Ángel Acosta y Amanda Gutiérrez. Foto cortesía Ángel Acosta.
Mucho antes de que Venezolana de Televisión (VTV), el canal del Estado venezolano, se transformara en eco propagandístico de las ideas “revolucionarias” del mal llamado Socialismo del Siglo XXI, hubo un periodo en que su señal difundió interesantes propuestas dramáticas que lamentablemente hoy parecen estar en el olvido.
Ya desde finales de la década de los 70, VTV venía desarrollando consistentemente una programación que incluía teleteatros, unitarios, miniseries y telenovelas que entraron a competir con las dueñas absolutas de la limitada parrilla televisiva de la época: Radio Caracas Televisión y Venevisión. Ambas plantas habían convertido la pelea por el rating en un terreno casi privado, pues de allí dependían sus ingresos por patrocinios publicitarios. Durante mucho tiempo esta dupla se turnaba el favoritismo de los televidentes, a juzgar por los numeritos que manejaban las agencias de publicidad.
VTV, la cenicienta de los canales venezolanos, no había combatido con las mismas armas, puesto que su carácter estatal le impedía incorporar comerciales en su programación, algo que cambió durante el régimen de Luis Herrera Campins. Ello le abrió posibilidades de no depender exclusivamente del financiamiento estatal. Lejos de lo que se pensaría, VTV mantuvo su carácter cultural y si bien incorporó algunas películas taquilleras y series televisivas de impacto en otros países (por ejemplo, Rambo, Moonlighting, entre otras), en el ámbito de los dramáticos fue bastante conservadora.
Amanda, reina de VTV durante la década de los 80. Fuente: diario 2001 / archivo José Marcano
En primer lugar, continuó con la grabación de versiones de clásicos de la literatura universal y nacional, ya fuese en telenovelas de corta duración como Fortunata y Jacinta; Ana Isabel, una niña decente; Marianela; Orgullo y Prejuicio; Los Habitantes; Ifigenia; La Casa de los Ábila; El Hombre de Hierro; Doña Perfecta; La Fruta Amarga, entre muchas otras; o en teleteatros como La Dama de las Camelias y El prisionero de Zenda. Cuando de producciones originales se trató, apeló a historias no convencionales, tal como La mujer sin rostro, La Dueña, La Elegida, Catatumbo, Cenicienta, El Mundo de Berta, La Iluminada, Las Marquesitas, El pecado de una madre o La Sultana. La incursión en la recreación de hechos históricos dio como fruto producciones como Páez, el centauro de los llanos, con Rebeca González y Gustavo Rodríguez; Bolívar, de Betty Kaplán, con Mariano Alvarez; y 1810, realizada en 1981.
Precisamente, esta última fue una producción transmitida en el espacio Grandes Miniseries los jueves y viernes, a las 8:00 pm. El estreno de esta producción fue el jueves 2 de julio de 1981 (1), con una duración de 10 capítulos.
El trío protagonista: Ángel, Amanda y Héctor. Foto cortesía Ángel Acosta.
La trama narraba la historia de un exseminarista, perteneciente a la clase de los pardos, hijo de un isleño y de una negra, enamorado de una marquesa caraqueña de noble linaje. La relación era imposible para la época en que vivían, por lo cual debía permanecer oculta ante una sociedad tan clasista. Debemos recordar que los pardos, aunque gozaban de ciertos privilegios, no podían fijarse, enamorarse y mucho menos contraer matrimonio con algún miembro de la "nobleza" criolla.
En ese escenario despuntan los ideales por lograr la independencia de España y dejar de ser una colonia hispana. Ya para entonces estas ideas revolucionarias bullían en la mente de muchos caraqueños y el amor entre el pardo y la noble va transcurriendo en medio de esa época tan violenta.
Foto cortesía Ángel Acosta.
1810 deviene en fecha crucial para los movimientos independentistas en el continente americano. Es en Caracas donde se da el primer Grito de Independencia, precisamente un 19 de abril de ese año, cuando el General Vicente Emparan ve cuestionada su autoridad en nombre de la corona española.
La miniserie trató de unir los detalles del gran espectáculo y el movimiento de masas, a una cuidadosa reconstrucción histórica dentro de un marco dramático. La historia original correspondió a Salvador Garmendia y su adaptación para la TV estuvo a cargo de Iván González. La dirección fue encomendada al siempre eficaz Ibrahim Guerra bajo la producción de Valentina Párraga.
En un descanso de la grabación. Foto cortesía Ángel Acosta.
La pareja estuvo interpretada por Ángel Acosta y Amanda Gutiérrez, correspondiendo al experimentado actor Héctor Mayerston completar el trío protagónico. Como correspondía a esa etapa del canal de Estado, lleno de grandes figuras de la interpretación injustamente relegadas por los canales privados, figuraban dentro del elenco las primeras actrices María Luisa Lamata, Teresa Selma, Mirtha Borges y Estélita Echezábal, acompañadas por los primeros actores Orángel Delfín, Juan Iturbide, José Poveda, Freddy Salazar, José Rubens y León José Silva. Completaban el cuadro interpretativo Yanki Pérez, Jenny Núñez, Chera Ramos, Julio Bernal, Alberto Galíndez, Antonio Briceño, Manuel Calzado, Arturo Maitín, José María García, Norberto Seijas, César Castillo López y Rafael Gómez.
Foto cortesía Ángel Acosta.
Vale la pena mencionar la participación de tres intérpretes que luego alcanzarían mayor proyección en la televisión nacional: se trata de Carlota Sosa, quien venía consolidando su carrera desde su debut en Cenicienta, junto a Elluz Peraza y Carlos Piñar; Henry Galué, luego avieso villano y contrafigura en telenovelas en Venevisión; y Flavio Caballero, una promesa en ciernes, quien lograría alcanzar la protagonización en RCTV a través de las telenovelas El Desprecio y Amanda Sabater, junto a Mary Carmen Regueiro.
1810 recibió buenos comentarios de la crítica, si bien no obtuvo la audiencia que realmente merecía. Desconocemos si todavía existen copias disponibles de dicha producción, tal como La Dueña e Ifigenia, pero valdría la pena revisitarla para recordar por un lado una recreación de nuestra historia hecha con esmero y por otro, reiterar que para hacer buena televisión lo único necesario es contar con la disposición y los recursos necesarios. El talento unido siempre da como fruto una obra duradera.
Nunca la conocí, es la verdad. Cuando Doris María Buonaffina murió en septiembre de 1988, yo apenas contaba con 23 años y ella 42. Sin embargo, su voz y su presencia me eran tan cercanas como si se tratase de alguien de mi propia familia.
Por supuesto, a quien yo “conocía” era a Doris Wells, su alter ego en el mundo artístico, esa camaleónica figura que se desdoblaba en diversos personajes, ora en la pequeña pantalla de la televisión, ya en la gran pantalla del cine. Así que de conocer, nada. Digamos que sabía de su existencia como todo el que tenía un televisor en casa en los años 70.
