Nunca la conocí, es la verdad. Cuando Doris María Buonaffina murió en septiembre de 1988, yo apenas contaba con 23 años y ella 42. Sin embargo, su voz y su presencia me eran tan cercanas como si se tratase de alguien de mi propia familia.
Por supuesto, a quien yo “conocía” era a Doris Wells, su alter ego en el mundo artístico, esa camaleónica figura que se desdoblaba en diversos personajes, ora en la pequeña pantalla de la televisión, ya en la gran pantalla del cine. Así que de conocer, nada. Digamos que sabía de su existencia como todo el que tenía un televisor en casa en los años 70.
La verdadera Doris no era una mujer de fácil acceso. Resguardaba su privacidad con gran celo. Aunque en los sets encarnó villanas o sufridas heroínas con gran solvencia —lo que hacía amarla u odiarla, según fuese el caso—, su verdadera naturaleza interpretativa brilló en roles que no tenían esa vena “culebrónica”: Pilar, en La señora de Cárdenas; Pura, en Campeones; Margarita, en Gómez I; y Enriqueta, en La hora menguada.
Fuente: Revista Estampas, El Universal
Pese a lo artificioso de su apellido artístico, Doris era venezolana de pura cepa. Sus padres fueron José Ramón Buonaffina, descendiente de italianos nacido en Cumaná, estado Sucre; e Isabel Padrino, nativa de Uracoa, estado Monagas. Ambos eran viudos y tenían hijos de sus anteriores uniones (dos él, tres ella). El 28 de octubre de 1945 nacieron en el hospital de Caripito los gemelos Doris María y Miguel Ángel.
En su infancia, Doris vivió en el campamento petrolero Cayena, en Caripito, pues su padre era enfermero en la Creole Petroleum Corporation. Ocarina Castillo, en la biografía de la actriz publicada por Los Libros de El Nacional, la describe como una niña menudita y precoz, quien muy joven desarrolló un talento especial para las letras: aprendió a leer a los cuatro años, memorizaba los cuentos y los repetía a su familia. Al ser la menor, se convirtió en la niña mimada de su madre, quien la consentía en todo. También era muy despierta y graciosa.
Fuente: Archivo Últimas Noticias
Sin embargo, esa vida idílica pronto atravesaría por altibajos. A los cinco años de edad, Doris perdió a su padre, quien falleció de un cáncer de esófago en 1949. Su hermano mayor fue contratado por la empresa petrolera y se hizo cargo de la familia, aunque la señora Isabel se instaló temporalmente en Maturín con los menores de sus hijos. Pasados unos meses regresaron a Caripito y de allí se trasladarían al campo Miraflores, en Quiriquire, al ser transferido su hermano Humberto, ahora cabeza de familia, a esa localidad donde la futura actriz estudió primaria en el Colegio Libertador.
Fuente: Archivo El Nacional
En 1958 se mudo con su madre y tres hermanos a Caracas. En la capital venezolana la familia residió en diferentes lugares, incluyendo un pequeño apartamento en La Pastora. En octubre de 1958 inició sus estudios de bachillerato en el liceo Pedro Emilio Coll y un año después se inscribió en la Escuela Nacional de Arte Escénico, dirigida por Juana Sujo. Fue allí donde concentró su mayor interés, ella toda delgadita, con apenas 13 años pero con muchas ganas de aprender. Entre sus condiscípulos se encontraban las hermanas Olga y Carmen Messuti, Ivonne Attas, José Luis Silva, Isabel Padilla y José Bardina, quien la acompañaba a su casa al salir de clases.
Su primera actuación frente al público se llevó a cabo en 1960 en el monólogo La Dama Boba. En 1961 egresó de la última promoción que recibió el título de manos de Juana Sujo, poco antes del fallecimiento de la recordada maestra del teatro venezolano. Posteriormente, se incorporaría a diversos montajes como Cinco gangster y una monja; Melocotón en almíbar y Donde está marcada la cruz.
Por esos años Doris trabajó brevemente en el Bufete Rízquez-Irribarren-Abogados como recepcionista, a sugerencia de su hermano gemelo; allí, aún adolescente, conocería al que sería su futuro esposo, el profesional del Derecho, William Rísquez, de 36 años. Sería en esa época también cuando su familia compraría un apartamento en la urbanización El Marqués, específicamente en 1963.
Edmundo Arias, Doris Wells, América Barrio y Raquel Castaños en Amores de Juventud. Fuente: RCTV
Su ingreso al mundo publicitario ocurrió a los 15 años, por una de esas casualidades que determinan el destino de los seres humanos. Se encontraba en el estadio Olímpico y, en momentos cuando veía una competencia de judo junto a su hermano, un publicista de la agencia Young&Rubicam le propuso hacer una prueba para una cuña. Ella accedió y a los 15 días le avisaron que estaba contratada. Así de fácil debutó para promocionar “Lux, el jabón de las estrellas”. Entre 1961 y 1962 protagonizaría 17 cuñas con las marcas más reconocidas de la época e iniciaría tímidamente su camino estelar por la televisión. También realizaría junto a Miguelángel Landa la primera fotonovela realizada en el país, en 1962, llamada Muerte en el refugio alpino.
Fuente: revista Venezuela Farándula
En la Televisora Nacional interpretó papeles de extra, que incluían su intervención en una versión de Canaima. Luego pasaría a RCTV, donde lograría breves incursiones en el espacio Se necesita una amiga, transmitido en vivo en horas del mediodía; Nuestra Peggy y The Amador´s News. Paralelamente, continuaba sus estudios de bachillerato en el liceo Caracas.
Era el momento apropiado para cambiar su apellido por uno más sonoro y fácil de recordar. Así que hizo una lista de los apellidos de sus padres, de los cuales escogió uno europeo, proveniente de su familia materna. Nacía, entonces, Doris Wells.
Reina, Felicia y María Eugenia, las tres hermanitas Montero.
