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martes, 9 de febrero de 2016

El último vuelo de La Alondra Olga Castillo

La Alondra, Olga Castillo. Fuente: Televisión y Cine
en retrospectiva
, grupo de Facebook.
Pese a su categoría de pionera y primera actriz de la radio y la televisión venezolanas, el fallecimiento de Olga Castillo no trascendió más allá de unos tuits de excolegas y breves comentarios en las redes sociales. La prensa nacional obvió totalmente su deceso, en una actitud lamentable que ha mantenido durante los últimos años hacia los artistas que marcaron pauta en el espectáculo local.

Para los despistados y las nuevas generaciones, tal vez el nombre de Olga Castillo les sea totalmente desconocido, pero ella desarrolló de manera admirable una carrera artística de más de 50 años que merece ser recordada.

Caraqueña, nacida el 18 de enero de 1921, Olga Margarita Castillo se inició como cantante en espacios radiales y presentaciones en vivo. Gracias a la dulzura de su voz, irrumpió con éxito en programas musicales durante la década de los 40, bajo el apodo de La Alondra. En 1947, ya su nombre era conocido y se presentaba en el programa Desfile Chesterfield, desde el Nuevo Circo de Caracas, junto al charro mejicano Jorge Negrete, quien se encontraba en el esplendor de su carrera artística.

Entre 1947 y 1948, Olga Castillo participó en importantes espacios que le permitieron una interesante proyección radial, entre ellos El Torneo del Saber, programa de variedades conducido por Raúl Sanz Machado. En él, además del concurso de conocimientos, intervenían cantantes extranjeros como Leo Marini, Pedro Infante y Los Panchos, así como nacientes estrellas nacionales como María Teresa Acosta, Graciela Naranjo, Magdalena Sánchez y la propia OIga.

Su impacto en las audiencias fue notable. Así lo ratificó Guillermo Sánchez García, en la sección de espectáculos del diario Panorama (Mundo Artístico, junio de 1973), quien al rememorar su interpretación del tango Qué es lo que puedo esperar, señaló: “quizá Olga ni lo recuerde, pero a nosotros, por la buena interpretación que ella hacía, se nos quedó en la mente”.

Milagros del Valle, Luis López Puentes, Arquímedes
Rivero y Olga Castillo (de espaldas) durante la grabación
de una radionovela en Radio Tropical. Fuente: Hombres
de radio
, libro de María Angélica Olivero.
Su campo de acción no lo limitó al aspecto musical. Con el creciente repunte de las radionovelas, Olga incursionó en el género y se convirtió en protagonista de la primera versión de El derecho de nacer, original del cubano Félix B. Caignet, transmitida en Venezuela. La primera emisión de esta historia se llevó a cabo el 1 de abril de 1948 en la isla caribeña, con una duración de 314 episodios de veinte minutos y un éxito total.

En 1949, este drama llegó a los radioescuchas venezolanos. La adaptación fue adelantada por Radio Continente, en horario de 6:30 de la tarde, con un elenco integrado por Luis Salazar, en el rol estelar de Albertico Limonta. Olga Castillo interpretaba a María Elena del Junco, su madre; América Barrios personificaba a Isabel Cristina del Castillo; Rosita Flores era la recordada María “Mamá” Dolores Limonta; Pedro Zarlengo fue Alfredo Martínez; Rafael Guinand encarnó al inflexible padre de María Elena del Junco, don Rafael del Junco, aunque luego el papel sería asumido por el actor Andrés Olías; y Lolita Lázaro representó a Doña Clemencia, la madre de María Elena.

La historia causó sensación y paralizaba la ciudad en horas vespertinas. Durante su transmisión entre 1949 y 1950, marcó un récord de sintonía que sería difícilmente superado por radionovelas futuras. Se estableció así el reinado del drama cubano, importado a nuestro país, y que luego cobraría ramificaciones en las telenovelas.