La verdadera Doris no era una mujer de fácil acceso. Resguardaba su privacidad con gran celo. Aunque en los sets encarnó villanas o sufridas heroínas con gran solvencia —lo que hacía amarla u odiarla, según fuese el caso—, su verdadera naturaleza interpretativa brilló en roles que no tenían esa vena “culebrónica”: Pilar, en La señora de Cárdenas; Pura, en Campeones; Margarita, en Gómez I; y Enriqueta, en La hora menguada.
Fuente: Revista Estampas, El Universal
Pese a lo artificioso de su apellido artístico, Doris era venezolana de pura cepa. Sus padres fueron José Ramón Buonaffina, descendiente de italianos nacido en Cumaná, estado Sucre; e Isabel Padrino, nativa de Uracoa, estado Monagas. Ambos eran viudos y tenían hijos de sus anteriores uniones (dos él, tres ella). El 28 de octubre de 1945 nacieron en el hospital de Caripito los gemelos Doris María y Miguel Ángel.
En su infancia, Doris vivió en el campamento petrolero Cayena, en Caripito, pues su padre era enfermero en la Creole Petroleum Corporation. Ocarina Castillo, en la biografía de la actriz publicada por Los Libros de El Nacional, la describe como una niña menudita y precoz, quien muy joven desarrolló un talento especial para las letras: aprendió a leer a los cuatro años, memorizaba los cuentos y los repetía a su familia. Al ser la menor, se convirtió en la niña mimada de su madre, quien la consentía en todo. También era muy despierta y graciosa.
Fuente: Archivo Últimas Noticias
Sin embargo, esa vida idílica pronto atravesaría por altibajos. A los cinco años de edad, Doris perdió a su padre, quien falleció de un cáncer de esófago en 1949. Su hermano mayor fue contratado por la empresa petrolera y se hizo cargo de la familia, aunque la señora Isabel se instaló temporalmente en Maturín con los menores de sus hijos. Pasados unos meses regresaron a Caripito y de allí se trasladarían al campo Miraflores, en Quiriquire, al ser transferido su hermano Humberto, ahora cabeza de familia, a esa localidad donde la futura actriz estudió primaria en el Colegio Libertador.
Fuente: Archivo El Nacional
En 1958 se mudo con su madre y tres hermanos a Caracas. En la capital venezolana la familia residió en diferentes lugares, incluyendo un pequeño apartamento en La Pastora. En octubre de 1958 inició sus estudios de bachillerato en el liceo Pedro Emilio Coll y un año después se inscribió en la Escuela Nacional de Arte Escénico, dirigida por Juana Sujo. Fue allí donde concentró su mayor interés, ella toda delgadita, con apenas 13 años pero con muchas ganas de aprender. Entre sus condiscípulos se encontraban las hermanas Olga y Carmen Messuti, Ivonne Attas, José Luis Silva, Isabel Padilla y José Bardina, quien la acompañaba a su casa al salir de clases.
Su primera actuación frente al público se llevó a cabo en 1960 en el monólogo La Dama Boba. En 1961 egresó de la última promoción que recibió el título de manos de Juana Sujo, poco antes del fallecimiento de la recordada maestra del teatro venezolano. Posteriormente, se incorporaría a diversos montajes como Cinco gangster y una monja; Melocotón en almíbar y Donde está marcada la cruz.
Por esos años Doris trabajó brevemente en el Bufete Rízquez-Irribarren-Abogados como recepcionista, a sugerencia de su hermano gemelo; allí, aún adolescente, conocería al que sería su futuro esposo, el profesional del Derecho, William Rísquez, de 36 años. Sería en esa época también cuando su familia compraría un apartamento en la urbanización El Marqués, específicamente en 1963.
Edmundo Arias, Doris Wells, América Barrio y Raquel Castaños en Amores de Juventud. Fuente: RCTV
Su ingreso al mundo publicitario ocurrió a los 15 años, por una de esas casualidades que determinan el destino de los seres humanos. Se encontraba en el estadio Olímpico y, en momentos cuando veía una competencia de judo junto a su hermano, un publicista de la agencia Young&Rubicam le propuso hacer una prueba para una cuña. Ella accedió y a los 15 días le avisaron que estaba contratada. Así de fácil debutó para promocionar “Lux, el jabón de las estrellas”. Entre 1961 y 1962 protagonizaría 17 cuñas con las marcas más reconocidas de la época e iniciaría tímidamente su camino estelar por la televisión. También realizaría junto a Miguelángel Landa la primera fotonovela realizada en el país, en 1962, llamada Muerte en el refugio alpino.
Fuente: revista Venezuela Farándula
En la Televisora Nacional interpretó papeles de extra, que incluían su intervención en una versión de Canaima. Luego pasaría a RCTV, donde lograría breves incursiones en el espacio Se necesita una amiga, transmitido en vivo en horas del mediodía; Nuestra Peggy y The Amador´s News. Paralelamente, continuaba sus estudios de bachillerato en el liceo Caracas.
Era el momento apropiado para cambiar su apellido por uno más sonoro y fácil de recordar. Así que hizo una lista de los apellidos de sus padres, de los cuales escogió uno europeo, proveniente de su familia materna. Nacía, entonces, Doris Wells.
Reina, Felicia y María Eugenia, las tres hermanitas Montero.
Fuente:Archivo RCTV
A mediados de los 60, Doris se encontraba más que preparada para posicionarse en la mira pública de manera contundente. El vehículo sería el personaje de Reina Montero en Historia de Tres Hermanas (1964), novela ambientada a mitad del siglo XIX con libretos de Roselia Narváez y dirección de José Antonio Ferrara. Esta producción dramática se convirtió en un éxito sin precedentes, con una duración de más de un año. Inicialmente difundida en capítulos de una hora los martes a las 7:00 pm, posteriormente estas transmisiones se ampliarían a cinco veces a la semana. Doris, como la villana debutante en la trama, era la menor de las tres hermanas del título, que incluía a la mayor María Eugenia Montero (Eva Blanco) y a la del medio, Felicia Montero (Eva Moreno). Leonardo Andueza (Raúl Amundaray) era el centro de las disputas amorosas femeninas, pero como cosa curiosa era Reina quien resultaba favorecida con su cariño. En el elenco también figuraban Manuel Poblete, María Teresa Acosta, Tomás Henríquez, América Barrios, Daniel Farías y Guillermo González, entre otros.
Eva Blanco, Eva Moreno y Doris Wells. Fuente: noeliamaot
Después de ese importante triunfo, Doris continuaría como antagonista y ocasional villana en telenovelas como Renzo el Gitano; La Leona, El Gavilán, Corazón Salvaje (en la que interpretó a la pérfida Aimée), Bárbara,Corazón de Madre, El Valle Ardiente, todas transmitidas entre 1964 y 1966 a través de RCTV. También intervendría en teleteatros como La gota de agua, La Pasionaria y La flor del Matapalo. En Televisora Nacional haría la telenovela El Mulato, junto a Oscar Martínez; y en marzo de 1966 interpretó un papel en el espacio Martes Estelares con la obra Un verano en Nohant, junto a Margot Antillano, Eva Blanco y Esteban Herrera.
