jueves, 24 de agosto de 2017

“Culebrones” de inspiración literaria

¿Es una telenovela mejor que otra porque tenga como origen un clásico de la literatura? Hay quienes piensan que sí, otros discrepan totalmente de ese aserto. Por ejemplo, Ibsen Martínez, escritor y guionista de telenovelas tan exitosas como Por estas calles, quien afirmó: «El que una telenovela se base en una obra literaria de valía no le otorga un cariz cultural más elevado. Es una telenovela y punto».

José Ignacio Cabrujas
No obstante, José Ignacio Cabrujas, autor de importantes producciones dramáticas venezolanas, tanto en teatro, cine y televisión, aseguraba en una conversación sostenida con el periodista Nelson Hippolite (1): «Los que hemos escrito telenovelas a lo largo de ese escribir, nos hemos dado cuenta de algo: la telenovela existe como un género con unas características. El problema no está en alterar el género a fin de negarlo, sino en encontrar dentro de él su propio rescate, su propia trascendencia e importancia que lo catapulte como un gran género…».

Liliana Durán y Alberto Arvelo en
La Fierecilla Domada, de Shakespeare.
Fuente: Libro 25 años de RCTV
Por ello, a él le molestaba cuando se planteaba recurrir a los clásicos literarios como una manera de “elevar” el nivel cultural de su audiencia: «Tú hablas con Antonio Pasquali, y te dice: 'es bueno mejorar la telenovela para que la gente pueda ver a Ionesco'. Eso me lo dijo a mí, en mi cara; es decir, que la meta cultural de Antonio Pasquali es que la gente vea a Ionesco, por lo tanto, mejora tu podredumbre para que le des un escaloncito a esto, porque cuando tú ves a Ionesco, te salvaste en la vida, te rescataste. Es el eterno problema de considerar que Beethoven es mejor compositor que Tite Curét Alonso. No, coño, no. Raúl Amundaray me comentaba, hablándome de un actor: 'él es muy bueno en su género'. Yo escribí la misma frase: Beethoven es muy bueno en su género. Tite Curét es muy bueno en su género. ¿Y por qué los dos no pueden convivir?». He ahí el dilema.

Los clásicos de la literatura universal marcaron el nacimiento de la televisión venezolana. Tal como lo afirma Roldán Esteva Grillet, en Política y Poética del Rating (Encuadre, 1992), "así como en el cine venezolano se dieron con adaptaciones literarias (verbi gratia: La balandra Isabel llegó esta tarde) la televisión buscó eventualmente servir de traductora para las masas de ciertas obras cimeras: Televisa transmitió en 1958 una adaptación de Doña Bárbara, con la cantante folklórica Adilia Castillo de protagonista." 

Hilda Vera y Luis Salazar en El Águila de dos
cabezas
. Fuente: Libro 25 años de RCTV
Poco a poco este incipiente medio incorporó y desarrolló un lenguaje propio para la pantalla chica que permitió adaptar estas producciones literarias y divulgarlas a un público mucho mayor. Espacios dramáticos pioneros como Anecdotario, Ciclorama, Teatro del Lunes, entre otros, eran nutridos con versiones más o menos libres de autores como William Shakespeare, Leon Tolstoi, Alejandro Dumas y Charles Dickens, entre otros. 

En los años 50 fueron transmitidos en vivo, en capítulos de 15 minutos de duración, adaptaciones de Historia de dos ciudades, de Dickens, con Hilda Vera y Luis Salazar; El Águila de dos cabezas, de Jean Cocteau, con la misma pareja; e Ifigenia, de Teresa de la Parra, con Peggy Walker, todas por Radio Caracas Televisión (RCTV). 

Carlota Ureta Zamorano y  Peggy Walker
en Ifigenia. Fuente: Libro 25 años de RCTV
Una década más tarde, esta fuente siguió nutriendo la televisión nacional, aunque ya se vislumbraban nuevas tendencias, como el desarrollo de historias originales o versiones de radionovelas, tan populares en esa época. Por ejemplo, Anna Karenina tendría a Amelia Román y a Jorge Félix como los infortunados amantes de Tolstoi en Venevisión y se transmitía una nueva adaptación de Ifigenia, esta vez con Conchita Obach. Sin embargo, también triunfaban en RCTV producciones como El Derecho de Nacer, adaptación del melodrama radial cubano de Félix B. Caignet, que protagonizaba la misma Obach junto al galán Raúl Amundaray.

A mediados de los años 70, para sortear los lineamientos gubernamentales que restringían la transmisión de telenovelas tanto en horarios como en temáticas, las televisoras nacionales decidieron apelar a una fórmula que conocían desde sus inicios y volvieron sus ojos a las adaptaciones de clásicos literarios como una manera de “elevar” el nivel cultural de estas producciones.


Así, RCTV produjo varias telenovelas y miniseries inspiradas en la literatura venezolana. Rómulo Gallegos fue uno de los autores más favorecidos en la difusión de su obra, aunque ya varias novelas del maestro habían sido producidas por Televisa (antecesora de Venevisión) y transmitidas en vivo en capítulos de un cuarto de hora durante los años 50. En aquella época, como ya se mencionó, Adilia Castillo interpretó a Doña Bárbara (1958); Oscar Martínez protagonizó Cantaclaro; y Olga Henríquez y Américo Montero, La Trepadora.

En el nuevo ciclo galleguiano de los 70, Marina Baura dio un giro a su carrera, cimentada en la telenovela rosa con títulos como Lucecita y La usurpadora, para encarnar a la “Devoradora del llano” Doña Bárbara (1974), con Elio Rubens  como Santos Luzardo; Marisela Berti, como Marisela; Rafael Briceño, Lorenzo Barquero; Carlos Márquez, Balbino Paiva; Guillermo González, el bachiller Mujiquita; y Enrique Benshimol, Míster Danger. 



Esta versión fue muy elogiada y replanteó la temática de los dramáticos televisivos, algo que ya se había asomado en 1974, cuando RCTV produjo Boves el Urogallo, de Francisco Herrera Luque, una historia que muchos vaticinaron como un error por su costosa y difícil adaptación a la pantalla chica, pero que demostró ser un éxito enorme de crítica y público para Gustavo Rodríguez en el rol protagónico. Así que el éxito de Doña Bárbara permitió seguir recorriendo ese camino y abrió el paso a lo que luego se llamaría como la “telenovela cultural”, un término ambiguo en su planteamiento, aunque evidencia el concepto de cultura que se ha manejado dentro de las televisoras nacionales.

Mahuampi Acosta, Hilda Vera, Gustavo Rodríguez, Doris Wells, Oscar
Martínez y Martha Olivo en La Trepadora. Fuente: RCTV
Por su parte, Doris Wells, la eterna inconforme de nuestra pantalla local, enfrentó en varias oportunidades las heroínas galleguianas. En 1975 dio vida a Victoria Guanipa y acompañada de Oscar Martínez, Hilda Vera y Gustavo Rodríguez encabezó una nueva versión de La Trepadora. 

De esta producción Luis Barrera Linares, especialista en la obra de Gallegos, destacó las actuaciones de Rodríguez y Wells, por “su modo de hacer unos personajes…realmente convincentes; no estoy seguro de que pueda ser superada por unos actores menos profesionales”.


Marina Baura y Miguelángel Landa en
Canaima.  Fuente: RCTV/El Nacional
Doris reincidiría con Gallegos: en dupla con Miguelángel Landa asumieron la gran responsabilidad de llevar el doble rol protagonista en Pobre Negro (1975-76), con los personajes de Luisana Alcorta / Ana Julia Alcorta ella y Negro Malo / Pedro Miguel Candelas él. Ese mismo año Marina Baura, Marisela Berti y Landa se reunirían en Canaima (1976), producción que contó con un presupuesto total de tres millones de bolívares, un récord para la época; y para cerrar este ciclo, RCTV transmitiría Sobre la misma tierra (1977), con Alberto Marín y Marina Baura, en el doble rol de Cantaralia y Remota Montiel. Esta versión fue de todas la menos exitosa.