Fuente:Archivo RCTV
A mediados de los 60, Doris se encontraba más que preparada para posicionarse en la mira pública de manera contundente. El vehículo sería el personaje de Reina Montero en Historia de Tres Hermanas (1964), novela ambientada a mitad del siglo XIX con libretos de Roselia Narváez y dirección de José Antonio Ferrara. Esta producción dramática se convirtió en un éxito sin precedentes, con una duración de más de un año. Inicialmente difundida en capítulos de una hora los martes a las 7:00 pm, posteriormente estas transmisiones se ampliarían a cinco veces a la semana. Doris, como la villana debutante en la trama, era la menor de las tres hermanas del título, que incluía a la mayor María Eugenia Montero (Eva Blanco) y a la del medio, Felicia Montero (Eva Moreno). Leonardo Andueza (Raúl Amundaray) era el centro de las disputas amorosas femeninas, pero como cosa curiosa era Reina quien resultaba favorecida con su cariño. En el elenco también figuraban Manuel Poblete, María Teresa Acosta, Tomás Henríquez, América Barrios, Daniel Farías y Guillermo González, entre otros.
Eva Blanco, Eva Moreno y Doris Wells. Fuente: noeliamaot
Después de ese importante triunfo, Doris continuaría como antagonista y ocasional villana en telenovelas como Renzo el Gitano; La Leona, El Gavilán, Corazón Salvaje (en la que interpretó a la pérfida Aimée), Bárbara,Corazón de Madre, El Valle Ardiente, todas transmitidas entre 1964 y 1966 a través de RCTV. También intervendría en teleteatros como La gota de agua, La Pasionaria y La flor del Matapalo. En Televisora Nacional haría la telenovela El Mulato, junto a Oscar Martínez; y en marzo de 1966 interpretó un papel en el espacio Martes Estelares con la obra Un verano en Nohant, junto a Margot Antillano, Eva Blanco y Esteban Herrera.
En su vida personal, las cosas también daban un giro importante: después de varios años de noviazgo, Doris y William Rízquez se casaron el 27 de abril de 1966, en una ceremonia muy sencilla, en la estricta intimidad de su familia. De ese matrimonio nacieron Marielva (1966), Xavier (1968) y Verónica (1969), periodos en que ella se retiró temporalmente del medio artístico. Aunque su marido gozaba de una buena posición económica, no le impidió que continuara su carrera artística, pese a las reservas con que fue recibida por el entorno familiar y los amigos de su pareja.
Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Con una sólida formación teatral, en 1967 debutó en El Nuevo Grupo, el cual estaba liderado por José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón, Román Chalbaud, John Lange y Miriam Dembo. Ella participaría en los montajes iniciales de Tric Trac (1967) y Asia y el Lejano Oriente (1968), ambas dirigidos por Chalbaud.
Paralelamente, su carrera en la televisión avanzaba: logró con éxito la transición a protagonista “buena”, primero con el personaje de Irene en Sacrificio de Mujer (1972), luego Regina Carbonell (1972) y el que sería su mayor logro hasta ese momento: Raquel (1973), en el que hacía pareja con Raúl Amundaray. Esta producción dramática alcanzaría los 642 capítulos y casi dos años de transmisión continua en horario estelar a las 9:00 pm hasta que en junio de 1974 el Ministerio de Comunicaciones aprobó nuevas normas para regir la programación televisiva, que obligaron a su corte intempestivo.
Gustavo y Doris en La Trepadora.
Fuente: Archivo El Nacional
Después de Raquel, RCTV inició el ciclo de Rómulo Gallegos con la producción corta La Trepadora. En ella Doris interpretaba a Victoria Guanipa y acompañaba en el elenco a Oscar Martínez, Hilda Vera,Gustavo Rodríguez y Mahuampi Acosta. Su actuación, junto al resto de sus compañeros, recibiría grandes elogios en lo que se consideró una de las versiones mejor lograda de las obras del novelista venezolano. A este espacio le seguiría el programa especial El Encendedor de Faroles, junto a Luis Pardi.
Doris y Miguelángel Landa en Pobre Negro
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Paralelamente, en el Teatro de Bellas Artes de Maracaibo debutó junto a la compañía teatral Contacto 4 y estrenaron en 1975 la obra A media luz los tres, de Miguel Miura, bajo la dirección de Romeo Costea, con Oscar Martínez, Cecilia Villarreal y Alejandro Mata.
En 1975 comienza el ciclo dedicado al poeta Andrés Eloy Blanco en el espacio Pantalla de Plata; Doris asumiría la protagonización en los teleteatros Florinda, La Loca Luz Caraballo, La Llorona, La Renuncia y El Limonero del Señor, todos dirigidos por Ibrahim Guerra. El 7 de octubre de ese año se presentó el teleteatro Belinda, en el espacio La Comedia Humana, donde ella asumió el personaje de sorda que hizo famosa y merecedora de un Oscar a Jane Wyman en la versión cinematográfica de 1949. Su trabajo fue bien recibido por la crítica y los espectadores, quienes veían el crecimiento que como actriz iba acumulando a lo largo de su trayectoria.
Siguiendo el ciclo de Rómulo Gallegos, el 28 de octubre de 1975 se estrena Pobre Negro, adaptación de Salvador Garmendia, bajo la dirección de Ibrahim Guerra. En esta historia la recuerdo primero como Ana Julia Alcorta, casi al borde de la histeria, siempre alterada, sobresaltada por la súbita presencia nocturna de Negro Malo (Miguelángel Landa) en su ventana. Luego, en la segunda etapa de la trama, iluminaba la pantalla chica como la risueña y adorable “niña” Luisana Alcorta, viviendo su historia de amor junto a Pedro Miguel Gomares (otra vez Landa). El 9 de marzo de 1976 concluía esta versión con enorme éxito de crítica y audiencia. Hasta la fecha es gratamente recordada por el público.
Campeones (RCTV, 1976)
Su buena racha continuaría. Del 27 de julio al 3 de agosto de 1976 se transmitió Campeones, con base en el cuento de Guillermo Meneses, según adaptación de José Ignacio Cabrujas y Ligia Lezama, otra vez con Ibrahim Guerra dirigiendo. Esta producción representó un nuevo hito en su carrera: todos alababan la naturalidad con que ella, Miguelángel Landa, Cecilia Villarreal, Tomás Henríquez, Amalia Pérez Díaz, Arturo Calderón, Alberto Marín, William Moreno y Lucio Bueno asumieron sus roles. La historia giraba en torno a la vida de dos jóvenes de Macuto, el beisbolista Teodoro Guillén y el boxeador Ramón Camacho, que intentaban superar la pobreza y la marginalidad social, optando por conseguir espacio y reconocimiento a través de la práctica del deporte.
Anastasia, teleteatro en RCTV.