En su vida personal, las cosas también daban un giro importante: después de varios años de noviazgo, Doris y William Rízquez se casaron el 27 de abril de 1966, en una ceremonia muy sencilla, en la estricta intimidad de su familia. De ese matrimonio nacieron Marielva (1966), Xavier (1968) y Verónica (1969), periodos en que ella se retiró temporalmente del medio artístico. Aunque su marido gozaba de una buena posición económica, no le impidió que continuara su carrera artística, pese a las reservas con que fue recibida por el entorno familiar y los amigos de su pareja.
Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Con una sólida formación teatral, en 1967 debutó en El Nuevo Grupo, el cual estaba liderado por José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón, Román Chalbaud, John Lange y Miriam Dembo. Ella participaría en los montajes iniciales de Tric Trac (1967) y Asia y el Lejano Oriente (1968), ambas dirigidos por Chalbaud.
Paralelamente, su carrera en la televisión avanzaba: logró con éxito la transición a protagonista “buena”, primero con el personaje de Irene en Sacrificio de Mujer (1972), luego Regina Carbonell (1972) y el que sería su mayor logro hasta ese momento: Raquel (1973), en el que hacía pareja con Raúl Amundaray. Esta producción dramática alcanzaría los 642 capítulos y casi dos años de transmisión continua en horario estelar a las 9:00 pm hasta que en junio de 1974 el Ministerio de Comunicaciones aprobó nuevas normas para regir la programación televisiva, que obligaron a su corte intempestivo.
Gustavo y Doris en La Trepadora.
Fuente: Archivo El Nacional
Después de Raquel, RCTV inició el ciclo de Rómulo Gallegos con la producción corta La Trepadora. En ella Doris interpretaba a Victoria Guanipa y acompañaba en el elenco a Oscar Martínez, Hilda Vera,Gustavo Rodríguez y Mahuampi Acosta. Su actuación, junto al resto de sus compañeros, recibiría grandes elogios en lo que se consideró una de las versiones mejor lograda de las obras del novelista venezolano. A este espacio le seguiría el programa especial El Encendedor de Faroles, junto a Luis Pardi.
Doris y Miguelángel Landa en Pobre Negro
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Paralelamente, en el Teatro de Bellas Artes de Maracaibo debutó junto a la compañía teatral Contacto 4 y estrenaron en 1975 la obra A media luz los tres, de Miguel Miura, bajo la dirección de Romeo Costea, con Oscar Martínez, Cecilia Villarreal y Alejandro Mata.
En 1975 comienza el ciclo dedicado al poeta Andrés Eloy Blanco en el espacio Pantalla de Plata; Doris asumiría la protagonización en los teleteatros Florinda, La Loca Luz Caraballo, La Llorona, La Renuncia y El Limonero del Señor, todos dirigidos por Ibrahim Guerra. El 7 de octubre de ese año se presentó el teleteatro Belinda, en el espacio La Comedia Humana, donde ella asumió el personaje de sorda que hizo famosa y merecedora de un Oscar a Jane Wyman en la versión cinematográfica de 1949. Su trabajo fue bien recibido por la crítica y los espectadores, quienes veían el crecimiento que como actriz iba acumulando a lo largo de su trayectoria.
Siguiendo el ciclo de Rómulo Gallegos, el 28 de octubre de 1975 se estrena Pobre Negro, adaptación de Salvador Garmendia, bajo la dirección de Ibrahim Guerra. En esta historia la recuerdo primero como Ana Julia Alcorta, casi al borde de la histeria, siempre alterada, sobresaltada por la súbita presencia nocturna de Negro Malo (Miguelángel Landa) en su ventana. Luego, en la segunda etapa de la trama, iluminaba la pantalla chica como la risueña y adorable “niña” Luisana Alcorta, viviendo su historia de amor junto a Pedro Miguel Gomares (otra vez Landa). El 9 de marzo de 1976 concluía esta versión con enorme éxito de crítica y audiencia. Hasta la fecha es gratamente recordada por el público.
Campeones (RCTV, 1976)
Su buena racha continuaría. Del 27 de julio al 3 de agosto de 1976 se transmitió Campeones, con base en el cuento de Guillermo Meneses, según adaptación de José Ignacio Cabrujas y Ligia Lezama, otra vez con Ibrahim Guerra dirigiendo. Esta producción representó un nuevo hito en su carrera: todos alababan la naturalidad con que ella, Miguelángel Landa, Cecilia Villarreal, Tomás Henríquez, Amalia Pérez Díaz, Arturo Calderón, Alberto Marín, William Moreno y Lucio Bueno asumieron sus roles. La historia giraba en torno a la vida de dos jóvenes de Macuto, el beisbolista Teodoro Guillén y el boxeador Ramón Camacho, que intentaban superar la pobreza y la marginalidad social, optando por conseguir espacio y reconocimiento a través de la práctica del deporte.
Anastasia, teleteatro en RCTV.
En teatro se presentó durante la temporada mayo-junio con la obra Un día en la muerte de Joe Egg, original de Peter Nichols, en adaptación de José Gabriel Núñez y dirección de Ibrahim Guerra, con Alicia Barrios en la asistencia de dirección. Le acompañaron Rolando Barral, Aníbal Grumm, Cecilia Villarreal, Reinaldo Lancaster y Laura Zerra.
Pese a todos los éxitos alcanzados, 1977 es el definitivo para su consagración. Primero representa los teleteatros La Quema de Judas y Anastasia, así como el programa de misterio El Hacha. También comienza La Señora de Cárdenas, original de José Ignacio Cabrujas, con libretos de Fausto Verdial, Julio César Mármol y María Elena Ascanio, dirigida por Juan Lamata. Esta historia de pocos capítulos en comparación con los culebrones de la época se convirtió en una de las de mayor sintonía; significó un hito importante en la manera de hacer dramáticos en nuestra televisión, al punto que fue el inicio de lo que se llamó la “Telenovela Cultural”, un nombre artificioso para algo que pudo haber tenido mayor permanencia.
El señor y la señora de Cárdenas
(RCTV, 1977)
Según Doris, la extraordinaria receptividad que había recibido este drama intimista de un matrimonio al borde del divorcio, residía en varias razones: “Lo primero y principal es el libreto; segundo, a que la gente quiere verse reflejada con sus propios problemas, sin trucos y sin truculencias. Se sienten identificados con esa trama. Además, todo el elenco está muy bien en sus papeles, incluyendo la dirección. Hay un acople fenomenal. Ese es el éxito: radica en la forma de hablarle al público”.
Soltera y sin compromiso (RCTV, 1977)
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional.
En la misma tónica de la llamada Telenovela Cultural, hizo Soltera y sin compromiso (1978), original de Cabrujas y escrita por Fausto Verdial, Ibsen Martínez y Pilar Romero, protagonizada con Miguelángel Landa y dirigida otra vez por Juan Lamata. Sin embargo, en esta ocasión la receptividad del público fue menor.
