.
Fuente: www.pinterest.com/plantlady13/
La película resultó un descomunal éxito y el personaje de vampiresa lo repetiría Theda en varias películas siguientes. Encarnó a legendarias seductoras como la Dama de las Camelias (1917), Madame Du Barry (1917), Cleopatra (1917) y Salomé (1918), pero en su interés en diversificar sus interpretaciones, también interpretó a una poca creíble Julieta (en Romeo y Julieta, 1916, según la obra de Shakespeare), a la patriotera Cigarrete, en Bajo dos banderas (1916); y a una heroína de una canción irlandesa (Kathleen Mavourneen, 1919). Sin embargo, estas actuaciones no fueron bien recibidas por el público, quienes esperaban seguir viendo a Theda en su rol de vampiresa.

En el siguiente video se puede apreciar los fotogramas sobrevivientes de Cleopatra y una entrevista a la actriz:


En una entrevista para la revista Vanity Fair (2) en 1919, confesaba:

"Me doy cuenta de que encarnar a una vampiresa es un trabajo honesto y tengo un sincero respeto por ella como tal. Sé que las caracterizaciones de vampiresa me permitieron mi inicio en el cine, y estoy debidamente agradecida. Pero el problema es que se ha ido demasiado lejos. Ya en mi primera aparición en la pantalla, en A Fool There Was, estaba clasificada como una vampiresa; desde entonces fui condenada para siempre a desempeñar estos papeles. Había llegado al punto en que, en lo que a mí respecto, no había otros personajes en las películas.

Theda atrapada en su rol vampiresco.
Fuente: www.pinterest.com/plantlady13/
La maldición del vampiro pesaba sobre mí...Esa "vampiresa" y "Theda Bara" habían llegado a ser sinónimos en el léxico brillante de los espectadores de cine. Todo lo que yo toqué fue a partir de entonces con la marca del vampiro. No importan las heroínas que retraté en la pantalla, se daba por sentado que, solo porque yo las interpretaba, eran una de esas mujeres. Nadie había pensado en Carmen o Cleopatra como vampiresas; pero tan pronto como las interpreté, arruinaron su reputación. Incluso Julieta no estaba a salvo de la lengua de los chismes cuando interpreté ese papel.

De hecho, tan identificados me tenían con los roles de vampiresa en la pantalla que la gente pensaba que era así en mi vida privada. A juzgar por las cartas que he recibido, la idea popular de mi vida en el hogar era, de hecho, de lo más espeluznante. Generalmente me visualizaban pasando los domingos y días de fiesta enroscada en mi apartamento, o entreteniendo mi tiempo libre tendida voluptuosamente en una piel de tigre, mirando inescrutable a través del humo de mi cigarrillo, fuertemente perfumado. Incluso las tareas domésticas más comunes se suponía popularmente que para llevarlas a cabo sería de la forma más extrema de vampiros; estoy segura de que ellos imaginaban que me retorcía en la carnicería, mirando lánguidamente a los ojos del carnicero, y ronroneando palabras insidiosas en sus oídos mientras sopesaba las chuletas..."

Fotografía: Herman Mishkin
En ese artículo, Theda señalaba la decepción del público cuando la veía en persona: "Cuando iba a cualquier lugar donde pudiera ser reconocida —un teatro, una tienda o un hotel—, mi vestido conservador recibió muchas miradas decepcionantes. Esperaban que apareciera en una pequeña creación de moda, compuesta principalmente de una piel de leopardo, una daga, y dos o tres rosas rojas como la sangre. El público estaba realmente molesto porque no había cumplido con las leyendas que habían tejido sobre mí. Para mí, no hay nada tan curiosamente ingenuo como esta incapacidad del público cinematográfico para desvincular la personalidad en la pantalla de una estrella de su propia personalidad..."

Luego de reflexionar sobre su experiencia en la filmación de Kathleen Mavourneen, Theda finalizaba: "He aprendido, por amarga experiencia, la monotonía aburrida de una carrera de un solo rol. Me estoy esforzando para ampliar mi registro, para crear todo tipo de heroínas y así evitar identificarme con cualquier carácter definido. Voy a tratar de interpretar todo tipo de papeles en todo tipo de películas —aunque, en los próximos años de todos modos, me niego a admitir cualquier película de vampiresa en mi repertorio—".

Foto promocional de Madame Mistery.
Fuente: the-she-devil.livejournal.com/
Lamentablemente, el público no aceptó su cambio de imagen. Y en 1921, cuando regresó al cine, luego de tres años fuera de las pantallas, su retorno fue nuevamente en el rol que la había hecho famosa. En una rueda de prensa (3), Theda se justificó: "Mi regreso a la pantalla será en el papel de vampiresa. La decisión de hacerlo no es el resultado de la consulta a mis propios deseos y opiniones. Tampoco a los de mis asesores profesionales. El asunto se resolvió en el más alto tribunal para el que un actor puede apelar —los patrones del teatro—".

En ese momento, Theda hacía una gira de treinta semanas que la había llevado hacia el oeste, hasta la ciudad de Kansas. Al mostrarse ante el público, le preguntó: "¿Quieren que vuelva como una vampiresa?" Luego, cuando el aplauso de la audiencia se extinguió, ella diría: "¿O será que les gustaría más como una buena chica?" El silencio del público le dejó claro que no era necesario seguir insistiendo en ello.

