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miércoles, 6 de julio de 2016

1976: El año del Dragón de Fuego...y del Gato

«En una mañana como de una película de Bogart
en un país donde el tiempo marcha hacia atrás
vas paseando entre el tumulto como Peter Lorre 
contemplando un crimen
Ella sale del sol en un vestido de seda que fluye
como una acuarela en la lluvia
No te molestes en pedirle explicaciones,
solo te dirá que llegó
en el año del gato»

Al Stewart

En la milenaria cultura china, el dragón es una criatura de origen divino de gran poder y de buena fortuna. Por ser un animal que puede atravesar el cielo y la tierra, simbólicamente también se le asocia con los cambios radicales.

Si atendemos a los oráculos del horóscopo chino, en los años dominados por esta bestia mítica los éxitos y los fracasos resultan magnificados. Aunque en líneas generales se visualizan con buenas expectativas, el año del Dragón de Fuego es especialmente temido, ya que hace más estragos que los dragones de los otros elementos (madera, agua, tierra y metal).

Según tales predicciones, estos periodos se caracterizan por grandes cambios, pues se encuentran marcados por muchas sorpresas y por sucesos naturales violentos. Bajo estos supuestos, la atmósfera cargada de electricidad que crea el poder del dragón afecta a todas y cada una de las personas. Así, en el mundo entero se producirían estallidos de mal genio, que se verían reflejados en alguna rebelión personal o colectiva, real o imaginaria, contra las restricciones establecidas.

En el último año del Dragón de Fuego —registrado entre el 31 enero de 1976 y el 17 febrero de 1977— figuraron hechos históricos resaltantes; por ejemplo, se produjo la reunificación de Vietnam del Norte y del Sur; y el arribo de la nave norteamericana Viking 1 al planeta Marte.

En Venezuela, 1976 se inició con una importante transición: el 1 de enero la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), creada el 30 de agosto de 1975, asumió formalmente la responsabilidad de extraer y refinar el petróleo venezolano, consolidando de esta manera la nacionalización del sector de hidrocarburos en nuestro país.

El acto fue conducido por el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, quien pronunció un discurso desde el pozo Zumaque I, lugar del reventón de 1914. Como resultado inmediato las empresas transnacionales que antes explotaban el crudo (Shell, Creole, Mene Grande Oil Company, entre otras) fueron convertidas en filiales de PDVSA, gerenciadas totalmente por venezolanos. Nacieron las empresas Lagoven, Maraven, Deltaven, Meneven y otras nueve más, con lo que se iniciaba una nueva era en la explotación de la industria petrolera local.


El año anterior yo había vivido muy de cerca los cambios originados por la nacionalización petrolera, aunque de una manera distinta. Estudiaba quinto grado en una escuela para hijos de los trabajadores de la nómina mayor de la Creole. Esta tenía la particularidad de que en ella compartían estudios venezolanos y norteamericanos en áreas físicas completamente distintas dentro del mismo plantel: en un ala, los jovencitos “gringos” se formaban en su idioma natal, bajo su propio sistema de estudios, sin el rigor de vestir un uniforme; en la otra, los criollos asistíamos uniformados —pantalón azul de jean y camisa blanca los varones, jumper azul con camisa blanca las niñas— atendiendo a los criterios impuestos por nuestra Ley de Educación.

En septiembre de 1975, justo después del decreto de creación de PDVSA, los gringos abandonaron nuestra institución y fueron reinstalados en una ubicada en Las Morochas, Ciudad Ojeda. Para mi sorpresa, el nuevo año escolar nos recibió con montones de textos en inglés, apilados en el patio de juegos del colegio, destinados al desuso. Ya podíamos cantar el himno nacional al iniciar la semana sin compartir las notas de The Star-Spangled Banner ('La bandera tachonada de estrellas') y el juramento de los estudiantes norteamericanos. Ya no más compartir espacio en el patio de juegos ni en los autobuses que nos transportaban a casa. Próximo a cumplir los 11 años, los ajustes que se suscitaban a mi alrededor eran percibidos como si de un rompecabezas se tratara.

En ese año, el mundo de la aviación recibió con beneplácito el arribo del Concorde. El 21 de enero la aerolínea francesa Air France inauguró el servicio comercial de estos modernos aviones supersónicos destinados al transporte de pasajeros; tres meses más tarde, específicamente el 9 de abril, el Concorde comenzó a cubrir la ruta directa París-Caracas con frecuencia de un vuelo semanal. El servicio estuvo operativo hasta el 27 de marzo de 1982.


Los hechos ocurrían con una rapidez asombrosa, aunque en mi mente infantil no tuviese mucha importancia la visita histórica del Secretario de Estado de USA, Henry Kissinger —“ajedrecista planetario del imperio”—, quien el 16 de febrero arribaba al país como parte de una gira a Centro y Sur América, con una propuesta para la reducción de las fricciones políticas teniendo al petróleo como tema principal del diálogo.

Titular del diario Panorama sobre el caso Niehous
A pesar de que la guerrilla urbana había sido apaciguada, aún persistían peligrosos focos de lucha. El viernes 27 de febrero, el grupo Comandos Revolucionarios secuestraba a William Niehous, empresario estadounidense y vicepresidente de la transnacional Owens-Illinois. Un comunicado enviado a José Emilio Castellanos, reportero de sucesos del diario El Nacional, en Caracas, expresó claramente la intención de la privativa de libertad del industrial: «No cobraremos rescate. Será ejecutado. Lo consideramos enemigo de Venezuela».