Es importante destacar que la relación de Doris con la televisión venezolana siempre fue crítica, tanto por los mensajes que transmitía como por la forma de trabajo y trato a los actores. Por ejemplo, en 1973 aseguraba: “En opinión franca y sincera, las telenovelas son una pesadez y si las tres plantas de televisión se pusieran de acuerdo, podrían ofrecer al público argumentos de mejor calidad" (El Nacional, 07/10/1973, citado por Castillo, 2009).
Doris y Raúl Amundaray en Raquel.
Fuente: revista TV Guía, archivo de Neida Áñez
Por ello, no es una sorpresa descubrir que ya desde ese año anunciaba su mayor rigurosidad a la hora de escoger las producciones en las que intervendría: “Después de Raquel, no haré más telenovelas de este corte […] Creo que finalizada Raquel, haré La Trepadora. Seguiré haciendo obras de este tipo, de lo contrario, me quedaré en casa”. En ese sentido, era tajante cuando daba una negativa a algo con lo que no estaba de acuerdo: “Cuando se me encargue realizar un buen papel, seguro acepto. A mí me gusta trabajar a gusto y cuando se me presenta un personaje interesante y difícil, no tardo en aceptarlo […] pero cosas mediocres ¡NO! (Páginas, 20/10/1973).
Muestra de su selectividad es la justificación para negarse a participar en Bárbara, con Hilda Aguirre y Edmundo Valdemar. Ella, que había encarnado a la villana en la versión televisiva, ahora rehusaba intervenir en la cinta del mismo nombre: “Esta película no resulta nada positivo para mi carrera artística. Además, en el aspecto económico era algo muy denigrante para mí. O se me encarga un buen papel o prefiero permanecer en mi casa” (Venezuela Gráfica, s/f, 36-38, citado por Castillo, 2009). La alternativa de quedarse en casa siempre estaba flotando como medida de presión para obtener lo que deseaba al momento de decidir si intervenía o no en alguna producción. Y es justo decir que en esas duras negociaciones, muchas veces el público salió ganando.
Doris Wells y Carlos Márquez en La Fiera (1978)
Un cambio de registro representó su rol de Isabel Blanco en La Fiera (1978), una muy libre adaptación de Julio César Mármol de Los Hermanos Karamazov, de Dostoievski, con libretos de Fausto Verdial, Pilar Romero, Carlos González y Pedro Felipe Ramírez. Dirigía Juan Lamata y formaba parte de la historia uno de los elencos más sólidos que se ha presentado en nuestra televisión: Carlos Márquez, José Bardina, Tomás Henríquez, Agustina Martín, Helianta Cruz, Elisa Stella, Mary Soliani, Gustavo Rodríguez, Lucio Bueno, entre muchos otros estupendos actores. Ella, modelo de contención en sus roles naturalistas, ahora se mostraba salvaje, desarreglada, gritando como una desaforada en contrapunteo amoroso entre Jose Bardina y Carlos Márquez como el inolvidable Eleazar Meléndez. Él la apodaría la catirrusia y así la llamaría el pueblo durante mucho tiempo.
Escenas de la telenovela La Fiera (RCTV, 1978). Fuente: canal Youtube de Noelia
En abril de 1979 regresó al teatro para encarnar a Nora en Casa de Muñecas, obra de Henrik Ibsen, montada por El Nuevo Grupo. La dirección de Carlos Gorostiza garantizó excelentes actuaciones de José Ignacio Cabrujas, Ricardo Salazar, Isabel Sauver y Rafael Briceño.
Margarita Torres (Gómez I, 1980)
Fuente: libro Amores Públicos
La década de los 80 fue particularmente fructífera para ella. Participó en Gómez I, estrenada el 28 de octubre de 1980, con destacada actuación de Rafael Briceño como el dictador Juan Vicente Gómez. Allí interpretó a Margarita Torres, hermana de Dionisia Bello, primera mujer de El Benemérito. A la prensa comentaría no sin cierto desencanto: "Lo lamentable y que me sigue doliendo, es que Gómez es un programa aislado dentro de la TV, porque lo ambicioso y lo que verdaderamente tendría que ser, es que Gómez fuera un programa más y que la competencia estuviera establecida a ese nivel". (El Nacional, 21 de octubre de 1980, citado por Castillo, 2009). Al año siguiente protagonizaría la miniserie La Comadre, inspirada en la vida de la progenitora de Román Chalbaud, quien también sería el director.
En 1982 sorprende a todos con su doble papel en ¿Qué pasó con Jacqueline?, escrita especialmente para ella por su amiga, la escritora Alicia Barrios. Aunque no logró el éxito esperado, su actuación resultó muy comentada.
Inquieta como era en el aspecto creativo, ese mismo año se estrenó además como escritora y productora, con el unitario Porcelana (09/12/1982), interpretado por ella misma y acompañada por Carmen Julia Álvarez y Carlos Márquez, con dirección de César Bolívar:
Unitario Porcelana (RCTV, 1982). Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla
Otra historia de su inspiración se llevó a la televisión el 24 de enero de 1983: Soledad, con dirección técnica de Luis Manzo y la dirección artística a cargo de Doris. La protagonista de esta narración fue Caridad Canelón, quien fue escogida por la propia Wells.
Doris junto a un grupo de damas protesta
en 1983 ante la crisis que atraviesa el país.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional.
Su inquieta personalidad la llevó a incorporarse al activismo ciudadano. El 11 de marzo de 1983, junto a un grupo de mujeres no afiliadas a ningún partido político, se concentraron en la Plaza Bolívar para llamar a la reflexión sobre la situación que vivía el país, abatido por la crisis económica y el llamado Viernes Negro. Fue el primer paso que luego, en 1987, se concretaría en una militancia activa en el Movimiento Nueva República, encabezado por Jorge Olavarría. Su posterior enfermedad la llevó a retirarse de la política.
Lucio Bueno, Loly Sánchez, Víctor Cámara
y Doris, en Derrota Final (RCTV, 1983)
El 5 de junio de 1983 se estrenó Derrota final, un unitario escrito por Salvador Garmendia, dirigido por Humberto Morales, con Franklin Virgüez, Loly Sánchez, Víctor Cámara, Lucio Bueno y Doris Wells, encarnando a una guerrillera urbana.
Enriqueta y Amelia en La Hora Menguada.
Fuente: Showpaper, febrero-marzo 2001
En el marco del segundo ciclo en honor a Rómulo Gallegos, Doris encaró a su antigua “rival” en la pequeña pantalla, Marina Baura, para desarrollar una historia entrañable: La hora menguada, dirigida por Renato Gutiérrez, con música de Aldemaro Romero. Era un enfrentamiento largamente esperado por los seguidores de ambas actrices, quienes demostraron con creces su solvencia histriónica y su profesionalismo. En ese sentido ellas, que no eran amigas ni enemigas, supieron reconocer en la otra los méritos necesarios para que ambas pudieran brillar en esta pequeña joya televisiva. En ese mismo ciclo, Doris siguió desarrollando sus habilidades como escritora: adaptó el cuento Paz en las alturas, dirigido por Carlos Porte, con la actuación de Tomás Henríquez y Gladys Cáceres, transmitido en la Navidad de 1984.