. Capítulo de la telenovela Pobre Negro. Fuente: canal YouTube Mas TV
Miguelángel y Doris: dos campeones de
la actuación. Fuente: RCTV
Gallegos no fue el único autor venezolano a quien recurrieron los libretistas de esa planta: de Guillermo Meneses se llevó a la televisión La Balandra Isabel llegó esta tarde (1976) con Marina Baura como Esperanza y Miguelángel Landa como el navegante Segundo Mendoza, recreando una historia que ya había sido llevada al cine con extraordinario éxito en 1950, con Arturo de Córdoba y Virginia Luque. El elenco incluía a Marisela Berti como Isabel, la esposa; al niño Otto Rodríguez, a María Teresa Acosta como la loca María y a Rafael Cabrera como el brujo Bocú. Lamentablemente, la versión televisiva no contó con el respaldo de público que se hubiese esperado de una pareja y elenco tan prometedores, algo que sí ocurrió con Campeones, también de Meneses adaptado por Cabrujas (RCTV, 1976), en la cual la frescura y naturalidad de los personajes interpretados por Doris Wells y Miguelángel Landa cautivaron a la audiencia. 

En esto de la inspiración literaria, Cabrujas no  era el único. En 2006, el escritor zuliano Julio César Mármol confesaba: «Muchas de mis novelas han surgido del pasado; por ejemplo, en El Desprecio, yo me inspiré en Claudio, el emperador romano y en esa figura yo me basé para esa telenovela» (diario Panorama, 22/03/2006, p.3-12). Mármol aseguraba en esa entrevista que se consideraba un historiador frustrado «…y es que desde niño fue mi gran pasión. En una oportunidad una amiga me confirmó que la mujer andina le enseña a sus hijos la pasión por el poder».

La Fiera (1978), que según la tradición tenía como punto de partida Los Hermanos Karamazov, de Leon Tolstoi, en realidad nació de una confrontación familiar zuliana: «Yo llego a esa historia de la mano de José Ignacio Cabrujas porque él tenía en mente la situación de los Semprún y los Meleán, dos familias por todos conocidas que se estaban matando en Maracaibo y Santa Bárbara, al punto de que se habló de muerte de niños en sus cunas. Nadie podía con ese odio y esa barbarie. José Ignacio y yo escribimos juntos al principio, pero por percances personales, él me designó como el escritor de lo que hoy conocemos como La Fiera».

Algunas escenas de La Fiera. Fuente: canal YouTube de Globovisión

Raúl y Mayra en
Piel de Zapa.
En el imperio de las adaptaciones, no todo lo que brillaba era oro. Uno podría encontrarse desde versiones libres (¡muy libres!) como Resurrección (Rctv, 1977) de León Tolstoi, con libretos de Manuel Muñoz Ricos y Ligia Lezama,en los que Marina Baura y Raúl Amundaray daban la cara en una trama bastante distorsionada de la original; a otros más convincentes. Podemos citar en ese renglón a Tormento (1977), de Benito Pérez Galdós, adaptada por José Ignacio Cabrujas y dirigida por Román Chalbaud, con Mayra Alejandra, José Luis Rodríguez y Jean Carlos Simancas;  y a Piel de Zapa (1978), de Honorato de Balzac, adaptada por Salvador Garmendia, con Mayra Alejandra, Pierina España y Raúl Amundaray.


William Moreno, Yolanda Muñoz y el maquillador Carmelo en una de las escenas
que causó mayor revuelo de Resurreción. Fuente: captura de pantalla.


Jean Carlos Simancas, Pierina España y José Luis Rodríguez en
Sangre Azul. Fuente: Apuntes.TV
Sangre Azul (1979), surgida de la pluma de Mármol, tuvo como referencia Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, mientras que Panchito y Arturo (1981) estuvo basada en El Príncipe y el Mendigo, de Mark Twain, protagonizada por Amílcar Rivero en un doble rol. 


Las novelas de Venevisión de esa época también son un compendio de aciertos y estruendosos fracasos: Cumbres Borrascosas (1976) se inspiraba en la novela homónima de Emily Brönte, adaptada por Delia Fiallo, con una debutante Elluz Peraza en el rol de Catherine, acompañada por José Bardina como Heatcliff; Laura y Virginia (1977) se nutría del argumento de La Fábrica, adaptada por Enrique Jarnés y Delia Fiallo para lucimiento de Alejandra Pinedo, Eduardo Serrano y Mary Soliani; Balumba (1976-1977) tomaba la obra homónima de Juan Filloy, con Elluz Peraza, José Bardina y Marianela Salazar; Zárate recreaba la novela de Eduardo Blanco, con Adita Riera y Eduardo Serrano; y Los Poseídos (1975), la obra teatral Las Brujas de Salem de Arthur Miller. 


                                       Promoción de Cumbres Borrascosas. Fuente: canal YouTube de Mas TV

Lupita Ferrer y Eduardo Serrano en La
Guaricha. Fuente:
Eduardo Serrano y Ada Riera alcanzaron buena receptividad en El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde, mientras que La Guaricha resultó de una adaptación de la novela del mismo nombre del escritor monaguense Julián Padrón. Enrique Jarnés fue quien hizo el trabajo de llevarla a la televisión y contó con la protagonización de Eduardo Serrano y Lupita Ferrer. A su lado estuvieron José Torres, Luis Gerardo Tovar, Betty Ruth, Orlando Urdaneta, Mirtha Pérez, Francia Ortiz y Fernando Flores. La trama se desarrolló en la transición del gobierno de Cipriano Castro a la dictadura de Gómez y mostraba la vida de la gente de campo. Fue dirigida y producida por José Antonio Ferrara y los exteriores se grabaron en la hacienda "Tarapío", cerca de Valencia, estado Carabobo.

De esa época es también una de las muchas versiones de Marianela, de Benito Pérez Galdós, con Alejandra Pinedo, Eduardo Serrano y Herminia Martínez en los papeles principales.


El Retrato de Dorian Gray. Fuente: canal YouTube de Dimitrije Lukic

Los teleteatros transmitidos en Gran Viernes fueron muy prolíficos en cuanto a adaptaciones. En ese sentido, pueden citarse Pablo y Virginia, con Alejandra Pinedo y Orlando Urdaneta; El Ángel Azul, insólita versión (sobre todo si imaginamos las delgadas piernas de la que sería su protagonistabasada en la novela de Heinrich Mann (Professor Unrat), con la Miss Venezuela 1974, Neyla Moronta en el papel que hizo de Marlene Dietrich una leyenda; La Malquerida, de Jacinto Benavente, con Luis Gerardo Tovar, Herminia Martínez y Amelia Román; Manon Lescaut, del abate Prevost, con Lupita Ferrer y José Bardina; El Jorobado de Nuestra Señora de París, con Martín Lantigua y Ada Riera; Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona, con América Alonso, Ada Riera y Héctor Myerston;  La dama de las Camelias, de Alejandro Dumas, con Lupita Ferrer y Luis Abreu; así como  Lisístrata, de Aristofanes, con Lupita, Chelo Rodríguez, Herminia Martínez y Caridad Canelón, entre muchos otros.

Lupita Ferrer, Chelo Rodríguez, Caridad Canelón y Herminia Martinez en una versión moderna de Lisístrata.
Fuente: Venevisión.


Eduardo Serrano, Juan Frankis, José Torres y Omar Omaña en una miniserie transmitida por
Venevisión inspirada en Los Tres Mosqueteros (1976), de Alejandro Dumas.
Amanda Gutiérrez destacó en
su rol de Ifigenia (1979). Fuente:
Diario 2001.
Venezolana de Televisión (VTV) del mismo modo hizo su aporte en versionar clásicos venezolanos y universales: Migajas (1977) fue una adaptación de la novela de Pedro Berroeta, con Hilda Carrero, Oscar Martínez y la exmiss Rosario Val, en su debut y despedida como protagonista; Ídolos Rotos (1978), de Manuel Díaz Rodríguez, contó con Altagracia Sarmiento y Daniel Alvarado; Eugenia Grandet (1978) de Honorato de Balzac, llevó como pareja protagonista a Alejandra Pinedo y Daniel Alvarado; Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen, repitió con Alejandra Pinedo, esta vez acompañada por Leopoldo Regnault; Ana Isabel, una Niña Decente, de Antonia Palacios, estuvo interpretada por Rebeca González;  Ifigenia (1979), de Teresa de la Parra, fue llevada nuevamente a la pequeña pantalla con gran éxito por Amanda Gutiérrez y Leopoldo Regnault; mientras que Los Habitantes (1979), la obra urbana de Salvador Garmendia, fue interpretada por Mary Soliani y Leopoldo Regnault.