Poco a poco se dieron a conocer los nombres de los presuntos responsables. Entre los implicados se mencionó a Carlos Lanz; Fernando Soto Rojas, quien huyó a Francia; y a José Aquino, tiroteado en el sitio del rescate tres años más tarde. Fueron detenidos además Mirelis Pérez Marcano, Salomón Mesa, Fortunato Herrera, Iván Padilla y David Nieves, quien luego fue indultado para que asumiera una diputación en el Congreso en 1978.

Jorge Rodríguez, padre
En medio de las investigaciones relacionadas con el secuestro, el 20 de julio fue detenido por agentes de la DISIP el dirigente estudiantil y secretario general de la Liga Socialista Jorge Rodríguez quien murió en reclusión cinco días después, luego de ser torturado. El entonces Ministro de Relaciones Interiores, Octavio Lepage, lamentó el suceso e inició investigaciones sobre el repudiable hecho. Arístides Lander, director de la Disip, y otros tres funcionarios, debieron responder ante la justicia por este asesinato.

En 1979, Niehous fue rescatado y regresó a Estados Unidos donde en una rueda de prensa declaró: «No quiero saber más nunca de Venezuela». Murió en 2013, a los 82 años. En cuanto a los presuntos responsables del hecho, aunque han ejercido funciones de poder en los últimos 14 años, ninguno ha hablado del secuestro excepto Carlos Lanz, quien escribió el libro El caso Niehous y la corrupción administrativa (1979).

Por esa época de alta conflictividad política mundial, el terrorismo mostró sus afilados colmillos en varios episodios sangrientos. El 4 de julio, las Fuerzas de Defensa de Israel realizaron la Operación Entebbe, en la que resultaron muertos cuatro terroristas palestinos que mantenían cautivos a 105 rehenes israelíes en el aeropuerto de Entebbe, cerca de Kampala, en la Uganda del dictador Idi Amín Dadá.

El comandante del equipo de asalto Yonatan Netanyahu fue el único militar israelí muerto durante la operación, pero entre los rehenes sucumbió la inmigrante judía británica Dora Bloch, de 75 años. Había sido internada horas antes en el hospital Mulago de Kampala y poco después del rescate fue sacada a rastras de la cama del centro médico y asesinada por dos militares a las órdenes de Amin. En la siguiente animación se resumen algunos de los aspectos relevantes de lo ocurrido en Entebbe:


En nuestro continente, la situación no era mejor: el 7 de septiembre espías de la dictadura chilena y mercenarios cubanos anticastristas dirigidos por el agente de la CIA Michael Townley asesinaron en Washington, DC, al excanciller chileno Orlando Letelier —a quien Pinochet le había quitado la ciudadanía chilena once días antes—, junto con su secretaria Ronni Moffitt.


Un mes más tarde, el 6 de octubre, un avión DC 8 de la aerolínea Cubana de Aviación partió con 73 personas a bordo desde Maiquetía con destino a Barbados y a Trinidad. Para consternación de todos, el avión explotó en el aire. Muchos de sus ocupantes eran deportistas y estudiantes de medicina. Por este acto de terrorismo fueron responsabilizados los cubanos Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila; así como los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo Lozano.


En Argentina se abría uno de sus episodios políticos más oscuros: el 24 de marzo un golpe de Estado derrocó a Isabel Martínez de Perón e instauró un régimen militar hasta 1983, que dejaría como saldo 10.000 desaparecidos. La muerte de opositores se convirtió en una constante y varias masacres se produjeron con intervención directa de los militares en el poder.


Los estudiantes alrededor del mundo sufrieron crueles vejámenes: el 16 de junio en Soweto (Sudáfrica), aproximadamente 15.000 de ellos marcharon de manera no violenta. El Gobierno del apartheid ordenó a la policía que ametrallara a la multitud y en consecuencia murieron 566 jóvenes —entre ellos Héctor Pieterson, de 12 años, quien pasó a convertirse en emblema de esta lucha—. Varios días de luchas sangrientas se sucedieron en esa nación africana.


El 16 de septiembre se registró en Buenos Aires lo que se conoció tristemente como La noche de los Lápices,  en la que secuestraron a integrantes de la Unión de Estudiantes Secundarios quienes en 1975 habían reclamado el otorgamiento del boleto de autobús con descuento estudiantil. Todos fueron torturados por la dictadura militar, varios resultaron asesinados e incluso engrosaron la larga lista de desaparecidos durante ese vergonzoso periodo político.

En el video se muestra un tráiler de La noche de los lápices (1986), film de Héctor Olivera que recrea este suceso:


Finalmente, el 6 de octubre en Bangkok (Tailandia), los estudiantes de la Universidad de Thammasat realizaron una jornada de protesta contra el retorno del dictador Thanom. Una coalición de paramilitares de derecha y fuerzas gubernamentales asesinaron a más de 100 manifestantes en lo que se conoció como la Masacre de la Universidad de Thammasat.

La violencia también se exteriorizó en desastres naturales con miles de víctimas. La madrugada del 4 de febrero de 1976, los guatemaltecos fueron despertados por un terremoto de 7.5 grados Richter que dejó un saldo de 23 mil muertos y 77 mil heridos. El movimiento telúrico ocasionó daños de gran magnitud: destruyó más de 250 mil casas y cerca de un millón de personas quedaron sin hogar. Su duración se ubicó entre 35 y 49 segundos, según registros de las instituciones del estado en ese entonces, con un epicentro a más de 160 kilómetros al noroeste de la capital.

El 28 de julio se produjo otro violento movimiento de tierra en la ciudad de Tangshan, en China, el cual resultó el más mortífero de la historia con un total de 242.000 muertos, según cifras oficiales. En 2010, el director Feng Xiaogang realizó a modo de homenaje a las víctimas de la catástrofe la película Aftershock, la cual se convirtió en la producción más vista en la historia de ese país para la fecha:


Fue un año de pérdidas dolorosas para el país: el 25 de abril el poeta Aquiles Nazoa falleció en un accidente automovilístico en la Autopista Regional del Centro y también producto de una colisión murió la prometedora actriz Paula D’Arco, quien en ese momento intervenía en la telenovela Pobre Negro. El recio actor Edmundo Valdemar, acompañante de la occisa y milagroso sobreviviente del accidente, fallecería de causas naturales en junio de ese mismo año.