En teatro se presentó durante la temporada mayo-junio con la obra Un día en la muerte de Joe Egg, original de Peter Nichols, en adaptación de José Gabriel Núñez y dirección de Ibrahim Guerra, con Alicia Barrios en la asistencia de dirección. Le acompañaron Rolando Barral, Aníbal Grumm, Cecilia Villarreal, Reinaldo Lancaster y Laura Zerra.
Pese a todos los éxitos alcanzados, 1977 es el definitivo para su consagración. Primero representa los teleteatros La Quema de Judas y Anastasia, así como el programa de misterio El Hacha. También comienza La Señora de Cárdenas, original de José Ignacio Cabrujas, con libretos de Fausto Verdial, Julio César Mármol y María Elena Ascanio, dirigida por Juan Lamata. Esta historia de pocos capítulos en comparación con los culebrones de la época se convirtió en una de las de mayor sintonía; significó un hito importante en la manera de hacer dramáticos en nuestra televisión, al punto que fue el inicio de lo que se llamó la “Telenovela Cultural”, un nombre artificioso para algo que pudo haber tenido mayor permanencia.
El señor y la señora de Cárdenas
(RCTV, 1977)
Según Doris, la extraordinaria receptividad que había recibido este drama intimista de un matrimonio al borde del divorcio, residía en varias razones: “Lo primero y principal es el libreto; segundo, a que la gente quiere verse reflejada con sus propios problemas, sin trucos y sin truculencias. Se sienten identificados con esa trama. Además, todo el elenco está muy bien en sus papeles, incluyendo la dirección. Hay un acople fenomenal. Ese es el éxito: radica en la forma de hablarle al público”.
Soltera y sin compromiso (RCTV, 1977)
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional.
En la misma tónica de la llamada Telenovela Cultural, hizo Soltera y sin compromiso (1978), original de Cabrujas y escrita por Fausto Verdial, Ibsen Martínez y Pilar Romero, protagonizada con Miguelángel Landa y dirigida otra vez por Juan Lamata. Sin embargo, en esta ocasión la receptividad del público fue menor.
Es importante destacar que la relación de Doris con la televisión venezolana siempre fue crítica, tanto por los mensajes que transmitía como por la forma de trabajo y trato a los actores. Por ejemplo, en 1973 aseguraba: “En opinión franca y sincera, las telenovelas son una pesadez y si las tres plantas de televisión se pusieran de acuerdo, podrían ofrecer al público argumentos de mejor calidad" (El Nacional, 07/10/1973, citado por Castillo, 2009).
Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Por ello, no es una sorpresa descubrir que ya desde ese año anunciaba su mayor rigurosidad a la hora de escoger las producciones en las que intervendría: “Después de Raquel, no haré más telenovelas de este corte […] Creo que finalizada Raquel, haré La Trepadora. Seguiré haciendo obras de este tipo, de lo contrario, me quedaré en casa”. En ese sentido, era tajante cuando daba una negativa a algo con lo que no estaba de acuerdo: “Cuando se me encargue realizar un buen papel, seguro acepto. A mí me gusta trabajar a gusto y cuando se me presenta un personaje interesante y difícil, no tardo en aceptarlo […] pero cosas mediocres ¡NO! (Páginas, 20/10/1973).
Muestra de su selectividad es la justificación para negarse a participar en Bárbara, con Hilda Aguirre y Edmundo Valdemar. Ella, que había encarnado a la villana en la versión televisiva, ahora rehusaba intervenir en la cinta del mismo nombre: “Esta película no resulta nada positivo para mi carrera artística. Además, en el aspecto económico era algo muy denigrante para mí. O se me encarga un buen papel o prefiero permanecer en mi casa” (Venezuela Gráfica, s/f, 36-38, citado por Castillo, 2009). La alternativa de quedarse en casa siempre estaba flotando como medida de presión para obtener lo que deseaba al momento de decidir si intervenía o no en alguna producción. Y es justo decir que en esas duras negociaciones, muchas veces el público salió ganando.
Doris Wells y Carlos Márquez en La Fiera (1978)
Un cambio de registro representó su rol de Isabel Blanco en La Fiera (1978), una muy libre adaptación de Julio César Mármol de Los Hermanos Karamazov, de Dostoievski, con libretos de Fausto Verdial, Pilar Romero, Carlos González y Pedro Felipe Ramírez. Dirigía Juan Lamata y formaba parte de la historia uno de los elencos más sólidos que se ha presentado en nuestra televisión: Carlos Márquez, José Bardina, Tomás Henríquez, Agustina Martín, Helianta Cruz, Elisa Stella, Mary Soliani, Gustavo Rodríguez, Lucio Bueno, entre muchos otros estupendos actores. Ella, modelo de contención en sus roles naturalistas, ahora se mostraba salvaje, desarreglada, gritando como una desaforada en contrapunteo amoroso entre Jose Bardina y Carlos Márquez como el inolvidable Eleazar Meléndez. Él la apodaría la catirrusia y así la llamaría el pueblo durante mucho tiempo.
Escenas de la telenovela La Fiera (RCTV, 1978). Fuente: canal Youtube de Noelia
En abril de 1979 regresó al teatro para encarnar a Nora en Casa de Muñecas, obra de Henrik Ibsen, montada por El Nuevo Grupo. La dirección de Carlos Gorostiza garantizó excelentes actuaciones de José Ignacio Cabrujas, Ricardo Salazar, Isabel Sauver y Rafael Briceño.
Margarita Torres (Gómez I, 1980)
Fuente: libro Amores Públicos
La década de los 80 fue particularmente fructífera para ella. Participó en Gómez I, estrenada el 28 de octubre de 1980, con destacada actuación de Rafael Briceño como el dictador Juan Vicente Gómez. Allí interpretó a Margarita Torres, hermana de Dionisia Bello, primera mujer de El Benemérito. A la prensa comentaría no sin cierto desencanto: "Lo lamentable y que me sigue doliendo, es que Gómez es un programa aislado dentro de la TV, porque lo ambicioso y lo que verdaderamente tendría que ser, es que Gómez fuera un programa más y que la competencia estuviera establecida a ese nivel". (El Nacional, 21 de octubre de 1980, citado por Castillo, 2009). Al año siguiente protagonizaría la miniserie La Comadre, inspirada en la vida de la progenitora de Román Chalbaud, quien también sería el director.