Federico Gattorno interpreta el vals Kiki, tema musical de Ifigenia. Fuente: canal YouTube de Federico Gattorno

Lupita Ferrer y Daniel Alvarado en Doña Perfecta.
Fuente: richmansite.wordpress
A mediados de los 80, Lupita Ferrer regresó triunfante a la televisión venezolana gracias a las gestiones de Ricardo Tirado y protagonizó Doña Perfecta (VTV, 1985), de Benito Pérez Galdós, con Estelin Betancur y Daniel Alvarado. 

Alejada de su imagen edulcorada y en una historia recreada en la zona colonial de Coro, que adoptó el simbólico nombre de Aramil, Lupita sumó adeptos y preparó el camino para las mujeres “duras” que interpretaría posteriormente en la televisión nacional e internacional. 

La Casa de los Ábila (1980), de José Rafael Pocaterra, fue adaptada por José Gabriel Núñez, con Judith Castillo y Luis Abreu; El Hombre de Hierro (1985), con Rebeca González y Javier Vidal, fue una excelente versión de la obra de Rufino Blanco Fombona que lamentablemente no contó con el respaldo del público, mientras que Tirano Banderas (1979), de Ramón del Valle Inclán, dio una nueva oportunidad de brillo a un maduro Orángel Delfín, ya en su declive profesional y personal, como Tigre Juan.


La Dueña, uno de los clásicos melodramas de los 80 transmitido por VTV, tuvo su origen en El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, mientras que La Dama de las Camelias, también de Dumas, reunió a Amanda Gutiérrez y a Ángel Acosta en 1981. La Cenicienta, el cuento infantil de Charles Perrault, devino en una hilarante y tierna telenovela escrita por Mariela Romero en 1979, con Elluz Peraza y el actor mexicano Carlos Piñar.



La Dueña. Fuente: canal YouTube de Alejandro Lucena

Héctor Myerston, un conde Drácula de cuidado.
En cuestión de miniseries, El Rehén del Diablo (Venevisión, 1982) estaba basada en la película El Exorcista, con historia de Petter Blatty y tenía a Mary Soliani como la joven poseída por el demonio, mientras el sacerdote encarnado por Eduardo Serrano luchaba por liberarla de sus demonios. 

Drácula (Venevisión, 1979), se inspiraba en la novela de Bram Stoker y en la película del mismo nombre para ofrecer a Héctor Myerston como el vampiro sediento de sangre enamorado de Helena Farías. La versión cómica de este personaje estuvo a cargo de Martín Lantigua, Cristina Reyes y Joselo. El mito vampírico sería retomado por RCTV en El visitante de la noche (1985), con Raúl Amundaray, Elba Escobar, Julie Restifo y Haydeé Balza.

En 1980, Pilar Romero y Fausto Verdial  actualizaron el clásico de Shakespeare  Romeo y Julieta y trasladaron esta tragedia a los populosos edificios del 23 de Enero, en Caracas, en Drama de Amor en el Bloque Seis.

Entre agosto y noviembre de 1984, RCTV mostró el Ciclo de Oro de Rómulo Gallegos, en el cual adaptó 20 cuentos del escritor venezolano, contando para ello con el trabajo de reconocidos escritores como Alicia Freilich, Salvador Garmendia, José Gabriel Núñez, Laura Antillano, Gustavo Michelena, Sonia Chocrón, Carlos Sicilia y Manuel Manzano. Entre los cuentos se encontraban Paz en las alturas, El milagro del año, El análisis, El paréntesis, Estrellas sobre el barranco, El aprendiz de loco, Los Mengánez, así como las muy celebradas Los inmigrantes, con Henry Zakka y Carlos Cámara; y La hora menguada, con Marina Baura y Doris Wells, ambas en estado de gracia.



La hora menguada, con Doris Wells y Marina Baura. Fuente: canal YouTube de Argenis Padilla


Los inmigrantes, con Carlos Cámara y Henry Zakka. Fuente: canal YouTube de Argenis Padilla

Todavía a finales del siglo XX, Gallegos tenía poder de convocatoria: en 1988, Pobre Negro volvería a las pantallas de RCTV protagonizada por Franklin Virgüez, Marlene Maseda y Abby Raymond, en una nueva adaptación a cargo de Gustavo Michelena. 



Pobre negro, versión de 1988. Fuente: canal YouTube de Póngalo


Por otra parte, Mujercitas, de Louise May Alcott, fue llevada a la televisión y adaptada por el escritor César Sierra, quien trasladó el argumento original a la Venezuela de 1859, cuando el país estaba dividido entre Conservadores y Liberales y se vivían los difíciles tiempos de la Guerra Federal. Estuvo protagonizada por Daniela Alvarado y Adrián Delgado, con las participaciones antagónicas de Eduardo Serrano, Lourdes Martínez y Javier Valcárcel. Contaba además con las actuaciones de los primeros actores Chelo Rodríguez, Juan Manuel Montesinos y Esther Orjuela.


Ibsen Martínez. 
A pesar de toda esta épica en cuanto a adaptaciones dramáticas, no falta quienes aún perciben un mal de sabor de boca cuando la televisión decidió volver a la novela rosa, tan pronto como los números de audiencia dejaron de estar a su favor. Para Ibsen Martínez, «la llamada telenovela cultural fue un fraude. Formó parte deliberada de una operación que un canal desplegó para desbancar a otro de la lucha del rating. Cuando dejó de tener éxito, Hernán Pérez Belisario (ex ejecutivo de RCTV) contrató a la mismísima Delia Fiallo y nos puso a adaptar sus viejos libretos cubanos».

Otros, como Cabrujas, paradójicamente reiteraron su convicción acerca de la necesidad  de respetar el lenguaje propio de este género: «La telenovela no se puede salvar por el realismo, la telenovela se puede salvar y se puede engrandecer y dignificar y llegar a extremos extraordinarios, a mi criterio, por Shakespeare, por Sófocles, por los griegos, no por el realismo».
Marina y Miguelángel en Canaima. Fuente:
¡Explora Que, fotografía y más!, Pinterest


A su juicio, «una telenovela sirve para lo que puede servir cualquier obra de carácter literario: para provocar la imagen que tiene el ser humano de sí mismo; una sociedad de sí misma» y en la escala de valores de esa sociedad, el amor perdurará como tema central del género:

- El hombre tiene unas características muy raras como lector a través de toda la cultura humana de Occidente: las únicas historias populares de la gran literatura son historias de amor; en realidad, no se ha escrito nada que le haya importado a  la gente, me refiero a la gran literatura, que no sea una historia de amor […] Para los hombres todo lo que es largo tiene que ser amor. La Ilíada es de amor y la Odisea mucho más. Esos “chorizos” que los hombres han creado –obras monumentales– son, en realidad, historias de amor. Parece mentira, pero no hay otra cosa que obligue a una persona a ver una cosa todos los días, durante diez meses y doscientas horas de su vida.



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Fuentes consultadas:

(1) Hippolyte Ortega, Nelson (2010). José Ignacio Cabrujas: "La muerte de la telenovela". Portal Prodavinci

Esteva-Grillet, Roldán. (1992). Política y Poética del Rating. Separata de la revista Encuadre, No. 10, enero/febrero 1992. 



sábado, 8 de julio de 2017

1982: Susy celebra nuestro aniversario

Sussy, descocada rubia de los 80.
Ilustración: José Gregorio Marcano
Siento que mi verdadero año de nacimiento fue 1982. Próximo a egresar de bachillerato, todas mis expectativas giraban en torno a mi inminente ingreso en la universidad. Deseaba estudiar Comunicación Social; así me lo había propuesto desde segundo año de secundaria, cuando me imaginaba como un osado reportero, escribiendo para el diario Panorama ―mi referencia periodística más cercana―, o mejor aún, en revistas de cultura y entretenimiento.

En aquella época acostumbraba elaborar mis propias publicaciones: juntaba varias hojas blancas, las cuales doblaba y engrapaba a la mitad, para luego escribir e ilustrar las historias que allí plasmaba. Los temas eran variados, pero siempre había chicas bellas que engalanaban un “mini-póster” en la página central. Una de ellas fue Sussy, rubia y malportada, quien fue la estrella en la “celebración” del quinto aniversario.

Otros compañeros se sentían ansiosos ante la nueva etapa por iniciar; yo no. Estaba seguro de que mi elección profesional era la correcta y que esta carrera me permitiría obtener mayor satisfacción que cualquier otra. Todo lo anterior solo había sido preparación —estaba convencido de ello— para los logros que suponía alcanzar en un futuro.