La hora Menguada. Fuente: canal Youtube de Argenis Padilla
Doris/Oriana, de Fina Torres. Fuente: Blog Sofía en el cine.
A lo largo de esa década, su presencia en la pantalla grande fue una constante: estrenó La casa de agua, de Jacobo Penzo (1984), con Franklin Virgüez, Hilda Vera y Elba Escobar; Oriana (1985), de Fina Torres, que recibió el galardón Cámara de Oro en el Festival de Cannes. En 1985 se estrenó Más allá del silencio, de César Bolívar, donde ella tiene un breve papel. Y en junio de ese año rodó Aguasangre, crónica de un indulto, de Julio Bustamante, con una breve participación, luego del despido de Abraham Pulido. Estas cintas complementaban su filmografía durante la década de los 60, que incluía títulos como El rostro oculto, Isla de sal y Un soltero en apuros (todas de 1964), así como La honorable sociedad, producciónitaliana de 1968.
Quinteto de lujo: Adriano González León, Elías Pino Iturrieta,
Jesús Alberto León y Robert Rodríguez, jurados de Concurso Millonario, junto a su conductora, Doris Wells.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional.
Durante el periodo 1985-86 fue la conductora del Concurso Millonario, una experiencia totalmente nueva tanto para ella como para el público. En esta nueva faceta quería aportar su contribución hacia una televisión de mayor nivel, en la que no solo se ofreciera entretenimiento sino también conocimiento a través de las preguntas que con solvencia debían ser respondidas por concursantes de alta formación en un área específica. Desde Radio Rochela, Norah Suárez la parodiaba en un sketch, remedando su voz ronquita y aquella legendaria frase a partir de la cual los invitados podían responder a la pregunta: “Tieeempo”.
Fuente: Showpaper, febrero-marzo de 2001
A mediados de 1986 hizo el programa radial Corazón a dos junto a Abel Ibarra, transmitido por RQ-910 los viernes por la noche. En julio del mismo año se incorporó al proyecto que la devolvería a las telenovelas e inició las grabaciones de La Dama de Rosa, pero a finales de septiembre y luego de varios capítulos adelantados renunció intempestivamente, al darse cuenta de que el personaje que le habían ofrecido no tenía la importancia prometida. A su renuncia le siguió la de Gustavo Rodríguez y Marina Baura, quien fue llamada a reemplazarla, también declinó la oferta y se retiró de los sets televisivos, bajo el razonamiento de que si no era bueno para Doris, tampoco podía serlo para ella. Al final, los roles principales quedaron a cargo de Jeannette Rodríguez, Carlos Mata y Dalila Colombo.
Jairo Carthy y Doris en Ana, pasión de dos mundos. Fuente: Blog de Jairo Carthy
Su última actuación fue en Ana, pasión de dos mundos, dirigida por Santiago San Miguel, protagonizada por Maribel Verdú, Juan Luis Galiardo, Perla Vonasek y Cristina Reyes. Se rodó entre noviembre y diciembre de 1986 y se estrenó en España en agosto de 1987.
En el primer trimestre de 1986 Doris recibió un diagnóstico de cáncer de mama, con múltiples metástasis óseas. Fue tratada por un médico zuliano en Buenos Aires, Argentina, donde residió brevemente mientras recibió la atención requerida, por lo que su enfermedad entró en remisión. Un año antes había enviudado de su esposo y se vio en la terrible situación de enfrentar su condición de salud en momentos cuando se encontraba altamente vulnerable.
Fuente: Doris Wells, Biblioteca Biográfica Venezolana, Libros de El Nacional
El 1 de septiembre de 1988, Doris Wells fue ingresada en la Policlínica Santiago de León, en Caracas, donde estuvo hospitalizada 20 días. Allí fue tratada por una crisis del metabolismo hepático; luego, le sobrevino un cuadro neumónico agudo resultado de un germen intrahospitalario que ocasionó una deficiencia respiratoria. Fue internada en la Unidad de Cuidados Intensivos y poco después entró en estado de coma, posterior a una intervención quirúrgica debido a una hemorragia gástrica. Falleció el 20 de septiembre de 1988, a las 8:30 pm., de lo cual se cumplen ya tres décadas de su desaparición física.
Murió muy joven e inquieta imaginar cuánto más pudo haber aportado, dado su espíritu creativo e inconforme. Según sus allegados, a Doris le gustaban las conversaciones inteligentes y amenas, los viajes, los automóviles y las joyas. Para quienes apenas la conocimos a través de la televisión, ella representaba una de las mejores actrices nacionales, garantía de calidad de las producciones en donde actuó; era la Excelencia (así, con mayúsculas) que en intermitentes destellos alguna vez marcó la producción dramática de la televisión venezolana. Por eso aún hoy la recordamos.
Nunca la pudimos ver anciana, pero en la miniserie La Comadre (RCTV, 1980), Román Chalbaud nos la presentó envejecida junto a Cecilia Villarreal.
Fuentes consultadas: Ocarina Castillo D’Imperio (2009). Doris Wells. Biblioteca Biográfica Venezolana, vol. 101. Libros El Nacional y Fundación Bancaribe. Caracas, Editora El Nacional. Néstor Luis Llabanero (2014). Eva Blanco, la actriz de todos los tiempos. Revista Estampas, diario El Universal, 14 de mayo de 2014. Ricardo Tirado (2004). Amores Públicos. Fundación para la Cultura Urbana, Caracas.
La leyenda rosa encarnada por la pareja Marina Baura - Jose Bardina
tuvo su punto máximo en Lucecita.
En 1967 los medios de comunicación social venezolanos anunciaban el estreno de Lucecita en el canal 4. Este melodrama había sido de las primeras radionovelas escritas por Delia Fiallo, quien había logrado con ella gran receptividad en la radio cubana. Cuando tocó el turno de llevar adaptaciones de estas producciones radiales para la televisión de ese país caribeño, Delia no dudó en seleccionarla por su probado éxito.
Al profundizarse las medidas implementadas por el gobierno de Fidel Castro en la isla, la autora cubana salió al exilio en 1966 y estableció su residencia en Miami, Estados Unidos. Al año siguiente se presentó la oportunidad de iniciar una relación profesional con los Cisneros a través de su canal Venevisión. ¿Cuál de sus guiones propuso llevar a la pantalla? Por supuesto, Lucecita, en una adaptación a cargo de la escritora venezolana Ligia Lezama, quien regresaba a la TV después de un receso. Ella se encargaría de aumentar algunas escenas y ajustar el libreto a la audiencia criolla.
Eva Moreno
Ese año, la televisión nacional exhibió producciones dramáticas de gran impacto. Durante el mes de julio, el canal de la competencia —Radio Caracas Televisión, RCTV— había comenzado a grabar en videotape los primeros capítulos de La Tirana, la obra de Manuel Muñoz Rico que marcó el retorno de Eva Moreno al medio televisivo, con el galán Edmundo Arias. Entre el reparto se encontraban Amalia Pérez Díaz, José Jordá y Rafael Cabrera. Reaparecía Eduardo Serrano, para la época un joven actor prometedor, mientras que Bárbara Teyde hacía su primera actuación en el staff de Bárcenas. La Tirana se estrenó a partir del mes de agosto, meses después de Lucecita, en horario de 9:00 de la noche.