En 1982 sorprende a todos con su doble papel en ¿Qué pasó con Jacqueline?, escrita especialmente para ella por su amiga, la escritora Alicia Barrios. Aunque no logró el éxito esperado, su actuación resultó muy comentada.
Inquieta como era en el aspecto creativo, ese mismo año se estrenó además como escritora y productora, con el unitario Porcelana (09/12/1982), interpretado por ella misma y acompañada por Carmen Julia Álvarez y Carlos Márquez, con dirección de César Bolívar:
Unitario Porcelana (RCTV, 1982). Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla
Otra historia de su inspiración se llevó a la televisión el 24 de enero de 1983: Soledad, con dirección técnica de Luis Manzo y la dirección artística a cargo de Doris. La protagonista de esta narración fue Caridad Canelón, quien fue escogida por la propia Wells.
Doris junto a un grupo de damas protesta
en 1983 ante la crisis que atraviesa el país.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional.
Su inquieta personalidad la llevó a incorporarse al activismo ciudadano. El 11 de marzo de 1983, junto a un grupo de mujeres no afiliadas a ningún partido político, se concentraron en la Plaza Bolívar para llamar a la reflexión sobre la situación que vivía el país, abatido por la crisis económica y el llamado Viernes Negro. Fue el primer paso que luego, en 1987, se concretaría en una militancia activa en el Movimiento Nueva República, encabezado por Jorge Olavarría. Su posterior enfermedad la llevó a retirarse de la política.
Lucio Bueno, Loly Sánchez, Víctor Cámara
y Doris, en Derrota Final (RCTV, 1983)
El 5 de junio de 1983 se estrenó Derrota final, un unitario escrito por Salvador Garmendia, dirigido por Humberto Morales, con Franklin Virgüez, Loly Sánchez, Víctor Cámara, Lucio Bueno y Doris Wells, encarnando a una guerrillera urbana.
Enriqueta y Amelia en La Hora Menguada.
Fuente: Showpaper, febrero-marzo 2001
En el marco del segundo ciclo en honor a Rómulo Gallegos, Doris encaró a su antigua “rival” en la pequeña pantalla, Marina Baura, para desarrollar una historia entrañable: La hora menguada, dirigida por Renato Gutiérrez, con música de Aldemaro Romero. Era un enfrentamiento largamente esperado por los seguidores de ambas actrices, quienes demostraron con creces su solvencia histriónica y su profesionalismo. En ese sentido ellas, que no eran amigas ni enemigas, supieron reconocer en la otra los méritos necesarios para que ambas pudieran brillar en esta pequeña joya televisiva. En ese mismo ciclo, Doris siguió desarrollando sus habilidades como escritora: adaptó el cuento Paz en las alturas, dirigido por Carlos Porte, con la actuación de Tomás Henríquez y Gladys Cáceres, transmitido en la Navidad de 1984.
La hora Menguada. Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla
Doris/Oriana, de Fina Torres. Fuente: Blog Sofía en el cine.
A lo largo de esa década, su presencia en la pantalla grande fue una constante: estrenó La casa de agua, de Jacobo Penzo (1984), con Franklin Virgüez, Hilda Vera y Elba Escobar; Oriana (1985), de Fina Torres, que recibió el galardón Cámara de Oro en el Festival de Cannes. En 1985 se estrenó Más allá del silencio, de César Bolívar, donde ella tiene un breve papel. Y en junio de ese año rodó Aguasangre, crónica de un indulto, de Julio Bustamante, con una breve participación, luego del despido de Abraham Pulido. Estas cintas complementaban su filmografía durante la década de los 60, que incluía títulos como El rostro oculto, Isla de sal y Un soltero en apuros (todas de 1964), así como La honorable sociedad, producciónitaliana de 1968.
Quinteto de lujo: Adriano González León, Elías Pino Iturrieta,
Jesús Alberto León y Robert Rodríguez, jurados de Concurso Millonario, junto a su conductora, Doris Wells.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional.
Durante el periodo 1985-86 fue la conductora del Concurso Millonario, una experiencia totalmente nueva tanto para ella como para el público. En esta nueva faceta quería aportar su contribución hacia una televisión de mayor nivel, en la que no solo se ofreciera entretenimiento sino también conocimiento a través de las preguntas que con solvencia debían ser respondidas por concursantes de alta formación en un área específica. Desde Radio Rochela, Norah Suárez la parodiaba en un sketch, remedando su voz ronquita y aquella legendaria frase a partir de la cual los invitados podían responder a la pregunta: “Tieeempo”.
Fuente: Showpaper, febrero-marzo de 2001
A mediados de 1986 hizo el programa radial Corazón a dos junto a Abel Ibarra, transmitido por RQ-910 los viernes por la noche. En julio del mismo año se incorporó al proyecto que la devolvería a las telenovelas e inició las grabaciones de La Dama de Rosa, pero a finales de septiembre y luego de varios capítulos adelantados renunció intempestivamente, al darse cuenta de que el personaje que le habían ofrecido no tenía la importancia prometida. A su renuncia le siguió la de Gustavo Rodríguez y Marina Baura, quien fue llamada a reemplazarla, también declinó la oferta y se retiró de los sets televisivos, bajo el razonamiento de que si no era bueno para Doris, tampoco podía serlo para ella. Al final, los roles principales quedaron a cargo de Jeannette Rodríguez, Carlos Mata y Dalila Colombo.
Jairo Carthy y Doris en Ana, pasión de dos mundos. Fuente: Blog de Jairo Carthy
Su última actuación fue en Ana, pasión de dos mundos, dirigida por Santiago San Miguel, protagonizada por Maribel Verdú, Juan Luis Galiardo, Perla Vonasek y Cristina Reyes. Se rodó entre noviembre y diciembre de 1986 y se estrenó en España en agosto de 1987.
En el primer trimestre de 1986 Doris recibió un diagnóstico de cáncer de mama, con múltiples metástasis óseas. Fue tratada por un médico zuliano en Buenos Aires, Argentina, donde residió brevemente mientras recibió la atención requerida, por lo que su enfermedad entró en remisión. Un año antes había enviudado de su esposo y se vio en la terrible situación de enfrentar su condición de salud en momentos cuando se encontraba altamente vulnerable.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional
El 1 de septiembre de 1988, Doris Wells fue ingresada en la Policlínica Santiago de León, en Caracas, donde estuvo hospitalizada 20 días. Allí fue tratada por una crisis del metabolismo hepático; luego, le sobrevino un cuadro neumónico agudo resultado de un germen intrahospitalario que ocasionó una deficiencia respiratoria. Fue internada en la Unidad de Cuidados Intensivos y poco después entró en estado de coma, posterior a una intervención quirúrgica debido a una hemorragia gástrica. Falleció el 20 de septiembre de 1988, a las 8:30 pm., de lo cual se cumplen ya tres décadas de su desaparición física.