El 3 de septiembre, el avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea, que transportaba a todos los miembros del Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela (UCV), se estrelló cerca de la pista de aterrizaje del Aeropuerto de Lajes (Isla Terceira, en las Azores). Los 68 pasajeros, incluido el director del Orfeón, Vinicio Adames, fallecieron. En mi memoria, fue la última vez que en el país el luto nacional obligó a las radioemisoras a transmitir solo música sacra.

Rosalind Russell, por siempre Mame.
En el ámbito internacional, importantes personalidades se despidieron, entre ellos la escritora británica de novelas de misterio Agatha Christie, el director de cine italiano Luchino Visconti, el pintor alemán nacionalizado francés Max Ernst, el multimillonario excéntrico norteamericano Howard Hugues, el director de cine británico Carol Reed, el filósofo alemán Martin Heidegger, el director de cine alemán Fritz Lang, el escritor cubano José Lezama Lima, el líder político chino Mao Tse Tung, el artista norteamericano Man Ray, el escritor francés André Malraux y la actriz de Hollywood, Rosalind Russell.

Ese año se estrenaban en la pantalla grande Taxi Driver (Scorsese, ¿Are you talking to me?), Todos los hombres del presidente (Pakula: Redford y Hoffman en extraña pareja), Cara a cara (Bergman y Liv Ullmann de nuevo juntos), La Profecía (Richard Donner nos presenta al nuevo anticristo niño), King Kong (producida por De Laurentis con el debut de Jessica Lange), Carrie (De Palma y una inquietante protagonista: Sissy Spacek), Network (Lumet implacable frente al mundo de la televisión) y Rocky (Avildsen y un debutante con los puños en alto: Stallone).


En la cartelera nacional lograban altos índices de espectadores cintas como Soy un delincuente, de Clemente de la Cerda; Canción mansa para un pueblo bravo, de Giancarlo Carrer; Sagrado y obsceno de Román Chalbaud; y Los muertos sí salen, de Alfredo Lugo.


Las transformaciones en la televisión nacional no se hicieron esperar: en 1976  se registró la C.A. Venezolana de Televisión, teniendo como accionistas la República de Venezuela, la Corporación Venezolana de Fomento y la CANTV. Su antecesora, la Corporación Venezolana de Televisión (CVTV, constituida por el grupo Vollmer en asociación con Time-Life) se había declarado en bancarrota en 1974, por lo que había sido adquirida por el Estado Venezolano en septiembre de ese año. En VTV, Eva Moreno, quien había salido de mala manera de Radio Caracas Televisión (RCTV), protagonizó con éxito La mujer de las siete lunas, junto a Jorge Félix; y Gustavo Rodríguez interpretó a José Antonio Páez en El centauro del llano.

Para RCTV fue un buen año en las producciones dramáticas: Angélica significaba el debut exitoso como protagonista —junto a José Luis Rodríguez— de una jovencísima Mayra Alejandra. Esta pareja repetiría en Carolina con buenos resultados de rating, mientras el horario vespertino era dominado por Sabrina, con Helianta Cruz y Jorge Palacios.

Campeones. Fuente: Libro
25 aniversario RCTV
Las producciones de calidad con argumentos provenientes de la literatura nacional acapararon la atención: Doris Wells y Miguel  Ángel Landa se lucían con interpretaciones muy naturales en Campeones, adaptación de José Ignacio Cabrujas de la novela de Guillermo Meneses. La obra de Gallegos llegaba otra vez al público televidente con Canaima, protagonizada por Marina Baura; y Pobre Negro, con Miguel Ángel Landa y Doris Wells. Ya asomaba en el horizonte la llamada “telenovela cultural”. Sin embargo, ese mismo año el gobierno de Carlos Andrés Pérez suspendió la señal a RCTV durante tres días por “difundir noticias falsas y tendenciosas”.

José Bardina en Cumbres Borrascosas según Delia Fiallo

Para no quedarse atrás, Venevisión adaptó el clásico de Emily Brontë Cumbres Borrascosas, con José Bardina, Elluz Peraza y Eduardo Serrano. Estrenaba además la versión de Balumba, de Juan Filloy, con José Bardina, Elluz Peraza, Marianela Salazar y Judith Castillo. No obstante, Delia Fiallo volvió con las historias tradicionales en Mariana de la noche, con Lupita Ferrer y Bardina.

Juan Galea y su grupo interpretaron el tema musical de Balumba (1976)

La televisión norteamericana lanzaba las series—hoy devenidos en clásicas— La mujer Biónica, Laverne & Shirley, Familia, El show de los Muppets, la Mujer Maravilla, Los Ángeles de Charlie, Quincy, Espacio 1999 y Christie Love, las cuales serían transmitidas meses más tarde por nuestras televisoras.


En este año atípico y tan convulsionado, el Miss Venezuela no sería la excepción: el 24 de mayo, apenas unas pocas horas después de su coronación, Elluz Peraza renunciaba a su título, asumiendo en su lugar Judith Castillo. Luego de su matrimonio, Elluz iniciaría una exitosa carrera como actriz en la televisión nacional (su debut fue precisamente Cumbres Borrascosas), mientras Judith viajaba en julio a Hong Kong, China, para representarnos en el certamen Miss Universo donde se alzó con la banda de primera finalista.

