Mostrando entradas con la etiqueta postales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta postales. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de octubre de 2013

Postales del discurso amoroso

Ofrenda de amor (1969).
Obra de Emerio Darío Lunar
Hace unas semanas, una querida amiga se quejaba de la ausencia de una de las formas más elegantes de comunicación escrita:

«Cuánto daría porque alguien me enviara una carta, una postal. De donde sea. Aunque solo trajera una línea, quizás solo un dibujo, aunque la enviase a donde no estoy. No importa. Solo quiero una carta. O una postal.…Ya no escribimos cartas, ya no enviamos postales, con las diversas y fuertes sensaciones que produce esperarlas, recibirlas, abrirlas, tocarlas, acariciarlas, rozarlas, recorrerlas con los ojos y las manos, y finalmente leerlas».

Sí, escribir y recibir una carta o una postal ha sido un placer que hemos perdido con la incorporación de las nuevas tecnologías, quizá más rápidas, con otras ventajas, pero que ciertamente han dejado para la nostalgia la romántica espera por la llegada del correo.

Aquellos tiempos en que recibir una carta era todo
un  acontecimiento...
Me declaro un fervoroso defensor de las cartas y de las postales. Esas escritas a mano, ilustradas con el garabato de una firma autógrafa; con la estampilla y el matasellos de la oficina de correos desde donde fue enviada y con la ilusión intacta de recibirlas "uno nunca sabe cuándo", porque como andan las cosas en IPOSTEL, que llegue completa ya es un milagro.

Postal años 50. Colección personal.
La definición de una postal nos remite a una tarjeta que reúne los requisitos de las normas postales concernientes a la tarifa del correo de cada país y están vinculadas a sus dimensiones (tamaño y espesor), leyendas, ilustraciones, tarifas, etc. Su diseño fue una estrategia para estimular el negocio del correo y promover las comunicaciones breves a la mitad del valor de una carta simple.

Su historia se inicia en Austria, en el año 1869, con la emisión de las primeras cartulinas de color café claro, diseñadas solamente para escribir, aunque prontamente empezaron a llevar imágenes.

Como todos los inventos que han tenido trascendencia en nuestra sociedad, los orígenes de la tarjeta postal han sido discutidos. Según los estudiosos del tema, hay que situarlos en 1865, cuando el Consejero Postal del Reino de Prusia, doctor Heinrich von Stephan,  propuso a la Conferencia Postal de Karlsruhe la creación de una «tarjeta de cartón, 12 x 16 centímetros de superficie, que llevaría impreso el sello postal, y cuyo reverso se reservaría para una breve comunicación. La tarifa correspondiente debería ser reducida».

Postal años 50. Colección personal.
No obstante, ha habido cierto consenso en atribuirle al doctor Emanuel Hermann, profesor de la Academia Militar Theresia de Viena, en Austria, la propuesta de su creación al publicar en enero de 1869 en el periódico Neue Wiener Presse un artículo titulado "Acerca de un nuevo medio de correspondencia por intermedio del Correo", el cual aparentemente recibió una buena acogida por las autoridades postales austríacas.

El decreto de autorización de la circulación de tarjetas postales fue firmado en septiembre de 1869 por el director de Correos austriaco, el barón Adolfo Maly; y un mes después se emitió la primera "Correspondenz-Karte".

Luego de este prometedor comienzo, fueron incorporadas las imágenes en el diseño postal, al ser reproducidas obras de artistas populares en ese pequeño formato, aunque los paisajes, flores y animales tuvieron mayor difusión. El erotismo encontró en este medio un interesante campo para desarrollarse, dirigido a un público eminentemente masculino.

Postal de la plaza Vittorio Emmanuelle, en Florencia. 
El surgimiento de la técnica de la fototipia permitió en 1892 que la casa Hauser y Menet, en España, reprodujera fotografías sobre postales, lo cual amplió las posibilidades decorativas de este medio. Ya en 1900 la tarjeta postal ilustrada había conseguido tal aceptación, que empezó a ser codiciada como objeto de colección.

