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domingo, 29 de junio de 2014

Maracaibo: de colección

Los coleccionistas encontraron un paraíso particular en Maracaibo
(Fotografía José Gregorio Marcano)
Lo primero es atravesar la gran puerta marrón que divide ambos mundos: uno exterior, caluroso y pleno de luz; el otro, al cual se accede a través de un pasillo, nos conduce al paraíso de las maravillas: la Séptima Convención de los Coleccionistas de Maracaibo.

Lo primordial, antes de ingresar, es planificar cuidadosamente cuánto estamos dispuestos a gastar. No hay que hacerlo dentro de la exposición, pues se corre el riesgo de comprar impulsivamente y derrochar nuestro capital. Coleccionar requiere invertir dinero y es mejor hacerlo de una manera racional. 


Memorabilia de una cerveza tradicional zuliana.
(Fotografía: José Gregorio Marcano)
Los mesones, dispuestos en forma de herradura en el salón Kavac del hotel Kristoff, se muestran espléndidos en su oferta de los más disímiles objetos coleccionables. Este año, 28 expositores de diferentes lugares de Venezuela exhiben llamativas piezas, tales como monedas, billetes, botellas, estampillas, tarjetas telefónicas, barajitas de beisbol, juguetes, discos de vinil, revistas y antigüedades. 

Los compradores lo conforman principalmente adultos, si bien no faltan algunos niños y jóvenes apenas iniciados en el arte de coleccionar. La estrategia base consiste en realizar un recorrido para identificar posibles objetos de interés y luego concretar la compra. No obstante, al reconocer una pieza susceptible de ser adquirida, lo mejor es tratar de negociar un precio aceptable y no esperar, pues se corre el riesgo de que otro comprador más avezado la obtenga para sí.


Objetos para todos los gustos se ofrecieron a los coleccionistas
marabinos. (Fotografía: José Gregorio Marcano)
La Convención de Coleccionistas de Maracaibo ha ido consolidándose y en cada ocasión sorprende con sus propuestas. La quinta edición, por ejemplo, estuvo dedicada temáticamente al Banco de Maracaibo en su 130 aniversario y homenajeó a José De Donato, quien fuera uno de los coleccionistas más reconocidos de la capital zuliana, creador de Numislago. El año pasado, en su sexta edición, tuvo como invitado especial al ex grande liga y jugador exaltado al Salón de la Fama Luis Aparicio, que además ofreció autógrafos. En esta oportunidad, el número de vendedores y el espacio de exposición creció significativamente, lo cual es un buen indicativo de la receptividad por parte del público.

Quienes desean adquirir objetos con ánimos de colección y no pudieron asistir a la Convención, cada tercer sábado de mes el Centro Comercial Costa Verde, ubicado en la avenida Bella Vista de Maracaibo, recibe a un pequeño grupo de vendedores que siempre (se los aseguro con total conocimiento) tienen algo que puede interesarles.

Para mayor información acerca de vendedores o del evento, pueden escribir al correo electrónico: convencionmcbo@gmail.com

Esa pasión por acumular objetos


Una vieja máquina de escribir portátil entre los
"tesoros" por descubrir. (Fotografía José G. Marcano)
Coleccionismo, según la Real Academia de la Lengua Española, es la afición a coleccionar objetos; es decir, agruparlos y organizarlos atendiendo a un interés particular. 

De esta actividad se tiene referencia desde 5.000 años antes de Cristo (A.C).  De hecho, muchos personajes famosos se destacaron también como apasionados coleccionistas. En el siglo VII A.C., el rey asirio Asurbanipal guardó copias de registros y documentos antiguos en su biblioteca real de Nínive. Tolomeo II, faraón que gobernó Egipto entre 285 y 246 A.C., fue un impulsor de las ciencias y las artes, pero además un buen acumulador de manuscritos, obras pictóricas y animales exóticos. El Duque de Florencia y Primer Gran Duque de Toscana, Cosme I de Médici, se dedicó durante el Renacimiento a reunir antigüedades y echó así los cimientos del célebre museo de Florencia. El escritor Montaigne coleccionaba la letra de sus amigos y de los personajes que admiraba, al igual que Goethe, la reina Victoria de Inglaterra, el escritor Stefan Zweig, el presidente nortamericano Franklin Roosevelt y hasta Bill Gates. Por su parte, Sigmund Freud poseía una importante colección de antigüedades de las culturas griega, romana y egipcia, mientras que Picasso y Matisse coleccionaban arte africano.