Olga durante una emisión radial. Fuente: Hombres
de radio
, libro de María Angélica Olivero.
Ya para 1957, Radio Rumbos tenía en el aire un bloque de más de 30 radionovelas diarias, producido por Arquímedes Rivero. Con su voz de dulces matices, Olga pasó a engrosar el grupo de destacadas actrices de este medio, entre las que se encontraban las hermanas Antillano, Carmen y Margot; la recientemente fallecida Cecilia Martínez; Carmencita Serrano; Conchita Ascanio; Angelina de Witske; Gladys Hernández; René de Pallás; las hermanas Guinand, Josefina y Ana; María Teresa Acosta; Lolita Álvarez; Mahuampi Acosta; Rosita Vásquez; Milagros del Valle; Hilda Vera; Hilda Moreno; Eva Blanco y Eva Moreno, entre otras.

Amador Bendayán con las actrices Patricia Morán, Yolanda Méndez,
Olga Castillo, Sara García, Pilar Sen, Sonia Furió y el actor Jesús Maella,
en Mi Maestro. Créditos: Armando Moreno / UN Archivo Fotográfico
Su éxito en el mundo radial lo trasladó al naciente medio televisivo. En la década del 60 participó en series como La Fracasada (1961), Días de ira (1965) y Mi maestro (1968), con reconocidos actores como Amador Bendayán, Sara García, Sonia Furió y Yolanda Méndez.

En los 70 actuó en recordadas telenovelas, tales como Mi hermana gemela, Mariana de la noche y La señorita Elena (todas de 1975), donde era Regina, la madre del Juez interpretado por José Luis Rodríguez y causante de que Elena fuese recluida en la cárcel, porque la acusó de la muerte del hijo (Alejandro Mata), a pesar de que este en su lecho de muerte le había revelado la verdad.
En la fallida Laura y Virginia (1977) le correspondió el rol de Isabel y en La Zulianita (1977), el papel de Morocota.

En el video se pueden apreciar varias producciones de esa década, entre ellas una escena de La Zulianita, con Lupita Ferrer, Enrique Alzugaray y Olga Castillo:


Uno de sus personajes más recordados fue el de Generosa, la buena aunque metiche vecina en la telenovela Emilia (1979-1980), al cual seguirían roles secundarios con cada vez con menos peso en las tramas: Ligia Sandoval (1981), Querida mamá (1982), La heredera (1982), Mundo de fieras (1991) y Dulce enemiga (1995).

Fuente: revista Venezuela Farándula.
A pesar de que gozaba de gran aprecio en el mundo televisivo, Olga debió pasar algunos tragos amargos, como el acontecido en 1973,  cuando ignorando su respetable recorrido, los productores de CVTV le ofrecieron un papel de sirvienta, casi de extra, sin lucimiento alguno, en la telenovela Gabriela, protagonizada por Pierina España. Como la gran profesional que era, sin armar escándalos publicitarios ni denigrar de los directivos ni de sus compañeros, la actriz se presentó al Departamento de Producción, conversó con la persona encargada y declinó el papel que le habían otorgado.

Otro episodio desagradable ocurrió en la década de los ochenta. En 1981, Olga Castillo celebró 50 años de trayectoria profesional y recibió un emotivo homenaje en Sábado Sensacional, con Amador Bendayán. Allí recordó su época como cantante y con el entusiasmo de una debutante interpretó hermosas canciones ante un público nuevo. Sin embargo, al año siguiente, con el estupor que le causó el que la telenovela Lo que no se perdona fuese sacada del aire por disposiciones del Ministerio de Transporte y Comunicaciones (MTC), ofreció indignada unas fuertes declaraciones a la periodista Corina Yépez (Diario Panorama, 23/07/1982, p.3).