Murió muy joven e inquieta imaginar cuánto más pudo haber aportado, dado su espíritu creativo e inconforme. Según sus allegados, a Doris le gustaban las conversaciones inteligentes y amenas, los viajes, los automóviles y las joyas. Para quienes apenas la conocimos a través de la televisión, ella representaba una de las mejores actrices nacionales, garantía de calidad de las producciones en donde actuó; era la Excelencia (así, con mayúsculas) que en intermitentes destellos alguna vez marcó la producción dramática de la televisión venezolana. Por eso aún hoy la recordamos.
Nunca la pudimos ver anciana, pero en la miniserie La Comadre (RCTV, 1980), Román Chalbaud nos la presentó envejecida junto a Cecilia Villarreal.
Fuentes consultadas: Ocarina Castillo D’Imperio (2009). Doris Wells. Biblioteca Biográfica Venezolana, vol. 101. Libros El Nacional y Fundación Bancaribe. Caracas, Editora El Nacional. Néstor Luis Llabanero (2014). Eva Blanco, la actriz de todos los tiempos. Revista Estampas, diario El Universal, 14 de mayo de 2014. Ricardo Tirado (2004). Amores Públicos. Fundación para la Cultura Urbana, Caracas.
¿Es una telenovela mejor que otra porque tenga como origen un clásico de la literatura? Hay quienes piensan que sí, otros discrepan totalmente de ese aserto. Por ejemplo, Ibsen Martínez, escritor y guionista de telenovelas tan exitosas como Por estas calles, quien afirmó: «El que una telenovela se base en una obra literaria de valía no le otorga un cariz cultural más elevado. Es una telenovela y punto».
José Ignacio Cabrujas
No obstante, José Ignacio Cabrujas, autor de importantes producciones dramáticas venezolanas, tanto en teatro, cine y televisión, aseguraba en una conversación sostenida con el periodista Nelson Hippolite (1): «Los que hemos escrito telenovelas a lo largo de ese escribir, nos hemos dado cuenta de algo: la telenovela existe como un género con unas características. El problema no está en alterar el género a fin de negarlo, sino en encontrar dentro de él su propio rescate, su propia trascendencia e importancia que lo catapulte como un gran género…».
Liliana Durán y Alberto Arvelo en La Fierecilla Domada, de Shakespeare. Fuente: Libro 25 años de RCTV
Por ello, a él le molestaba cuando se planteaba recurrir a los clásicos literarios como una manera de “elevar” el nivel cultural de su audiencia: «Tú hablas con Antonio Pasquali, y te dice: 'es bueno mejorar la telenovela para que la gente pueda ver a Ionesco'. Eso me lo dijo a mí, en mi cara; es decir, que la meta cultural de Antonio Pasquali es que la gente vea a Ionesco, por lo tanto, mejora tu podredumbre para que le des un escaloncito a esto, porque cuando tú ves a Ionesco, te salvaste en la vida, te rescataste. Es el eterno problema de considerar que Beethoven es mejor compositor que Tite Curét Alonso. No, coño, no. Raúl Amundaray me comentaba, hablándome de un actor: 'él es muy bueno en su género'. Yo escribí la misma frase: Beethoven es muy bueno en su género. Tite Curét es muy bueno en su género. ¿Y por qué los dos no pueden convivir?». He ahí el dilema. Los clásicos de la literatura universal marcaron el nacimiento de la televisión venezolana. Tal como lo afirma Roldán Esteva Grillet, en Política y Poética del Rating (Encuadre, 1992), "así como en el cine venezolano se dieron con adaptaciones literarias (verbi gratia: La balandra Isabel llegó esta tarde) la televisión buscó eventualmente servir de traductora para las masas de ciertas obras cimeras: Televisa transmitió en 1958 una adaptación de Doña Bárbara, con la cantante folklórica Adilia Castillo de protagonista."
Hilda Vera y Luis Salazar en El Águila de dos cabezas. Fuente: Libro 25 años de RCTV
Poco a poco este incipiente medio incorporó y desarrolló un lenguaje propio para la pantalla chica que permitió adaptar estas producciones literarias y divulgarlas a un público mucho mayor. Espacios dramáticos pioneros como Anecdotario, Ciclorama, Teatro del Lunes, entre otros, eran nutridos con versiones más o menos libres de autores como William Shakespeare, Leon Tolstoi, Alejandro Dumas y Charles Dickens, entre otros. En los años 50 fueron transmitidos en vivo, en capítulos de 15 minutos de duración, adaptaciones de Historia de dos ciudades, de Dickens, con Hilda Vera y Luis Salazar; El Águila de dos cabezas, de Jean Cocteau, con la misma pareja; e Ifigenia, de Teresa de la Parra, con Peggy Walker, todas por Radio Caracas Televisión (RCTV).
Carlota Ureta Zamorano y Peggy Walker en Ifigenia. Fuente: Libro 25 años de RCTV
Una década más tarde, esta fuente siguió nutriendo la televisión nacional, aunque ya se vislumbraban nuevas tendencias, como el desarrollo de historias originales o versiones de radionovelas, tan populares en esa época. Por ejemplo, Anna Karenina tendría a Amelia Román y a Jorge Félix como los infortunados amantes de Tolstoi en Venevisión y se transmitía una nueva adaptación de Ifigenia, esta vez con Conchita Obach. Sin embargo, también triunfaban en RCTV producciones como El Derecho de Nacer, adaptación del melodrama radial cubano de Félix B. Caignet, que protagonizaba la misma Obach junto al galán Raúl Amundaray. A mediados de los años 70, para sortear los lineamientos gubernamentales que restringían la transmisión de telenovelas tanto en horarios como en temáticas, las televisoras nacionales decidieron apelar a una fórmula que conocían desde sus inicios y volvieron sus ojos a las adaptaciones de clásicos literarios como una manera de “elevar” el nivel cultural de estas producciones.