Los suplementos infantiles se han convertido en
objetos de culto. (Fotografía: José G. Marcano)
Algunos investigadores orientados hacia el campo del psicoanálisis han determinado diversas motivaciones para coleccionar, desde una vinculación con instintos sexuales de la etapa anal hasta la derivación del impulso de agresión.  Otros han relacionado el coleccionar a necesidades tempranas de apego sin cubrir, al interés por explorar y a la búsqueda de estabilidad personal. Se le ha explicado como una defensa frente a emociones negativas, como una función narcisista esencial para el mantenimiento de la autoestima e incluso se le ha conectado con el sentido de preservación, restauración, historia y continuidad. No faltan quienes lo han estudiado como inversión financiera y hasta como adicción. 

Según la revista Muy Interesante (01/06/2005), las personas que coleccionan cosas, desde metras hasta costosísimas obras de arte, se sienten impulsadas principalmente por un deseo de realización personal. Asegura esta publicación que el placer asociado a la posesión de un conjunto de cosas radica en la acumulación, por encima de la necesidad, y que cada objeto es significativo en la medida en que es rico en historia y en asociaciones imaginarias y reales. 


Una búsqueda acuciosa puedo conducir a notables descubrimientos
para un coleccionista bien formado. (Fotografía: José Marcano)
Independientemente del origen de la necesidad de acumular cosas, estimular el coleccionismo en edades tempranas se ha considerado beneficioso, tal como lo asegura la psicóloga Anna San(1), debido a que impulsa a los niños a desarrollar habilidades beneficiosas para su vida adulta. Entre esas habilidades se señalan el orden, necesario para controlar las piezas conseguidas y las que faltan; la responsabilidad, pues fomenta el cuidado de sus cosas y el control del dinero para poder pagar su colección; el respeto, ya que a partir de lo propio aprende a apreciar las pertenencias de los demás; la organización, la constancia y la memoria. 

Como coleccionista que he sido desde mi infancia, la considero una afición que brinda muchas satisfacciones, además de conocimiento. Quienes coleccionan, generalmente buscan información acerca de los objetos que atesoran y ello les brinda amplias oportunidades de crecimiento personal e intelectual. Además, el poder compartir con otras personas nuestra pasión es muy estimulante. Lo importante es no dejarse llevar por una acumulación sin control y, mucho menos, permitir que esto se convierta en una obsesión, pues puede afectar seriamente nuestras finanzas y equilibrio emocional.

(1) Portal FiranewsEl placer de coleccionar, noviembre de 2012.

Botellas, monedas y antigüedades se encuentran entre los objetos
coleccionables. (Fotografía: José Gregorio Marcano)
Los juguetes tienen gran demanda entre los adultos nostálgicos.
(Fotografía: José Gregorio Marcano)
Los vendedores pueden convertirse en buenos asesores para los
potenciales compradores. (Fotografía: José Gregorio Marcano)
Ipostel se ha convertido en un invitado permanente en la Convención
de Coleccionistas de Maracaibo. (Fotografía: José Gregorio Marcano).

domingo, 6 de octubre de 2013

Postales del discurso amoroso

Ofrenda de amor (1969).
Obra de Emerio Darío Lunar
Hace unas semanas, una querida amiga se quejaba de la ausencia de una de las formas más elegantes de comunicación escrita:

«Cuánto daría porque alguien me enviara una carta, una postal. De donde sea. Aunque solo trajera una línea, quizás solo un dibujo, aunque la enviase a donde no estoy. No importa. Solo quiero una carta. O una postal.…Ya no escribimos cartas, ya no enviamos postales, con las diversas y fuertes sensaciones que produce esperarlas, recibirlas, abrirlas, tocarlas, acariciarlas, rozarlas, recorrerlas con los ojos y las manos, y finalmente leerlas».

Sí, escribir y recibir una carta o una postal ha sido un placer que hemos perdido con la incorporación de las nuevas tecnologías, quizá más rápidas, con otras ventajas, pero que ciertamente han dejado para la nostalgia la romántica espera por la llegada del correo.

Aquellos tiempos en que recibir una carta era todo
un  acontecimiento...
Me declaro un fervoroso defensor de las cartas y de las postales. Esas escritas a mano, ilustradas con el garabato de una firma autógrafa; con la estampilla y el matasellos de la oficina de correos desde donde fue enviada y con la ilusión intacta de recibirlas "uno nunca sabe cuándo", porque como andan las cosas en IPOSTEL, que llegue completa ya es un milagro.

Postal años 50. Colección personal.
La definición de una postal nos remite a una tarjeta que reúne los requisitos de las normas postales concernientes a la tarifa del correo de cada país y están vinculadas a sus dimensiones (tamaño y espesor), leyendas, ilustraciones, tarifas, etc. Su diseño fue una estrategia para estimular el negocio del correo y promover las comunicaciones breves a la mitad del valor de una carta simple.

