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viernes, 25 de febrero de 2022

Alicia Plaza nunca ha sido una mosquita muerta

 
              Fuente: @aliciaplazaoficial  en Instagram             
Para quienes seguimos su  trayectoria profesional, Alicia Plaza es una referencia en la televisión y el cine de nuestro país durante la década de los 80 y 90. Su impresionante mirada de ojos verdes y su amplia sonrisa iluminó la portada de las principales revistas de farándula y periódicos nacionales, siempre con aires de niña sexy e ingenua. Durante más de cuatro décadas ha sido una presencia constante en la vida de los venezolanos a través de telenovelas, obras teatrales y películas que la han mantenido vigente. 

El año pasado fue noticia por su estado de salud. Una fuerte caída durante su permanencia en la hacienda La Concepción reveló una artrosis de cadera avanzada que requirió de una intervención quirúrgica para la cual no estaba preparada, ni económica ni emocionalmente. Las redes se inundaron de solicitudes de apoyo para la querida actriz. Aunque el pronóstico de los médicos no daba muchas esperanzas para caminar, el resultado fue otro. 

Alicia lista para ingresar al quirófano para su operación
de cadera. Fuente: @amandagutierrezpadron
¿Cómo enfrentó Alicia Plaza tal incertidumbre? 

La verdad fue muy desagradable, pero Dios escribe derecho en líneas torcidas. Una vez en la clínica, al revisar la placa, detectaron que había una artrosis profunda y severa. Se tomó la decisión de preparar todo para una operación de sustitución de cadera; es decir, la colocación de una prótesis completa de cadera izquierda. Eso se hizo de manera exitosa el 14 de julio de 2021 y ya no tengo dolor; tengo una Ferrari, como la llamo yo, y me siento completamente normal y feliz.

Nunca se ha alejado del ojo público: maneja sus redes sociales, se mantiene activa, ya sea como cantante, actriz, docente, motivadora… ¿Cuál es la clave para seguir en la palestra en medio de la actual crisis?

El tema de las redes sociales ha sido interesante, porque yo me había negado un poco a entrar en esa vorágine. Me he ido poco a poco adaptando y de verdad que es muy sabroso recibir el feedback del público, ver cómo crece día a día.

Me hace muy feliz saber que puedo ayudar a los demás, que se sientan motivados. Cuando mi operación de cadera, incentivé a mucha gente a tomar la decisión de operarse también, porque al salir el dolor de tu vida vuelves a nacer. Yo salí del dolor y mi vida cambió completamente. Así que el uso de las redes sociales está orientado básicamente a eso; soy una docente natural y, además, por vocación.

Carlos Andrés Pérez saluda con efusividad
a Frances Grant, en el medio Gonzalo Plaza.
Fuente: Fotourbana.org
Para pocos es sabido que su abuelo Juan Bautista Plaza fue un reconocido músico; su abuela paterna era la pianista Adela “Nolita” Pieterz; su abuelo materno, Terzo Tariffi, fue uno de los dos latinistas oficiales del Vaticano, en la Italia de la Pre Guerra, quien luego emigró a Venezuela. A eso le añadimos que su padre, Gonzalo Plaza, fue un reconocido político, cuyas cualidades personales y delicada formación le distinguieron como un auténtico caballero. Podría compartir con nosotros cómo fue crecer en ese ambiente y cómo se compaginó con su posterior trayectoria artística.

Sí, vengo de una familia muy culta, de valores muy altos, de un gran estándar dentro de la vida  musical, literaria, artística, bohemia; llena de escritores, pintores, cantantes. Realmente de ambas familias tengo un bombardeo maravilloso de vida cultural. Para serle  completamente franca, ha sido difícil compaginar eso con la vida del actor,  con el medio de la farándula. Lastimosamente nuestra profesión es la más difícil y más comprometida porque no tiene ningún instrumento externo a él. El actor se basa en su propio instrumento, el cual es él mismo. Eso lo hace único, sin embargo, es la menos apreciada y respetada de todas  las áreas artísticas, a mi parecer. 

El medio artístico está negado por todo el tema de la farándula, del chisme, de los escándalos, etc., lo cual lo hace bajar un poco de categoría, de nivel. Eso fue un choque para mí y he tenido que lidiar con eso durante 44 años de carrera. Así que sí, ha sido complicado nadar en aguas desconocidas para mí porque mi padre, por ejemplo, oía la Quinta Sinfonía de Bethoven, a las siete de la noche, con dos cornetas gigantes en la sala. Crecí oyendo música clásica, leyendo, viajé por todo el mundo, conocí todos los museos, es decir que vine de una familia culta, de valores y principios muy altos. 

Cuando era niña, ¿tenía aspiraciones de entrar al mundo del espectáculo? ¿Cómo se imaginaba? Sus familiares han referido que desde chiquita le gustaba jugar al teatro y llevar la batuta en todos  los juegos…

Yo soy artista de nacimiento, una artista escénica, es lo único que sé hacer. Me conecto con la energía creadora cuando canto, cuando bailo, cuando doy clases, cuando expreso de forma histriónica todo mi volcán de expresión artística. Desde niña así lo manifesté y en el colegio mis padres, mis familiares, mis amigos, vieron esta ovejita negra, este patito raro. Siempre fui la rara por ser diferente y fíjese que resultó que no era pecado, como dice el chiste. 

Abandonó los estudios de Psicología para ingresar al teatro. También contó con una formación truncada en la Universidad de Los Andes en Arte Dramático y en Artes Escénicas en la Universidad Central de Venezuela. ¿Esos estudios fueron posteriores a su entrada en el mundo artístico?

Algunos son anteriores, otros posteriores. Yo tenía una necesidad inmensa de estudiar arte dramático y de ser artista, pero todavía no entendía de qué se trataba esa energía creadora que tenía en el centro de mi pecho. Mi padre me inscribió en la Universidad de Los Andes para estudiar Geografía, porque le dije que eso era lo que creía que quería estudiar, sin tener idea de que la Geografía tenía que ver con el estudio de los mapas y la geografía nacional. Creía que tenía que ver con la naturaleza, como Biología o algo así, pues siempre he sido muy amante de la naturaleza, aparte de ser artista. Sin embargo, aproveché y estudié Arte Dramático allá.

Después, cuando empecé a trabajar a los 21 años, yo que he sido una psicóloga nata, —no frustrada porque no me gusta decir esa palabra, soy más bien una psicóloga natural—, comencé Psicopedagogía y no la pude terminar. Siempre estaba haciendo novelas, películas u obras de teatro. Por eso nunca pude concluir ningún estudio universitario formal, porque estuve trabajando ininterrumpidamente, gracias a Dios, todos esos años, y la verdad es que no me permitió concluir ninguna carrera. Empecé Psicopedagogía, Psicología, Educación Preescolar… Arte en la Universidad Central de Venezuela y tampoco, pero nunca es tarde, nunca es tarde… Esa es una materia que tengo por ahí pendiente. 

Su inicio formal en el teatro data de 1978. El anecdotario señala que debutó en una pieza del chileno Alejandro Jodorowsky, en la que había quedado vacante un papel que sería interpretado por Tatiana Capote, quien en ese momento ingresó al certamen Miss Venezuela...