Fuente: Telenovelawiki.com
En esa producción encarnaba por primera vez un rol de villana: Constanza, madre de Henry Salvat, Alba Roversi y Corina Azopardo, aunque al final su personaje se volvía buena. Sin embargo, el MTC consideró que las escenas de este dramático eran “truculentas y deforman la personalidad de los niños y adolescentes”.

Para Castillo, totalmente identificada con el canal de la Colina, la medida tenía su origen en una campaña contra Venevisión: “¿Por qué si teníamos tiempo sin sacar una telenovela a esa hora, justo ahora cuando lo hacemos se toma esa absurda decisión?”, se preguntaba. Lo que no se perdona es una novela suave, escrita por Ana Mercedes Escámez con mucho cariño. No estoy de acuerdo con la medida. No hay ninguna truculencia en las escenas. Se trata, simplemente, (de) que no nos quieren y no importa arremeter contra el talento vivo, el esfuerzo. Lo malo de todo eso es que se hizo una campaña muy negativa contra nosotros”, aunque no aclaraba de parte de quién.

Durante la entrevista, la periodista Yépez calificaba a Olga como espontánea y sincera, con una personalidad muy cristalina: “No oculta nada porque su naturalidad no le permite actuar en la vida real. Además, se confiesa muy rencorosa y ese rencor parece haber florecido contra quienes ordenaron la suspensión de la novela en la que actualmente trabaja”. Olga le confesaba a la periodista que se consideraba a sí misma de personalidad “silvestre” y con carácter infantil.

Para Castillo, “el trabajo se respeta”. Por eso, aceptaba aunque no compartía el que les exigieran cambiar los diálogos, pero nunca aceptaría tener que cortar una novela porque sí. El caso expuesto le permitió hacer
una reflexión sobre su propia carrera:

Fuente: diario Panorama
“Se dice que hacemos cosas malas. Después de cincuenta años, que se puede hablar y escribir fácil, pero que hay que vivirlos, estoy orgullosa de lo que he hecho. Si no, no lo hubiera hecho nunca, me avergonzaría. Además, el dinero que he ganado trabajando lo he empleado en algo muy bello, que es mi hogar.

De este hogar, han nacido y crecido niños y jóvenes muy lindos y sanos, que se han hecho profesionales y son personas muy normales, y han vivido viendo novelas en televisión sin que ello les haya afectado su personalidad. Lo que daña no es la televisión sino el ejemplo que se les dé a los niños y adolescentes en la vida real”.

Olga estuvo casada con el reconocido actor y director teatral Horacio Zaro, con quien procreó a su único hijo, Ernesto Horacio Zaro Castillo. Su último trabajo en Venevisión fue en la telenovela Sol de Tentación (1996), con Natalia Streignard y Miguel de León. Luego, las ofertas de trabajo en el canal de la Colina cesaron por completo y, más tarde, la actriz enviudó.

A pesar de que aún vivían su hijo y otros parientes, en el año 2001 decidió que no quería ser una carga para ningún familiar y ella misma se buscó un hogar de ancianos en Caraballeda, estado Vargas, donde pasar sus últimos días.

Alejada totalmente del ojo público, muchos la daban por muerta. Según comentarios recogidos en las redes sociales, se mostraba renuente a recibir a sus antiguos compañeros de televisión y solo permitía las visitas de sus familiares. Aunque nonagenaria, fuentes cercanas manifestaron que en sus últimos años gozó de buena salud y lucidez mental. Lamentablemente, el pasado 7 de febrero de 2016, la actriz falleció a los 95 años, dejando tras de sí gratos recuerdos de sus interpretaciones en las producciones dramáticas radiales y televisivas.

El velatorio se efectuó el martes 9 de febrero en la Capilla Funeraria Monumental en el Cementerio del Este y su sepelio se llevó a cabo el mismo día a las 11:30 de la mañana.

Fuentes consultadas:

Benítez, Lunaidy (1983). La radionovela venezolana: tres momentos y ¿una muerte anunciada? Revista Sic, Caracas.