Su historia se inicia en Austria, en el año 1869, con la emisión de las primeras cartulinas de color café claro, diseñadas solamente para escribir, aunque prontamente empezaron a llevar imágenes.

Como todos los inventos que han tenido trascendencia en nuestra sociedad, los orígenes de la tarjeta postal han sido discutidos. Según los estudiosos del tema, hay que situarlos en 1865, cuando el Consejero Postal del Reino de Prusia, doctor Heinrich von Stephan,  propuso a la Conferencia Postal de Karlsruhe la creación de una «tarjeta de cartón, 12 x 16 centímetros de superficie, que llevaría impreso el sello postal, y cuyo reverso se reservaría para una breve comunicación. La tarifa correspondiente debería ser reducida».

Postal años 50. Colección personal.
No obstante, ha habido cierto consenso en atribuirle al doctor Emanuel Hermann, profesor de la Academia Militar Theresia de Viena, en Austria, la propuesta de su creación al publicar en enero de 1869 en el periódico Neue Wiener Presse un artículo titulado "Acerca de un nuevo medio de correspondencia por intermedio del Correo", el cual aparentemente recibió una buena acogida por las autoridades postales austríacas.

El decreto de autorización de la circulación de tarjetas postales fue firmado en septiembre de 1869 por el director de Correos austriaco, el barón Adolfo Maly; y un mes después se emitió la primera "Correspondenz-Karte".

Luego de este prometedor comienzo, fueron incorporadas las imágenes en el diseño postal, al ser reproducidas obras de artistas populares en ese pequeño formato, aunque los paisajes, flores y animales tuvieron mayor difusión. El erotismo encontró en este medio un interesante campo para desarrollarse, dirigido a un público eminentemente masculino.

Postal de la plaza Vittorio Emmanuelle, en Florencia. 
El surgimiento de la técnica de la fototipia permitió en 1892 que la casa Hauser y Menet, en España, reprodujera fotografías sobre postales, lo cual amplió las posibilidades decorativas de este medio. Ya en 1900 la tarjeta postal ilustrada había conseguido tal aceptación, que empezó a ser codiciada como objeto de colección.

Postal años 50. Colección personal.
En Venezuela, si bien el servicio de correo fue organizado desde 1795 por el Capitán General, Don Pedro Carbonell, sus inicios fueron desalentadores, debido a la escasez de rutas y el número reducido de oficinas. Con la Guerra de Independencia, la condición del correo no mejoró y hubo que esperar a la creación de la Gran Colombia para que el servicio postal se extendiera a las grandes ciudades, estableciéndose correos semanales, quincenales y mensuales con el uso de buques como medio de comunicación.

Según la historia dada a conocer por el Instituto Postal Telegráfico venezolano (IPOSTEL), «en 1832, primera Presidencia de Páez, se fijaron los portes de la correspondencia que se conduce por mar. Se dio paso a la Administración Postal, instalándose una oficina de correo en cada poblado, puertos principales y capitales de estado».

Postal colección personal.
Las primeras estampillas de correo se pusieron en circulación en 1859; no obstante, habría que esperar hasta 1890, cuando las imprentas a vapor pudieran reproducir fotograbados y cromolitografías, para que las tarjetas postales llegaran a Venezuela. Tal como lo reseña en su sección Dossier la revista El desafío de la historia en su edición No. 22, «se reproducían en ellas paisajes que resaltaban las maravillas urbanas y naturales del país, muchas veces con gran sensualidad y sentido romántico». 

Las primeras tarjetas postales que circularon en nuestro país tenían una dimensión de 14 centímetros de largo por 9 centímetros de ancho; no disponían de viñeta alguna en su anverso, en donde sí tenían la siguiente impresión: Union Postale Universelle, Estados Unidos de Venezuela, Tarjeta Postal, así como el diseño de la estampilla impresa con un valor de 10 céntimos en el ángulo superior derecho y el escudo nacional en el lado izquierdo.

Postal romántica. Colección personal.
Con la intención de incentivar la industria por medio de las comunicaciones postales, el 1º de septiembre en 1898 el Ejecutivo Nacional por resolución del Ministerio de Correos y Telégrafos autorizó a los particulares para editar y vender tarjetas postales con viñetas y anuncios en el anverso, con las mismas dimensiones ya señaladas. Hicieron su aparición en nuestro entorno las postales como las conocemos hoy, en la que su anverso usualmente muestra un motivo o imagen especifico, bien en blanco y negro o en color.