Sí, eso es absolutamente cierto. Yo le debo mi carrera a Tatiana Capote porque Osmel Souza la descubre y se la lleva. Ella estaba ensayando la obra El juego que todos jugamos, de Alejandro Jodorowski, en 1978, y quedó ese puesto vacante. En ese momento yo estaba bailando, pues lo único que quería en la vida era cantar y bailar. Sabía que existía la profesión de actriz pero no me llamaba la atención para nada. Una amiga me dijo: “Tienes que ir, tienes que ir, tú eres una actriz, tú no te has dado cuenta”; así que fui y quedé en el casting

Mi papá no quería que actuara, estaba muy asustado con el medio artístico y un día lo invité a los ensayos. Él se sentó al lado de José Ignacio Cabrujas y le preguntó si de verdad yo tenía talento, si podía servir para ser actriz. José Ignacio le respondió que yo había nacido para actuar como el tiburón había nacido para matar, que me dejara tranquila que yo era una actriz y una artista nata. Mi papá fue y compró el libro My Life (Mi Vida), autobiografía de la actriz sueca Ingrid Bergman, mamá de Isabella Rossellini. Llegó y me dijo: “Levante la mano derecha, hija mía”. Levanté la mano derecha, él me puso el libro en la mano y me dijo —con voz ceremoniosa—: “Si vas a ser actriz, que seas la mejor. Dios te bendiga, tienes la aprobación de tu padre”. Imagínate, se me hace un nudo en la garganta, porque eso para mí fue un antes y un después.

En ese instante, Alicia reflexiona con respecto a lo que ha significado ser actriz para su carrera: “Yo soy una bailarina y una cantante nata, la actuación llegó por añadidura y se convierte en este momento en una opción para hacer musicales, por ejemplo, porque yo canto, bailo, actúo. Me ha dado ese valor agregado para ser una artista mucho más completa”.

¿Qué ocurrió después de ese prometedor debut?

“Mi primer trabajo actoral fue El Juego que todos jugamos en la sala Juana Sujo en junio de 1978. Fue mi primera participación en cualquier evento artístico de tipo actoral. Pero mi primera participación en televisión fue en El Ángel Rebelde, no Rosángela como siempre se dice, esa fue la segunda porque Venevisión “me roba” de Radio Caracas”. Su risa franca inunda el hilo telefónico al recordar y compartir los sucesos acaecidos en ese momento. “Yo arranco en 1979 con El Ángel Rebelde y mi primer trabajo fue con Mayra Alejandra y Miguel Ángel Landa. Allí hacía de pareja de Víctor Cuica interpretando una española que se llamaba María de los Ángeles. Esa fue mi primera participación en un dramático en la televisión venezolana. Pero una vez que termina la novela, los ejecutivos de Venevisión se comunican conmigo, me duplican el sueldo y me ofrecen el rol de Rosita en Rosángela”.

José Bardina e Irán Eory, pareja protagonista de Rosángela.
Rosita era la hija de Irán Eory y José Bardina en ese dramático. Fue una telenovela fallida desde el punto de vista de audiencia, pero su participación recibió buenos comentarios. ¿Cómo era la televisión en ese momento, qué sintió debutar al lado de unas figuras tan reconocidas como Eory y Bardina?

Sin duda trabajar con José Bardina, con Irán Eory, con Omar Omaña… fue una época maravillosa para mí 
y la recuerdo con mucho cariño; de hecho, José Bardina fue como mi protector y mi maestro, yo le debo mucho a José Bardina lo que es hoy en día mi método como profesora de artes escénicas. De él aprendí muchísimo. Estaba también Zoé Ducós, una maestra en la actuación a la que yo disfruté mucho. Qué le puedo decir, estaba en un elenco magnífico de primeros actores venezolanos y yo tuve el privilegio de entrar en Venevisión por la puerta grande. 

Ese mismo año obtiene su primer papel en El Rebaño de los Ángeles, una película muy recordada de Román Chalbaud. Es decir que entra al medio artístico con presencia en teatro, cine y televisión. Además, recibe premios por su interpretación en esa cinta. ¿Qué recuerdos tiene de esos tiempos?

                Alicia como Sonia en El Rebaño de los Ángeles            
(Chalbaud, 1978)
Fue así, yo entré por la puerta grande. Cuando Pilar Romero me vio en El Rebaño de los Ángeles (ambas compartían escena en la película, una en el rol de una profesora en un liceo de una zona marginal y la otra como una locuaz estudiante), le gusta mi actuación y ella, que estaba preparando el libreto de El Ángel Rebelde, me escribió un papel. Ese mismo año me gané varios premios por la película El Rebaño, entre ellos la Mejor Actriz Debutante. El diálogo que yo tengo en el salón de clases con la profesora Pilar Romero está incluido en uno de los exámenes orales de la prueba de locución en Venezuela. Yo me enteré por Amanda Gutiérrez y quedé con la boca abierta, me dijo: “Alicia, una de las pruebas orales para sacarme el título de locutora fue una escena tuya de El Rebaño de los Ángeles”. Eso me llena de satisfacción, pensar que un trabajo en el cual participé trascienda.

Luego de Venevisión, regresa a RCTV en varias producciones dramáticas: María de los Ángeles (1980), Panchito y Arturo (1981), Maite (1981); Luz Marina (1981)… 

Después de Rosángela, hice varios unitarios en Venevisión y me regreso a RCTV, pues ellos me contratan nuevamente. Fueron años de muchísima euforia profesional, de mucho brillo, yo siempre estuve en la palestra, gracias a Dios. Fue maravilloso porque me permitió ser la actriz que soy hoy en día y tener el piso, las bases profesionales necesarias. 

Quiero detenerme un momento en 1981. En ese año usted participa en Maite, en un rol de contrafigura como la exesposa de Orlando Urdaneta. Fanny es un papel bastante complejo, una molestia permanente para el protagonista. De repente, cuando decide cambiar, muere trágicamente con su hija. Recuerdo claramente esa escena cuando usted va en el carro reflexionando cómo va brindar lo mejor a su hija y de repente…¡Paf!, se queda dormida y choca contra un camión. En lo personal, pensé cuánto había mejorado en su actuación, la credibilidad que había logrado dar al personaje. ¿Cómo vio esa experiencia?

Maite significó para mí un gran paso para convertirme en la actriz dramática que soy hoy en día. Siempre me dieron papeles muy comprometidos emocionalmente, que yo no estaba preparada como niña, por mi edad, pero tenía esa madurez emocional que me permitía entrompar esos personajes y darle todo el brillo, la locura y la entrega que les di, así que Maite significó para mí algo impactante.    

Alicia y Víctor Cámara.
Al año siguiente logra su primera protagonización en Mosquita Muerta. Recientemente defendía en las redes esta telenovela, la cual a su juicio no consideraba como un fracaso. La recuerdo como una historia inusual, con un personaje muy manipulador, del cual a mi juicio usted captó en su esencia. Tuvo una corta duración y al final ella ni siquiera tenía un castigo por sus desmanes. Se encontraba en un momento desesperado, creo que en un supermercado, cuando un hombre le ofrecía ayuda. Fin. Cuénteme cómo Pilar Romero le ofrece ese papel y cómo sintió esa experiencia de esa protagonista tan fuera de lo común.