Así, RCTV produjo varias telenovelas y miniseries inspiradas en la literatura venezolana. Rómulo Gallegos fue uno de los autores más favorecidos en la difusión de su obra, aunque ya varias novelas del maestro habían sido producidas por Televisa (antecesora de Venevisión) y transmitidas en vivo en capítulos de un cuarto de hora durante los años 50. En aquella época, como ya se mencionó, Adilia Castillo interpretó a Doña Bárbara (1958); Oscar Martínez protagonizó Cantaclaro; y Olga Henríquez y Américo Montero, La Trepadora. En el nuevo ciclo galleguiano de los 70, Marina Baura dio un giro a su carrera, cimentada en la telenovela rosa con títulos como Lucecita y La usurpadora, para encarnar a la “Devoradora del llano” Doña Bárbara (1974), con Elio Rubens como Santos Luzardo; Marisela Berti, como Marisela; Rafael Briceño, Lorenzo Barquero; Carlos Márquez, Balbino Paiva; Guillermo González, el bachiller Mujiquita; y Enrique Benshimol, Míster Danger.
Esta versión fue muy elogiada y replanteó la temática de los dramáticos televisivos, algo que ya se había asomado en 1974, cuando RCTV produjo Boves el Urogallo, de Francisco Herrera Luque, una historia que muchos vaticinaron como un error por su costosa y difícil adaptación a la pantalla chica, pero que demostró ser un éxito enorme de crítica y público para Gustavo Rodríguez en el rol protagónico. Así que el éxito de Doña Bárbara permitió seguir recorriendo ese camino y abrió el paso a lo que luego se llamaría como la “telenovela cultural”, un término ambiguo en su planteamiento, aunque evidencia el concepto de cultura que se ha manejado dentro de las televisoras nacionales.
Mahuampi Acosta, Hilda Vera, Gustavo Rodríguez, Doris Wells, Oscar Martínez y Martha Olivo en La Trepadora. Fuente: RCTV
Por su parte, Doris Wells, la eterna inconforme de nuestra pantalla local, enfrentó en varias oportunidades las heroínas galleguianas. En 1975 dio vida a Victoria Guanipa y acompañada de Oscar Martínez, Hilda Vera y Gustavo Rodríguez encabezó una nueva versión de La Trepadora. De esta producción Luis Barrera Linares, especialista en la obra de Gallegos, destacó las actuaciones de Rodríguez y Wells, por “su modo de hacer unos personajes…realmente convincentes; no estoy seguro de que pueda ser superada por unos actores menos profesionales”.
Marina Baura y Miguelángel Landa en Canaima. Fuente: RCTV/El Nacional
Doris reincidiría con Gallegos: en dupla con Miguelángel Landa asumieron la gran responsabilidad de llevar el doble rol protagonista en Pobre Negro (1975-76), con los personajes de Luisana Alcorta / Ana Julia Alcorta ella y Negro Malo / Pedro Miguel Candelas él. Ese mismo año Marina Baura, Marisela Berti y Landa se reunirían en Canaima (1976), producción que contó con un presupuesto total de tres millones de bolívares, un récord para la época; y para cerrar este ciclo, RCTV transmitiría Sobre la misma tierra (1977), con Alberto Marín y Marina Baura, en el doble rol de Cantaralia y Remota Montiel. Esta versión fue de todas la menos exitosa.
. Capítulo de la telenovela Pobre Negro. Fuente: canal YouTubeMas TV
Miguelángel y Doris: dos campeones de la actuación. Fuente: RCTV
Gallegos no fue el único autor venezolano a quien recurrieron los libretistas de esa planta: de Guillermo Meneses se llevó a la televisión La Balandra Isabel llegó esta tarde (1976) con Marina Baura como Esperanza y Miguelángel Landa como el navegante Segundo Mendoza, recreando una historia que ya había sido llevada al cine con extraordinario éxito en 1950, con Arturo de Córdoba y Virginia Luque. El elenco incluía a Marisela Berti como Isabel, la esposa; al niño Otto Rodríguez, a María Teresa Acosta como la loca María y a Rafael Cabrera como el brujo Bocú. Lamentablemente, la versión televisiva no contó con el respaldo de público que se hubiese esperado de una pareja y elenco tan prometedores, algo que sí ocurrió con Campeones, también de Meneses adaptado por Cabrujas (RCTV, 1976), en la cual la frescura y naturalidad de los personajes interpretados por Doris Wells y Miguelángel Landa cautivaron a la audiencia. En esto de la inspiración literaria, Cabrujas no era el único. En 2006, el escritor zuliano Julio César Mármol confesaba: «Muchas de mis novelas han surgido del pasado; por ejemplo, en El Desprecio, yo me inspiré en Claudio, el emperador romano y en esa figura yo me basé para esa telenovela» (diario Panorama, 22/03/2006, p.3-12). Mármol aseguraba en esa entrevista que se consideraba un historiador frustrado «…y es que desde niño fue mi gran pasión. En una oportunidad una amiga me confirmó que la mujer andina le enseña a sus hijos la pasión por el poder». La Fiera (1978), que según la tradición tenía como punto de partida Los Hermanos Karamazov, de Leon Tolstoi, en realidad nació de una confrontación familiar zuliana: «Yo llego a esa historia de la mano de José Ignacio Cabrujas porque él tenía en mente la situación de los Semprún y los Meleán, dos familias por todos conocidas que se estaban matando en Maracaibo y Santa Bárbara, al punto de que se habló de muerte de niños en sus cunas. Nadie podía con ese odio y esa barbarie. José Ignacio y yo escribimos juntos al principio, pero por percances personales, él me designó como el escritor de lo que hoy conocemos como La Fiera».
Algunas escenas de La Fiera. Fuente: canal YouTubede Globovisión
Raúl y Mayra en Piel de Zapa.
En el imperio de las adaptaciones, no todo lo que brillaba era oro. Uno podría encontrarse desde versiones libres (¡muy libres!) como Resurrección (Rctv, 1977) de León Tolstoi, con libretos de Manuel Muñoz Ricos y Ligia Lezama,en los que Marina Baura y Raúl Amundaray daban la cara en una trama bastante distorsionada de la original; a otros más convincentes. Podemos citar en ese renglón a Tormento (1977), de Benito Pérez Galdós, adaptada por José Ignacio Cabrujas y dirigida por Román Chalbaud, con Mayra Alejandra, José Luis Rodríguez y Jean Carlos Simancas; y a Piel de Zapa (1978), de Honorato de Balzac, adaptada por Salvador Garmendia, con Mayra Alejandra, Pierina España y Raúl Amundaray.