El escritor E. S. Turner cuenta en La historia de la galantería que «la fotografía se hallaba en sus comienzos, pero no estaba lejano el momento en que los enamorados podrían transportar sobre su corazón la imagen del objeto amado y empañarla con sus suspiros. Entretanto, la litografía hacía sus veces. La industria de las tarjetas de felicitación habilitó una enorme cantidad de recursos para facilitar los encuentros amorosos y estimular las aspiraciones de los protegidos de San Valentín. Con la moda de los `corazones unidos y sangrantes´ se da el primer paso hacia la indolencia del enamorado, que confiaba a otras manos la tarea de adornar sus sentimientos. Hasta entonces, el amante dibujaba y decoraba el testimonio de sus amores y lo llevaba personalmente hasta la puerta de su destinataria. A partir de la era victoriana prefirió elegir un mensaje ya confeccionado, y deslizarlo en el interior de un buzón por una suma despreciable».

Postal años 50. Colección personal.
En un artículo publicado en La Nación de Buenos Aires, en marzo de 1903, el escritor Rubén Darío comentó acerca de las bondades de la tarjeta postal: «Cuando vais en viaje, por un lejano país, muchas veces no os es fácil el escribir una carta a tales o cuales personas de nuestra afección; y una o dos palabras puestas en una tarjeta postal ilustrada que echáis en el próximo buzón, llevan vuestro recuerdo con la imagen del paisaje o del lugar en que escribís. Por eso en todos los puntos de la tierra a que la Agencia Cook conduce sus caravanas encontraréis en abundancia los puestos y tiendas de tarjetas con las variadas fotografías de los monumentos, curiosidades, personajes célebres y demás particularidades de la ciudad o pueblo, desde la recóndita China hasta la clara Italia, desde las pirámides hasta el país del Sol de medianoche. Hay otra virtud en la tarjeta postal ilustrada y no la menos interesante como comprenderéis. Por ley de la moda, una señorita que no podría escribir cartas a un caballero de su simpatía sino a furto, a escondidas de sus padres, corresponde con él libremente, si se le antoja, por medio de la propaganda cartulina. Y aún la cartulina misma, con el simbolismo de sus flores, o de sus figuras, suele decir más que un largo pliego».


Postal años 50. Colección personal.
Rubén Darío, quien además fue empleado de Correos en Buenos Aires, según él mismo contó, agregó también en esa oportunidad que «(…) la tarjeta postal puede llevar, como he dicho, el paisaje, la reproducción del lugar en que se encuentra la persona amada; y ahora que la fotografía también está adoptada como uso elegante, y que uno mismo se puede hacer a su gusto sus tarjetas postales, la comunicación, si escasa por la palabra, es más elocuente por la imagen. Es la ilusión de la presencia, y si es cierto que, según la teoría ocultista, en la reproducción de nuestra imagen por la luz queda algo de nuestro ser interior y misterioso de nuestra alma, la tarjeta postal fotográfica es el ideal de la correspondencia sentimental y amorosa».

Postal años 50. Colección personal.
Si bien se ha reconocido los inicios del siglo XX como el momento de esplendor de la historia de la tarjeta postal, todavía en la década de los 50 este instrumento sería especialmente apreciado por los románticos para expresar sus sentimientos al enamorado(a) de turno.

El impacto de la tarjeta postal como medio de comunicación masivo es innegable. Aun hoy, en esta era digital, las postales han invadido el mundo cibernético para, mediante imágenes, sonidos y otros recursos multimedia, llevar buenos deseos al afortunado destinatario de su electrónico mensaje. Sin embargo, tal como mi amiga Laura, yo todavía añoro las tarjetas postales de cartulina. Las pido a cada amigo y familiar que viaja, como ofrenda necesaria para el mantenimiento de nuestra amistad. Poesía visual en formato de cartulina, recuerdos alegres de un pasado no tan lejano.

Si quieres saber más:

  • Cáceres, L.; Vergara, F.; Padilla, K. (2007) Historia de la postal en Chile. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Sistema de Bibliotecas, Red de Archivos Patrimoniales de Valparaíso.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Fumando espero…y colecciono

Cromo obsequiado por la marca
de cigarrillos Carta Blanca
Hace ya 20 años, en una rápida visita a Coro, estado Falcón, me topé con unas particulares postales exhibidas dentro de la vitrina de un establecimiento, en un poco conocido minicentro comercial. Eran muy pequeñas, pero sus románticas imágenes de mujeres de principios del siglo XX de inmediato me cautivaron. No estaban en venta —“Solo son para decorar la vidriera”, me dijo la dependiente—; pero, luego de un largo proceso de persuasión, logré convencerla de que me las vendiera. “Me va a matar la dueña”, me aseguró, pero no creo que eso haya sucedido. De unas 50 de ellas que se encontraban en exhibición, apenas logré hacerme de cuatro, así que no creo que la propietaria haya advertido la falta.