En materia deportiva, se realizaron los Juegos Olímpicos de Montreal, donde el norteamericano Bruce Jenner en Decatlon y la rumana Nadia Comaneci en Gimnasia —primera puntuación perfecta en la historia de los juegos—, se convirtieron en las estrellas mediáticas de la competencia.

Nadia Comanecci en puntuación perfecta

Bruce Jenner en Decatlón

En música, el grupo sueco ABBA alcanzaba el éxito con tres sencillos de Arrival, su cuarto álbum: Dancing Queen; Knowing me, Knowing you; y Money Money Money. Jean-Michael Jarré maravillaba con su álbum mítico de sonidos electrónicos Oxigène y Al Stewart alcanzaba los números 1 de las listas internacionales con El Año del Gato.

ABBA: reina danzante

Jarré: Oxigeno

Mientras escuchaba los acordes de esa inolvidable canción reflexionaba acerca de los hechos turbulentos que caracterizaron 1976, el cual yo recordaba de manera tan plácida allá en la urbanización Tamare donde residía, rodeado de mis hermanos mientras Juan Carlos Moreno y La Gran FogataNo somos una banda más— suplicaban Más, mucho más y suspiraban Cuando me quieras.

A pesar de la alta conflictividad, fueron los años de la Gran Venezuela, esa en la que el desempleo alcanzó su mínimo histórico al ubicarse en 4%. En aquel paradisíaco entorno que era mi hábitat familiar, no había conflictos y cuando queríamos significar que algo nunca ocurriría, respondíamos: «Será en el año del gato».

En 1976, mi vecina gringa Laurie —rizos rubios, pecas en el rostro, shorts de infarto— se mudó de la casa de la esquina en nuestra calle y ya no tuvimos que soportar la desagradable presencia de David molestándonos en el autobús de regreso a casa. Tristemente dejó el paso libre a nuevos protagonistas criollos del acoso —el ahora tan comentado bullying— escolar. La música disco se instalaba en las radioemisoras y en las fiestas, mientras el mundo temblaba, explotaba y sufría. Paradójicamente, así es la vida. Por cierto, 2024 – 2025 será el próximo año del Dragón…de Madera.

domingo, 4 de agosto de 2013

Sopa de gemelos

En 1971, la historia de dos hermanas gemelas que intercambiaban sus vidas copó la atención de los televidentes venezolanos. Se trataba de La Usurpadora, original de Inés Rodena y protagonizada por Marina Baura y Raúl Amundaray.

Marina Baura por partida doble: Alicia Estévez y Rosalba Bracho.
Una de las hermanas, Alicia Estévez, era amable y generosa, pero humilde, con una madre moribunda. La otra, Rosalba Bracho, era madrastra de dos niños y estaba casada por interés con un exitoso hombre de negocios a quien ella escondía su ambición, su hipocresía y su maldad para manipularlo a su antojo, usando su belleza. Al conocerse por casualidad, pues ninguna sabía la existencia de la otra, Rosalba obligaba a Alicia a tomar su lugar, sin contar con que la buena le robaría algo más que su identidad. Se inauguraba así en nuestro país una larga tradición de actores y actrices en roles dobles que ha brindado más de una sorpresa a los espectadores.

Tres lustros más tardes, la trama volvería a repetirse exitosamente en La Intrusa (1986), en la cual Mariela Alcalá era la encargada de dar vida a las dos hermanas, esta vez llamadas Estrella y Virginia. Su primer encuentro puede verse en el siguiente video:



El otro yo de Raúl: Horacio.
Fuente: Internet
La década de los 70 colocó a muchos actores y actrices reconocidos en ese doble reto interpretativo. Algunos fueron recursos para alargar dramas que llegaban a lo inverosímil, como Sacrificio de mujer (1972), protagonizada por Doris Wells y en el cual Raúl Amundaray hizo de los gemelos Arturo y Horacio, este último... ¡rubio y de ojos verdes! Por su parte, Cecilia Villarreal hizo el doble papel de Laura y Lina en Raquel (1973-75).

José Bardina también experimentó la doble
identidad en la ficción. Fuente: revista
Venezuela Gráfica.
Peregrina (1973) se convirtió en el debut protagónico de la talentosa Rebeca González como la gitana Gisela, convirtiéndose en un gran éxito de audiencia. Rebeca hacía primero de su madre y luego a la hija, mientras que José Bardina asumía el rol de los gemelos Juan Luis y Rolando Pallares. El primero, caracterizado por una ambición desmedida, se casaba con Gisela y era asesinado. Muchos la creían a ella su asesina, incluido Juan Carlos, quien tomó la identidad de su hermano muerto y se casó con Gisela para llevar a cabo su venganza. El papel sería recreado nuevamente una década más tarde por Oswaldo Ríos, en el exitoso remake de la historia original de Delia Fiallo que realizó RCTV en 1992 con el nombre Kassandra. Allí Ríos interpretaba a Ignacio, el hermano asesinado; y a Luis David Contreras. Una jovencísima Coraima Torres se estrenaba como protagonista en este drama.

Ada Riera como Angélica de Montemar.
También en ese mismo año 1973, Ada Riera asumía nuevamente La Loba, continuación de La Mujer Prohibida. Solo que esta vez aparecía por partida doble: como Virginia y como Angélica de Montemar, una peligrosa contrabandista perseguida por la policía, quien se hacía pasar por la primera para ocultarse y casarse con Marcos Villena (Martín Lantigua). Ada lucía ojos claros para diferenciar a Angélica de Virginia.
el rol de Virginia Galván en la muy recordada novela

Marina Baura volvería a ejercer doble papel en Valentina (1975-1976). En esta producción, la protagonista Valentina Montiel moría sorpresivamente en la mitad de la novela y es entonces cuando aparecía el desfachatado personaje de Sonia Gámez, desconocida hasta el momento, para vengarse de quienes hicieron sufrir a su hermana, incluido el protagonista masculino.