Flores, Robert. (2009).La radionovela caraqueña del siglo XXI. Trabajo Especial de Grado presentado en la Escuela de Comunicación Social de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela, para optar al título de Licenciado en Comunicación Social. Documento pdf.

Romero López, Elba (2014). Historia de la radio en Venezuela (II). Portal: Rescata y bórralo. Publicado el 13 de febrero de 2014, en la dirección electrónica http://rescatayborralo.blogspot.com/2014/02/historia-de-la-radio-ii-radio-caracas.html

Olivero, María Angélica (1986). Hombres de radio. Primera edición, Ediciones Librería Destino, Caracas.




jueves, 21 de marzo de 2013

María Teresa Acosta, toda una dama

María Teresa Acosta. Fuente: diario El Universal
La recordamos como la eterna madre o abuelita en las novelas de Radio Caracas Televisión, durante las décadas de 1970 y 1980, pero esa es una visión limitada para una artista del calibre de María Teresa Acosta, señora de la actuación cuya vida personal fue mucho más interesante que cualquiera de los roles que tuvo que interpretar en la pantalla chica. El momento es propicio para traerla nuevamente a nuestra memoria, en el primer centenario de su nacimiento, pues nació en Caracas el 20 de octubre de 1913.

Inició sus estudios en el canto lírico a principios de 1930, con la profesora María de Irazábal, en la Escuela Superior de Música de Santa Capilla, junto a futuros grandes intérpretes como Fedora Alemán, Eduardo Lanz y Tito Coral. A mediados de esa década debutó en la radio, con la Broadcasting Caracas Radio Caracas 750, en la comedia La familia Buchipluma, original de Carlos Fernández, en la cual encarnaba a Ramona, la novia de Pancho Tiznado y del Baúl, interpretado por Félix Cardona Moreno.

Casada muy joven, María Teresa debió enfrentar el divorcio en esa época, lo cual representó para ella una ruptura más allá de lo sentimental. Eran tiempos en que una separación marital era mal vista por la conservadora sociedad capitalina, situación que la hizo blanco de murmuraciones:

«No resultaba fácil la vida para una mujer divorciada en Caracas. Se nos decretaba un aislamiento forzoso, por tantos prejuicios existentes. Y no se crea, no sólo por el machismo, que siempre existió y ha existido toda la vida entre nosotros…, sino por las propias mujeres resignadas al sometimiento y a su destino más abnegado, cuyo objetivo mayor no va más allá de ser una buena esposa y madre». (1)
Era un destino al cual no estaba dispuesta a someterse, a pesar de que tenía un hijo de apenas dos años, fruto de su matrimonio: 

Diario El País, 8 de octubre de 1947
«No soy feminista, pero no soporto que la gente quiera aprovecharse de una por la circunstancia de ser una mujer sola. Entonces, no había donde trabajar, como no fuera de telefonista o dependienta de correos, o en tiendas como la Casa Boulton, El Almacén Americano o El Pan Grande, que fueron los primeros grandes negocios de ventas por departamentos.»(2)
Al no encontrar el entorno apropiado para emprender una nueva vida en Venezuela,  María Teresa Acosta decidió emigrar hacia Estados Unidos de Norteamérica. Acompañada de su pequeño hijo, se trasladó en abril de 1937 a Baltimore, ciudad en la que residían unos familiares suyos. Sin embargo, los prejuicios y la incomprensión de su misma gente la hicieron sentirse otra vez prisionera de una casa, razón por la que se mudó a Nueva York y empezó a desarrollar su carrera como cantante.

Diario El Heraldo.
Fuente: hemerotecamusica
venezolana.blogspot.com
En ese tiempo también fue contratada como locutora de noticias en la emisora radial norteamericana La Voz de América, en la que inauguró el Noticiero Panamericano, emergido luego del estallido de la Segunda Guerra Mundial y que era emitido en onda corta para todo el continente americano en idioma español. Su calidad vocal le permitió además ser escogida como la voz oficial de la Primera Dama de la Nación, Eleanor Roosevelt, para doblar los mensajes dirigidos al pueblo latinoamericano.