Cromo obsequiado por la fábrica de
cigarrillos Lzo. A. Marturet, Caracas.
Para mi sorpresa, estos cromos eran un obsequio de una empresa tabacalera, lo cual explicaba sus pequeñas dimensiones. Pronto supe que la costumbre de coleccionar estas estampitas se remontaba en nuestro país a las últimas décadas del siglo XIX y principios del siglo XX, lo que se mantuvo hasta los años 40. No obstante, todavía en los 70 y 80, algunos caramelos y golosinas las incluían en sus envolturas, así como tatuajes autoadhesivos.


Según Carlos Eduardo Misle (Caremis), insertar barajitas en las cajetillas era una estrategia mercadotécnica de amplio uso por parte de afamadas fábricas cigarrilleras venezolanas, tales como La Especial, La Hidalguía, Fama de Cuba, Vuelta Abajo, La industrial Cigarrera y otras de Caracas, así como las también nacionales de Maracaibo y Valencia.  En ellas aparecían fotografías de monarcas y jefes de Estado, mariscales, almirantes y escenas bélicas; también se resaltaban mujeres muy bellas (como las que yo compré en aquella ocasión) y famosos escritores, compositores, científicos, artistas y pintores de fama mundial.

Cromo cortesía
de Lzo. A Marturet

Gilberto Guillén, autor del blog venezuelancards.blospot.com, señala que las barajitas en Venezuela —como producto destinado a atraer clientes— fueron creadas con la intención de dar publicidad a las diferentes marcas de cigarrillos que se producían en el país, una práctica que adoptaron otras casas comerciales, que las incluían como obsequio. Esto produjo un auge súbito, que vio nacer un nuevo tipo de coleccionismo nacional, según recuerda Caremis:


“Presentadas en pequeñas y maravillosamente nítidas fotografías, propicias a ser ampliadas para murales de exposición; posteriormente pasaron a magníficas impresiones, cuando se acentuó la demanda por el crecimiento demográfico de nuestro país, y también porque el interés ofrecido por las barajitas alcanzó a adolescentes, y a los adultos. Entre éstos, a los novios que ganaban puntos con la amada al llevarle en cada visita alguna o varias barajitas para los álbumes, distracción muy extendida en un tiempo sin radio ni televisión, sino puro piano, pianola, violín, gramófono o victrola. Este regalo barajitero constituía una de las cosas más apreciadas de las doncellas y de matronas igualmente, tal como las postales románticas, para guardar en álbumes pletóricos de piropos, dedicatorias y madrigales. Las barajitas contribuyeron mucho en el acercamiento amoroso de los pretendientes que no tenía acceso a las casas de las muchachas...”.


Marco Tulio Socorro, en su blog Blungún, señala el coleccionismo de barajitas como una práctica común en aquellos tiempos, tal como lo reseñaba Aquiles Nazoa en su obra Caracas física y espiritual


Coleccionar las barajitas que circulaban en las cajetillas de los cigarrillos Fama de Cuba, fabricados en Caracas por la tabacalera de Pérez y Morales, fue uno de los entretenimientos caseros que apasionaron a los caraqueños de 1900. Las barajitas traían las fotografías en colores de las personalidades mundiales más resaltantes de la época, desde bellezas célebres y reyes hasta toreros de fama, así como obras de arquitectura, animales raros, barcos y niños de todos los países. Para coleccionarlas la fábrica suministraba un álbum hermosamente decorado. (Un domingo en la Venezuela de 1900, 06/11/2011)


Cromo obsequiado por la marca
de cigarrillos Carta Blanca.
Efectivamente, se editaban sobre diferentes temas: taurinos, cine, boxeo, béisbol, geografía, banderas, entre otros, según refiere Misle. Así, la oferta de obsequios insertos en las cajetillas de cigarrillos -como lo harían después las de otros productos- era variada: Aguila Roja presentó a clásicos poetas nacionales como Andrés Bello, Rafael María Baralt y Pérez Bonalde, con fragmentos de La Oración por todos, Tierra del Sol Amada y La Vuelta a la Patria, respectivamente. 


Luis Bigott distribuyó fotos de los jugadores de los equipos Royal, Magallanes, Lucana y Latinos en las cajetillas del popular cigarrillo Diana. La marca Capitolio, por su parte, presentó la temporada taurina de 1936, a raíz de la muerte del general Gómez. Las fotos para estas barajitas de tauromaquia se le encomendaron a Luis Noguera, mientras que las de beisbol correspondieron  a Juan Avilán.