William Moreno, Yolanda Muñoz y el maquillador Carmelo en una de las escenas que causó mayor revuelo de Resurreción. Fuente: captura de pantalla.
Jean Carlos Simancas, Pierina España y José Luis Rodríguez en Sangre Azul. Fuente: Apuntes.TV
Sangre Azul (1979), surgida de la pluma de Mármol, tuvo como referencia Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, mientras que Panchito y Arturo (1981) estuvo basada en El Príncipe y el Mendigo, de Mark Twain, protagonizada por Amílcar Rivero en un doble rol.
Las novelas de Venevisión de esa época también son un compendio de aciertos y estruendosos fracasos: Cumbres Borrascosas (1976) se inspiraba en la novela homónima de Emily Brönte, adaptada por Delia Fiallo, con una debutante Elluz Peraza en el rol de Catherine, acompañada por José Bardina como Heatcliff; Laura y Virginia (1977) se nutría del argumento de La Fábrica, adaptada por Enrique Jarnés y Delia Fiallo para lucimiento de Alejandra Pinedo, Eduardo Serrano y Mary Soliani; Balumba (1976-1977) tomaba la obra homónima de Juan Filloy, con Elluz Peraza, José Bardina y Marianela Salazar; Zárate recreaba la novela de Eduardo Blanco, con Adita Riera y Eduardo Serrano; y Los Poseídos (1975), la obra teatral Las Brujas de Salem de Arthur Miller.
Promoción de Cumbres Borrascosas. Fuente: canal YouTubede Mas TV
Lupita Ferrer y Eduardo Serrano en La
Guaricha. Fuente:
Eduardo Serrano y Ada Riera alcanzaron buena receptividad en El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde, mientras que La Guaricha resultó de una adaptación de la novela del mismo nombre del escritor monaguense Julián Padrón. Enrique Jarnés fue quien hizo el trabajo de llevarla a la televisión y contó con la protagonización de Eduardo Serrano y Lupita Ferrer. A su lado estuvieron José Torres, Luis Gerardo Tovar, Betty Ruth, Orlando Urdaneta, Mirtha Pérez, Francia Ortiz y Fernando Flores. La trama se desarrolló en la transición del gobierno de Cipriano Castro a la dictadura de Gómez y mostraba la vida de la gente de campo. Fue dirigida y producida por José Antonio Ferrara y los exteriores se grabaron en la hacienda "Tarapío", cerca de Valencia, estado Carabobo. De esa época es también una de las muchas versiones de Marianela, de Benito Pérez Galdós, con Alejandra Pinedo, Eduardo Serrano y Herminia Martínez en los papeles principales.
El Retrato de Dorian Gray. Fuente: canal YouTube de Dimitrije Lukic
Los teleteatros transmitidos en Gran Viernes fueron muy prolíficos en cuanto a adaptaciones. En ese sentido, pueden citarse Pablo y Virginia, con Alejandra Pinedo y Orlando Urdaneta; El Ángel Azul, insólita versión (sobre todo si imaginamos las delgadas piernas de la que sería su protagonistabasada en la novela de Heinrich Mann (Professor Unrat), con la Miss Venezuela 1974, Neyla Moronta en el papel que hizo de Marlene Dietrich una leyenda; La Malquerida, de Jacinto Benavente, con Luis Gerardo Tovar, Herminia Martínez y Amelia Román; Manon Lescaut, del abate Prevost, con Lupita Ferrer y José Bardina; El Jorobado de Nuestra Señora de París, con Martín Lantigua y Ada Riera; Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona, con América Alonso, Ada Riera y Héctor Myerston; La dama de las Camelias, de Alejandro Dumas, con Lupita Ferrer y Luis Abreu; así como Lisístrata, de Aristofanes, con Lupita, Chelo Rodríguez, Herminia Martínez y Caridad Canelón, entre muchos otros.
Lupita Ferrer, Chelo Rodríguez, Caridad Canelón y Herminia Martinez en una versión moderna de Lisístrata. Fuente: Venevisión.
Eduardo Serrano, Juan Frankis, José Torres y Omar Omaña en una miniserie transmitida por
Venevisión inspirada en Los Tres Mosqueteros (1976), de Alejandro Dumas.
Amanda Gutiérrez destacó en
su rol de Ifigenia (1979). Fuente:
Diario 2001.
Venezolana de Televisión (VTV) del mismo modo hizo su aporte en versionar clásicos venezolanos y universales: Migajas (1977) fue una adaptación de la novela de Pedro Berroeta, con Hilda Carrero, Oscar Martínez y la exmiss Rosario Val, en su debut y despedida como protagonista; Ídolos Rotos (1978), de Manuel Díaz Rodríguez, contó con Altagracia Sarmiento y Daniel Alvarado; Eugenia Grandet (1978) de Honorato de Balzac, llevó como pareja protagonista a Alejandra Pinedo y Daniel Alvarado; Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen, repitió con Alejandra Pinedo, esta vez acompañada por Leopoldo Regnault; Ana Isabel, una Niña Decente, de Antonia Palacios, estuvo interpretada por Rebeca González; Ifigenia (1979), de Teresa de la Parra, fue llevada nuevamente a la pequeña pantalla con gran éxito por Amanda Gutiérrez y Leopoldo Regnault; mientras que Los Habitantes (1979), la obra urbana de Salvador Garmendia, fue interpretada por Mary Soliani y Leopoldo Regnault.
Federico Gattorno interpreta el vals Kiki, tema musical de Ifigenia. Fuente: canal YouTube de Federico Gattorno
Lupita Ferrer y Daniel Alvarado en Doña Perfecta. Fuente: richmansite.wordpress
A mediados de los 80, Lupita Ferrer regresó triunfante a la televisión venezolana gracias a las gestiones de Ricardo Tirado y protagonizó Doña Perfecta (VTV, 1985), de Benito Pérez Galdós, con Estelin Betancur y Daniel Alvarado. Alejada de su imagen edulcorada y en una historia recreada en la zona colonial de Coro, que adoptó el simbólico nombre de Aramil, Lupita sumó adeptos y preparó el camino para las mujeres “duras” que interpretaría posteriormente en la televisión nacional e internacional.