Lo de Mosquita Muerta fue muy raro, porque Radio Caracas me da ese rol protagónico y yo estaba feliz. Sin embargo, cuando veo era una antiprotagonista, una antigalana: ¡la protagonista era la mala! Fue la primera telenovela en la que el canal de Bárcenas se atrevió a romper con el esquema de la protagonista ordinaria y ortodoxa, la de la lloradera y del sufrimiento, esa a la que todo el mundo le hace las maldades y ella al final queda con el protagonista. Esta era todo lo contrario: tenía como cuatro novios, los primeros actores de esos momentos y además le hacía maldades a todo el mundo. 

A mí, francamente le voy a confesar, me impactó mucho y lo hice lo más comprometida que pude, pero ese proyecto estaba destinado al fracaso, porque nadie quiere ver una protagonista mala. Entonces no fue mi actuación lo que hizo que no tuviera éxito, por eso la defiendo. Fue romper el esquema al público, que vivía y moría con esas historias, que viene además de Delia Fiallo, de Corín Tellado, de todo esa visión de la novela rosa donde la protagonista sufre y llora, del mismo esquema de Disney —la pobre Cenicienta, la pobre Blancanieves—; todos son sufrimientos horrorosos para ellas hasta que por fin llega alguien y las salva. Radio Caracas decidió hacer una cosa totalmente diferente y me puso a mí. Entonces yo decía: “Encima de que nunca he protagonizado, me van a poner a hacer de mala”

No fue tan agradable que la cortaran, pero realmente yo sabía que eso no iba a llegar a ninguna parte porque no tenía ni pies ni cabeza; al público le gustó mi trabajo, porque me dicen: “te recuerdo por Mosquita Muerta, qué gran actuación”. Sí, qué gran actuación, pero si me ponen en un contexto diferente, como una contrafigura, Mosquita Muerta la habría metido de jonrón, como en verdad lo metí, pero la cortaron y claro, queda como un fracaso en mi carrera. Yo no lo considero un fracaso, para nada.

Usted afirmó: “No veo una generación de relevo, con verdaderos maestros como los que yo tuve y que me formaron tan bien”. ¿Quiénes fueron sus maestros, a quienes considera como referencia para su formación y desarrollo actoral?

Mis maestros fueron, sin duda alguna, Daniel Farías, Juan Carlos Gené, José Ignacio Cabrujas, Enrique Porte, el director Juan Lamata y todos mis compañeros; de cada uno fui absorbiendo muchas cosas mientras trabajaba con ellos. No soy de las formadas por Amalia Pérez Díaz, porque nunca se acercó a mí ni para ayudarme ni como coaching. En los dramáticos que pude hacer con ella, siempre fue muy distante y cuando abrieron la escuela, ya yo estaba como de salida; la verdad no tuve mucho vínculo con doña Amalia. Igual pasó con Doris Wells, a quien admiré como actriz, pero no se acercó nunca. Hice una novela con ella que se llamó Qué pasó con Jacqueline y ella más bien era distante.  

Alicia Plaza, sirena de aguas turbias. Fuente: revista Venezuela Gráfica.

Estamos en la década de los 80. Cada semana aparece en las publicaciones de farándula, generalmente en imágenes sugerentes y se corona como una “Lolita”, uno de los símbolos sexuales de la época, junto a otras “bombas sexy” —así las llamaban— como Tatiana Capote, Marisela Buitrago, Fedra López, Cristina Reyes, entre una horda de otras actrices de la televisión venezolana. ¿Por qué escoger ese camino? ¿Estrategia publicitaria, declaración de principios transgresores, una manera de llamar la atención? 

Pues le confieso que haber sido un símbolo sexual en los 80 y en los 90 no fue algo premeditado. Me tocó porque siempre fui muy transgresora y muy libre. El Nacional me bautizó l’enfant terrible de Venezuela y sí, es verdad, estaba siempre en la palestra, tenía mucho centimetraje de prensa; de hecho era una de las que más centimetraje tenía en el medio farandulero venezolano. 


No lo escogí yo, me fueron guiando los medios impresos, entre ellos los pertenecientes al Bloque De Armas y a la Cadena Capriles; ellos son responsables de eso, porque me hacían las entrevistas, las fotografías, me fueron entubando y yo me iba dejando porque me parecía chévere. Fui criada en Inglaterra, estudié afuera, siempre fui una niña de mundo, con una familia muy culta y a mí no me parecía malo hacer fotos sexy ni nada de eso. Resulta que en una Caracas hipócrita, doble cara, como era nuestra sociedad y lo ha sido toda la vida, en los años 80 también se daban golpes de pecho y todo era una hipocresía. Pero es que un país del tercer mundo tiene que pasar por eso para poder madurar. Me tocó a mí estar en el medio de ese Tsunami

Yo iba como en la punta, rompiendo esquemas, como un salmón contra la corriente, junto con María Conchita Alonso, Haidée Balza y después Mimí Lazo. Íbamos todas como rompiendo esquemas, diciendo algo como: “No, espérate, el camino es por aquí y no tiene nada de malo”. Ser así se paga caro, pero también da muchas satisfacciones, porque queda uno como un ícono. Sé que he dejado una impronta y he quedado un poco en la memoria colectiva de los venezolanos, eso tiene su precio. Es interesante saber que es así y aceptarlo, pero no fue a propósito ni ninguna estrategia publicitaria. 

              La eterna transgresora.                         
       Foto: Carlos Marques 
           
Yo iba como una Lolita, completamente ignorante del poder sexual que tenía. Eso fue lo que me salvó de no haber sido devorada por los lobos, porque caminé un poco por encima de toda esa perversión y me salvé por la inocencia, pero era una Lolita, tal cual una Marilyn Monroe. Una vez el director de teatro Pedro López paró un ensayo y me dijo: “Ya entendí qué es lo que ha pasado contigo, Alicia. Tú eres una Betty Boop atrapada en el cuerpo de una Marilyn Monroe”. Esa imagen resume, a mi juicio, lo que es y lo que ha sido Alicia Plaza en Venezuela como figura pública. 

Una vez afirmó en una entrevista: “Durante la década de los ochenta y parte de los noventa hice mucho cine, por alguna razón fueron casi todas películas fuertes y atrevidas en las que yo además fui fuerte y atrevida. Así lo decidí y así fue”. Sugerencia suya fue la escena bastante osada para la época en El Atentado junto a Gustavo Rodríguez, que de paso había hecho de su padre en Adiós, Miami. ¿Cómo enfrenta la controversia una actriz como usted, con una familia tan tradicional y reconocida?


Sí, en la película
El Atentado soy la responsable del primer orgasmo en el cine nacional; es mi autoría porque de hecho yo le sugiero a (el director) Thaelman Urgelles hacer una escena así. Leí en el guion que había una escena de amor entre Gustavo Rodríguez y yo. Le digo al director: “Thaelman, esto es aburridísimo, la misma escena, el cigarrito, la cobijita. Además, siempre el hombre montado sobre la mujer…”. Así se presentaba el sexo en las películas de la época y él me dice: “¿Qué sugieres tú?”. Yo tenía como 24 años, así que le respondo: “Vamos a hacer una cosa, Thaelman, yo me monto sobre Gustavo Rodríguez, cabalgo sobre él, le hago el amor y después tengo un orgasmo”. Aquello era una locura mía, de esas que después de que las digo me arrepiento, porque soy como una niña grande. La cara de Gustavo y Thaelman… ellos no podían creer que yo estaba sugiriendo semejante cosa en los años 80. Entonces, el director se me quedó mirando y me dijo: “Pues yo te voy a decir una cosa, Alicia, te compro esa idea, me encanta”. En el momento que él me dijo que le gustaba la idea todo el mundo se alborotó: la directora, el de Fotografía, el productor, Gustavo con la boca abierta. Entonces yo le dije: “No, no, mejor no”. Pero él me respondió: “No, Alicia, me encanta esa idea”. Puso tres cámaras en contrapicado, al frente y a la izquierda. Cuando tengo el orgasmo, yo caigo sobre Gustavo y me agarra la cámara frontal en contrapicado; luego una cámara a la izquierda y una cámara atrás… ¡Se me ve todo el cuerpo desnudo, impresionante! 


