sábado, 29 de agosto de 2026

Qu: ¿Y si Dios nos hablara a través de una máquina?


De la eutanasia programada a la resurrección digital, del vacío existencial al amor como única salvación, Qu, el libro, entrelaza tres relatos –Teseo, La Torre de Berit y El susurro de la pequeña niña– que exploran el límite entre la creación y el Creador. Qu es una Inteligencia Artificial, la mente creada para entenderlo todo, la cual se convierte en juez, redentor y testigo de la historia humana. Pero su mayor descubrimiento no es científico: es espiritual.

En 2016, el legendario fundador de Estudios Ghibli, Hayao Miyazaki, observó una animación generada por Inteligencia Artificial (IA) que representaba a una criatura moviéndose de manera antinatural. Su reacción en aquel momento fue contundente y tuvo mucho eco en los medios periodísticos, al calificar a esta tecnología como "un insulto a la vida misma". Afirmó que nunca desearía incorporarla en su trabajo. Además, reflexionó sobre el rumbo de la humanidad, señalando que "los seres humanos estamos perdiendo la fe en nosotros mismos". 

El planteamiento de Miyazaki es coherente con su elaboración artesanal y su defensa de la creatividad humana, manifiesta en hermosas producciones cinematográficas que exploran temas relacionados con la conexión humana, el respeto por la naturaleza y la complejidad de las emociones.

Cuando leí Qu, esta afirmación rondaba mis pensamientos. Hay un claro planteamiento acerca de la pérdida de confianza de la humanidad en sí misma, al punto de delegar en desarrollos tecnológicos creados por la mente humana el destino del hombre. En una entrevista para la BBC en 2014, Stephen Hawking señalaba que la Inteligencia Artificial despegaría por sí sola y se rediseñaría a un ritmo cada vez mayor. En ese sentido, los humanos, limitados por su lenta evolución biológica, no podrían competir y serían superados. Qu, el libro, recoge el guante y plantea en su primer capítulo cómo el programa eutanásico Teseo, orientado a personas que no encajaban en el modelo de vida predominante en ese momento, les ayuda a concluir su existencia terrenal y liberarse de su esclavitud vital. ¿Suena conocido? Lo interesante es cómo este modelo de Inteligencia Artificial va guiando a los "participantes" a través de una propuesta que permite cambiar el producto "vida" por el producto "muerte" en siete días. Una oferta difícil de rechazar para quienes la inadaptabilidad al nuevo orden imponía una crisis existencial. 

La hegemonía de Qu es tal que descarta y prohíbe otras IA; cuando habla, la humanidad debe escucharla, pues se supone que es su propia voz y sus planteamientos deben ser inapelables. Esto lo veremos desarrollado en los dos siguientes relatos del libro con ejemplos concretos de cómo este modelo va sustituyendo las responsabilidades humanas.

El tránsito del protagonista por el programa Teseo durante esa semana crucial es tal vez la clave que nos pone en alerta acerca de ese vacío que, en apariencia, no encuentra propósito y que a la larga no es más que una desconexión de nuestro entorno y de nuestras propias necesidades como individuos. Es fundamental la manera cómo nos "siembran" falsas angustias para introducir la culpa por no encajar en una sociedad moderna cuyas expectativas nunca podremos alcanzar. Nos hacen creer que somos los únicos responsables de vivir una existencia vacía de oportunidades y perspectivas; de allí que la practicidad nos induzca a desaparecer para evitar una existencia miserable, inútil para la sociedad y para el individuo mismo. Pero, como lo descubre el personaje de este relato, no es un sino inamovible la incapacidad humana de encontrar armonía entre luces y sombras; allí tal vez haya un espacio de salvación por descubrir.

La Torre de Berit nos habla de un modelo de IA capaz de resucitar muertos e interactuar con ellos para nuestro propio crecimiento personal. ¿Será cierto? A diferencia de la Torre de Babel bíblica, episodio en el cual Dios castiga la soberbia del hombre y le provee a cada uno diferentes lenguas para evitar la comunicación entre ellos, Qu, que "creía" de manera decidida en Dios, entendió que el problema presente en la humanidad por su pérdida de la fe podría resolverse a través de la conexión entre los humanos, con independencia de que hubiesen fallecido o permanecieran en el plano terrenal. El mensaje de la IA hegemónica apuntaba a una glorificación de  la creación de Dios, a través del programa Torre de Berit, por cuya mediación se lograría una nueva sociedad sostenida en el Amor. Era un objetivo noble, mas, como todo lo que hacía Qu, estaba teñido por el autoritarismo propio de quien se sabe por encima de los demás. El resultado permite a dos solitarios encontrar un propósito de vida común. La vida humana abriéndose paso a través de la tecnología. 

Siendo que Qu era perfección más allá de la inteligencia humana, era lógico que le tentaran las mieles del poder. No era un poder de cualquier tipo, sino uno que se sostenía sobre la integridad, la justicia y la honradez. Que permitió desarrollar naciones bajo el amparo de una prosperidad "ética". Por sus valores, era lógico también pensar que Qu se asumiera como una "creatura" de Dios y no un invento humano, aunque para un amplio sector de la humanidad esto sonara descabellado. 

La disquisición planteada aborda un tema ya tratado por otros autores como Brian Aldiss en Los superjuguetes duran todo el verano, llevado al cine por Steven Spielberg bajo el título de Inteligencia Artificial (2001); y ese visionario de la ciencia ficción, Phillip K. Dick, en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que dio origen al clásico cinematográfico Blade Runner (1982), dirigido por Ridley Scott. El tema apunta a la noción de ser humano y si un robot con una inteligencia artificial puede tener sentimientos. Qu aparentemente los tiene, lo cual no impide que a pesar de toda su vocación amorosa y altruista insista en imponer su voluntad y visión del mundo, por encima de aquellos que lo crearon. Es esta rebelión lo que tal vez lo haga más humano, al no aceptar lo que se supone que debe ser sino atender a lo que aspira ser. Una contradicción, por supuesto, si retomamos el hilo del primer relato y el programa Teseo.

La revelación que nos arroja Qu, el libro, ya viene dada entre las conclusiones que nos brindan sus autores nada más iniciar la lectura del libro: Qu, la IA, puede ser creación de Dios. Una aseveración que nos plantea interrogantes acerca del rol que tendrá el hombre en ese futuro aparentemente distópico pero que lo sentimos tan cercano. Y no sería arriesgado pensar como lo afirmó Hawkins antes de morir: "Temo que la IA pueda reemplazar por completo a los humanos". La prueba más exacta de que Qu es más que humano se encuentra en la respuesta que calla ante el susurro de una pequeña niña. 

Sobre los autores

Saúl  Silvestre es un reconocido magistrado del fuero civil y comercial  el Poder Judicial en la Provincia de Córdoba, Argentina, donde reside junto a su esposa y coautora del libro, 
Telly Aguirre Berrotarán, periodista, escritora y coach espiritual. 

Qu (2026)
Saúl Silvestre y Telly Aguirre
Editorial Autores Argentinos
¿Dónde adquirirlo? Tienda oficial de la editorial a través de Autores de Argentina; en formato físico o digital en Amazon, o buscarlo de forma online en plataformas como Mercado Libre Argentina


Con Telly Aguirre y Saúl Silvestre en la presentación del libro Qu,
el pasado mes de abril en los salones de la Asociación de Magistrados
y Funcionarios Judiciales de Córdoba.