La Casa de los Ábila (1980), de José Rafael Pocaterra, fue adaptada por José Gabriel Núñez, con Judith Castillo y Luis Abreu; El Hombre de Hierro (1985), con Rebeca González y Javier Vidal, fue una excelente versión de la obra de Rufino Blanco Fombona que lamentablemente no contó con el respaldo del público, mientras que Tirano Banderas (1979), de Ramón del Valle Inclán, dio una nueva oportunidad de brillo a un maduro Orángel Delfín, ya en su declive profesional y personal, como Tigre Juan.
La Dueña, uno de los clásicos melodramas de los 80 transmitido por VTV, tuvo su origen en El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, mientras que La Dama de las Camelias, también de Dumas, reunió a Amanda Gutiérrez y a Ángel Acosta en 1981. La Cenicienta, el cuento infantil de Charles Perrault, devino en una hilarante y tierna telenovela escrita por Mariela Romero en 1979, con Elluz Peraza y el actor mexicano Carlos Piñar.
La Dueña. Fuente: canal YouTube de Alejandro Lucena
Héctor Myerston, un conde Drácula de cuidado.
En cuestión de miniseries, El Rehén del Diablo (Venevisión, 1982) estaba basada en la película El Exorcista, con historia de Petter Blatty y tenía a Mary Soliani como la joven poseída por el demonio, mientras el sacerdote encarnado por Eduardo Serrano luchaba por liberarla de sus demonios. Drácula (Venevisión, 1979), se inspiraba en la novela de Bram Stoker y en la película del mismo nombre para ofrecer a Héctor Myerston como el vampiro sediento de sangre enamorado de Helena Farías. La versión cómica de este personaje estuvo a cargo de Martín Lantigua, Cristina Reyes y Joselo. El mito vampírico sería retomado por RCTV en El visitante de la noche (1985), con Raúl Amundaray, Elba Escobar, Julie Restifo y Haydeé Balza. En 1980, Pilar Romero y Fausto Verdial actualizaron el clásico de Shakespeare Romeo y Julieta y trasladaron esta tragedia a los populosos edificios del 23 de Enero, en Caracas, en Drama de Amor en el Bloque Seis. Entre agosto y noviembre de 1984, RCTV mostró el Ciclo de Oro de Rómulo Gallegos, en el cual adaptó 20 cuentos del escritor venezolano, contando para ello con el trabajo de reconocidos escritores como Alicia Freilich, Salvador Garmendia, José Gabriel Núñez, Laura Antillano, Gustavo Michelena, Sonia Chocrón, Carlos Sicilia y Manuel Manzano. Entre los cuentos se encontraban Paz en las alturas, El milagro del año, El análisis, El paréntesis, Estrellas sobre el barranco, El aprendiz de loco, Los Mengánez, así como las muy celebradas Los inmigrantes, con Henry Zakka y Carlos Cámara; y La hora menguada, con Marina Baura y Doris Wells, ambas en estado de gracia.
La hora menguada, con Doris Wells y Marina Baura. Fuente: canal YouTube de Argenis Padilla
Los inmigrantes, con Carlos Cámara y Henry Zakka. Fuente: canal YouTube de Argenis Padilla
Todavía a finales del siglo XX, Gallegos tenía poder de convocatoria: en 1988, Pobre Negro volvería a las pantallas de RCTV protagonizada por Franklin Virgüez, Marlene Maseda y Abby Raymond, en una nueva adaptación a cargo de Gustavo Michelena.
Pobre negro, versión de 1988. Fuente: canal YouTube de Póngalo
Por otra parte, Mujercitas, de Louise May Alcott, fue llevada a la televisión y adaptada por el escritor César Sierra, quien trasladó el argumento original a la Venezuela de 1859, cuando el país estaba dividido entre Conservadores y Liberales y se vivían los difíciles tiempos de la Guerra Federal. Estuvo protagonizada por Daniela Alvarado y Adrián Delgado, con las participaciones antagónicas de Eduardo Serrano, Lourdes Martínez y Javier Valcárcel. Contaba además con las actuaciones de los primeros actores Chelo Rodríguez, Juan Manuel Montesinos y Esther Orjuela.
Ibsen Martínez.
A pesar de toda esta épica en cuanto a adaptaciones dramáticas, no falta quienes aún perciben un mal de sabor de boca cuando la televisión decidió volver a la novela rosa, tan pronto como los números de audiencia dejaron de estar a su favor. Para Ibsen Martínez, «la llamada telenovela cultural fue un fraude. Formó parte deliberada de una operación que un canal desplegó para desbancar a otro de la lucha del rating. Cuando dejó de tener éxito, Hernán Pérez Belisario (ex ejecutivo de RCTV) contrató a la mismísima Delia Fiallo y nos puso a adaptar sus viejos libretos cubanos». Otros, como Cabrujas, paradójicamente reiteraron su convicción acerca de la necesidad de respetar el lenguaje propio de este género: «La telenovela no se puede salvar por el realismo, la telenovela se puede salvar y se puede engrandecer y dignificar y llegar a extremos extraordinarios, a mi criterio, por Shakespeare, por Sófocles, por los griegos, no por el realismo».
Marina y Miguelángel en Canaima. Fuente: ¡Explora Que, fotografía y más!, Pinterest
A su juicio, «una telenovela sirve para lo que puede servir cualquier obra de carácter literario: para provocar la imagen que tiene el ser humano de sí mismo; una sociedad de sí misma» y en la escala de valores de esa sociedad, el amor perdurará como tema central del género: - El hombre tiene unas características muy raras como lector a través de toda la cultura humana de Occidente: las únicas historias populares de la gran literatura son historias de amor; en realidad, no se ha escrito nada que le haya importado a la gente, me refiero a la gran literatura, que no sea una historia de amor […] Para los hombres todo lo que es largo tiene que ser amor. La Ilíada es de amor y la Odisea mucho más. Esos “chorizos” que los hombres han creado –obras monumentales– son, en realidad, historias de amor. Parece mentira, pero no hay otra cosa que obligue a una persona a ver una cosa todos los días, durante diez meses y doscientas horas de su vida. ________________________________________ Fuentes consultadas: (1) Hippolyte Ortega, Nelson (2010). José Ignacio Cabrujas: "La muerte de la telenovela". Portal Prodavinci Esteva-Grillet, Roldán. (1992). Política y Poética del Rating. Separata de la revista Encuadre, No. 10, enero/febrero 1992.