Fue un escándalo a nivel nacional. De hecho, el diario
El Nacional hizo una encuesta en el suplemento Séptimo Día, donde pusieron a opinar al público, porque la gente decía que Gustavo y yo habíamos hecho el amor “de verdad”. Ellos hicieron una encuesta sobre quiénes opinaban que era real y luego ellos van a echar el cuento. Nosotros tuvimos que decir que era mentira, que éramos actores… fue impresionante la veracidad que tuvo esa escena. Y luego, mi papá se hizo el mudo. Después de que me regaló el libro de Ingrid Bergman nunca me criticó, solo que este trabajo no le gustó, digo yo, porque no me felicitó ni me fue a ver ni nada. Mi amado hermano mayor me dijo que yo había mancillado el apellido Plaza, se ofendió, pero después con los años, madurando, me dijo: “Ay Alicia, soy un tonto, tú eres una actriz de primera línea y todo lo que hiciste fue muy original”. Pero es que todo el mundo también me criticó, aunque siempre fui p’adelante. De verdad, fui muy fuerte y valiente a la vez porque me puse esas gríngolas, con la certeza de que estaba haciendo lo correcto, lo que una artista tiene que hacer, que es crear y ser libre. Soy una mujer libre por esencia, no soy esclava de nada, ni siquiera de mí misma. Imagínate lo libre que soy: libre por dentro y por fuera.   

Debo reconocerle una gran capacidad de asimilar las crisis y enfrentarlas de manera positiva. Para mí, es una guerrera. En los 80 usted, Elba Escobar y Manolo Manolo capean el temporal de las consecuencias del Viernes Negro con El Show del Bolero, el cual tuvo un éxito impresionante y todavía es recordado. Cuando las fuentes de trabajo mermaron y el cierre de RCTV se produjo, usted se marcha a Estados Unidos y logra trabajar muchísimo en televisión y teatro. Luego regresa y en medio de esta fuerte crisis, se radica en Nueva Esparta, y emprende una nueva faceta como docente, promotora de talentos y algo novedoso, se convierte en motivadora. Cuénteme acerca de esos cambios que ha debido asumir. 

Soy una resiliente natural. Los cambios que he tenido que enfrentar, yo misma los he promovido o procurado: la intensidad de los años 80, con esos cambios tremendos y enfrentarme a toda una sociedad señalándome con el dedo y a la vez  enamorándose de mí, es una cosa loca. Después todo lo que ocurrió con El Show del Bolero fue fantástico, porque gracias a Pilar Romero, que tuvo esa visión, nosotros no colapsamos.

Alicia se refiere a las consecuencias que produjo en los canales de televisión venezolanos la eliminación de contratos de exclusividad y la disminución de proyectos dramáticos por el impacto económico de la devaluación del bolívar frente al dólar, así como a las restricciones en la venta de divisas. Las fuentes de trabajo empezaron a reducirse, los pagos eran menores y por proyectos. Muchos actores se vieron, de repente, en una precaria condición económica personal.

“De manera inesperada nos quedamos sin trabajo y El Show del Bolero nos permitió tener esa entrada extra que necesitábamos, además de ser conocidos como cantantes”.

Alicia Plaza y y Lorena Rojas en el set de Pecados
Ajenos
. Fuente: Getty Images
Luego, en 2005, en plena crisis de los medios televisivos, yo me marcho del país. Vendí todo: mi casa, mis carros. Me reduzco a siete maletas y a mis dos hijos, de 9 y 11 años, realmente pequeños. Llegué a Estados Unidos con un capital bastante modesto y para vivir allí hay que tener muchísimo dinero. Tuve el apoyo de mi familia, muy rápidamente Venevisión Productions me dio trabajo. Luego tuve esa fuerza para entrar a Telemundo; me lo puse entre ceja y ceja y lo logré, un papel protagonista junta a Lorena Rojas, que en paz descanse. Además logré mucho éxito con ese papel, tuve tres propagandas internas en la novela y ninguna de las otras actrices venezolanas alcanzó esa maravilla. Sé que tuve mucho éxito porque veo lo que pasó después, la proyección de mi carrera internacional. Sí soy una mujer de cambios, una resiliente natural, porque esa es la vida.  

¿Por qué se regresa de Estados Unidos, si había obtenido ese éxito tan importante?

             Alicia junto a sus hijos pequeños. Fuente: Instagram         
Regresé porque el padre de mis hijos, Eduardo Parisca, que en paz descanse, no quería que los muchachos pasaran la adolescencia en Estados Unidos. Él prefirió que esa etapa tan importante la vivieran acá en nuestro país y yo le hice caso, dejé todo atrás. Sin embargo, cuando llegué a Caracas, me di cuenta de que la ciudad no tenía nada para mí, no representaba nada. En 2008 la encontré muy de capa caída, sin nada de trabajo para mí. Era algo horrible. Mi hermana mayor estaba viviendo en Margarita y me dijo que me fuera allá: “Yo te consigo casa y colegio”. De inmediato me mudé a la isla con mis dos hijos y en verdad me fue muy bien. Me volví docente y motivadora. La verdad fueron 10 años maravillosos, pero que ya también terminaron. Ahora estoy en Caracas muy contenta. 

Hace varios años, en el programa En íntimo, con María Elena Lavaud, a propósito de sus 35 años de trayectoria artística, aseguró que su sueño era ir a Broadway… ¿Se mantiene vigente?

Fuente: @aliciaplazaoficial en Instagram
Sí, mi siguiente paso artístico si Dios me lo permite —y sé que me lo va a permitir, porque ahora tengo cadera nueva y voy a lograrlo— es ir primero a Madrid, después a Broadway. Esta es una de las grandes capitales del mundo cuyo teatro musical está muy en boga y en la punta de lanza, junto con Londres y Nueva York. Mis hijos viven en Barcelona (España) y para mí va a ser una maravilla poder estar cerca de ellos. Es una meta a mediano y largo plazo, lo estoy tomando con calma para prepararme bien en el salto. Sé que estoy perfectamente capacitada, porque para eso me he estado preparando durante 44 años.

De las diferentes facetas profesionales desarrolladas, ¿con cuál se identifica más: cantante, actriz, docente, promotora, motivadora?

No podría decirle que una cosa me gusta más que otra, pero sí le puedo confesar que cuando yo canto y bailo me conecto con la energía divina de Dios. Cuando actúo, emerge esa transgresora, loca, divina, que saca sus emociones, su carácter, su impulso. La actriz me permite drenar y trabajar personajes, pero es más comprometido para mí, más difícil; es el rol que más me cuesta de todos, porque es el que vino después. A mí todo me gusta, pero cuando bailo, canto, doy clases, soy motivadora, es cuando encuentro la sincronía con Dios, es cuando yo me conecto con Dios en forma directa, así que yo diría que soy una artista, soy una artista escénica completa.