La Compañía Anónima Cigarrera Bigott ofrecía la Serie
Geográfica Universal. La barajita No. 6, correspondía a
La Gran Muralla China, con una breve reseña de la obra
en su reverso, a la cual agregaba el siguiente mensaje:
"Tenga fe en Venezuela y en sus productos".
A principios de 1939 circuló una serie, a color y en relieve, de importantes sitios históricos, monumentos y ciudades de toda Venezuela y el mundo. También siluetadas se ofrecieron algunas con tipos representativos de todos los países, con sus banderas y trajes típicos.


Vistas hoy en día, estas maravillosas estampas del pasado mueven a la nostalgia y a la curiosidad. Todavía se consiguen en buen estado, conservadas por coleccionistas de ocasión, pero principalmente por abuelitos que las atesoran como recuerdos de juventud. Algunas son ofrecidas en sitios de venta por internet, los cuales de vez en cuando miro, con sana envidia, anhelando tener la disponibilidad económica para sumarlas a mi pequeña colección.
Las actrices de cine Nancy Carroll, Lilian Harvey, Dolly Davis y Brigitte Helm
en barajitas distribuidas por la Compañía Anónima Venezolana del Tabaco, en 1937.
La leyenda posterior en cada una de ellas dice así: "DINERO EN EFECTIVO.
Por cada ciento de estos cupones la "COMPAÑÍA ANÓNIMAVENEZOLANA
DEL TABACO" pagará en su oficina o agencias de la República Bs. 1,50
o por la colección completa de 270 cupones Bs. 25. Válido hasta diciembre 31 de 1937".
 Para saber más, puedes consultar las siguientes referencias:


Caremis. El maravilloso, educativo y gratuito mundo de las barajitas de antaño. Crónicas Universales. Diario El Universal, 24 de mayo de 1998.


Guillen, Gilberto. El nacimiento de la barajita en Venezuela. Venezuelancards.blogspot.com, 5 de julio de 2009, en  http://venezuelancards.blogspot.com/2009/07/el-nacimiento-de-la-barajita-en.html

lunes, 13 de agosto de 2012

Aquellos afiches de los años 70 y 80

Estamos de nuevo en los años 70 y 80. Las revistas dedicadas a farándula y entretenimiento incluyen, bien sea en la parte central o en su contraportada, un póster o afiche de los personajes que en ese momento marcan la hora dentro del espectáculo nacional e internacional. Aún guardo algunos de esos ejemplares fotográficos, tal vez por nostalgia, quizá por un afán inexplicable de preservación de algo que, para muchos, es material desechable.

Estoy convencido de que uno de los grandes vacíos existentes en nuestro país apunta a resguardar los vestigios de nuestro pasado. Por eso, cada cierto tiempo, se nos quieren cambiar los patrones históricos que  manejamos, en función de intereses muchas veces espurios. La memoria en materia de espectáculo y entretenimiento es aún más corta. Salvo estrellas consagradas, muy poca es la documentación gráfica o textual que se encuentra en internet acerca de personalidades de la televisión y del cine venezolano. Me he encontrado con páginas extranjeras, en idiomas como ruso y croata, dedicadas a brindar biografías e imágenes de nuestros artistas criollos y muy pocas, por decir casi nada, realizadas en nuestro país, salvo honrosas excepciones.

Por ello, si bien no ha sido nunca un área de interés formal en mi vida, he creído oportuno compartir todas esas cosas que algún día guardé sin razón aparente, sólo porque el afiche me pareció curioso, poco común o sencillamente porque la actriz estaba hermosamente fotografiada.

Espero que disfruten este espacio de memorabilia tanto como yo.

Marina Baura, revista Venezuela Gráfica, finales de los 70
Caridad Canelón, revista Venezuela Gráfica, finales de los 70
Fedra López, revista Venezuela Gráfica, mediados de los 80
Carolina Perpetuo, revista Feriado, década de los 80
Amanda Gutiérrez, revista Ronda, mediados de los 80
Alicia Plaza, revista Ronda, mediados de los 80
Elluz Peraza, revista Venezuela Farándula, finales de los 70
María Alejandra Martín, Diario de Caracas, década de los 90
Herminia Martínez, revista Venezuela Farándula, finales de los 70.
Flor Núñez, revista Ronda, década de los 80
Mayra Alejandra, revista Venezuela Gráfica, finales de los 70.
Chony Fuentes, revista Venezuela Farándula, finales de los 70.
Haydée Balza, revista Venezuela Farándula, finales de los 70
Pierina España, revista Televariedades, década de los 80.
Hilda Carrero, finales de los 70.