Sin tener rival en su horario de 6:00 pm, Lucecita fue transmitida de lunes a viernes para reforzar el bloque vespertino de dramáticos; antecedía a La pasión de los débiles primero y, al terminar esta, a La otra. Inserta dentro de la tradición romántica del melodrama rosa —muchacha inocente del campo viaja a la ciudad y trabaja como sirvienta en casa del joven rico; allí es víctima de la(s) maldad(es) de la(s) villana(s) y luego de muchas vicisitudes, descubre que ella también es rica y alcanza el amor—, significó una gran oportunidad para muchos de los que intervinieron en su realización. De hecho, se convirtió en el lanzamiento de una nueva pareja protagónica para el canal: Marina Baura y José Bardina, quienes a partir de entonces lograron una posición estelar.
El elenco reunía a destacadas figuras de la actuación, entre las cuales se encontraban Carmen Antillano, como la abuela aristócrata; María Luisa Rico como la altiva Graciela; Leonardo Oliva, como el amargado y sufrido Álvaro; José Oliva como Miguel, el hombre apegado a los convencionalismos sociales; Esperanza Magaz como la humanitaria Modesta; María Isabel Alba como la graciosa Fefa; y la reaparición de Néstor Zavarce como actor. La dirección estuvo a cargo de Tito Borbollo y Juan Lamata, un director que estuvo al lado de la Baura en varias de sus telenovelas más conocidas y a quien ella profesó un afecto especial.
En ese momento, Marina era considerada como “una actriz que se destacaba notablemente y una de las más talentosas del medio”. Su verdadero nombre era Julia Pérez y había nacido el 1º de noviembre de 1941 en Santa María Madre, un pueblo de Galicia, España. Al poco tiempo su familia se mudó a Celanova, donde transcurriría su infancia y adolescencia. A los 14 años de edad debieron emigrar a Latinoamérica; fue así como se radicó junto a sus padres y su hermano Jesús en Venezuela.
Marina Baura: Color de Oro.
A pesar de su timidez, decidió ingresar al medio artístico a principios de los años 60, primero como modelo. En esa faceta destacaría en varios comerciales, especialmente en una publicidad de la Cerveza Caracas, en la que se le calificaba como “Color de Oro”, asociando su rubia cabellera a uno de los atributos de esta bebida.
En esa etapa, la inexperta Julia exhibía tanto sus atractivas cualidades físicas como un talento aún sin pulir para la interpretación. Consciente de la necesidad de desarrollar sus habilidades histriónicas, estudió arte dramático con el reconocido actor y director Paul Antillano en la academia Carmen Antillano. «Realmente lo que me gustaba era la actuación. Como modelo yo era muy mala», señaló en una ocasión.
Fuente: diario Panorama.
Estaba decidida a lograr destacar en el medio artístico venezolano y, por ello, no perdió oportunidad para entrenarse y mostrar su talento ante el público, aunque significara pequeñas apariciones. Así, logró hacer de extra en El Casino de la Alegría, bailó durante un mes en El Show de Renny y logró su primer trabajo como actriz en la serie Casos y cosas de casa, con América Alonso y Jorge Félix, donde interpretó a una mucama que le provocaba celos a la Alonso. «Tenía que decir 'Sí, señor', 'No, señora' y me temblaba todo», comentó la actriz en una entrevista para la revista Todo en Domingo. También haría un pequeño personaje llamado Karuka en El Escuadrón Tacamajaca, un programa en vivo con Chuchín Marcano; e intervendría en La Quinta de Simón, junto a Simón Díaz.
Ya había incursionado en el cine, donde hasta 1967 había participado en cuatro películas. En 1962 intervino como extra en una breve escena junto a Ada Riera en la película Acosada, protagonizada por Libertad Leblanc y Néstor Zavarce. La primera en la que tuvo un rol de mayor importancia fue en Cuentos para mayores (1962), específicamente en el capítulo denominado La falsa oficina del supernumerario, junto a Rafael Briceño. Esta aparición representó su debut de la mano de Román Chalbaud, quien le sugirió cambiar su nombre real —el cual consideraba anodino— por el de Marina Baura. A esa le siguió una pequeña aparición en El raspado o Aventuras de un sinvergüenza (1964), dirigida por René Cardona Jr.; y luego un rol secundario en Yo, el Gobernador (Cardona Jr., 1965), junto a Joselo y José Jordá.
Marina Baura, de 19 años; y Ada Riera, de 14 años: dos extras de lujo en el film Acosada (1962). Fuente: canal YouTube de Paúl Salazar Rivas.
En esta entrevista para la serie Archivo de la Palabra, de la Biblioteca Nacional, Marina cuenta cómo nace su nombre artístico:
Escena de la tercera historia de Cuentos para mayores: La falsa oficina del supernumerario, con Simón Díaz, Rafael Briceño y Marina Baura. Fuente: canal YouTube de Héctor Acosta Rojas
Amelia Román y Marina Baura en Madres Solteras (1966). Fuente: Getty Images.
Fotografía: Joseph Fabry
Sin embargo, su mayor logro se produjo al ser seleccionada como Yolanda, la hermana de la protagonista, en Madres solteras, con Amelia Román y Jorge Félix. A su juicio, «este trabajo me emocionó mucho porque era la primera vez que me daban un papel importante. Después de eso vino Lucecita…».
La actriz recordó en una entrevista que cuando le propusieron hacer la prueba para estelarizar Lucecita, no pensó lograrlo. A pesar de ello, accedió a cortarse el cabello, teñírselo de color oscuro y probar suerte. En ese momento, Marina se acababa de casar con el periodista Felo Jiménez y pensaba retirarse, «pero me ofrecieron ese papel y lo acepté. Por lo general, el público que ve telenovelas es sencillo, busca un mensaje bonito de amor o de mentiras y engaños, pero no algo complicado porque la idea no es complicar la vida del ama de casa», agregó.
José Bardina, todo un galán.
Para José Bardina, Madres solteras igualmente había sido un paso importante en su carrera. Como Marina, él también era de origen español, nacido el 27 de marzo de 1939 en Barcelona. Había estudiado hasta el tercer curso de bachillerato y también algo de contabilidad, pero en 1958 lo abandonó todo para concentrarse en su formación como actor en la Escuela Juana Sujo, en Caracas.
El escenario teatral se convirtió en el lugar de sus inicios como intérprete y en 1961 dio el salto a la televisión al ser contratado por RCTV. Luego de varios roles menores, en 1965 encarnó a un célebre personaje de ficción conocido como El Halcón, que le granjeó las simpatías del público. Su transición hacia las telenovelas a través de Madres solteras fue fundamental para su proyección como galán y el logro de la estabilidad en su profesión. Lucecita fue el segundo escalón de lo que a futuro se convertiría en una fructífera carrera.
Ivonne Attas personificando a Angelina.
Fuente: diario Panorama, 1967.