El entorno, sin embargo, no era el más propicio. A lo largo de 1982, Venezuela fue sumergiéndose cada vez más en dificultades económicas y políticas, algo que yo percibía en las noticias que inundaban los diferentes medios de comunicación social y en las conversaciones entre particulares. El mercado petrolero se había deteriorado por los bajos precios del crudo y los especialistas acusaban una debilidad en los mercados internacionales, sumada a las crisis externas de muchos países de América Latina, lo cual aceleró la salida de capitales privados ante las negativas perspectivas cambiarias.

La economía venezolana, según la publicidad, vivía un ilusorio buen momento.
Fuente: canal YouTube Profe Melómano

Ese año, según el economista Pedro Palma, el Banco Central de Venezuela inyectó dinero a la banca y apoyó al fisco nacional para compensar los pocos recursos económicos que se movilizaban en el país debido a la continua fuga de fondos financieros. Paradójicamente, mientras más dinero se inyectaba por vía de créditos o por gastos, mayor cantidad salía al exterior ante el clima de desconfianza existente.

La situación cada vez se hacía más crítica: mientras los ingresos petroleros se redujeron 30 por ciento, se dice que 8,77 millardos de dólares se fueron del país en esos años. De igual manera, la tasa de desempleo ascendió de 4,3 por ciento en 1978,  previo al gobierno de Luis Herrera Campíns, a 7 por ciento en 1982.

Portada del diario argentino Clarín anunciando
el inicio de la guerra. Fuente: portal
sobreHistoria.com
Fue un año agitado nacional e internacionalmente. En la fría madrugada del 2 de abril, las fuerzas armadas argentinas desembarcaron en las islas Malvinas, ubicadas en el océano Atlántico Sur. Era una decisión arriesgada asumida por la Junta Militar que gobernaba la nación sureña, cuyo poder se encontraba visiblemente desgastado, en medio de una crisis económica, política y social. Lo “oportuno” de la incursión para la imagen del gobierno la evidenciaron los sondeos de la época, según los cuales 90% de los ciudadanos estaba a favor de esta intervención bélica.

Si nos remitimos a los orígenes del conflicto, este territorio había sido ocupado ilegalmente por el Reino Unido el 3 de enero de 1833, cuando fueron desalojadas las autoridades argentinas por la fuerza y se impidió su retorno. La disputa se mantuvo por años, precisamente porque no se terminaba de establecer a quién correspondía la soberanía de este archipiélago. Ya en 1960, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había calificado la arbitraria ocupación como un caso colonial especial e instó a los británicos a poner fin a tal usurpación, lo cual nunca ocurrió.

Soldados argentinos en las Malvinas, conocidas por los británicos
como las Falkland. Fuente: portal teinteresa.es
Desde 1981, el gobierno militar argentino, con el General Leopoldo Fortunato Galtieri a la cabeza, emitió varias propuestas para negociar el tema de la soberanía, pero el gobierno de Margaret Thatcher no cedió. Fue así como en abril de 1982 las fuerzas militares argentinas ocuparon las Malvinas y dieron inicio a una de las últimas guerras registradas en nuestro continente contra alguna potencia mundial.

Como era de esperarse, el gobierno británico respondió con el envío de una fuerza naval que desembarcó seis semanas más tarde y después de duros combates forzó la rendición argentina 74 días después, restableciendo la administración del Reino Unido sobre las Malvinas. En medio del conflicto, el gobierno venezolano expresó su completo apoyo hacia Argentina, pero EE.UU. y otras naciones europeas como Francia no dudaron en reafirmar su respaldo al colonialismo inglés.

Fuente: Diario La Razón / AFP.
Los costos de la contienda fueron altos: según datos oficiales, de los más de 23 mil combatientes argentinos, 649 perdieron la vida, mientras que de los 28 mil efectivos ingleses que desembarcaron para participar en la confrontación bélica insular, 255 murieron. Las pérdidas materiales para el país austral se estimaron superiores a los 1.630 millones de dólares, según informes de la fiscalía de la Cámara Federal.

Pero el costo mayor lo pagaron los mismos que iniciaron el conflicto: la firma de la rendición de Argentina aceleró el final de la Junta Militar del Proceso de Reorganización Nacional que gobernaba ese país, mientras que la Primera Ministra Margaret Thatcher se reafirmó en el poder al ganar unas elecciones anticipadas. El 14 de junio, a las 23:15 horas, la llamada Dama de Hierro compareció ante la Cámara de los Comunes para informar el fin de la guerra. Apenas unos días antes, específicamente el 12 de junio, el Papa Juan Pablo II había finalizado su visita a Buenos Aires.

Hasta la fecha, aún no está determinada la soberanía sobre las tres islas con sus aguas adyacentes. Sin embargo, los combatientes argentinos dejaron como legado unas 18 mil minas bajo el suelo isleño, entre ellas bombas M67 de 90 milímetros antitanque, misiles de aire a la superficie, granadas de mano…todas aún potencialmente activas en la zona.

Fuente: revista Ronda, mayo 1982.
A pesar de todos estos acontecimientos, no todo era drama. En el mes de mayo, Ana Teresa Oropeza ganó la corona del Miss Venezuela. Era una hermosa joven de 18 años de edad, de estilizadas piernas, hija de un militar y nativa de San Juan de los Morros, por lo cual representaba al estado Guárico. Fue el primer año de la recién creada Organización Miss Venezuela, ya bajo la égida de los Cisneros y con Osmel Souza como presidente. Según rumores, el mal llamado Zar de la Belleza apoyó a Ana Teresa porque “ser hija de un militar daba seriedad al concurso”. Lamentablemente, su hermosura no iba a la par de una buena formación cultural.

En una entrevista publicada en el diario El Nacional, ella declaró que le gustaba “la música de Shakespeare” y todo el país rió a mandíbula batiente ante semejante ocurrencia. En Sábado Sensacional explicarían que Shakespeare había compuesto unos sonetos a los cuales se les había musicalizado, pero como dice el dicho: “No aclares que oscureces”. Ana también señalaría que quiso decir la música de Beethoven, pero ya el mal estaba hecho y hasta el día de hoy es recordado este alocado gazapo.

Precedida por el triunfo doble de Irene Sáez y Pilín León en los concursos internacionales, toda las expectativas se mantuvieron en Ana Teresa, para constatar si era capaz de mantener la corona. Viajó a Lima, en Perú, buscando emular a sus predecesoras pero no logró entrar entre las 12 semifinalistas del Miss Universo. El resto de su reinado transcurrió de manera discreta y al año siguiente, luego de entregar la corona a Paola Ruggeri, se casó con Omar Gerardo Camero, hijo de Omar Camero, actual dueño de Televen. Con él procreó tres hijos: Omar Antonio, Gerardo —ambos fallecidos en sendos accidentes de aviación registrados en 2015 y 2009, respectivamente, cerca de una finca propiedad de la familia en el estado Guárico— y Fabiana, la única sobreviviente. Hoy Ana se encuentra divorciada y aún mantiene su atractivo.

Fuente: vigoalminuto.com
Entre el 13 de junio y el 11 de julio, todos los venezolanos se volcaron al Mundial de Fútbol, que ese año tuvo lugar en España, con Naranjito como mascota oficial. Italia se impuso ante Alemania Federal en una final de impacto, mientras que Polonia y Francia ocuparon el tercer y cuarto puesto. Paolo Rossi se alzó como el mejor goleador, con seis tantos, seguido por el alemán Karl-Heinz Rummenigge, con cinco imparables.

Para ese momento, finalizados los exámenes finales y una vez que recibí mi título como bachiller en Ciencias, mi destino inmediato fue la isla de Margarita, donde permanecí en casa de mi tía paterna durante casi dos meses. Se suponía que en septiembre comenzaría mis estudios universitarios, pero una vez inscrito, el periodo de ingreso se extendió más de lo previsto.

Fuente: Revista Ronda.
En octubre el Miss Venezuela volvería a ser noticia: Maye Brandt, soberana en 1980, se suicidó con un revólver que le había entregado la Policía Metropolitana como miembro honorario de dicha institución. Para entonces estaba casada con el actor Jean Carlos Simancas y rumores de todos los calibres trascendieron a la prensa de farándula. De allí que un grupo de miembros del sector artístico firmara un comunicado en el cual reclamaba respeto en el tratamiento de la vida personal de actores y actrices.