sábado, 18 de febrero de 2012

Imágenes del paraíso

“Las postales son imágenes de la fascinación, del deseo del querer aquello que no tienes y que sólo podrás acceder a él una vez cada cierto tiempo…son imágenes del paraíso.”
Carmelo Vega
Profesor de Historia del Arte Contemporáneo
Universidad de La Laguna, Tenerife, España

Una de las grandes víctimas del avance de las nuevas tecnologías ha sido la tarjeta postal. Es una lástima, porque a través de estas coloridas cartulinas, la imaginación humana ha encontrado alas para conocer el mundo, revivir experiencias o solo disfrutarlas. Para mí han sido un pasatiempo que me ha procurado muchas horas de satisfacción. A través de mi colección he viajado mucho más de lo que hubiese podido con mis limitados recursos, pero también siempre han sido la promesa de algo que ocurrirá en algún momento de mi vida futura.

Según algunos historiadores, la idea de las postales surgió del británico Henry Cole, quien cansado de escribir felicitaciones a mano, encargó su diseño a su amigo, el pintor e ilustrador londinense John Calcott Horsley (1808-1882). La impresión de las primeras postales se hizo así en 1843, pero hubo que esperar hasta la década de 1860, cuando los avances de la impresión en color bajaron el costo, para que se hicieran populares entre el público en general.

La Edad de Oro de la tarjeta postal se ubicó entre 1900 y 1914, periodo en el que se convirtió en el medio de comunicación más popular y en el cual obtuvo mayores ventas. Coincidió con importantes cambios en la normativa de correos de muchos países. Por ejemplo, en aquella época se obligaba a los usuarios a escribir sus mensajes en el frente de la postal, muchas veces sobre la ilustración, reservando el anverso para el nombre, dirección del destinatario y los timbres. En Gran Bretaña, para dedicar más espacio al mensaje, se propuso dividir mediante una línea el anverso de la postal en dos partes, reservándose el lado izquierdo para la escritura y el derecho para la dirección. De esta manera, la ilustración de la postal no se dañaba, apreciándose mejor al ocupar todo el espacio. Esta medida fue recogida en 1905 por la Unión Postal Universal y generalizada poco a poco en todos los países.

Álbum abierto al destino

A pesar de la amenaza que representan en la actualidad las llamadas postales virtuales, todavía se mantienen coleccionistas, clubes y asociaciones cartófilas, revistas y exposiciones de la postal en cartulina. El auge del turismo, la publicidad y el apoyo de la industria impresora, son factores importantes para ello.

En una interesante entrevista a Carmelo Vega, profesor Titular de Historia del Arte Contemporáneo en la Universidad de La Laguna, en Tenerife, España, publicada en el portal ASHOTEL, este señala que la postal es un formato y un soporte cuya función, más allá de ser enviada, es la afirmación del acto mismo de estar de vacaciones, disfrutando del ocio, en una condición excepcional. “Me interesa y sorprende que se sigan editando postales y que continúen siendo, en mayor o menor medida, algo rentable ya que podía haber desaparecido como otros productos turísticos que están en desuso; es curioso e interesante que no se hayan extinguido con el boom de las postales digitales.”

Afirma que “antes, la postal tenía una función romántica, que pertenecía al pasado, un pasado idealizado del viaje, era una afirmación del ser y del estar turístico. Hoy apenas se escribe cuando se está de viaje; ahora nos llamamos por el móvil nada más llegar para decir que estamos bien.” Por eso, concluye que hoy se compra para recordar el lugar en el que hemos estado de vacaciones, como un souvenir más.

Otra afirmación interesante del profesor Vega es que las postales son una especie de guía del turista, una orientación en imágenes de los lugares turísticos: “A través de las postales sabemos lo que hay que visitar y hacer, qué tienes que comer, el ruido, el sonido del lugar, la música, el folclore...Son como un álbum abierto“. Aclara que la postal adquiere la visión de que el mundo tiene que estar catalogado, de que el universo son lugares, que cada uno de ellos tiene una imagen de identidad perfectamente representable y en ese sentido, la incorporación de la fotografía ha contribuido a dar imágenes estereotipadas de dichos lugares.

Por supuesto, como todo en la vida, hay recomendaciones para enviar postales. En la página protocolo.org, se mencionan algunas normas, de las cuales podemos resumir las siguientes:

SER ORIGINAL:Elija una alguna imagen representativa del lugar donde se encuentra. No tiene que ser la típica postal del monumento representativo de la ciudad, pero sí alguna original de un barrio de la ciudad, de un monumento poco conocido, etc.