Durante su permanencia en Estados Unidos, María Teresa Acosta incursionó en el doblaje a nuestro idioma de películas hollywoodenses. Así, fue la voz de famosas actrices, como Rita Hayworth en el film Sangre y Arena (Ruben Mamoulian, 1940) y Greer Garson, esta con carácter de exclusividad, en las películas La señora Minnniver  (William Wyler, 1942), Random Harvest (Mervin LeRoy, 1942), Madame Curie (Mervin LeRoy, 1943) y Aventura (Víctor Flemming, 1945). Luego, al cesar el conflicto bélico, la situación laboral en este campo cambió, por lo que debió ampliar su registro artístico hacia el canto, algo que ya venía haciendo paralelamente.
Cantante radial. Revista Élite No. 1214,
08/01/1949. Fuente: lbarragan.blogspot.com
Cada año, la actriz regresaba de vacaciones a nuestro país, sin exceder los tres meses exigidos por la decisión judicial posterior a su divorcio, a fin de que su hijo pasara esa temporada con su padre. Dichos periodos los aprovechaba para trabajar en la radio, el teatro o el cine nacional. En una de esas actuaciones destacó su participación en la comedia musical Orquídeas azules, de la compositora María Luisa Escobar. En el medio radial, estrenó piezas que hoy forman parte de nuestra historia musical, tales como Fúlgida luna, El porteño y Venezuela habla cantando, esta última de la recordada Conny Méndez. En 1940 debutó en el cine venezolano, como una maestra de escuela en la cinta Pobre hija mía, dirigida por José Fernández.

Sus intervenciones en la escena venezolana las alternaba con trabajos musicales en el exterior, al presentarse con éxito en locales como El Chateau Madrid y El Chico, en Nueva York; y al realizar giras a Cuba, México y Canadá, en las que interpretaba boleros de autores cubanos de renombre.

Fuente: diario El Universal
Ya en 1957, María Teresa Acosta decidió retornar definitivamente a Venezuela, con su hijo convertido en profesional de la Química Industrial. Se comentaba que durante todos esos años de arduo trabajo en el exterior, había adquirido una posición económica acomodada, fruto de sus inversiones, que evidenciaba en el uso de alhajas, en su residencia y en sus automóviles.
Nuevamente establecida en nuestro país, María Teresa Acosta incursionó en la animación en la recordada La craneoteca de los genios, programa de concursos de gran popularidad en la década de los 60.  En teleteatros, intervino en La visita de la anciana dama, junto a Luis Salazar; y en La rosa tatuada, de Tennesse Williams, con Edmundo Valdemar y una jovencísima Doris Wells, que interpretaba a su hija.

Luego vendrían sus trabajos más conocidos en telenovelas como la exitosa Historia de tres hermanas, junto a Doris Wells, Eva Blanco y Eva Moreno; La Usurpadora, con su inolvidable rol de Mamma Gina, junto a Raul Amundaray y Marina Baura; Cristina, Abandonada y Valentina.

Mamma Gina.
Fuente: diario El Universal
En el especial dedicado a la telenovela  nacional por la revista Estampas, del diario El Universal, a propósito de su aniversario, Amundaray la recordaba como una actriz excepcional, buena compañera y con un gran sentido del humor. «Mamma Gina es uno de sus personajes que marcó pauta; y que más de una vez se robó el show. La actriz comenzó a revisar vocabulario en italiano para darle un acento creíble a su caracterización y muchas de sus frases eran citadas por el público de la época: ‘Daniel, séntate qui’, que era como me ordenaba que me sentara cada vez que tenía que decirme algo importante. O cuando gritaba: “¡Mi medicina!,¡mi medicina”. El remedio en cuestión era el alcohol que reclamaba el personaje, entregado a la bebida, para calmar sus necesidades etílicas.