En las pantallas cinematográficas se estrenaron varias cintas nacionales, cuatro de ellas especialmente memorables para mí: la entrañable comedia Domingo de Resurrección, de César Bolívar, con Carmen Julia Alvárez, Juan Manuel Laguardia y Franklin Virgüez; el drama intimista La Máxima Felicidad, dirigida por Mauricio Wallerstein según la obra de Isaac Chacrón, que reunía al chileno Marcelo Romo, Luis Colmenares y Virginia Urdaneta en un osado trío.  Clemente de la Cerda presentó el drama de denuncia Los Criminales, con Alicia Plaza, Chony Fuentes, Miguel Ángel Landa y Rafael Briceño; mientras que Román Chalbaud adaptó para la pantalla grande un capítulo del libro Cuatro Crímenes, Cuatro Poderes, de Fermín Mármol León, bajo el sugestivo nombre Cangrejo. En el film se presentaba la investigación del asesinato de un niño en una adinerada familia caraqueña, un caso inspirado en la vida real y que conmocionó al país en la década de los 70.


Fuente: canal YouTube de Venezuelan Zinema

Fuente: canal YouTube de José Luis Cunha Ojeda

Nuevos espacios cómicos nacieron y alcanzaron corta vida en la pequeña pantalla: el fallido Show de López, con Ernesto “Pepeto” López y Humberto Buonocuore; Federrico, con Carlos Villagrán y Ramón Valdez, ambos en Radio Caracas Televisión (RCTV); y Telecómico, en Venezolana de Televisión (VTV), con Ariel Fedullo. Mejor suerte corrió Bienvenidos, en Venevisión (VV), el cual conducido por Miguel Ángel Landa, reunió con éxito a un reconocido grupo de comediantes (Julio Gasette, Isabelina Zapata, Olimpia Maldonado, Bienvenido Roca, Josefina Armas)  con otros menos conocidos (Koke Corona, Hugo Márquez, Elizabeth Morales, Ernesto Cortéz) y chicas sexy, entres las cuales destacaron la Beba Rojas, Mercedes Salaya, Carolina Muzzioti y María Antonieta Duque.

Fuente: Canal YouTube de Venevisión

Por esas fechas, RCTV estrenaría uno de sus programas más bizarros, sorpresivamente bajo la conducción inicial de Eladio Lárez y la producción de Robert Alonso. Se trataba de Lo Increíble, el cual manejaba recursos amarillistas como gancho al televidente, con títulos como La Novia Fantasma, El telequinético, El elefantico Lou, entre otros.

Fuente: Canal YouTube de Robert Alonso

En dramáticos, Radio Caracas transmitía telenovela tras telenovela sin alcanzar los puntos de rating anhelados. Las figuras protagónicas de esa fecha eran la exuberante Tatiana Capote (Cándida, Kapricho, S.A. y De su misma sangre); la todo terreno Caridad Canelón (La Goajirita y La señorita Perdomo), Mayra Alejandra y Carlos Olivier (Jugando a Vivir); Félix Loreto (Campeón sin corona); Amilcar Rivero y Tomás Henríquez (Juanito y Él); Loly Sánchez (Cara a Cara); Alicia Plaza (Mosquita Muerta) y la inolvidable Doris Wells, junto a Raúl Amundaray y Jean Carlos Simancas (¿Qué pasó con Jacqueline?).

Yajaira Orta y Félix
Loreto en Campeón sin
corona
. Fuente: RCTV
Orlando Urdanera y Caridad
Canelón en La Goajirita.
Fuente: RCTV
Alicia Plaza era una "Mosquita muerta"
muy convincente en su única protagonización.
Fuente: diario El Universal.

Caridad Canelón y Gustavo Rodriguez en La señorita Perdomo.
Doris Wells asumía un doble papel en
la intriga telenovelesca
¿Qué pasó con Jacqueline?
Fuente: imgrum.com


Fuente: revista Ronda.
Venevisión tuvo sus altos y bajos. Presentó una miniserie de impacto como El retorno de Ana Rosa, con Alba Roversi, Henry Salvat y Helianta Cruz; y telenovelas exitosas como La Bruja, con Flor Núñez, Daniel Lugo y Rubens de Falco; La Heredera, con Hilda Carrero y Eduardo Serrano; y Ligia Elena, liderada por una refrescante pareja juvenil conformada por Alba Roversi y Guillermo Dávila. Menos exitosas aunque cumplidoras resultaron Sorángel, con Hilda y Eduardo; y el oscuro drama de Delia Fiallo, Querida Mamá, con la misma pareja y Eva Blanco. Mary Soliani y Henry Salvat vieron acortar de manera abrupta los capítulos de Lo que no se perdona por disposición gubernamental, debido a que supuestamente transmitía valores no acordes con la sociedad venezolana.

Venezuela se venía a pique, pero Venevisión arribaba a su 21 aniversario y botaba la casa por la ventana, tal como se evidencia en esta promoción de Sábado Sensacional: "....Venezuela está de fiesta..."


Fuente: canal YouTube de Miguelier

Fuente: canal YouTube de Miguelier

En Venezolana de Televisión, Amanda Gutiérrez protagonizaba Rosa de la Calle acompañada por el galán paraguayo Arnaldo André—quien desde Rafaela volvería de manera intermitente a nuestro país para realizar actuaciones especiales— y un elenco de conocidas figuras, como María Luisa Lamata, Berta Moncayo, María Cristina Lozada, Manuel Poblete, Luis Salazar, etc.

Fuente: canal YouTube de TheBabs723

Fuente: Fundayacucho.gob.ve
El 4 de octubre se produjo la operación militar contra el Frente Américo Silva, de Bandera Roja, en la que fueron asesinados 23 guerrilleros en el estado Anzoátegui. Este fue uno de los últimos combates entre el ejército venezolano y la insurgencia urbana en contra de los gobiernos democráticos venezolanos; debido a su saldo mortal fue conocida como la Masacre de Cantaura.

El ambiente artístico nos deparaba una sorpresa: el 27 de noviembre, en Lima, Perú, el grupo Unicornio ganó por primera vez el Festival OTI de la Canción Iberoamericana, con el tema Cuenta conmigo, original de Carlos Moreán y con arreglos de Luis Gerardo Tovar. Esta agrupación, integrada por los hermanos José Antonio (†), Juan Carlos y Jesús Bordell, Jonás Gómez(†) y Jorge Flores, partió discretamente sin que nadie esperara algo más que una decorosa actuación. Ese año se midieron con artistas como Enrique Guzmán (México); Lunna (Puerto Rico) y La Pequeña Compañía (España), pero sorpresivamente recibieron el máximo galardón y su popularidad creció como la espuma.

Fuente: canal YouTube de ricben1965

El futuro sería ingrato con esta agrupación: se disolvería en 1986; Jonás Gómez sería asesinado en 2011, luego de haber estado involucrado en tráfico de drogas en la década del 90, mientras que José Antonio Bordell, quien logró cierto éxito en su carrera como solista, con títulos como Kassandra, resultó asesinado por unos delincuentes el 1 de julio de 2017 en la carretera a Río Chico, donde se había quedado accidentado.

Portada del diario El Nacional.
El año 1982 terminaría en tragedia: al amanecer del domingo 19 de diciembre el buque petrolero Murachi, perteneciente a Lagoven, entonces filial de PDVSA, descargaba 15 mil litros de fuel-oil, requerido para activar la planta de generación eléctrica Ricardo Zuloaga, ubicada en Tacoa, estado Vargas, cuando según informaciones de la época, uno de los obreros se percató de que existía un punto sobrecalentado y abrió de manera imprudente la escotilla. La entrada de aire avivó las llamas y estas alcanzaron el tanque No.8, el cual explotó y provocó la muerte de todos los obreros de guardia.

El tanque en llamas debido a la presión ejercida por los gases y posterior explosión.
De inmediato se activó el plan de contingencia, que convocó bomberos, policías, empleados y numerosos comunicadores sociales. Cerca del mediodía, la situación parecía controlada, pero la desdicha aún no terminaba. A las 12:45 pm los vapores calientes acumulados en el recipiente originaron el fenómeno boil-over, que ocasionó una segunda explosión más devastadora que la primera, con más de 100 fallecidos, entre ellos muchos periodistas que cubrían el suceso.

Gabo agradece el Nobel de Literatura.
Fuente: cultura.elpais.com
Para mí, este siniestro fue una advertencia hacia los riesgos de mi futura profesión. No obstante, otro acontecimiento me brindó un ejemplo extraordinario de las satisfacciones que depara la buena escritura. En la madrugada del 21 de octubre, en su residencia en México, Gabriel García Márquez recibió una llamada con la noticia de que había sido el ganador del Premio Nobel de Literatura.