En este teledrama destacaba además Ivonne Attas como la mala de la historia. En el diario Panorama (1967) se alababa la labor desplegada por ella y se la describía como una actriz que “siempre cumplió en los trabajos que a lo largo de su carrera le fueron encomendados”. De igual manera, destacaban su participación en Madres solteras, donde desempeñó un papel noble y humano que le valió el reconocimiento general del público, pero a juicio del periódico, ella estaba a la espera de su gran oportunidad de brillar y esta llegó en el rol de villana en Lucecita.
Su personaje de Angelina era “...de extraordinaria fuerza, de diversas transiciones, muy temperamental, lleno de amargura y frustraciones, inclinado al egoísmo y a la farsa“. Según el redactor de la nota periodística, ella lograba un insuperable trabajo artístico, pues el personaje fue aceptado y estudiado por Ivonne, “quien juega con él, lo conduce con propiedad y conocimiento…En un diálogo o un monólogo la vemos pasar de un estado apático a uno eufórico, de una bondad extrema a una inusitada violencia y para hacer esto frente a una cámara de TV, se necesita ser primero actriz y después también actriz”.
Ivonne Attas, un ángel perverso.
Lo que más cautivaba de esta interpretación era la diferencia entre el rol que le había tocado asumir en la ficción y su comportamiento en la vida real, pues Ivonne era considerada una dama de modales finos, de distinguida prestancia y de una bien acusada personalidad. En 2012, la actriz de origen sirio —nació en Damasco el 2 de agosto de 1943—recordaba los inicios de su relación profesional con la Baura:
«Mi relación con Marina empieza hace muchos años en un canal de televisión, con una telenovela que se hizo famosa en el mundo entero, porque ha sido grabada con diferentes títulos en otros países. Se trata de Lucecita, de la extraordinaria escritora de telenovelas, Delia Fiallo. Al éxito de esta novela siguieron otras de la misma autora, donde tuvimos el agrado de trabajar juntas, como lo fue La Señorita Elena. Por supuesto, allí también nos peleábamos ambas por el galán de moda de esa época, José Bardina. Cada una en su rol, ella de buena y sufrida, y yo de villana, donde estuve encasillada durante muchos años gracias a que Delia siempre escribió para mí estos personajes que me hicieron famosa …». (La TV en el banquillo, 26 de marzo de 2012)
José Oliva. Fuente: Panorama, 1967.
José Oliva, calificado por los medios como un actor recio, de gran personalidad y magnífica dicción, obtenía en esta novela una vitrina para exhibir sus cualidades histriónicas. En la columna “Tips”, de Ebert J. Lira (Panorama, 1967), se indicaba que Oliva se había retirado de la televisión donde años atrás “brindara tan buenos trabajos de actor en 'Domingos a las nueve' por el canal 2. Venevisión pensó en él para un personaje central en Lucecita y los días han demostrado su calidad interpretativa, su seguridad escénica que le permite bordar un papel bastante difícil y que requiere un gran trabajo encarnando a Miguel, personaje que le ha puesto de nuevo en primer plano de popularidad”.
La pareja de Marina y Bardina alcanzaría con esta producción un éxito sin precedentes. De hecho, Lucecita fue calificada por el diario Panorama (columna De aquí y de allá, Ebert J. Lira, 1967) como la “telenovela de mayor éxito en los últimos tiempos”.
En un giro curioso donde la realidad se fundía con la ficción, Marina quedó embarazada, al igual que su personaje en la trama: «Di a luz durante las grabaciones y, de hecho, mi hija salió en la novela. El embarazo se me notaba poco, era mi primer bebé, así que pudimos disimularlo. Hacíamos tomas cortas para que no me cansara, usaba vestidos anchos para que no se viera y cuando llegó la hora del parto se adelantaron algunos capítulos, pero apenas di a luz debí empezar de nuevo».
Marina en el camino a la fama. Fuente:
grupo Facebook Caracas en Retrospectiva
Para la actriz, el impacto de la protagonización le dejó gratos recuerdos, pero visto en retrospectiva ¿qué significó realmente para Marina su ascenso en el plano laboral? Ella lo resumió de manera muy sencilla: «Si los directores ven que tú rindes y que cumples con ciertas condiciones, te dan un papelito más grande y punto…Significó trabajo, hacerme una plataforma económica, hacer amigos que estuvieron en mi vida y que aún están. Mis hijas vieron la luz en la televisión: Marifé nació por Radio Caracas, Lolymar por Venevisión y Mónica es la única que nació fuera, pero prácticamente dentro».
- Cuando hice Lucecita, como cuando se hacen las cosas por primera vez, sentí que todo era bello. Todos éramos excelentes compañeros. Nada me molestaba, la pasé maravillosamente. Cuando di a luz, me llegaron ramos de flores de gente que ni conocía. Se cree que cuando tienes éxito con una novela llegas al estrellato y no es verdad. Corrimos con la suerte de que la novela gustó mucho y eso aumentó nuestra popularidad. Creo que en la mitad del camino se le agregaron capítulos y personajes a la trama, para poder alargarla. Por eso duró como dos años.
Paralelamente, la fama de Bardina fue muy comentada en ese momento: “El nuevo galán del canal 4 tuvo ocasión de saborear su popularidad en el reciente viaje que efectuara con otros artistas de Venevisión a la hermosa isla de Margarita. Las pavitas lo asediaron por todas partes y fue la primera figura más aplaudida de la delegación” (Panorama, julio de 1967).
Una pareja que hizo historia. Fuente: grupo Facebook Caracas en Retrospectiva
La dupla Baura-Bardina daría aún más que hablar. A este hit seguirían La Señorita Elena (1968), Rosario (1969) y Lisa, mi amor (1970). Es precisamente al comenzar la década del 70 cuando Marina recibe una tentadora oferta de RCTV. Se muda de canal para interpretar junto a Oscar Martínez La virgen ciega (1970 y, luego, Cristina (1970), junto a Raúl Amundaray, pero ambas no contaron con el favor del público. Hubo que esperar hasta La Usurpadora (1971), cuando su doble papel de Alicia Estévez/Rosalba Bracho consolidaría el binomio Baura-Amundaray. Este rol la haría merecedora del reconocimiento de la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York (ACE) como mejor actriz y la llevó a cantar en escenarios extranjeros, algo en lo cual ya había incursionado en 1969, cuando grabó un disco de canciones de Navidad que presentó en De Fiesta con Venevisión.
Aunque el próximo vehículo dramático de Marina junto a Elio Rubens —La Indomable (1972)— tuvo muy buenos niveles de audiencia, Raúl y ella se reunirían otra vez en nuevas producciones: La Italianita (1973), Valentina (1975), Resurrección (1977), TV Confidencial (1978) y Mabel Valdez (1979), pero ninguna tan exitosa como La Usurpadora.
A estas alturas, es necesario precisar que Marina estaba evolucionando en lo profesional, alejándose paulatinamente del personaje de damita joven en novelas rosa. En 1974 se incorporaría a la llamada telenovela cultural liderada por RCTV con la versión de Doña Bárbara, protagonizada con Elio Rubens; también encabezaría el elenco de Canaima y La balandra Isabel llegó esta tarde (1976), junto a Miguelángel Landa, así como Sobre la misma tierra (1976). Natalia de 8 a 9 (1980), de la mano de José Ignacio Cabrujas, marcó su madurez en la actuación, acompañada por otro actor de grandes dimensiones, Gustavo Rodríguez, con quien se le emparejaría nuevamente en Gómez II (1981) y Chao, Cristina (1983).
