sábado, 6 de junio de 2009

LAS MOROCHAS HACIA EL SIGLO XXI


Hace un año comenzó la aventura de materializar esta publicación. Con el patrocinio de la Fundación Las Morochas Siglo XXI, fueron convocados los mejores talentos para fortalecer la identidad de este sector de Ciudad Ojeda, rico en historias, en tradición y en valores culturales. Así nació el proyecto Una Historia para Las Morochas, cuya primera fase consiste en la edición de este libro, mi mayor orgullo, el cual acertadamente lleva por nombre Las Morochas hacia el Siglo XXI.

Hoy, luego de la "expropiación" de la mayoría de las empresas allí asentadas, en lo que hace apenas un año fuese un poderoso cluster de compañías vinculadas a la industria petrolera en la COL, cobra mayor vigencia esta propuesta editorial, que aspira enaltecer la voluntad de un pueblo y apoyarle en su camino para alcanzar una mejor calidad de vida.

Los textos son del doctor Rutilio Ortega y del licenciado Jóvito Rodríguez, quienes llevaron a cabo un minucioso trabajo de recopilación de datos, recolectados en fuentes orales, hemerográficas y bibliográficas dispersas. Las imágenes son de la excelente fotógrafa Mirna Chacín, así como reproducciones de fotografías históricas a cargo de Audio Cepeda, Alejandro Ibáñez y otros destacados profesionales de la fotografía en la región. La producción editorial estuvo bajo la coordinación de J Eme Editores, empresa editorial de gran trayectoria que, al mando de Janet Olier y el respaldo de Irainer Dall´Orso, han hecho de este libro una verdadera joya de colección.

La presentación será este jueves 11 de junio de 2009, a las 10:00 am, en el tanque mural, ícono de Ciudad Ojeda, ubicado en la calle La Ceiba, sector Las Morochas.

sábado, 16 de mayo de 2009

Cabimas...

Alguien me comentó una vez que lo mejor de Cabimas es la salida hacia Maracaibo. Cabimas, una ciudad petróleo. Un mechurrio encendido día y noche. San Benito en enero, con tambores y sudor de multitudes. Calor, mucho calor. Cabimas es el olvido que, paradójicamente, ésta allí como recuerdo permanente de lo que pudo ser y no es.


¿Qué es ser artista,

preguntas,

en esta ciudad perdida?

Es nada

sólo un eco

que débil se escucha

entre las aguas negras

y las calles abiertas

llenas de huecos

como esta alma mía.

viernes, 15 de mayo de 2009

Nostalgia (a propósito de la "remodelación" de la Plaza Bolívar de Cabimas)




Los maravillosos urbanistas de la Gobernación del Zulia decidieron que, para mejorar la Plaza Bolívar en Cabimas, había que demolerla por completo, con árboles centenarios y edificios derribados. Que no quedara piedra sobre piedra. Según ellos, para construir hay que destruir, sin importar la memoria de quienes crecimos viendo esa plaza, que ni tan vieja era, pues había sido remodelada por enésima vez en la década de los años 80.

Peor fue la actitud del sector revolucionario mesmo de nuestra ciudad: prefirieron paralizar la obra y mantener a Cabimas con el dudoso honor de ser la única ciudad de Venezuela que tiene como plaza un corral de chivos. Hay razones que ni la misma Razón entiende.

Nada más oportuno, entonces, que compartir un poema del escritor venezolano Rafael Arráiz Lucca:

Al fin termino por entender
que yo amo esta ciudad hasta la rabia:
es tierra y abono para la nostalgia.
benditos constructores que no dejan ni una casa,
amadísimos urbanistas paisajistas
que siempre cambian los bancos de las plazas
(nada conserva su nombre
y lo agradezco de todo corazón)
que nada se acerque a la eternidad,
que la ciudad que yo conozco
no la conozcan mis hijos,
que nunca rodemos por la misma calle,
que la nostalgia se construya todas las quincenas.

Antes de la transmutación...

Sépalo todo el mundo: la indiferencia ha sido la muerte de este ícono de Cabimas. Producto del arte de Lucidio González, durante la gestión de Hernán Alemán, no pocos denuestos recibió esta escultura cuando fue instalada en la antigua redoma del sector Nuevo Juan. Pocos vieron con buenos ojos la instalación de los dos "muñecos", blancos no por ser adecos, sino por sus materiales de fabricación.

En noviembre pasado, lo que había sido un intento fallido por trastocar la visión original del artista, se volvió realidad. Ahora los "muñecos" son rojos, rojitos, por su supuesta esencia revolucionaria.

Tal vez estén más cerca de la verdad de lo que hasta ahora habíamos entendido como significado de la obra "Monumento al Trabajador Petrolero". Lo rojo no es por revolucionario, sino que alude la sangre derramada por tanto dirigente sindical petrolero y por los obreros que defendieron sus derechos, esos mismos que los herederos de un pasado glorioso se han dedicado a patear con ahínco, sin mostrar la más mínima vergüenza por deshonrar un legado de dignidad y orgullo verdaderamente revolucionario.