En  teatro se hizo presente con las obras Los fantasmas no deben quedarse en casa, de Pedro Berroeta; y El puntal y el pueblo, de Víctor Manuel Rivas.

Fuente: diario El Universal, 01/0671990
A finales de 1970, la telenovela cultural apareció con fuerza en nuestra televisión y María Teresa Acosta formó parte de ese cambio en las producciones dramáticas con un personaje a su medida: la madre de Pilar (Doris Wells) en La señora de Cárdenas (1977), original de José Ignacio Cabrujas, donde encarnaría con total solvencia a una simpática y cariñosa señora caraqueña,  que nos hacía pensar en ella interpretándose a sí misma.

En 1979, asumió el rol de la negra Juana Bautista en la miniserie Sangre Azul, junto a Pierina España, José Luis Rodríguez, Jean Carlos Simancas y Carmen Julia Álvarez.

La década de los 80 le depararía un nuevo personaje relevante, otra vez de la mano de José Ignacio Cabrujas: el de Dionisia Bello, una de las mujeres claves en la vida del dictador Juan Vicente Gómez, en las miniseries Gómez I y Gómez II, dirigidas por César Bolívar. Nuevamente demostraba su maestría, en un elenco de pesos pesados, que incluía figuras como Doris Wells, Miguelángel Landa, Rosita Vásquez, Gladys Cáceres y un  Rafael Briceño en estado de gracia como el dictador, en su primera parte; la segunda parte mantenía varios de los personajes e incorporaba a Marina Baura y a Gustavo Rodríguez en una relación casi sadomasoquista.

No desdeñó participar en el cine venezolano de los 70 y se le vio en las cintas La quema de Judas (1974) y Sagrado y Obsceno (1975), ambas de Román Chalbauld; así como en Carpión milagrero, con la que debutó el realizador Michel Katz, en 1980.

María Teresa Acosta, junto a Amílcar Rivero, en
Juanito y Él. Fuente: Internet.
En 1982 tuvo una aparición especial en la telenovela Juanito y Él, con Amílcar Rivero y Tomás Henríquez. Sus últimas actuaciones fueron los personajes de Cándida Montoya, un pequeño papel al inicio de Señora (1988), en la que Caridad Canelón asumía por primera vez un papel de carácter, según libreto de Cabrujas; y Doña Leonor de Miranda, La Bruja, en Rubí Rebelde (1989). En esta última era una dama de sociedad, suegra de Lucrecia (Yajaira Orta), a quien odiaba profundamente y solo por el hecho de fastidiar a su nuera declaraba a Rubí (Mariela Alcalá) como heredera única de su inmensa fortuna.

Ambas producciones tuvieron gran éxito y aunque sus participaciones fueron breves, se convirtieron en desencadenantes de la acción en las dos tramas. Fueron transmitidas a través de Radio Caracas Televisión, canal en el cual había comenzado a laborar a mediados de los años 50 y el que nunca abandonó.

En el siguiente video, se presenta una escena onírica de antología de Rubí Rebelde, plena de excesos, como se acostumbraba en las novelas de la época. Yajaira Orta había tenido que abandonar las grabaciones por problemas de salud y la actriz Dalila Colombo asumía el papel de Lucrecia:


En 1990 se había comentado la intervención de la veterana actriz en De mujeres, pero su delicado estado de salud hizo imposible volverla a ver en la pequeña pantalla. Meses más tarde, exactamente el 31 de mayo, a las 10 de la mañana, María Teresa Acosta se despedía para siempre de los escenarios y pasaba a ser recordada como una de las integrantes de ese privilegiado grupo de pioneros que hicieron posible la televisión venezolana. Tenía 76 años.

(1)  Tirado, Ricardo (2004). Amores Públicos. Fundación para la Cultura Urbana, Caracas.p. 153
(2)  Ibid. p. 154