Todo el continente celebró el galardón y los venezolanos recordaron el tiempo cuando el escritor colombiano residió en Caracas, entre 1957 y 1959. Aquí trabajó en la revista Momento, junto a su compatriota Plinio Apuleyo Mendoza. Era la época “cuando era feliz e indocumentado” y escribía crónicas tan espléndidas como Caracas sin agua y Sólo 12 horas para salvarlo. Precisamente, según la Academia Sueca, el premio le fue otorgado por “sus novelas e historias cortas, en las que la fantasía y la realidad se combinan en un mundo de imaginación, reflejando la vida y los conflictos de un continente”.

El 8 de diciembre, vestido con un liquiliqui de lino blanco, Gabo leyó su discurso de aceptación “La soledad de América Latina”. Allí propuso cambiar la visión que los europeos han tenido de nuestro continente y planteó crear una nueva utopía, la vida, que a su vez era la respuesta de Latinoamérica a su propia trayectoria de muerte.
Sara fue la estrella en la edición
aniversario de 1983. Ilustración:
José Gregorio Marcano

A Frenchy le tocó despedir 1984 y fue la última
de las chicas en minipóster. Ilustración: José
Gregorio Marcano
«Si un latinoamericano como García Márquez podía escribir de esa manera, ¿por qué no podía hacerlo yo?». Ese era mi ingenuo razonamiento al final de 1982, en una espera para ingresar a la universidad que se prolongaba debido a una inesperada huelga de docentes, extendida por seis meses. Ya graduado, no alcancé ni siquiera a ser digno de atarle los zapatos al Nobel colombiano, pero los años de formación me permitieron encarar la escritura periodística con otros ojos. Me ayudaron a atreverme, a  ser responsable por mis escritos ante una potencial audiencia, a mejorar cada día.

Para entonces había dejado atrás aquellos manuscritos panfletarios de mis orígenes, siempre ilustrados con una Sussy descocada…o quizá hasta varias, pero con la sinceridad que solo nace de un verdadero compromiso con lo que uno asume que es su talento. El ciclo se había cerrado.


jueves, 1 de junio de 2017

El salto mortal de Agustina Martín

Fuente: Andrei Shkarin / Grupo Facebook 
Telenovelas del ayer
Si hablamos de muertes trágicas, el caso de Agustina Martín es uno de los más lamentables. El domingo 28 de enero de 1996, a las 9:30 de la mañana, su cuerpo se estrelló contra el pavimento, al caer del décimo piso del edificio Country, en Chacaíto, donde residía con su marido, el periodista y entonces diputado Oscar Yánez. Era un fin dramático y terrible para una de las más delicadas actrices del teatro y la televisión venezolanos, pero no muy alejado de la violencia con que perecieron algunos de sus recordados personajes en telenovelas como Sangre Azul o Estefanía.

De acuerdo con la versión publicada por el diario Panorama (29/01/1996, p. 3-12), la actriz “estaría buscando un libro en la biblioteca de su apartamento, encaramada en una silla, cuando perdió el equilibrio y se precipitó sobre una ventana que cedió, haciéndola caer de una altura de 30 metros”. Para el momento Yánez “estaba trabajando en su máquina de escribir en un cuarto contiguo y solo atinó a escuchar el estruendo de los vidrios de la ventana, por donde su esposa cayera inevitablemente”.

Fuente: diario Panorama
Para muchos, esta explicación del lamentable evento era poco creíble. Según algunas fuentes informativas, Agustina sufría cáncer de garganta desde hacía dos años, por lo que las autoridades policiales investigaron si su caída había sido un accidente o una decisión voluntaria. Desde entonces e incluso años más tarde, el suceso sería objeto de crueles especulaciones, principalmente por la actuación política opositora de su viudo. No obstante, aparentemente en el ámbito oficial se manejó como un accidente o un posible suicidio.

Oscar Yánez, acompañado por uno de sus nietos; el periodista
Edgardo de Castro y Carlos Bardasano, directivo de Venevisión
durante el sepelio de la actriz. Laserfoto Franklin Suárez.
Fuente: diario Panorama.
En sus exequias, innumerables coronas florales se agolparon en un espacio atestado por quienes la acompañaban para rendirle un último tributo. Sus restos habían sido trasladados a las 10 de la mañana del día lunes 29 de enero hasta la funeraria Memorial y a las tres de la tarde arribaron al país sus dos hijos, Raúl y Rodrigo del Río, quienes residían en el exterior. Según Panorama, el mayor se encontraba viviendo en Nueva York, donde se había casado con una japonesa. Ellos y los nietos de la fallecida actriz —Saori, Sasha y Raúl del Río—, permanecieron junto al féretro, rodeados de decenas de personajes vinculados a la política, la farándula y la comunicación venezolana. Entre ellos se encontraban figuras tan conocidas como el expresidente Luis Herrera Campíns, quien la respaldó en su iniciativa para desarrollar el teatro penitenciario a finales de los años 70; el gobernador del Distrito Federal, Asdrúbal Aguiar; junto a altos directivos de Venevisión.

El actor Carlos Márquez carga el féretro junto a
amigos y familiares de la actriz. Laserfoto Franklin
Suárez. Fuente: diario Panorama,
Además, veteranos actores y actrices como Amalia Pérez Díaz, Carlos Márquez y Bárbara Teyde expresaron palabras de elogio, recordando su grandiosa trayectoria en teatro, radio y televisión, así como sus valiosas dotes humanas. «El hecho de que se enfermara fue ya un dolor para todos los que compartimos con ella a la hora del trabajo y a la hora de la amistad», dijo en esa oportunidad Ivonne Attas, excompañera de labores artísticas y entonces alcaldesa de Baruta. «Realmente sentimos mucho el deterioro que le provocó la enfermedad […], porque ya la Agustina querida, la que podía aportarle tanto al mundo del teatro y la televisión venezolana se nos fue».

«No se puede hablar de Agustina sin reconocer a la dama Agustina Martín, una persona cabal, como debe ser una mujer y yo lo siento tanto…me duele que se vaya…En este mundo que está tan equivocado en lo que respecta a valores, (ella) siempre tuvo muy claro el valor de cada quien. Yo doy fe de eso, porque fueron añales trabajando juntas…», afirmó Amalia Pérez Díaz, visiblemente conmovida.

El cortejo fúnebre partió el martes 30 de enero de 1996, a las nueve de la mañana, hasta el Cementerio del Este, en Caracas, donde se le brindó sepultura. Se cerraba así el ciclo vital de una verdadera dama, emprendedora y excepcional.

Aunque su carrera en la actuación la desarrolló casi totalmente en Venezuela, Agustina nació en España el 24 de septiembre de 1930, en un pueblo castellano llamado Venta de Baños. Luego vivió en Carrión de los Condes y posteriormente se trasladó con su familia a Palencia, donde creció y pasó sus años de adolescencia.

Agustina Martin y Carlos Viaña en El Greco.
Fuente: Libro 25 años de RCTV
Su ingreso al medio artístico se dio casi de manera fortuita: «Un día me presenté a una emisora de radio con otras amigas, pues necesitaban una locutora. La prueba consistía primero en leer, luego improvisar y después había que presentar una cuña comercial...Creo que la prueba fue bastante buena, porque me seleccionaron». Fue así como inició su carrera artística en Radio Palencia, donde permaneció durante cuatro años.

En una entrevista, Agustina rememoraba que cuando empezó a trabajar, no dijo nada en su hogar, porque al final de la programación tenía que decir siempre: "¡Viva Franco, arriba España!". Sin embargo, después de dos o tres días, ya no pudo guardar el secreto:

«Recuerdo que mi papá se emocionó mucho y me dijo: ʹLo haces muy bien, hijita...Lo único que me molesta es eso que dices al finalʹ. Mi padre era republicano y estuvo preso casi cinco años. Por eso mis hermanos empezaron a salir hacia Venezuela y siempre nos presionaban para que también yo tomara esa decisión junto a mis padres. Precisamente, debido a las ideas políticas, siempre había un rechazo más o menos velado hacia nosotros. Como en las ciudades pequeñas se conoce a todo el mundo, a nosotros nos calificaban como rojos. En fin, es una historia que en aquella época era bastante repetida en España».