¿Cómo se siente en este momento como mujer, madre y profesional?

Como madre me siento un poco triste porque acaba de emigrar mi hijo varón y pues, nada, ahora estoy solita en Venezuela. La idea es estar cerca de ellos en un tiempo no muy largo. Como profesional, me encuentro un poco confundida con esta situación. Me hace falta trabajar, tener pautas de trabajo, estar activa. Soy un animal de trabajo, definitivamente una workaholic. Como profesora, estoy feliz porque voy a reiniciar mis clases, voy a estar haciendo mucho trabajo como docente este 2022, Dios mediante.  

¿Qué quisiera compartir con los nuevos talentos artísticos que están emergiendo en este momento en un país como el nuestro, con fuentes de trabajo casi nulas?

Les diría que opten siempre por la excelencia, que lean, que se cultiven, que vayan a museos, que observen a la gente, que vean la naturaleza, que escriban, que practiquen, que canten… Lo que les guste hacer, que lo hagan. Que estudien, que no sean diletantes y mediocres, que se formen, pero que sobre todas las cosas, apunten a la excelencia, a ser ciudadanos de primera, porque por alguna razón nos estamos convirtiendo en ciudadanos de segunda y de tercera. Así que yo diría que ese es el súmmum de mi formación: convertir a un pollito mojado en un cisne blanco, convertir a una personita salvaje en alguien cultivado y en un ciudadano de primera.  

¿Cuál es su mensaje como motivadora a nuestros lectores?

Lo mejor está por venir, suelta y confía. Cada vez que sientas que el mundo se derrumba a tu alrededor, piensa que siempre hay alguien que la está pasando peor que tú. Respira, suelta y confía. 





jueves, 13 de septiembre de 2018

Doris María, aquella catirrusia de Caripito

Doris Wells. Fuente: Archivo RCTV
Nunca la conocí, es la verdad. Cuando Doris María Buonaffina murió en septiembre de 1988, yo apenas contaba con 23 años y ella 42. Sin embargo, su voz y su presencia me eran tan cercanas como si se tratase de alguien de mi propia familia.

Por supuesto, a quien yo “conocía” era a Doris Wells, su alter ego en el mundo artístico, esa camaleónica figura que se desdoblaba en diversos personajes, ora en la pequeña pantalla de la televisión, ya en la gran pantalla del cine. Así que de conocer, nada. Digamos que sabía de su existencia como todo el que tenía un televisor en casa en los años 70.

La verdadera Doris no era una mujer de fácil acceso. Resguardaba su privacidad con gran celo. Aunque en los sets encarnó villanas o sufridas heroínas con gran solvencia —lo que hacía amarla u odiarla, según fuese el caso—, su verdadera naturaleza interpretativa brilló en roles que no tenían esa vena “culebrónica”: Pilar, en La señora de Cárdenas; Pura, en Campeones; Margarita, en Gómez I; y  Enriqueta, en La hora menguada.

Fuente: Revista Estampas, El Universal
Pese a lo artificioso de su apellido artístico, Doris era venezolana de pura cepa. Sus padres fueron José Ramón Buonaffina, descendiente de italianos nacido en Cumaná, estado Sucre; e Isabel Padrino, nativa de Uracoa, estado Monagas. Ambos eran viudos y tenían hijos de sus anteriores uniones (dos él, tres ella). El 28 de octubre de 1945 nacieron en el hospital de Caripito los gemelos Doris María y Miguel Ángel.

En su infancia, Doris vivió en el campamento petrolero Cayena, en Caripito, pues su padre era enfermero en la Creole Petroleum Corporation. Ocarina Castillo, en la biografía de la actriz publicada por Los Libros de El Nacional,  la describe como una niña menudita y precoz, quien muy joven desarrolló un talento especial para las letras: aprendió a leer a los cuatro años, memorizaba los cuentos y los repetía a su familia. Al ser la menor, se convirtió en la niña mimada de su madre, quien la consentía en todo. También era muy despierta y graciosa.

Fuente: Archivo Últimas Noticias
Sin embargo, esa vida idílica pronto atravesaría por altibajos. A los cinco años de edad, Doris perdió a su padre, quien falleció de un cáncer de esófago en 1949. Su hermano mayor fue contratado por la empresa petrolera y se hizo cargo de la familia, aunque la señora Isabel se instaló temporalmente en Maturín con los menores de sus hijos. Pasados unos meses regresaron a Caripito y de allí se trasladarían al campo Miraflores, en Quiriquire, al ser  transferido su hermano Humberto, ahora cabeza de familia, a esa localidad donde la futura actriz estudió primaria en el Colegio Libertador.

Fuente: Archivo El Nacional
En 1958 se mudo con su madre y tres hermanos a Caracas. En la capital venezolana la familia residió en diferentes lugares, incluyendo un pequeño apartamento en La Pastora. En octubre de 1958 inició sus estudios de bachillerato en el liceo Pedro Emilio Coll y un año después se inscribió en la Escuela Nacional de Arte Escénico, dirigida por Juana Sujo. Fue allí donde concentró su mayor interés, ella toda delgadita, con apenas 13 años pero con muchas ganas de aprender. Entre sus condiscípulos se encontraban las hermanas Olga y Carmen Messuti, Ivonne Attas, José Luis Silva, Isabel Padilla y José Bardina, quien la acompañaba a su casa al salir de clases.

Su primera actuación frente al público se llevó a cabo en 1960  en el monólogo La Dama Boba. En 1961 egresó de la última promoción que recibió el título de manos de Juana Sujo, poco antes del fallecimiento de la recordada maestra del teatro venezolano. Posteriormente, se incorporaría a diversos montajes como Cinco gangster y una monja; Melocotón en almíbar y Donde está marcada la cruz.

Por esos años Doris trabajó brevemente en el Bufete Rízquez-Irribarren-Abogados como recepcionista, a sugerencia de su hermano gemelo; allí, aún adolescente, conocería al que sería su futuro esposo, el profesional del Derecho, William Rísquez, de 36 años. Sería en esa época también cuando su familia compraría un apartamento en la urbanización El Marqués, específicamente en 1963.

Edmundo Arias, Doris Wells, América Barrio y Raquel Castaños en Amores
de Juventud
. Fuente: RCTV
Su ingreso al mundo publicitario ocurrió a los 15 años, por una de esas casualidades que determinan el destino de los seres humanos. Se encontraba en el estadio Olímpico y, en momentos cuando veía una competencia de judo junto a su hermano, un publicista de la agencia Young&Rubicam le propuso hacer una prueba para una cuña. Ella accedió y a los 15 días le avisaron que estaba contratada. Así de fácil debutó para promocionar “Lux, el jabón de las estrellas”. Entre 1961 y 1962 protagonizaría 17 cuñas con las marcas más reconocidas de la época e iniciaría tímidamente su camino estelar por la televisión. También realizaría junto a Miguelángel Landa la primera fotonovela realizada en el país, en 1962, llamada Muerte en el refugio alpino.