Postal años 50. Colección personal.
En Venezuela, si bien el servicio de correo fue organizado desde 1795 por el Capitán General, Don Pedro Carbonell, sus inicios fueron desalentadores, debido a la escasez de rutas y el número reducido de oficinas. Con la Guerra de Independencia, la condición del correo no mejoró y hubo que esperar a la creación de la Gran Colombia para que el servicio postal se extendiera a las grandes ciudades, estableciéndose correos semanales, quincenales y mensuales con el uso de buques como medio de comunicación.

Según la historia dada a conocer por el Instituto Postal Telegráfico venezolano (IPOSTEL), «en 1832, primera Presidencia de Páez, se fijaron los portes de la correspondencia que se conduce por mar. Se dio paso a la Administración Postal, instalándose una oficina de correo en cada poblado, puertos principales y capitales de estado».

Postal colección personal.
Las primeras estampillas de correo se pusieron en circulación en 1859; no obstante, habría que esperar hasta 1890, cuando las imprentas a vapor pudieran reproducir fotograbados y cromolitografías, para que las tarjetas postales llegaran a Venezuela. Tal como lo reseña en su sección Dossier la revista El desafío de la historia en su edición No. 22, «se reproducían en ellas paisajes que resaltaban las maravillas urbanas y naturales del país, muchas veces con gran sensualidad y sentido romántico». 

Las primeras tarjetas postales que circularon en nuestro país tenían una dimensión de 14 centímetros de largo por 9 centímetros de ancho; no disponían de viñeta alguna en su anverso, en donde sí tenían la siguiente impresión: Union Postale Universelle, Estados Unidos de Venezuela, Tarjeta Postal, así como el diseño de la estampilla impresa con un valor de 10 céntimos en el ángulo superior derecho y el escudo nacional en el lado izquierdo.

Postal romántica. Colección personal.
Con la intención de incentivar la industria por medio de las comunicaciones postales, el 1º de septiembre en 1898 el Ejecutivo Nacional por resolución del Ministerio de Correos y Telégrafos autorizó a los particulares para editar y vender tarjetas postales con viñetas y anuncios en el anverso, con las mismas dimensiones ya señaladas. Hicieron su aparición en nuestro entorno las postales como las conocemos hoy, en la que su anverso usualmente muestra un motivo o imagen especifico, bien en blanco y negro o en color.

El escritor E. S. Turner cuenta en La historia de la galantería que «la fotografía se hallaba en sus comienzos, pero no estaba lejano el momento en que los enamorados podrían transportar sobre su corazón la imagen del objeto amado y empañarla con sus suspiros. Entretanto, la litografía hacía sus veces. La industria de las tarjetas de felicitación habilitó una enorme cantidad de recursos para facilitar los encuentros amorosos y estimular las aspiraciones de los protegidos de San Valentín. Con la moda de los `corazones unidos y sangrantes´ se da el primer paso hacia la indolencia del enamorado, que confiaba a otras manos la tarea de adornar sus sentimientos. Hasta entonces, el amante dibujaba y decoraba el testimonio de sus amores y lo llevaba personalmente hasta la puerta de su destinataria. A partir de la era victoriana prefirió elegir un mensaje ya confeccionado, y deslizarlo en el interior de un buzón por una suma despreciable».

Postal años 50. Colección personal.
En un artículo publicado en La Nación de Buenos Aires, en marzo de 1903, el escritor Rubén Darío comentó acerca de las bondades de la tarjeta postal: «Cuando vais en viaje, por un lejano país, muchas veces no os es fácil el escribir una carta a tales o cuales personas de nuestra afección; y una o dos palabras puestas en una tarjeta postal ilustrada que echáis en el próximo buzón, llevan vuestro recuerdo con la imagen del paisaje o del lugar en que escribís. Por eso en todos los puntos de la tierra a que la Agencia Cook conduce sus caravanas encontraréis en abundancia los puestos y tiendas de tarjetas con las variadas fotografías de los monumentos, curiosidades, personajes célebres y demás particularidades de la ciudad o pueblo, desde la recóndita China hasta la clara Italia, desde las pirámides hasta el país del Sol de medianoche. Hay otra virtud en la tarjeta postal ilustrada y no la menos interesante como comprenderéis. Por ley de la moda, una señorita que no podría escribir cartas a un caballero de su simpatía sino a furto, a escondidas de sus padres, corresponde con él libremente, si se le antoja, por medio de la propaganda cartulina. Y aún la cartulina misma, con el simbolismo de sus flores, o de sus figuras, suele decir más que un largo pliego».