Agustina y Carlos Cámara en la Novela Camay.
Fuente: Libro 25 años de RCTV.
Poco a poco fueron arribando todos sus familiares a Venezuela y en 1950 le tocó a ella. Con apenas 20 años, su agradable voz y su experiencia radial le permitieron incursionar en este medio capitalino, específicamente en Radio Rumbos donde participaría en varias producciones. En 1953, cuando se inauguró Radio Caracas Televisión, Agustina se incorporó al elenco pionero de la nueva planta, junto a otros actores como Carlos Márquez, Amalia Pérez Díaz, Tomás Henríquez, Giove Campuzano, Edmundo Valdemar, Violeta González y Adelaida Torrente, entre otros.

Márquez la recordaba de esa época, «cuando empezamos a hacer los grandes programas estelares del canal como Anecdotario y Ciclorama. Trabajamos en muchísimos programas de gran importancia». Amalia Pérez Díaz era su compañera en esos inicios de RCTV y «materialmente, entre Anecdotario y Teatro del Lunes, semanalmente trabajábamos juntas».
 Las aventuras del Capitan Futurus,con las actuaciones de
Agustina Martín,Carlos Márquez y Gustavo Troconis, años 50.
Fuente: Libro 25 años de RCTV.
Agustina formó parte de la Novela Palmolive y de la Novela Camay, además de protagonizar varias obras de teatro en los espacios Gran Teatro del Sábado, Teatro Ford y Teatro del Lunes. Sin embargo, sus primeros premios los recibió gracias a sus caracterizaciones en el programa Anecdotario, sobre el cual jocosamente comentó: “Yo he sido la esposa de prácticamente todos los grandes hombres de la historia. De Julio Verne, he sido la amante de Napoleón y hasta fui Juana de Arco”. Además, formó parte del elenco de la serie infantil Aventuras del Capitán Futurus, una curiosa producción de ciencia-ficción junto a Carlos Márquez.

Ciertamente, en Venezuela la vida de Agustina se expandió en lo personal y en lo profesional. Primero la radio, el teatro, luego la televisión, su primer matrimonio junto al periodista y escritor Manuel Del Río, los hijos…y de vez en cuando, breves retornos a la Madre Patria: «Me casé con un español…Tuve dos hijos de aquel matrimonio, Rodrigo, nacido en 1956; y Raúl, en 1960. He vuelto a España siempre que he podido. Por ejemplo, estuve cuando llegó el cambio político. Disfruté mucho aquello, como republicana. Al mismo tiempo lloré bastante, porque mi padre no pudo ver ese día con el que tanto había soñado siempre. Luego he ido otras veces, también como turista».

Raúl Amundaray  y Agustina en El Derecho de Nacer.
Fuente: diario El Nacional.
En la década de los 60 realizó varias telenovelas, entre ellas La otra y Cinco destinos (ambas de 1961), Sacrificio (1967) y Corazón de madre (1969), pero su rol más recordado en esa época fue el de Matilde del Junco en El Derecho de Nacer (1965-1967), telenovela que se convirtió en un hito dentro de la televisión venezolana por sus extraordinarios niveles de audiencia y su larga duración.

Paralelamente, entre 1965 y 1972, fue productora y conductora del programa radial “Agustina Martín Presenta”, por el cual fue galardonada con el prestigioso Premio Ondas como la mejor presentadora de radio del año 1972, algo que ella calificó como «muy importante para mi carrera».

Fuente: Tintateatro.blogspot.com
Durante la década de los 70, Agustina alcanzó su madurez actoral y personal; se convirtió en una de las constantes actrices de reparto de un gran número de telenovelas de Radio Caracas Televisión, en algunas de las cuales dejó retratados personajes memorables. Por ejemplo, en Cristina (1970), se llamaba Estrella y era amiga de Marina Baura, la protagonista; en La Usurpadora (1971-72) se convirtió en Patricia, la esposa de Felipe Bracho (Carlos Márquez); en La Doña (1972), reemplazó a Lila Morillo en el rol de Doménica durante los últimos 10 capítulos, luego de que la cantante zuliana fuese despedida del canal por incumplimiento en las pautas de grabación.

Ese año apareció como Raiza, anfitriona de un casino, en La Indomable (1972-1973); en Raquel (1973) se llamaba Leonor y era la hermana de Laura Saldívar (Cecilia Villarreal); se convirtió en María Julia, madre de Marina Baura, en La Italianita (1973-74); y en Hilda María, en Valentina (1975-1976). Los cambios que se operaban en los dramáticos de RCTV le permitieron apariciones en Sobre la misma tierra (1976); Tormento (1977); Resurrección (1977) y Piel de Zapa (1978), todas versiones más o menos logradas de clásicos literarios.

Petra Seijas (Agustina) y Pedro Escobar (Gustavo  Rodríguez) en Estefanía. Fuente: El Nacional.
En 1979 recibió tres papeles de lujo: Adelaida, la esposa del Marqués Felipe Granados (Hugo Pimentel), en la miniserie Sangre Azul; Sara, la amargada ama de llaves y eterna enamorada de Eleazar Meléndez (Carlos Márquez) en La Fiera; y el de Petra Seijas, madre de José Luis Rodríguez “El Guácharo” en Estefanía (1979-1980). En los tres manejó con maestría y humanidad sus caracterizaciones, hasta lograr momentos dignos de recordar.

Muerte de Petra Seijas en Estefanía. Fuente: Póngalo, canal Youtube

Rafael Cabrera, Manuel Poblete y Agustina
Martín en un teleteatro de los años 50.
Fuente: Página de Facebook de Rafael
Cabrera.
Agustina siempre fue una mujer comprometida con sus ideales, atenta a luchar contra todo tipo de injusticias; de hecho, desarrolló una importante labor social en las cárceles venezolanas, al fundar en el año 1979 el llamado Teatro Penitenciario, que tenía como objetivo rescatar la dignidad humana ─a través de las artes─ de muchas personas privadas de libertad. Humberto Prado, director del Observatorio Venezolano de Prisiones, en una entrevista publicada en el diario El Universal (04/04/2013), la recordaba liderando esta iniciativa desarrollada durante el periodo gubernamental 1979-1984 del presidente Luis Herrera Campins:

«Al frente de ese programa estaba Agustina Martín, que comenzó un peregrinar por todos los centros carcelarios de Venezuela impulsando el teatro. Ella se encontró con la sorpresa de que en los penales existían ya grupos de teatro. Con el Consejo Nacional de la Cultura (Conac) promovió el fortalecimiento de estos grupos a través de cursos de expresión corporal, dicción, producción, de manera que toda la experticia que tenían los internos para hacer sus guiones y montar sus obras, se puliera. Además, Agustina buscó padrinos para cada uno de los grupos, que eran artistas, de manera de que ese padrino se convirtiera en utility y consejero: les ayudaba a montar sus vestuarios, sus escenografías… como eran artistas y tenían acceso a la televisión, podían conseguir cosas... esos festivales se hacían en el teatro de la Cantv».

Matrimonio de Agustina Martín y Oscar Yánez. Fuente: archivo
Luis H. Medina / Grupo Televisión y Cine en Retrospectiva.
Durante cinco años consecutivos, ella se encargó de motorizar y dirigir estos encuentros que aún hoy son recordados.

En su vida sentimental, en esa época Agustina rompía el paréntesis luego de la ruptura de su primer matrimonio. A finales de la década de los 70, se casó en segundas nupcias con el periodista socialcristiano Oscar Yánez, popular en los medios informativos por el carácter sensacionalista con el que acostumbraba a manejar las noticias durante su paso por la prensa capitalina. La relación con el conocido “Chivo Negro” devino en una productiva relación personal y profesional.

Amalia Pérez Díaz, Laura Serra y Agustina en
la obra teatral Señoras. Fuente: Telenovelas del ayer
Los años 80 se presentaron plenos de logros profesionales en el ámbito teatral. Obtuvo comentarios favorables de público y crítica con un hito dentro de su trayectoria en este medio, Señoras, interpretada para el grupo Theja por ella misma, Amalia Pérez Díaz y Laura Zerra, con textos de José Simón Escalona y dirección de Javier Vidal. Estrenada en 1984, la obra logró presentarse durante dos años consecutivos con récord de audiencia en Caracas, para luego montarse en Barcelona en 1985, con similar éxito de público.

Oscar Yánez le permitió una nueva oportunidad de lucirse en las tablas, con una puesta en escena de su amigo Javier Vidal. En una entrevista con Aquilino José Mata para el diario El Nacional (23/10/2008), el polémico periodista la recordaba como «una actriz verdaderamente excepcional. Ella me hizo meter en el teatro, escribiéndole un monólogo, ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?».