Fuente: revista Venezuela Farándula
En la Televisora Nacional interpretó papeles de extra, que incluían su intervención en una versión de Canaima. Luego pasaría a RCTV, donde lograría breves incursiones en el espacio Se necesita una amiga, transmitido en vivo en horas del mediodía; Nuestra Peggy y The Amador´s News. Paralelamente, continuaba sus estudios de bachillerato en el liceo Caracas.

Era el momento apropiado para cambiar su apellido por uno más sonoro y fácil de recordar. Así que hizo una lista de los apellidos de sus padres, de los cuales escogió uno europeo, proveniente de su familia materna. Nacía, entonces, Doris Wells.

Reina, Felicia y María Eugenia, las tres hermanitas Montero.
Fuente: Archivo RCTV
A mediados de los 60, Doris se encontraba más que preparada para posicionarse en la mira pública de manera contundente. El vehículo sería el personaje de Reina Montero en Historia de Tres Hermanas (1964), novela ambientada a mitad del siglo XIX con libretos de Roselia Narváez y dirección de José Antonio Ferrara. Esta producción dramática se convirtió en un éxito sin precedentes, con una duración de más de un año. Inicialmente difundida en capítulos de una hora los martes a las 7:00 pm, posteriormente estas transmisiones se ampliarían a cinco veces a la semana. Doris, como la villana debutante en la trama, era la menor de las tres hermanas del título, que incluía a la mayor María Eugenia Montero (Eva Blanco) y a la del medio, Felicia Montero (Eva Moreno). Leonardo Andueza (Raúl Amundaray) era el centro de las disputas amorosas femeninas, pero como cosa curiosa era Reina quien resultaba favorecida con su cariño. En el elenco también figuraban Manuel Poblete, María Teresa Acosta, Tomás Henríquez, América Barrios, Daniel Farías y Guillermo González, entre otros.

Eva Blanco, Eva Moreno y Doris Wells. Fuente: noeliamaot
Después de ese importante triunfo, Doris continuaría como antagonista y ocasional villana en telenovelas como Renzo el Gitano; La Leona, El Gavilán, Corazón Salvaje (en la que interpretó a la pérfida Aimée), Bárbara, Corazón de Madre, El Valle Ardiente, todas transmitidas entre 1964 y 1966 a través de RCTV. También intervendría en teleteatros como La gota de agua, La Pasionaria y La flor del Matapalo. En Televisora Nacional haría la telenovela El Mulato, junto a Oscar Martínez; y en marzo de 1966 interpretó un papel en el espacio Martes Estelares con la obra Un verano en Nohant, junto a Margot Antillano, Eva Blanco y Esteban Herrera.

En su vida personal, las cosas también daban un giro importante: después de varios años de noviazgo, Doris y William Rízquez se casaron el 27 de abril de 1966, en una ceremonia muy sencilla, en la estricta intimidad de su familia. De ese matrimonio nacieron Marielva (1966), Xavier (1968) y Verónica (1969), periodos en que ella se retiró temporalmente del medio artístico. Aunque su marido gozaba de una buena posición económica, no le impidió que continuara su carrera artística, pese a las reservas con que fue recibida por el entorno familiar y los amigos de su pareja.

Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Con una sólida formación teatral, en 1967 debutó en El Nuevo Grupo, el cual estaba liderado por José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón, Román Chalbaud, John Lange y Miriam Dembo. Ella participaría en los montajes iniciales de Tric Trac (1967) y Asia y el Lejano Oriente (1968), ambas dirigidos por Chalbaud.

Paralelamente, su carrera en la televisión avanzaba: logró con éxito la transición a protagonista “buena”, primero con el personaje de Irene en Sacrificio de Mujer (1972), luego Regina Carbonell (1972) y el que sería su mayor logro hasta ese momento: Raquel (1973), en el que hacía pareja con Raúl Amundaray. Esta producción dramática alcanzaría los 642 capítulos y casi dos años de transmisión continua en horario estelar a las 9:00 pm hasta que en junio de 1974 el Ministerio de Comunicaciones aprobó nuevas normas para regir la programación televisiva, que obligaron a su corte intempestivo.

Gustavo y Doris en La Trepadora.
Fuente: Archivo El Nacional
Después de Raquel, RCTV inició el ciclo de Rómulo Gallegos con la producción corta La Trepadora. En ella Doris interpretaba a Victoria Guanipa y acompañaba en el elenco a Oscar Martínez, Hilda Vera,Gustavo Rodríguez y Mahuampi Acosta. Su actuación, junto al resto de sus compañeros, recibiría grandes elogios en lo que se consideró una de las versiones mejor lograda de las obras del novelista venezolano. A este espacio le seguiría el programa especial El Encendedor de Faroles, junto a Luis Pardi.

Doris y Miguelángel Landa en Pobre Negro
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Paralelamente, en el Teatro de Bellas Artes de Maracaibo debutó junto a la compañía teatral Contacto 4 y estrenaron en 1975 la obra A media luz los tres, de Miguel Miura, bajo la dirección de Romeo Costea, con Oscar Martínez, Cecilia Villarreal y Alejandro Mata.

En 1975 comienza el ciclo dedicado al poeta Andrés Eloy Blanco en el espacio Pantalla de Plata; Doris asumiría la protagonización en los teleteatros Florinda, La Loca Luz Caraballo, La Llorona, La Renuncia y El Limonero del Señor, todos dirigidos por Ibrahim Guerra. El 7 de octubre de ese año se presentó el teleteatro Belinda, en el espacio La Comedia Humana, donde ella asumió el personaje de sorda que hizo famosa y merecedora de un Oscar a Jane Wyman en la versión cinematográfica de 1949. Su trabajo fue bien recibido por la crítica y los espectadores, quienes  veían el crecimiento que como actriz iba acumulando a lo largo de su trayectoria.

Siguiendo el ciclo de Rómulo Gallegos, el 28 de octubre de 1975 se estrena Pobre Negro, adaptación de Salvador Garmendia, bajo la dirección de Ibrahim Guerra. En esta historia la recuerdo primero como Ana Julia Alcorta, casi al borde de la histeria, siempre alterada, sobresaltada por la súbita presencia nocturna de Negro Malo (Miguelángel Landa) en su ventana. Luego, en la segunda etapa de la trama, iluminaba la pantalla chica como la risueña y adorable “niña” Luisana Alcorta, viviendo su historia de amor junto a Pedro Miguel Gomares (otra vez Landa). El 9 de marzo de 1976 concluía esta versión con enorme éxito de crítica y audiencia. Hasta la fecha es gratamente recordada por el público.

Campeones (RCTV, 1976)
Su buena racha continuaría. Del 27 de julio al 3 de agosto de 1976 se transmitió Campeones, con base en el cuento de Guillermo Meneses, según adaptación de José Ignacio Cabrujas y Ligia Lezama, otra vez con Ibrahim Guerra dirigiendo. Esta producción representó un nuevo hito en su carrera: todos alababan la naturalidad con que ella, Miguelángel Landa, Cecilia Villarreal, Tomás Henríquez, Amalia Pérez Díaz, Arturo Calderón, Alberto Marín, William Moreno y Lucio Bueno asumieron sus roles. La historia giraba en torno a la vida de dos jóvenes de Macuto, el beisbolista Teodoro Guillén y el boxeador Ramón Camacho, que intentaban superar la pobreza y la marginalidad social, optando por conseguir espacio y reconocimiento a través de la práctica del deporte.