Theda Bara y Charles Brabin: más de 30 años de feliz unión.
Fuente: www.pinterest.com/plantlady13/
Su última aparición en el cine fue en una parodia del personaje que ella había interpretado durante tantos años: un cortometraje cómico titulado Madame Mistery (1926).

Los roles se invierten: Theda Bara y Charles
Brabin como un vampiro. Fuente: Times.
En 1921, Theda se había casado con el director Charles Brabin, quien le había dirigido en Kathleen Mavourneen. A pesar de algunos intentos de regresar a la escena teatral (con pobres resultados), se retiró definitivamente de la escena artística para complacer a su esposo y comenzó a disfrutar de un periodo de tranquilidad en su hogar, que compartía con frecuentes almuerzos y cenas con amigos, escapadas a los teatros y viajes, dentro y fuera del país, generalmente acompañada por su madre y su hermana. Pasaba temporadas tanto en su apartamento de Nueva York como en su hogar en California y se dedicaba fervientemente a la lectura.

En los 40's, la mujer que había encarnado la lujuria y la pasión sin control, declaraba a un reportero: "Nunca regresaré a las películas. No estoy interesada en un plan para volver a los escenarios en algunos de los roles que interpreté en el cine. Sólo vivo las 24 horas del día tratando de conseguir tanta felicidad de la vida como pueda. Y eso es una gran cantidad de felicidad. Nada me podría inducir a interrumpirla, mucho menos ponerla en peligro".

Con una amiga. Fuente: LATimes blogs.
En la primavera de 1954, Theda Bara empezó a padecer problemas digestivos. En junio de ese año, se sometió a una cirugía de cáncer de colon.  Sin embargo, a pesar de practicarse otras cirugías, no pudo combatir la enfermedad, que ya había invadido el hígado. Para principios de 1955, la salud de la actriz había decaído notablemente y el 7 de abril de ese año, falleció.

La vampiresa original, esa que las mujeres consideraban una amenaza para cualquier hombre, disfrutó de una vida tranquila, alejada de los escándalos. Aparentemente, su osadía no trascendía más allá de los estudios donde vestía ligera de ropas, dispuesta a doblegar a su próxima víctima. Fue el primer símbolo sexual creado por un arte apenas naciente, la cinematografía; y la primera estrella creada por la publicidad, pero en la vida real nunca tuvo problemas de abuso de drogas o alcoholismo y su único matrimonio resultó en una feliz unión conyugal que duró hasta su muerte.

De las 42 películas que filmó entre 1915 y 1926, apenas sobreviven completas tres: A fool there was, East Lynne y The Unchastened Woman. También una versión de un rollo de Madame Mistery y unos pocos fotogramas de Cleopatra. Lamentablemente, la versión completa de esta, así como de sus otros films, se han perdido o quemado irremediablemente.

Solo nos queda la imagen icónica de Theda Bara como la vampiresa que nunca fue: ojos profundos, excesivamente maquillados; y ese gesto, a veces lujurioso, que en el fondo no era más que una ilusión proyectada de los deseos de un público inocente, ese que aun creía en las imágenes del cine como algo real.

Fuente: Kennelco.com

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Fuentes consultadas:

(1) Golden, Eve /1996). Vamp. The raise and fall of Theda Bara. Emprise Publishing, Inc.

(2) Bara, Theda (1919). The Ex-Vampire turning to the right in the moving pictures. Vanity Fair, october, 19.

(3) Theda Bara’s Return to Screen Will Be As Vampire. Exhibitors Trade Review, September 16, 1922.  Fuente: Media History Digital Library.

viernes, 13 de marzo de 2015

Cuaresma

Fotografía: José Gregorio Marcano
Los 40 días previos a la Semana Santa o Semana Mayor es lo que llamamos Cuaresma. Tiempo de reflexión y preparación para los cristianos.

En el Zulia, el calor se acrecienta y nubes de polvo se levantan tiñendo el paisaje de marrón. Es tiempo de colores. Los araguaneyes florecen, al igual que los apamates, para contrastar sus frondosas  y coloridas copas con el azul tenue del cielo. Una pertinaz lluvia de flores cae para dejar a sus pies alfombras de vibrantes colores amarillo y lila. Es un espectáculo efímero, como la vida misma; y lo que hoy te maravilla, mañana no es más que un recuerdo.


Cuaresma es también tiempo de patillas y melones, que refrescan la garganta sedienta de los zulianos, al igual que el cepilladero o el vendedor ambulante de jugos y refrescos, quien con renovada bandera de ocho estrellas, ofrece su mercancía. Es el momento perfecto para florecer las orquídeas, arracimadas desde los más insólitos árboles. Desafían la sequedad, el calor;  y a la sombra de un mango o un roble, dejan ver sus refinadas formas violetas y albas.


Esta Cuaresma es de cielos encapotados y una llovizna sorpresiva que, sin embargo, no alejan el calor de las noches de verano. Es tiempo de reflexión, de decir adiós a la vida anterior y renovar el alma. Es menester recordar que para poder renacer, la muerte ha de imponerse inexorable.


Fotografía: José Gregorio Marcano

Fotografía: José Gregorio Marcano
Fotografía: José Gregorio Marcano
Fotografía: José Gregorio Marcano
Fotografía: José Gregorio Marcano
Fotografía: José Gregorio Marcano
(Originalmente publicado el 29 de marzo de 2006)