Para desarrollar la trama, el autor se había inspirado en la historia real de un matrimonio de inmigrantes españoles, que había llegado a Venezuela y en la que el hombre inicia una relación adúltera con una amante argentina. Esta supuestamente se dedicaba a molestar a la dama española por teléfono, convirtiendo la situación en el preludio de una tragedia.

Una modelo de lujo. Fuente: Televisión y Cine
en Retrospectiva.
Sobre esta anécdota, Yánez contaba a su colega Aquilino José Mata: «La vieja, que no lo era realmente, se enteró, por una llamada que interceptó, que su marido se iba a ir con la argentina para España de vacaciones. Se dejó de pendejadas, compró un revolver a un colombiano por 500 bolos en el Pasaje Capitolio y se fue para el Gran Café, donde sabía que ambos se reunirían. La mujer engañada encontró a la amante de su marido sola, esperándolo, y le metió dos pepazos…La obra fue un éxito, por lo que le dije a Agustina que quería hacer un programa de radio contando estos casos del pasado, que tanto llaman la atención. Ella me dijo: ‘¿Y qué título has pensado tú? Yo le respondí: ‘¿Te parece Cosas de Yanes?’, y ella me dijo: ‘Por favor, eso es muy pretencioso. Ni que tú fueras Thomas Alva Edison. Tiene que ser algo más genérico. Hay una frase usada por los venezolanos que vale para casi todo y es: ‘Así son las cosas’. Y así fue como tomé ese nombre para los micros, el programa de televisión y un libro que le dediqué, por supuesto, a Agustina».

Agustina Martín en su madurez. Fuente: revista
Venezuela Farándula.

Nuevamente para el grupo Theja, también representó como actriz invitada el papel de la ama en El Otro, de Miguel de Unamuno, bajo la dirección de Javier Vidal y la producción de José Simón Escalona.

Si bien en los años ochenta estuvo muy ocupada en sus actividades teatrales, Agustina también se mostró activa en la televisión. Aún en RCTV, encarnó a la madre de David (Orlando Urdaneta) en la exitosa Elizabeth (1981); y de Mayra Alejandra y Virginia Urdaneta en Luisana Mía (1981). En La Hija de Nadie (1981), esa suerte de experimento vespertino ambientado en un Londres no muy convincente que tenía a Hazel Leal y a Javier Vidal como protagonistas, interpretó a Lady Agatha.

Sin embargo, uno de sus papeles más recordados de esa década fue el de Mercedes Antonini en La Dueña, el suceso dramático de VTV en 1984. Su personaje había sido recluido en un manicomio por un marido maltratador y terminaba casi enloqueciendo, hasta que logró escapar de ese infierno junto a Adriana Rigores (Amanda Gutiérrez), para recuperar a sus hijos. Agustina no temió lucir andrajosa y desaliñada; con su desgarradora actuación se hizo merecedora del Meridiano de Oro de ese año como mejor actriz de carácter.

Mercedes Antonini y Adriana Rigores se encuentran en La Dueña.
Fuente: canal de ylopez2009 en Youtube

A principios de los 90, la vida de Agustina parecía haber encontrado un equilibrio personal y profesional. Yánez era diputado por el partido socialcristiano Copei en el Congreso Nacional, tenía polémicos programas de entrevistas en Venevisión y era referencia política en la opinión pública venezolana. Ya la actriz se había convertido en abuela y consideraba su matrimonio como bien avenido: «Formamos una pareja que nos llevamos muy bien. No tenemos tiempo para el aburrimiento que, a la larga, es el gran asesino de muchos matrimonios».

Agustina y Víctor Cámara en Inés Duarte, secretaria.
Captura de pantalla de la telenovela.
El salto a Venevisión le añadió nuevos matices a sus roles, en los cuales destaca la manipuladora y chantajista Victoria, madre de Andrés (Víctor Cámara) y Carlos Javier Martan (Mariano Alvarez) en Inés Duarte, secretaria (1991). Otras apariciones en ese canal incluyeron papeles en Esa muchacha de ojos café (1986);  Inmensamente Tuya (1987); Amor de Abril (1988); Macarena (1992) y Peligrosa (1994). Su último trabajo fue en el unitario La Madre María de San José, donde encarnó a la malvada directora del hospital donde laboraba esta beata venezolana, interpretada por Amanda Gutiérrez.

Una actriz prometedora. Fuente: Grupo de Facebook
Televisión y Cine en Retrospectiva
.



Las caracterizaciones de Mercedes y Victoria, que tuvieron amplia aceptación en España, le hicieron regresar con honores a su patria a través de la pantalla chica. En entrevista para la revista ibérica de farándula Teleindiscreta, se autodefinió como una mujer optimista que creía, por encima de todo, en las instituciones democráticas. Una mujer para la que no había nada más importante que estar en paz y tener siempre un espíritu creativo: «Disfruto de las cosas sencillas de la vida. Pero hay algo que me molesta más que nada y es la gente poco agradecida, es algo que me requema el alma porque denota una ausencia total de virtudes. Además, el malagradecido es capaz de todo tipo de venganzas y rencores…». Por otro lado, se calificó como «muy mandona. También, a veces, muy impaciente. Me gustaría hacer las cosas ayer. No le doy a las cosas el tiempo que necesitan».

Confesó que le hacía falta España. Por eso cada vez que podía colaboraba con el Centro Gallego o el Hogar Canario: «Cuando estos organismos necesitan una persona para algún trabajo, yo enseguida me ofrezco, y es que sigo muy unida a todo lo español. Creo que hay dos cosas en la vida que te marcan para siempre, tu tierra y el amor. Y el amor es como el agua, no se puede vivir sin agua y mucho menos sin amor».

Agustina en los años 90. Fuente: revista Teleindiscreta.
A pesar de todos los años en el país, de su magnífica integración a la cultura venezolana, España siempre estuvo en su mente y en su corazón. A principios de los 90, pocos años antes de la enfermedad que la alejó del ojo público, confesaría durante una entrevista: «A mí España me emociona mucho. Soy el tipo de persona que veo un desfile y lloro. Veo un baile de flamenco o escucho una sevillana y me entran escalofríos por todo el cuerpo. Todas esas cosas recuerdan a una la infancia. Yo estudié en un colegio de monjas de la Milagrosa. Y todavía recuerdo a Sor Gregoria, con quien aprendí la tabla de multiplicar cantando. Sí, definitivamente España me hace falta. En una ocasión fui a Palencia y me senté en un bar de la calle Mayor. Por supuesto, nadie me conoció. Yo veía pasar a la gente y me acordaba del tipo de la farmacia, del frutero, del carnicero».

Sí, aún en Caracas, aspiraba regresar a Palencia, visitar a sus compañeros de radio «para ver, sobre todo, a Salvador —Salva, como le llamábamos— que quizá todavía sigue en los controles. Y también a quien ya entonces era un gran escritor,  Antonio Álamo Salazar. Fíjate la cantidad de años que han pasado y, sin embargo, me acuerdo de todos como si los hubiera visto ayer. ¿No es increíble?».

Encontrarse con sus hijos, ver a los nietos, volver a la Madre Patria, al hogar de la infancia…Sueños desvanecidos en segundos, tras un estruendo de cristales rotos y el terrible impacto contra el asfalto de la calle. Luego, el silencio.

Fuentes consultadas

ABC. Obituario de Agustina Martín. Martes, 31 de enero de 1996.

Aquilino José Mata. Entrevista a Oscar Yánez. El Nacional, 23/10/2008.

Ángel Ricardo Gómez. El arte se fugó de las cárceles. El Universal, 04/04/2013

Blanca González. Muere la actriz Agustina Martín al caer de un décimo piso. Panorama, 29/01/1996.

Blanca González. El último adiós para Agustina. Panorama, 31/01/1996, p. 3-10.

Edgar Moreno-Uribe. Ellas sobrevivirán. Blog El espectador venezolano, publicado el 11/06/2011,
disponible en http://elespectadorvenezolano.blogspot.com/2011/06/ellas-sobreviviran.html

Pablo Blanco. Los 80 años de Oscar Yánez. Revista Estampas, 22/04/2007.

Margarita Álamo (S/F). Agustina Martín: “No soporto a la gente malagradecida”. Revista Teleindiscreta.

Richard Mantilla Núñez. Una dama de la actuación llamada Agustina Martín. Blog Los entrañables. Más estrellas que en el cielo. Publicado el 18/12/2016, disponible en https://richmansite.wordpress.com/2016/12/18/una-dama-de-la-actuacion-llamada-agustina-martin/