Anastasia, teleteatro en RCTV.
En teatro se presentó durante la temporada mayo-junio con la obra Un día en la muerte de Joe Egg, original de Peter Nichols, en adaptación de José Gabriel Núñez y dirección de Ibrahim Guerra, con Alicia Barrios en la asistencia de dirección. Le acompañaron Rolando Barral, Aníbal Grumm, Cecilia Villarreal, Reinaldo Lancaster y Laura Zerra.

Pese a todos los éxitos alcanzados, 1977 es el definitivo para su consagración. Primero representa los teleteatros La Quema de Judas y Anastasia, así como el programa de misterio El Hacha. También comienza La Señora de Cárdenas, original de José Ignacio Cabrujas, con libretos de Fausto Verdial, Julio César Mármol y María Elena Ascanio, dirigida por Juan Lamata. Esta historia de pocos capítulos en comparación con los culebrones de la época se convirtió en una de las de mayor sintonía; significó un hito importante en la manera de hacer dramáticos en nuestra televisión, al punto que fue el inicio de lo que se llamó la “Telenovela Cultural”, un nombre artificioso para algo que pudo haber tenido mayor permanencia.

El señor y la señora de Cárdenas
(RCTV, 1977)
Según Doris, la extraordinaria receptividad que había recibido este drama intimista de un matrimonio al borde del divorcio, residía en varias razones: “Lo primero y principal es el libreto; segundo, a que la gente quiere verse reflejada con sus propios problemas, sin trucos y sin truculencias. Se sienten identificados con esa trama. Además, todo el elenco está muy bien en sus papeles, incluyendo la dirección. Hay un acople fenomenal. Ese es el éxito: radica en la forma de hablarle al público”.


Soltera y sin compromiso (RCTV, 1977)
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica
Venezolana, Libros de El Nacional. 
En la misma tónica de la llamada Telenovela Cultural, hizo Soltera y sin compromiso (1978), original de Cabrujas y escrita por Fausto Verdial, Ibsen Martínez y Pilar Romero, protagonizada con Miguelángel Landa y dirigida otra vez por Juan Lamata. Sin embargo, en esta ocasión la receptividad del público fue menor.

Es importante destacar que la relación de Doris con la televisión venezolana siempre fue crítica, tanto por los mensajes que transmitía como por la forma de trabajo y trato a los actores. Por ejemplo, en 1973 aseguraba: “En opinión franca y sincera, las telenovelas son una pesadez y si las tres plantas de televisión se pusieran de acuerdo, podrían ofrecer al público argumentos de mejor calidad" (El Nacional, 07/10/1973, citado por Castillo, 2009).

Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Por ello, no es una sorpresa descubrir que ya desde ese año anunciaba su mayor rigurosidad a la hora de escoger las producciones en las que intervendría: “Después de Raquel, no haré más telenovelas de este corte […] Creo que finalizada Raquel, haré La Trepadora. Seguiré haciendo obras de este tipo, de lo contrario, me quedaré en casa”. En ese sentido, era tajante cuando daba una negativa a algo con lo que no estaba de acuerdo: “Cuando se me encargue realizar un buen papel, seguro acepto. A mí me gusta trabajar a gusto y cuando se me presenta un personaje interesante y difícil, no tardo en aceptarlo […] pero cosas mediocres ¡NO! (Páginas, 20/10/1973).

Muestra de su selectividad es la justificación para negarse a participar en Bárbara, con Hilda Aguirre y Edmundo Valdemar. Ella, que había encarnado a la villana en la versión televisiva, ahora rehusaba intervenir en la cinta del mismo nombre: “Esta película no resulta nada positivo para mi carrera artística. Además, en el aspecto económico era algo muy denigrante para mí. O se me encarga un buen papel o prefiero permanecer en mi casa” (Venezuela Gráfica, s/f, 36-38, citado por Castillo, 2009). La alternativa de quedarse en casa siempre estaba flotando como medida de presión para obtener lo que deseaba al momento de decidir si intervenía o no en alguna producción. Y es justo decir que en esas duras negociaciones, muchas veces el público salió ganando.

Doris Wells y Carlos Márquez en La Fiera (1978)
Un cambio de registro representó su rol de Isabel Blanco en La Fiera (1978), una muy libre adaptación de Julio César Mármol de Los Hermanos Karamazov, de Dostoievski, con libretos de Fausto Verdial, Pilar Romero, Carlos González y Pedro Felipe Ramírez. Dirigía Juan Lamata y formaba parte de la historia uno de los elencos más sólidos que se ha presentado en nuestra televisión: Carlos Márquez, José Bardina, Tomás Henríquez, Agustina Martín, Helianta Cruz, Elisa Stella, Mary Soliani, Gustavo Rodríguez, Lucio Bueno, entre muchos otros estupendos actores. Ella, modelo de contención en sus roles naturalistas, ahora se mostraba salvaje, desarreglada, gritando como una desaforada en contrapunteo amoroso entre Jose Bardina y Carlos Márquez como el inolvidable Eleazar Meléndez. Él la apodaría la catirrusia y así la llamaría el pueblo durante mucho tiempo.


Escenas de la telenovela La Fiera (RCTV, 1978). Fuente: canal Youtube de Noelia

En abril de 1979 regresó al teatro para encarnar a Nora en Casa de Muñecas, obra de Henrik  Ibsen, montada por El Nuevo Grupo. La dirección de Carlos Gorostiza garantizó excelentes actuaciones de José Ignacio Cabrujas, Ricardo Salazar, Isabel Sauver y Rafael Briceño.

Margarita Torres (Gómez I, 1980)
Fuente: libro Amores Públicos
La década de los 80 fue particularmente fructífera para ella. Participó en Gómez I, estrenada el 28 de octubre de 1980, con destacada actuación de Rafael Briceño como el dictador Juan Vicente Gómez. Allí interpretó a Margarita Torres, hermana de Dionisia Bello, primera mujer de El Benemérito. A la prensa comentaría no sin cierto desencanto: "Lo lamentable y que me sigue doliendo, es que Gómez es un programa aislado dentro de la TV, porque lo ambicioso y lo que verdaderamente tendría que ser, es que Gómez fuera un programa más y que la competencia estuviera  establecida a ese nivel". (El Nacional, 21 de octubre de 1980, citado por Castillo, 2009). Al año siguiente protagonizaría la miniserie La Comadre, inspirada en la vida de la progenitora de Román Chalbaud, quien también sería el director.

En 1982 sorprende a todos con su doble papel en ¿Qué pasó con Jacqueline?, escrita especialmente para ella por su amiga, la escritora Alicia Barrios. Aunque no logró el éxito esperado, su actuación resultó muy comentada.

Inquieta como era en el aspecto creativo, ese mismo año se estrenó además como escritora y productora, con el unitario Porcelana (09/12/1982), interpretado por ella misma y acompañada por Carmen Julia Álvarez y Carlos Márquez, con dirección de César Bolívar:

Unitario Porcelana (RCTV, 1982). Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla

Otra historia de su inspiración se llevó a la televisión el 24 de enero de 1983: Soledad, con dirección técnica de Luis Manzo y la dirección artística a cargo de Doris. La protagonista de esta narración fue Caridad Canelón, quien fue escogida por la propia Wells.