Lupita con su hermana gemela y José Bardina.
La otra estrella de la época, Lupita Ferrer, no podía escapar a esta moda. En Mi hermana gemela (1975) encarnaba a las hermanas Marta y Mara, ambas de origen humilde. La primera era modesta, mientras que la ambición caracterizaba a su hermana. Sin embargo, la historia no caló en el público y aun con la ayuda de Delia Fiallo, experta en eso de las gemelas, quien vino como escritora emergente, no logró el éxito que se esperaba, quizá por no explotar algo muy común en estas tramas: nunca se dio la usurpación o grandes enfrentamientos entre las protagonistas, a pesar de que el galán José Bardina se acostaba con una confundiéndola con la otra y…¡la embarazaba!

¿Qué pasó con Jacqueline? (1981) fue una telenovela corta de apenas 48 capítulos, transmitidos por RCTV. Esta obra, original de Alicia Barrios y Gustavo Michelena, con libreto de Alicia Barrios y dirigida Cesar Bolívar, fue protagonizada por Raúl Amundaray y Doris Wells. Para la actriz significó un atractivo, tanto en lo personal como en lo interpretativo, asumir la historia de las gemelas huérfanas Ana y Jacqueline. Ana, que sufría una enfermedad del corazón, se hacía pasar constantemente por Jacqueline, hasta el punto de llegar a sustituirla en su matrimonio con el arquitecto Alejandro Ascanio (Amundaray). Jacqueline, cuyo rostro había quedado desfigurado en un accidente, reapareció con una nueva identidad, haciéndose llamar Melissa Vidal, sin que lograran descubrirla, ya que su rostro había sido reconstruido. Una peluca rubia, lentillas azules y algodones en las mejillas ayudaban a Doris a modificar su apariencia. Su objetivo era conquistar de nuevo a su esposo y desplazar a su hermana, quien había asumido definitivamente su personalidad.

Eran tiempos en que las nuevas técnicas de grabación en video permitían la aparición simultánea de la artista, efecto que puede apreciarse en el siguiente video:


Doris, en una entrevista publicada en El Nacional (27/03/1982), contaba su experiencia:

Ha sido sumamente complicado y acepté hacerlo porque vi que en verdad era algo diferente (…) ¿Qué pasó con Jacqueline? ofrecía otras posibilidades, como el uso del Chroma Key, efecto técnico que permite la grabación del doble papel simultáneamente. Yo no lo conocía, no lo había usado nunca (…) me costó un poco meterme en cada una de ellas, pero ahora ya las tengo muy bien definidas.
Yo he centrado la actuación más que todo en los ojos. Siempre he creído en esa frase de que los ojos reflejan el alma, por eso he tratado de darle una cierta neurosis a la mirada de Ana, contra la tranquila de Jacqueline…De una manera honesta y modesta puedo decirte que todo es un intento mío de búsqueda. Yo trato de que ella, Ana, que está consciente de su mirada, trate de imitar la mirada de Jacqueline, o sea, dos trabajos simultáneos: actuar como Ana y que Ana actúe como Jacqueline. Sí. Es necesario que al público se le dé algo menos fácil. Que piense y creo que Jacqueline presenta una trama que es interesante y le hace pensar. (1)

Amílcar Rivero. Fuente: Internet
Panchito y Arturo (1982) fue escrita por José Ignacio Cabrujas y era una versión libre de El Príncipe y el Mendigo, novela de Mark Twain. Otra vez aparecía el tema de las suplantaciones, esta vez recreado en nuestro país teniendo como protagonista al niño estrella Amílcar Rivero. Arturo, el niño rico, era hijo de Yajaira Orta y Humberto García. Panchito, el pobre, era criado por Virgilio Galindo, quien era el prometido de Irma Palmieri, con quien luego se casaba. Como curiosidad, los integrantes del grupo Menudo intervinieron en uno de los capítulos de esta serie. «Esa novela fue el pináculo de mi carrera infantil (...) Yo apenas tenía 12 años y recuerdo que incluso llegué a salir en vivo», comentaría Rivero años después en una entrevista.

Alma Mía (1988) fue una producción basada en la telenovela realizada en 1972, La madrastra. Acá el doble papel lo hacen dos actrices distintas: Nohely Arteaga (Alma Rosa) y Astrid Carolina (Alma Mía). La primera aparece al inicio de la trama, pero al salir del elenco por razones personales, Astrid debió asumir ambos roles: tanto el de la nana como el de su hermana malvada. El tema musical de presentación de la novela, a cargo de Yordano, mostraba a la dupla de protagonistas:


Nohely Arteaga en Las dos Dianas.
En esto de la protagonización doble, las palmas se las lleva Las dos Dianas (1992), de José Ignacio Cabrujas, inspirada en la novela del mismo nombre de Alejandro Dumas, padre. Esta vez Nohely Arteaga se resarcía de la omisión anterior y hacía de madre y de hija (Diana Burgos y Dianita), mientras que Carlos Mata también personificaba al padre Diego Morales y al hijo Gabriel Morales. La historia transcurre a lo largo de unos 20 años y es recordada como una de las mejores del género.

Dad Dáger como Manuela y Soledad en Trapos íntimos.
Dad Dáger es una veterana en esto de tener hermanas gemelas en la ficción: en Trapos íntimos (2002-2003) interpretaba a Manuela y a Soledad. Luego, en Camaleona (2007), Dad fue Claudia y Octavia Ferrari, dos polos opuestos. En una entrevista publicada en el diario EL Universal (30/03/2007), la actriz explicaba su técnica para diferenciar ambos personajes:

- Trato de marcar más a Octavia. Ella es una villana bien dibujada. Es la maldad extrema y tiene mucha desfachatez. Sabe lo que quiere y va por ello. Claudia siempre anda sufriendo, es racional, pero está muy desconectada de sus necesidades.