SER BREVE Y CONCISO: Una tarjeta postal admite poco texto.

HUIR DE LOS CLICHÉS EN SUS MENSAJES.

NI TANTO NI MUY POCO: Aunque el espacio es pequeño, no redacte su texto tipo telegrama. Incluya alguna anécdota o adelante algo que contará cuando llegue. Y no olvide firmar la postal.

ENVIARLAS EN SOBRES: así se preserva la intimidad del mensaje que contienen.

ENVÍARLAS CON TIEMPO: Si va estar poco tiempo, envíelas en los dos primeros días para que llegue a tiempo. Si la estancia va a ser prolongada, puede hacerlo a la mitad de su estancia.

Me atrae la afirmación de que las postales son imágenes del paraíso. No de uno, diría yo, sino de muchos, largamente esperados y únicamente conocidos a través de esos pedazos de cartulina viajeros.



Las postales pertenecen a la colección personal del autor de este blog. Fuentes consultadas: Blog Historia Filatélica y revista Muy interesante

jueves, 29 de diciembre de 2011

"La tengo, la tengo, no la tengo..."

Hace 39 años, un niño tuvo que elegir entre su merienda y dos sobres de barajitas. Ese día, este niño se quedó sin comer. Pero el esfuerzo valió la pena: Con los ojos brillantes y el estómago vacío, comprobó que una de esas barajitas estaba premiada. Lo sé de primera mano, porque ese niño fuí yo.

Comencé a comprar álbumes de barajitas en 1972, cuando estudiaba segundo grado de instrucción primaria. El primero fue uno cuyo nombre no recuerdo exactamente pero se refería a imágenes del mundo. Era un álbum grande, bellamente ilustrado, que incluía los mapas de cada uno de los continentes, las banderas de los países y las escenas con las costumbres más representativas de cada continente. Así conocí la tribu de los Tuareg, a las mujeres jirafas en África, a los gigantescos nenúfares en el río Amazonas, las costumbres de esquimales y polinesios, las hermosas tradiciones europeas y americanas, la hermosa barrera de coral en Australia...

La emoción estaba en adquirir los sobrecitos y, con tensa expectación, mirarlos uno a uno para comprobar si había alguna barajita repetida. Más de una vez la compra resultó en una desilusión, especialmente si la colección ya iba avanzada, pues de un lote grande de barajitas, apenas una sola era rescatable. Luego venía la aventura de intercambiar con los compañeritos de clase o, cuando las finanzas lo permitían, comprarlas. Las más difíciles de hallar podían valer hasta cinco barajitas. Todo era posible en ese mundo.

Años después, las imágenes de ese álbum las conservaría en un estupendo juego de memoria que me acompañó buena parte de mi niñez y adolescencia, hasta que en una de las muchas mudanzas que padecí, desapareció. El álbum de barajitas sobrevivió hasta el 2003, cuando un imprevisto ataque de comején me obligó a incinerarlo en una pira funeraria de tantos sueños y viajes imaginarios nunca concretados.

El coleccionismo de barajitas fue, ciertamente, un pasatiempo que consumió grandes cantidades de tiempo y dinero en mi niñez. No hubo álbum que circulara que yo no coleccionara. Además de los tradicionales de comiquitas (Popeye y sus amigos, Hanna Barbera, Festival Disney), el segundo que guardo en mi memoria es el de Vida y Color, que adquirí en 1973. Incluía cromos de plantas, animales, músculos, huesos y razas humanas. Era, prácticamente, una enciclopedia coleccionable.









Los cromos mostraban diferentes razas caninas y tipos de mariposas en coloridas ilustraciones.


Ya en quinto grado, más o menos en 1975, salió el álbum Venezuela en cromos, con el patrocinio de la Fundación La Salle. Gracias a él conocí los árboles emblemáticos, las aves, los animales y las zonas turísticas de nuestro país.

El tiempo me ha brindado la oportunidad de compartir este pasatiempo con mi hijo: Aún recuerdo cuando lo llevaba a una multitud que se apiñaba en el pasillo del Centro Comercial La Fuente para obtener las barajitas del Mundial de Fútbol Korea Japón 2002, y el de la Historia del Béisbol en Venezuela.

Tal vez con ello busqué perpetuar la ilusión de regresar a esa idílica infancia, en la que un sobre de barajitas podía garantizar la felicidad de un niño durante tooooodo un día completo. Y eso, la verdad sea dicha, nunca fue tarea fácil.