Doris junto a un grupo de damas protesta
en 1983 ante la crisis que atraviesa el país.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica
Venezolana, Libros de El Nacional. 
Su inquieta personalidad la llevó a incorporarse al activismo ciudadano. El 11 de marzo de 1983, junto a un grupo de mujeres no afiliadas a ningún partido político, se concentraron en la Plaza Bolívar para llamar a la reflexión sobre la situación que vivía el país, abatido por la crisis económica y el llamado Viernes Negro. Fue el primer paso que luego, en 1987, se concretaría en una militancia activa en el Movimiento Nueva República, encabezado por Jorge Olavarría. Su posterior enfermedad la llevó a retirarse de la política.

Lucio Bueno, Loly Sánchez, Víctor Cámara
y Doris, en Derrota Final (RCTV, 1983)
El 5 de junio de 1983 se estrenó Derrota final, un unitario escrito por Salvador Garmendia, dirigido por Humberto Morales, con Franklin Virgüez, Loly Sánchez, Víctor Cámara, Lucio Bueno y Doris Wells, encarnando a una guerrillera urbana.


Enriqueta y Amelia en La Hora Menguada.
Fuente: Showpaper, febrero-marzo 2001
En el marco del segundo ciclo en honor a Rómulo Gallegos, Doris encaró a su antigua “rival” en la pequeña pantalla, Marina Baura, para desarrollar una historia entrañable: La hora menguada, dirigida por Renato Gutiérrez, con música de Aldemaro Romero. Era un enfrentamiento largamente esperado por los seguidores de ambas actrices, quienes demostraron con creces su solvencia histriónica y su profesionalismo. En ese sentido ellas, que no eran amigas ni enemigas, supieron reconocer en la otra los méritos necesarios para que ambas pudieran brillar en esta pequeña joya televisiva. En ese mismo ciclo, Doris siguió desarrollando sus habilidades como escritora: adaptó el cuento Paz en las alturas, dirigido por Carlos Porte, con la actuación de Tomás Henríquez y Gladys Cáceres, transmitido en la Navidad de 1984.

La hora Menguada. Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla

Doris/Oriana, de Fina Torres. Fuente: Blog Sofía en el cine.
A lo largo de esa década, su presencia en la pantalla grande fue una constante: estrenó La casa de agua, de Jacobo Penzo (1984), con Franklin Virgüez, Hilda Vera y Elba Escobar; Oriana (1985), de Fina Torres, que recibió el galardón Cámara de Oro en el Festival de Cannes. En 1985 se estrenó Más allá del silencio, de César Bolívar, donde ella tiene un breve papel. Y en junio de ese año rodó Aguasangre, crónica de un indulto, de Julio Bustamante, con una breve participación, luego del despido de Abraham Pulido. Estas cintas complementaban su filmografía durante la década de los 60, que incluía títulos como El rostro oculto, Isla de sal y Un soltero en apuros (todas de 1964), así como La honorable sociedad, producción italiana de 1968.

Quinteto de lujo: Adriano González León, Elías Pino Iturrieta,
Jesús Alberto León y Robert Rodríguez, jurados de Concurso
Millonario
, junto a su conductora, Doris Wells.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica
Venezolana, Libros de El Nacional. 
Durante el periodo 1985-86 fue la conductora del Concurso Millonario, una experiencia totalmente nueva tanto para ella como para el público. En esta nueva faceta quería aportar su contribución hacia una televisión de mayor nivel, en la que no solo se ofreciera entretenimiento sino también conocimiento a través de las preguntas que con solvencia debían ser respondidas por concursantes de alta formación en un área específica. Desde Radio Rochela, Norah Suárez la parodiaba en un sketch, remedando su voz ronquita y aquella legendaria frase a partir de la cual los invitados podían responder a la pregunta: “Tieeempo”.

Fuente: Showpaper, febrero-marzo de 2001

A mediados de 1986 hizo el programa radial Corazón a dos junto a Abel Ibarra, transmitido por RQ-910 los viernes por la noche. En julio del mismo año se incorporó al proyecto que la devolvería a las telenovelas e inició las grabaciones de La Dama de Rosa, pero a finales de septiembre y luego de varios capítulos adelantados renunció intempestivamente, al darse cuenta de que el personaje que le habían ofrecido no tenía la importancia prometida. A su renuncia le siguió la de Gustavo Rodríguez y Marina Baura, quien fue llamada a reemplazarla, también declinó la oferta y se retiró de los sets televisivos, bajo el razonamiento de que si no era bueno para Doris, tampoco podía serlo para ella. Al final, los roles principales quedaron a cargo de Jeannette Rodríguez, Carlos Mata y Dalila Colombo.

Jairo Carthy y Doris en Ana, pasión de
dos mundos
. Fuente: Blog de Jairo Carthy
Su última actuación fue en Ana, pasión de dos mundos, dirigida por Santiago San Miguel, protagonizada por Maribel Verdú, Juan Luis Galiardo, Perla Vonasek y Cristina Reyes. Se rodó entre noviembre y diciembre de 1986 y se estrenó en España en agosto de 1987.

En el primer trimestre de 1986 Doris recibió un diagnóstico de cáncer de mama, con múltiples metástasis óseas. Fue tratada por un médico zuliano en Buenos Aires, Argentina, donde residió brevemente mientras recibió la atención requerida, por lo que su enfermedad entró en remisión. Un año antes había enviudado de su esposo y se vio en la terrible situación de enfrentar su condición de salud en momentos cuando se encontraba altamente vulnerable.

Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional 
 El 1 de septiembre de 1988, Doris Wells fue ingresada en la Policlínica Santiago de León, en Caracas, donde estuvo hospitalizada 20 días. Allí fue tratada por una crisis del metabolismo hepático; luego, le sobrevino un cuadro neumónico agudo resultado de un germen intrahospitalario que ocasionó una deficiencia respiratoria. Fue internada en la Unidad de Cuidados Intensivos y poco después entró en estado de coma, posterior a una intervención quirúrgica debido a una hemorragia gástrica. Falleció el 20 de septiembre de 1988, a las 8:30 pm., de lo cual se cumplen ya tres décadas de su desaparición física.

Murió muy joven e inquieta imaginar cuánto más pudo haber aportado, dado su espíritu creativo e inconforme. Según sus allegados, a Doris le gustaban las conversaciones inteligentes y amenas, los viajes, los automóviles y las joyas. Para quienes apenas la conocimos a través de la televisión, ella representaba una de las mejores actrices nacionales, garantía de calidad de las producciones en donde actuó; era la Excelencia (así, con mayúsculas) que en intermitentes destellos alguna vez marcó la producción dramática de la televisión venezolana. Por eso aún hoy la recordamos.

Nunca la pudimos ver anciana, pero en la miniserie La Comadre (RCTV, 1980), Román Chalbaud nos la presentó envejecida junto a Cecilia Villarreal.
Fuentes consultadas:

Ocarina Castillo D’Imperio (2009). Doris Wells. Biblioteca Biográfica Venezolana, vol. 101. Libros El Nacional y Fundación Bancaribe. Caracas, Editora El Nacional.

Néstor Luis Llabanero (2014). Eva Blanco, la actriz de todos los tiempos. Revista Estampas, diario El Universal, 14 de mayo de 2014.

Ricardo Tirado (2004). Amores Públicos. Fundación para la Cultura Urbana, Caracas.