Postal años 50. Colección personal.
Rubén Darío, quien además fue empleado de Correos en Buenos Aires, según él mismo contó, agregó también en esa oportunidad que «(…) la tarjeta postal puede llevar, como he dicho, el paisaje, la reproducción del lugar en que se encuentra la persona amada; y ahora que la fotografía también está adoptada como uso elegante, y que uno mismo se puede hacer a su gusto sus tarjetas postales, la comunicación, si escasa por la palabra, es más elocuente por la imagen. Es la ilusión de la presencia, y si es cierto que, según la teoría ocultista, en la reproducción de nuestra imagen por la luz queda algo de nuestro ser interior y misterioso de nuestra alma, la tarjeta postal fotográfica es el ideal de la correspondencia sentimental y amorosa».

Postal años 50. Colección personal.
Si bien se ha reconocido los inicios del siglo XX como el momento de esplendor de la historia de la tarjeta postal, todavía en la década de los 50 este instrumento sería especialmente apreciado por los románticos para expresar sus sentimientos al enamorado(a) de turno.

El impacto de la tarjeta postal como medio de comunicación masivo es innegable. Aun hoy, en esta era digital, las postales han invadido el mundo cibernético para, mediante imágenes, sonidos y otros recursos multimedia, llevar buenos deseos al afortunado destinatario de su electrónico mensaje. Sin embargo, tal como mi amiga Laura, yo todavía añoro las tarjetas postales de cartulina. Las pido a cada amigo y familiar que viaja, como ofrenda necesaria para el mantenimiento de nuestra amistad. Poesía visual en formato de cartulina, recuerdos alegres de un pasado no tan lejano.

Si quieres saber más:

  • Cáceres, L.; Vergara, F.; Padilla, K. (2007) Historia de la postal en Chile. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Sistema de Bibliotecas, Red de Archivos Patrimoniales de Valparaíso.

sábado, 18 de febrero de 2012

Imágenes del paraíso

“Las postales son imágenes de la fascinación, del deseo del querer aquello que no tienes y que sólo podrás acceder a él una vez cada cierto tiempo…son imágenes del paraíso.”
Carmelo Vega
Profesor de Historia del Arte Contemporáneo
Universidad de La Laguna, Tenerife, España

Una de las grandes víctimas del avance de las nuevas tecnologías ha sido la tarjeta postal. Es una lástima, porque a través de estas coloridas cartulinas, la imaginación humana ha encontrado alas para conocer el mundo, revivir experiencias o solo disfrutarlas. Para mí han sido un pasatiempo que me ha procurado muchas horas de satisfacción. A través de mi colección he viajado mucho más de lo que hubiese podido con mis limitados recursos, pero también siempre han sido la promesa de algo que ocurrirá en algún momento de mi vida futura.

Según algunos historiadores, la idea de las postales surgió del británico Henry Cole, quien cansado de escribir felicitaciones a mano, encargó su diseño a su amigo, el pintor e ilustrador londinense John Calcott Horsley (1808-1882). La impresión de las primeras postales se hizo así en 1843, pero hubo que esperar hasta la década de 1860, cuando los avances de la impresión en color bajaron el costo, para que se hicieran populares entre el público en general.