-¿Cuál es el mayor reto de este doble papel?, le preguntaba la periodista.

Lo más comprometedor y fascinante es grabarlas a las dos en la misma escena, que debe ser grabada al menos tres veces. Haces el trabajo con una cámara y cuando vas a trabajar con el otro personaje, te escuchas con la energía y la voz de la otra gemela. Para mí ha sido un ejercicio actoral muy valioso. Yo me siento afortunada de hacerlo.

-¿Hiciste un análisis con un psicólogo para construir a las gemelas?

- Tuve varias reuniones con Chely Escalona y conversamos acerca del comportamiento en las gemelas. Me dijo que la clave está en la dualidad y que yo debía buscar esa dualidad dentro de mí. Es algo que tenemos todos los actores, ya que incorporamos situaciones de vida que no nos pertenecen, sino que son de nuestros personajes.


Hilda Abrahamz en Abigaíl.
La lista de actores que han aceptado el reto del doble papel en una misma producción dramática es larga: Hilda Abrahamz encarnó a María Clara y a María Begoña Martínez en Abigaíl (1988-89). Amor Mío (1998) nos presentó a Astrid Gruber en doble tanda: como la perversa Verónica y la dulce Amada. Carlos Mata hizo de gemelos en La pasión de Teresa (1989); Flor Núñez se desdoblaba en la malvada Pastora Lara Portillo y en su inocente hermana Iris, a quien tenía encerrada con el rostro cubierto por una máscara, en El Desprecio (1991-1992), un papel bastante complejo y exigente que luego asumiría Fedra López en el remake realizado en el 2006. Elluz Peraza aparecía también en doble versión en La sombra de Piera (1989) y en la retorcida María, María (1989-1990), Alba Roversi debía realizar un doble papel, si bien no había nexo familiar entre ambas: la protagonista encarnaba a María Alcántara y, luego, a Julia Mendoza, quien después de un accidente era confundida con la primera y gracias a la cirugía plástica, tomaba el rostro de María. La tragedia se desataría cuando la verdadera María, que no había muerto, recobraba la memoria y regresaba.

En el circo que era Mundo de fieras (1991), original de Ligia Lezama, casi al final de la historia entraba el personaje de Viviana, gemela de Catherine Fullop, que hacía de Rosario/Charito. En la trama había además otros gemelos: el actor Diego Balaguer hizo el doble papel de Emilio y Clemente, el primer marido de la malvada Jocelyn (Rosalinda Serfatty), que regresaba para vengarse de ella. 

Simón Pestana representó a los hermanos Diego y Domingo en Carita Pintada (1999). Franklin Virgüez también hizo gemelos en los Amores de Anita Peña (1996) y en Hechizo de amor (2000), casi al final de la historia le inventaron una gemela a Ligia (Emma Rabbe). 

En Cosita Rica (2003), Marisa Román se impuso con sus gemelas Verónica Luján y María Suspiro Vargas para captar la atención de público y medios de comunicación por igual, lo cual convirtió en un triunfo personal y profesional. 

Una voluptuosa Norkis Batista en Estrámbótica
Anastasia
. Imagen promocional de RCTV.
Norkys Batista pasó a convertirse en la única venezolana que ha interpretado trillizas en Estrambótica Anastacia (2004), una experiencia que ya Lucero había logrado con éxito en la mexicana Lazos de amor. En esta historia original de Martin Hahn, la joyería de la familia Borosfky debía su éxito a la "Estrambótica Anastasia", cuya imagen era admirada por todos. Ella tenía dos hermanas: Alexandra, una dulce chica sorda; y Catalina, impulsiva y apasionada. Pero estas trillizas confundirían a todos cambiando sus identidades, en una trama de ambición y poder.

Más recientemente, Crisol Carabal logró un importante triunfo profesional en Aunque Mal Paguen (2007). Aunque no era la protagonista, la crítica de la época resaltó su interpretación como las hermanas gemelas Aguamiel, que era la mujer de la mala vida, cuyo amor por el cura del pueblo la redimía; y Amparo, que era cualquier cosa menos santa.

Lilibeth Morillo realizó los roles de Perla y Pura en Redención de Amor (2010); Bruno y Diego fueron los personajes secundarios interpretados por Yul Burkle en Natalia del Mar (2011-2012); y Taniusha Mollet, hija de Tatiana Capote, interpretó a Gina y a Marifé en Sacrificio de Mujer (2011-2012).

Paola y Paulina: Gaby Spanic en La Usurpadora.
De todos los casos referidos, quizá los más bizarros sean los de Gabriela Spanic y María Antonieta Duque, gemelas en la vida real cada una. Gaby interpretó el doble papel de Gilda Barreto y Raquel Sandoval, villana aparecida casi al final de la novela en Como tú ninguna (1995). Más tarde, cuando incursionó en la pantalla chica mexicana en una nueva versión de La usurpadora (1998) encarnaría a la dulce Paulina y a la villana Paola. Lo paradójico es que la actriz, luego de una relación muy cercana con su verdadera hermana Daniela, esta se agrió debido a graves problemas personales, por lo cual en estos momentos no tienen trato alguno.

María Antonieta Duque es la cabello oscuro;
Mariana, la rubia.

Por su parte, Duque, cuya hermana Mariana es dueña de una compañía de publicidad digital y vive en Margarita, realizó el doble papel de Tamara y Maricarmen en ¿Vieja, yo? (2008-2009). 