Entrada de la telenovela Natalia de 8 a 9. Fuente: canal YouTube de Venenovelas.
Su vida personal siempre estuvo expuesta al público, pero su discreción y hermetismo logró mantenerla alejada de murmuraciones y escándalos dentro de los predios faranduleros, incluso cuando se divorció de Felo Giménez y años después se casó con Hernán Pérez Belisario.
Al preguntársele qué hacía la diferencia entre encarnar un rol creado por Cabrujas y otro por Delia Fiallo, Marina respondió:
- Para mí los dos han sido muy importantes, cada uno en su estilo. Delia Fiallo significó mi comienzo como actriz aquí en Venezuela, haciéndome protagonista por primera vez; y José Ignacio me cambió de “damita” a primera actriz con Doña Bárbara.
Bardina y Lupita pronto conformaron
una nueva pareja ideal. Fuente: Tele-Guía.
Por su parte, José Bardina también tuvo una transición vacilante hacia nuevas parejas protagónicas, pero con Esmeralda (1971), junto a Lupita Ferrer, encontró a la que sería su nueva compañera ideal. Con ella compartiría éxitos tales como Me llamo Julián, te quiero (1972); María Teresa (1972), Mi hermana gemela (1975), Mariana de la noche (1975), La Zulianita (1977) y Ligia Sandoval (1981). Además, formaría pareja con Rebeca González en dos clásicos del género en los 70: Peregrina (1973) y Una muchacha llamada Milagros (1974). Todas estas historias fueron escritas por Delia Fiallo. En su vida personal, se caracterizó por estar alejado de escándalos y líos de faldas. Se casó con la también actriz Amelia Román y con ella procreó su único hijo, José Alberto.
Bardina y Marina no se volvieron a reunir profesionalmente hasta Silvia Rivas, divorciada (1977), de Cabrujas, que marcó el regreso a RCTV del apreciado actor. Los bajos niveles de audiencia de esta producción serían recompensados ante el impacto que representó La Fiera (1978), con Doris Wells y Carlos Márquez.
El reencuentro entre Marina Baura y José Bardina al final
no resultó tan exitoso como en sus inicios.
Lucecita, por sí misma, también tuvo su propio recorrido triunfal: en 1968 la TV Argentina produjo una versión llamada Estrellita: Esa Pobre Campesina. En 1973 Venevision volvió a grabarla para poder exportarla, ya que la producción de 1967 no estaba apta técnicamente para salir al exterior. Esta fue protagonizada con éxito por Ada Riera y Humberto García, quienes tal como ocurrió con Marina y Bardina, conformaron una nueva pareja romántica y más adelante interpretaron La mujer Prohibida. A Ada le tocó revivir otro éxito de esa pareja, como lo fue La Señorita Elena, acompañada por José Luis Rodríguez.
En los setentas se hizo una radionovela en España, una versión en fotonovela y más adelante Lucecita también fue llevada al cine. En 1983 Venevisión produjo una versión bajo el titulo de Virginia, la cual no tenía el consentimiento de la autora y por la que demandó a la empresa. En 1987 fue llevada a la televisión argentina y se convirtió en otro éxito. De esta manera, Estrellita Mía tuvo a Andrea del Boca y a Ricardo Darín en los roles principales. Esta versión fue premiada en Miami y la adaptación la hizo la propia Delia Fiallo.
A principio de los noventas se produjo un nuevo remake en Colombia bajo el título de Lucerito y en 1998 se hizo la más reciente versión, esta vez en Perú, titulada Luz María, con Angie Cepeda, Christian Meier, Mariela Alcalá y Rosalinda Serfatty. Esta ha sido considerada de las más exitosas de este argumento.
José Bardina y Amelia Román, una pareja
ejemplar. Fuente: Las telenovelas d
José Bardina se retiró a finales de los 80 de las telenovelas, para dedicarse a sus negocios y atender la deteriorada salud de su esposa, Amelia Román. Al fallecer ella, regresó a la televisión en papeles de carácter, en telenovelas como Lejana como el viento (2002), Amor descarado (2003), Inocente de ti (2004), La Ley del Silencio (2005) y su último papel en Amor comprado (2007), la mayoría de ellas grabadas para Telemundo. Sus problemas de salud le obligaron a retirarse definitivamente de las cámaras y falleció el 18 de diciembre de 2009, rodeado del cariño de sus familiares y amigos más cercanos.
Marina renunció a RCTV en 1983. Su último trabajo en esa planta fue el de La hora menguada, dentro del ciclo dedicado a Rómulo Gallegos, en el cual compartía créditos protagónicos con su “rival” profesional, Doris Wells. Se adentraba en los cuarenta, edad crítica para una actriz de su jerarquía, cuyo reinado venía siendo amenazado por ascendentes estrellitas provenientes —la mayoría de ellas— de los concursos de belleza. Doris se había retirado y poco después falleció a muy temprana edad; Mayra Alejandra y Pierina España, las otras diosas del canal, aparecían cada vez menos en las pantallas. Nuevos tiempos se acercaban a la televisión venezolana.
Casada en segundas nupcias con Hernán Pérez Belisario, la actriz tuvo su tercera hija Mónica; participó en varios proyectos de la televisora independiente fundada por su marido, Marte TV, entre ellos la exitosa Emperatriz (1990), que la emparejó con su galán de otrora, Raúl Amundaray. Se divorció y se alejó nuevamente de la pantalla chica.
Escena de Emperatriz. Fuente: canal YouTube de Dimitrije Lukic
Eventualmente realizó radioteatros, hasta que en 2003 hizo el papel de Tentación Luján en Cosita Rica (Venevisión). En 2006 participó en el unitario Soltera y sin compromiso (RCTV) y en 2008 volvió a las tablas para interpretar el monólogo de Gabriel García Márquez Diatriba de amor contra un hombre sentado, dirigida por Carlos Omobono.
Desde entonces se habló de una vuelta a los escenarios, de una posible representación teatral junto a Pierina España, de una obra producida por Nohely Arteaga, pero nada de eso se concretó.
En el siguiente resumen de la entrevista realizada por Leonardo Padrón para su serie Los Imposibles, Marina cuenta algunos aspectos de interés sobre su vida personal y artística:
Fuente: canal YouTube de Onda La Superestación.
Actualmente vive en su residencia en Caracas, llamada no casualmente Lucecita, rodeada de un bello jardín y de recuerdos familiares. Evita dar declaraciones a la prensa —«Ya no trabajo en la televisión, no tengo nada que decir», afirmó—y, eso sí, regularmente viaja a Estados Unidos de Norteamérica a visitar a su hija y a sus nietos. Es una vida apacible, totalmente alejada de las cámaras de TV, donde hace 50 años debutara como una “Lucecita".