La Edad de Oro de la tarjeta postal se ubicó entre 1900 y 1914, periodo en el que se convirtió en el medio de comunicación más popular y en el cual obtuvo mayores ventas. Coincidió con importantes cambios en la normativa de correos de muchos países. Por ejemplo, en aquella época se obligaba a los usuarios a escribir sus mensajes en el frente de la postal, muchas veces sobre la ilustración, reservando el anverso para el nombre, dirección del destinatario y los timbres. En Gran Bretaña, para dedicar más espacio al mensaje, se propuso dividir mediante una línea el anverso de la postal en dos partes, reservándose el lado izquierdo para la escritura y el derecho para la dirección. De esta manera, la ilustración de la postal no se dañaba, apreciándose mejor al ocupar todo el espacio. Esta medida fue recogida en 1905 por la Unión Postal Universal y generalizada poco a poco en todos los países.

Álbum abierto al destino

A pesar de la amenaza que representan en la actualidad las llamadas postales virtuales, todavía se mantienen coleccionistas, clubes y asociaciones cartófilas, revistas y exposiciones de la postal en cartulina. El auge del turismo, la publicidad y el apoyo de la industria impresora, son factores importantes para ello.

En una interesante entrevista a Carmelo Vega, profesor Titular de Historia del Arte Contemporáneo en la Universidad de La Laguna, en Tenerife, España, publicada en el portal ASHOTEL, este señala que la postal es un formato y un soporte cuya función, más allá de ser enviada, es la afirmación del acto mismo de estar de vacaciones, disfrutando del ocio, en una condición excepcional. “Me interesa y sorprende que se sigan editando postales y que continúen siendo, en mayor o menor medida, algo rentable ya que podía haber desaparecido como otros productos turísticos que están en desuso; es curioso e interesante que no se hayan extinguido con el boom de las postales digitales.”

Afirma que “antes, la postal tenía una función romántica, que pertenecía al pasado, un pasado idealizado del viaje, era una afirmación del ser y del estar turístico. Hoy apenas se escribe cuando se está de viaje; ahora nos llamamos por el móvil nada más llegar para decir que estamos bien.” Por eso, concluye que hoy se compra para recordar el lugar en el que hemos estado de vacaciones, como un souvenir más.

Otra afirmación interesante del profesor Vega es que las postales son una especie de guía del turista, una orientación en imágenes de los lugares turísticos: “A través de las postales sabemos lo que hay que visitar y hacer, qué tienes que comer, el ruido, el sonido del lugar, la música, el folclore...Son como un álbum abierto“. Aclara que la postal adquiere la visión de que el mundo tiene que estar catalogado, de que el universo son lugares, que cada uno de ellos tiene una imagen de identidad perfectamente representable y en ese sentido, la incorporación de la fotografía ha contribuido a dar imágenes estereotipadas de dichos lugares.

Por supuesto, como todo en la vida, hay recomendaciones para enviar postales. En la página protocolo.org, se mencionan algunas normas, de las cuales podemos resumir las siguientes:

SER ORIGINAL:Elija una alguna imagen representativa del lugar donde se encuentra. No tiene que ser la típica postal del monumento representativo de la ciudad, pero sí alguna original de un barrio de la ciudad, de un monumento poco conocido, etc.

SER BREVE Y CONCISO: Una tarjeta postal admite poco texto.

HUIR DE LOS CLICHÉS EN SUS MENSAJES.

NI TANTO NI MUY POCO: Aunque el espacio es pequeño, no redacte su texto tipo telegrama. Incluya alguna anécdota o adelante algo que contará cuando llegue. Y no olvide firmar la postal.

ENVIARLAS EN SOBRES: así se preserva la intimidad del mensaje que contienen.

ENVÍARLAS CON TIEMPO: Si va estar poco tiempo, envíelas en los dos primeros días para que llegue a tiempo. Si la estancia va a ser prolongada, puede hacerlo a la mitad de su estancia.

Me atrae la afirmación de que las postales son imágenes del paraíso. No de uno, diría yo, sino de muchos, largamente esperados y únicamente conocidos a través de esos pedazos de cartulina viajeros.



Las postales pertenecen a la colección personal del autor de este blog. Fuentes consultadas: Blog Historia Filatélica y revista Muy interesante