Otros casos de gemelas reales en la farándula venezolana son los de la actriz Mariaca Semprún y su hermana odontóloga María Alejandra; y de la fugaz actriz, actualmente retirada, Anastasia Mazzone y su hermana empresaria Ana María, radicada en París. 

Siempre se ha dicho que todos tenemos a alguien de similar parecido físico en algún lugar del mundo. Y usted, ¿ya encontró su gemelo?

Fuente citada:
(1) Castillo, Ocarina (2009). Doris Wells. Biblioteca Biográfica Venezolana. El Nacional y Fundación Bancaribe. Caracas, Venezuela.

lunes, 13 de agosto de 2012

Aquellos afiches de los años 70 y 80

Estamos de nuevo en los años 70 y 80. Las revistas dedicadas a farándula y entretenimiento incluyen, bien sea en la parte central o en su contraportada, un póster o afiche de los personajes que en ese momento marcan la hora dentro del espectáculo nacional e internacional. Aún guardo algunos de esos ejemplares fotográficos, tal vez por nostalgia, quizá por un afán inexplicable de preservación de algo que, para muchos, es material desechable.

Estoy convencido de que uno de los grandes vacíos existentes en nuestro país apunta a resguardar los vestigios de nuestro pasado. Por eso, cada cierto tiempo, se nos quieren cambiar los patrones históricos que  manejamos, en función de intereses muchas veces espurios. La memoria en materia de espectáculo y entretenimiento es aún más corta. Salvo estrellas consagradas, muy poca es la documentación gráfica o textual que se encuentra en internet acerca de personalidades de la televisión y del cine venezolano. Me he encontrado con páginas extranjeras, en idiomas como ruso y croata, dedicadas a brindar biografías e imágenes de nuestros artistas criollos y muy pocas, por decir casi nada, realizadas en nuestro país, salvo honrosas excepciones.

Por ello, si bien no ha sido nunca un área de interés formal en mi vida, he creído oportuno compartir todas esas cosas que algún día guardé sin razón aparente, sólo porque el afiche me pareció curioso, poco común o sencillamente porque la actriz estaba hermosamente fotografiada.

Espero que disfruten este espacio de memorabilia tanto como yo.

Marina Baura, revista Venezuela Gráfica, finales de los 70
Caridad Canelón, revista Venezuela Gráfica, finales de los 70
Fedra López, revista Venezuela Gráfica, mediados de los 80
Carolina Perpetuo, revista Feriado, década de los 80
Amanda Gutiérrez, revista Ronda, mediados de los 80
Alicia Plaza, revista Ronda, mediados de los 80
Elluz Peraza, revista Venezuela Farándula, finales de los 70
María Alejandra Martín, Diario de Caracas, década de los 90
Herminia Martínez, revista Venezuela Farándula, finales de los 70.
Flor Núñez, revista Ronda, década de los 80
Mayra Alejandra, revista Venezuela Gráfica, finales de los 70.
Chony Fuentes, revista Venezuela Farándula, finales de los 70.
Haydée Balza, revista Venezuela Farándula, finales de los 70
Pierina España, revista Televariedades, década de los 80.
Hilda Carrero, finales de los 70.

viernes, 13 de abril de 2012

¡Feliz 1980!

A finales de 1979, RCTV venía reinando en las programaciones dramáticas transmitidas a través de señal abierta de televisión en Venezuela. La primera dama de las telenovelas en ese canal era sin duda Doris Wells, quien había protagonizado en 1978 con enorme éxito La Fiera, original de Julio César Mármol, que tenía como libretistas un combo de lujo: el propio Mármol, José Ignacio Cabrujas y Salvador Garmendia. El personaje de la catirrusia Isabel Blanco, que se debatía entre el amor de Daniel Meléndez (José Bardina) y su padre, Eleazar Meléndez (Carlos Márquez), le había permitido dar un vuelco interesante en su carrera. Sin embargo, cuando terminó la novela, Doris se tomó un descanso y aprovechó para regresar a las tablas con la obra Casa de Muñecas, de Ibsen, donde encarnaba a Nora.

Marina Baura, otra de las estrellas del canal, no había tenido un buen año: su novela Mabel Valdez, periodista, escrita por José Ignacio Cabrujas y supuestamente inspirada en la vida de la reportera Marietta Santana, había tenido una pobre acogida entre los televidentes. Por su parte, Mayra Alejandra había culminado de manera exitosa El Ángel Rebelde y aún mantenía su estatus como primera figura. La actriz era una de las revelaciones de la década, desde su aparición en La hija de Juana Crespo (1977), a la cual habían seguido otros éxitos como Residencia de Señoritas y Piel de Zapa.

No obstante, el suceso televisivo del año fue Estefanía. También original de Julio César Mármol, esta producción se convertiría en la consolidación de la bella Pierina España como actriz de primera línea, luego de su exitosa protagonización ese mismo año de la miniserie Sangre Azul, junto a José Luis Rodríguez, Jean Carlos Simancas y Carmen Julia Álvarez. Con una ambientación bien cuidada y rodeada de un excelente reparto, Sangre Azul recordaba la trama de lo que El viento se llevó, pero trasladada a los inicios de la Guerra Federal, con las variantes que eso implicaba.

Culminado este dramático, transmitido a las ocho de la noche, el próximo reto de la actriz tuvo lugar en un periodo histórico muy preciso y en horario estelar de las nueve de la noche. Pierina tenía nuevamente como galán a José Luis como El Guácharo, líder encubierto de la resistencia contra una dictadura en la década de los 50, que claramente recreaba la Venezuela perezjimenista. Aunque los personajes no conservaban el nombre de los protagonistas reales, todo el país relacionó fácilmente al General Marcos Suárez Figueres y a los esbirros Pedro Escobar y Manuel Fulvio Lanz, interpretados por unos insuperables Luis Rivas, Gustavo Rodríguez y Tomás Henríquez, con los tristemente célebres represores de ese período. El elenco era de primera, con actores destacados por su trayectoria y profesionalismo, como Mahuampi Acosta, Agustina Martín, Julio Jung, Arturo Calderón, entre muchos otros.

Estefanía también fue el debut en las telenovelas de la ex miss María Conchita Alonso, quien ese mismo año aparecía en la pantalla grande de los cines locales en la película Solón, dirigida por Enver Cordido y protagonizada por el comediante Toco Gómez. Alonso había servido con anterioridad de coanfitriona junto a Orlando Urdaneta en Cuéntame ese chiste, pero su figura en dicho espacio cómico fue meramente decorativa. Con el personaje de Silvana Cataldo, María Conchita empezaba su figuración en los dramáticos, mientras paralelamente lanzaba su primer disco, Love Maniac, bajo el seudónimo de Ámbar.

Sorpresivamente, a mitad de la novela y en sus capítulos de mayor impacto, José Luis Rodríguez abandonó la producción para ir a consolidar su proyección internacional como actor y cantante. El Guácharo, que era su personaje, fue enviado al exilio y un Guácharo II ingresaría a la trama en la persona de Carlos Olivier, pero el impacto en la audiencia se hizo notar.

Para cuando Estefanía estaba en su semana final, Venevisión estrenó Emilia, escrita por Delia Fiallo y Ana Mercedes Escámez, con Elluz Peraza y Eduardo Serrano como la pareja protagónica. En sus primeros capítulos, esta telenovela mantuvo números bajos de sintonía, pero una vez terminada Estefanía, se apoderó del rating.

Durante 1979 se consolidaron las carreras de varias artistas provenientes de concursos de belleza, pues además de María Conchita y Elluz Peraza, Hilda Carrero emergió con fuerza gracias al personaje de Nereida, precisamente en Emilia. De allí, vino su posterior protagonización en El Despertar en 1980, para luego transitar triunfante el camino como primera figura de Venevisión.

Carrero también había participado en Rosángela, una telenovela transmitida a mediados de 1979 por Venevisión, cuya audiencia había sido modesta. Su protagonista fue la afamada y polifacética actriz internacional Irán Eory; le acompañaba José Bardina, quien regresaba al canal donde había cosechado tantos éxitos.

En el cine, 1979 fue pródigo en películas muy interesantes: Apocalipsis ahora, de Francis Ford Coppola, drama sobre el conflicto en Vietnam, con Martin Sheen y Marlon Brando; Alien, el octavo pasajero, de Ridley Scott, revelaba a una Sigourney Weaver enfrentada a un alien infernal; Manhattan, de Woody Allen, cautivaba con el propio Allen y Diane Keaton como inusual pareja; Mad Max, de George Hiller, mostraba la cara violenta de Mel Gibson; Desde el jardín, de Hal Ashby, era una crítica a los medios con Peter Sellers y Shirley McLaine; Alcatraz, fuga imposible, de Don Siegel, con Clint Eastwood; Moonraker, undécima entrega de la saga de James Bond, con Roger Moore y una bella Lois Chiles; Aeropuerto 79: el Concorde, que entre su gran elenco de estrellas incluía a la aún cotizada Sylvia Kristel en un papelito menor; El cazador, de Michael Cimino, que mostraba otra cara de Vietnam, con Robert de Niro, Christopher Walken, Meryl Streep y John Savage; Kramer contra Kramer, drama intimista de Mike Nichols, con Dustin Hoffman y Meryl Streep; y All that Jazz, otro de los grandes musicales de Bob Fosse, con Roy Scheider y una jovencísima Jessica Lange personificando a la muerte.

En materia un poco más erótica, Fellini estrenaba su versión de Casanova, con Donald Sutherland; Bertolucci, una historia de incesto con Jill Clayburg: La luna; R.W. Fassbinder nos impresionaba en El Matrimonio de María Braun con una bellísima Hanna Schygulla; y Tinto Brass alarmaba a los pacatos con su casi pornográfica Calígula, que estelarizaban Malcolm McDowell, Peter O´toole, John Gielgud y una jovencísima Helen Mirren.

Faye Dunaway se presentaba en los cines locales con el film Los ojos de Laura Mars, un thriller de John Carpenter en el cual interpretaba a una fotógrafa profesional que descubría una conexión síquica con un asesino. La película, que incluyó a prometedores actores como Tommy Lee Jones y Raul Juliá, resultó no estar a la altura de todo el talento involucrado. Sin embargo, Dunaway se mantuvo en su puesto privilegiado como estrella de Hollywood, por lo menos hasta el inicio de los 80.

Todas estas figuras artísticas despertaban interés en Venezuela a finales de la década y su éxito era reflejado en un calendario publicado en una de las revistas de farándula nacionales. Visto hoy en día, su interés es casi histórico en materia de espectáculo. 1980 parecía promisorio en esa época, aunque ya en 1978 el para la fecha presidente electo Luis Herrera Campíns había basado su campaña electoral en la frase: “¿Dónde están los reales?”.

Pronto los venezolanos despertaríamos de la ilusión de país saudita que nos arropó durante la década de los 70, gracias a un Viernes Negro, de muy mala recordación y que no era más que la evidencia de las costuras de nuestra democracia bipartidista. Sin embargo, en los estertores de 1979, todo eso parecía muy lejano: pese a las voces agoreras, pocos querían asimilar el fin de un sueño, para muchos Ta’barato. ¿Quién querría arriesgarse a aceptar un futuro pesimista en ese momento? ¡Nadie, ni locos!

Por ahora, disfrutemos de este calendario, todo un recuerdo camp contrarevolucionario en tiempos como los que vivimos: